Mendoza :El oso polar del zoo local es el único que queda en Argentina
Tras la muerte del ejemplar que estaba en el de Buenos Aires, Arturo se convirtió en el último de su especie en el país. Aseguran que soportó bien los 43° del lunes.


En Argentina queda solo un oso polar
Arturo tiene 30 años y ya es un geronte, por lo que no le queda mucho tiempo de vida.



Los días previos a la Navidad serán recordados por muchos como jornadas de un calor insoportable. Los 43,5 grados que los mendocinos debimos soportar el lunes junto al viento Zonda hicieron que el día fuera un verdadero infierno.

Pero no solo los seres humanos fueron víctimas de las altas temperaturas. El martes, el único y último oso polar del zoológico de Buenos Aires -llamado Winner- murió víctima del calor y del estrés que le provocó la pirotecnia que se lanzó a medianoche .

Esta noticia lleva a preguntarse, a mil kilómetros de las tierras porteñas, si la misma situación podría ocurrirle a nuestros animales, y en especial al oso polar Arturo, que vive en el zoológico provincial del Cerro de la Gloria y que tras la muerte de Winner se convirtió en el único que queda en el país, según lo aseguraron distintos referentes entendidos en la materia.

Los Andes consultó al Jefe de Veterinarios del Zoo, Alberto Duarte, para aclarar el panorama respecto de los animales. “Cuando hace mucho calor, y en general, tratamos de que no les falte agua fresca y limpia. En particular, el oso tiene una pileta con agua, dos bandas de media sombra, y picos aspersores para mantenerlo fresco”, indicó Duarte, y agregó que el animal, de 30 años, tiene aire acondicionado en los dormitorios para mantenerlo en buenas condiciones.

El veterinario aclaró que cuando hay picos de calor en la ciudad, hay que considerar que el Parque suele estar unos grados por debajo por lo que la situación de altas temperaturas se ve atenuada. “Todos tienen sombra y agua fresca. Además, les damos una buena dieta y se los observa. Por suerte, en general, los recintos tienen una buena circulación de aire y eventualmente uno puede regar los recintos que no tengan suficiente agua”, explicó el director del Zoo.

Ruidos y luces

Respecto a los fuegos de artificio, Alberto Duarte informó que para los animales la época de mayor intensidad no es la de las fiestas de Navidad y Año Nuevo sino la de la Vendimia. Recordemos que en general para esta celebración, las bombas de estruendo y las cañitas voladoras se instalan en las inmediaciones del Zoológico.

“Para esas fechas hemos hecho chequeos con colegas y nos ha llamado la atención que aunque es fuerte el ruido que se escucha, por la disposición del cerro el sonido no se escucha muy fuerte”, informó y añadió que solo se observó nervioso a un chimpancé que golpeaba la reja de su jaula. “Los otros animales siguen echados. Aunque siempre ha sido una preocupación, hemos visto que no hacen nada”, agregó.

Según el especialista, una de las explicaciones para la tranquilidad de los animales es que los ruidos simulan los que hay en la naturaleza en una situación de tormenta y por eso su ánimo no se altera. “No les damos ningún medicamento. Se ha evaluado si se estresan o sufren para aplicarles un sedante, pero no se justifica”, indicó Duarte.

En el caso de Arturo, el oso polar, no hubo estudios previos o posteriores específicos para observar las condiciones del animal. Sin embargo, por preocupación de uno de los capataces, los empleados del Zoo chequearon la pileta y las condiciones del animal.

“Arturo está en las mismas condiciones, ya es un geronte y uno se da cuenta que no es el de antes”, aseguró Duarte describiendo que no hay otros animales que puedan sufrir por el calor excesivo. Por ejemplo, citó a las llamas, que si bien puede parecer que padecen las altas temperaturas por la lana, en realidad ésta opera como aislante tanto del frío como del calor.

Testigo presencial

El optimismo del director del Zoo contrasta con el testimonio de Esteban Costamagna, quien estuvo el sábado en el lugar y observó cómo los animales “aguantaban” el calor.

“Es deplorable, 35º de temperatura y el oso polar con agua estancada, el pobre movía una pata hacia atrás y luego hacia adelante, con el hocico abierto y moviendo la cabeza sin emitir sonidos. Con otros animales, como el oso pardo y los tigres, sucedía lo mismo”, describió alarmado el hombre.