La noche que lo imposible se volvio posible 30-12-12

30 de Diciembre del 2012: La noche que lo imposible se volvió posible.

justicia

Nunca antes me pasó esto. Pasar un 30 de diciembre y quedarme sin palabras. Siempre caía en lo mismo: dolor, recuerdo, emoción, bronca, ira, Justicia. Bueno, el 30 que pasó no fue igual a los anteriores. Al menos no en el Obelisco, donde más de 5000 personas se congregaron para recordar el octavo aniversario de la masacre.

En la marcha que los medios no quisieron difundir, vaya uno a saber por qué, hubo otro aire. Otro impulso. Otra vibra. Hubo vida y no muerte. Hubo verdad y no mentira. Hubo concientización y no demonización. El grupo “No nos cuenten Cromañón”, desde su condición de sobrevivientes, armó una movida que valió la pena. Que parecía imposible, sí.

La gente estuvo, escuchó, apoyó, se emocionó y clamó por Justicia. La idea fue buscar generar en la gente dos cosas: una, que lo que pasó en Cromañón puede volver a pasar si no hacemos algo. Dos, entender que más allá del Infierno que fue ese lugar hace ya más de ocho años, dejó tras de sí mucha vida.

Muchos nenitos, nenitas, jóvenes, adolescentes que, por una cuestión de DNI, era imposible que hubiesen estado esa noche. Embarazos por doquier y alegría. Sí, alegría.

Abrazos, emoción, palabras dichas al oído y con mucho sentimiento. Lucha y mensaje. Por el escenario, pasaron el papá de Rubén Carballo, quien se mostró muy movilizado y defendió su reclamo. Se pasaron las palabras de Estela de Carloto y de los padres de Mailín Blanco, sobreviviente y hermana de Lautaro, quien falleció allí adentro. Además se proyectó un video que mostró todas las deficiencias de Cromañón y que fue seguido en silencio, sentados, viendo, aprendiendo, absorviendo. Entendiendo, quizás por primera vez, que así hubiesen tocado los Rolling Stones, el lugar era una trampa mortal, que poco tuvo que ver con quienes eran los que ocasionalmente portaban los instrumentos.

Hubo espacio para la emoción cuando ambientada con “Rocanroles sin Destino”, se proyectó un video emotivo que encontró a todos cantando, gritando, abrazados, buscando, en definitiva, “ser la revancha de todos aquellos”. Ese sin duda, fue el momento más emotivo de la noche. Necesario, eh. Tampoco es cuestión de olvidar por qué estamos ahí. Pero se puede hacer de esta manera, con charlas, conciencia, música, esperanza y amor, mucho amor. Mejor eso que seguir clamando por sangre, por venganza, que llorar y tener rencor. Una cosa es destruir, algo lógico en marco de tanto dolor. Pero construir desde el dolor es aún más maravilloso. Y ayer, en el Obelisco, se vio mucho de eso, mucho de aquello, tanto de todo, en definitiva.

Además, estuvieron presentes, detrás del escenario, mucha de la familia de los chicos de Callejeros o de la actual CJS. Estuvo la abuela de Crispin, la mamá de Maxi y se leyó un mensaje de Susana Fontanet, la mamá de Pato que fue leído por su hermano, Pedro, en otro momento emotivo. La mujer explicó, a través de su otro hijo que para Pato, la gente era “su motivación”. Emocionado, el hombre terminó con un “No olvidar, siempre resistir, ¡Carajo!”

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También hablaron los chicos de “No nos cuenten Cromañón”. Agustina Donato leyó un mensaje de Mailín Blanco, Pablo Pettinaroli habló de la “ausencia del Estado”, Agustina Claramut habló de la esperanza, de la vida que sobra y de estar a punto de ser mamá. Su hermano, Federico, leyó un tema escrito por Juan Falcone de “La Caverna”, precisamente él fue el encargado de hablar desde el lado de la música, con músicos de CJS, “Ojos Locos” y Santi Aysine, de “Salta la Banca”, flanqueándolo. También habló Nicolás de “Mal Paso”, una banda de Córdoba que se vino hasta el Obelisco a decir lo que sentía.

Mucho de eso tuvo la noche: decir lo que uno sentía, dimensionar lo que pasaba y entender que, el dolor iba mutando en esperanza, la muerte en vida y la mentira en verdad. Todo eso estaba pasando. Y así lo entendió la gente, que escuchó, con respeto, sentados y en silencio todas las verdades, sentimientos, sensaciones y pensamientos que se escupieron de arriba del escenario.

El último orador fue Diego Coccuzza, que habló justo después que se leyeran los nombres de las 194 víctimas de la tragedia. “Cocu”, como se lo conoce, llamó a todos sus compañeros de “No nos cuenten…” y, juntos, agradecieron la enorme cantidad de gente presente, que no es más que legitimar que ellos llevan un mensaje, el mensaje de la gente que cree que de Cromañón queda mucho por revelar, contar y entender.

La gente que no se queda “dormida”. La gente que entiende que esto puede volver a pasar, no mañana, pero tal vez si pasado. O mañana mismo. La gente que entiende que adentro están los perejiles…Como dijo Juan Falcone: “Adentro están los ratones porque nunca se animaron a ir por los leones”. Esa gente, la que cree en ese mensaje y lo reivindica, estableció que la voz serían Cocu y sus amigos. Había mucho que agradecer, claro.

Para el final de una noche marcada por la emoción, el respeto, la esperanza, el amor y, claro, el calor, hubo espacio para la música. Santi, de Salta La Banca, subió sólo con su guitarra y tocó “Más allá” de Callejeros. Luego, subieron al escenario los chicos de “Ojos Locos”.

Pato

Esa, quizás, fue una de las imágenes más fuertes de la noche: Ojos Locos, telonero de Callejeros aquel 30 de diciembre tocando, de nuevo, en esa fecha y a la misma hora. Con el Obelisco como telón de fondo y miles de pibes, sentados y agitando, apenas, sus brazos. El propio Martín, líder de la banda, lo expresó: “La verdad, jamás pensamos que íbamos a volver a tocar un 30 y menos a esta hora”. Pura verdad, sentimiento a flor de piel. Vaya a saber uno donde estaban esos mismos músicos hace ocho años a esa misma hora.

El tema es que eso ya no importa. “Ojos Locos” cerró su propio ciclo. Ocho años de un paréntesis que había quedado abierto. Ayer fue la noche de lo “posible”. Es posible luchar por la Justicia, es posible bajar otro mensaje, es posible entender a Cromañón desde la esperanza y desde el amor, sin que eso sea una falta de respeto a los 194 que ya no están.

Es más, eso es honrar a los que ya no están. Que sus partidas no hayan sido en vano, que entendamos que la única manera de “que al milagro lo cambien y se haga verdad” es una: contando, escuchando, respetando, entendiendo, difundiendo y masificando un mensaje. Un solo grito. Un pedido, un clamor tan fuerte, sólido e inconmensurable como la desgracia de aquel 30 de diciembre: Cromañón no tiene que volver a pasar nunca, nunca, nunca más.

Noches como la de ayer, en que las calles son de los sobrevivientes, la voz es de los sobrevivientes, la vida es de los sobrevivientes, nos dejan más cerca de eso. Que parece imposible. Pero como dijo una vez alguien, que hoy no la está pasando muy bien “luchemos por lo imposible, porque lo posible se agotó”.

Por Javier Garcia

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