Arnold Schwarzenegger :"Envejecer apesta"

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Arnold Schwarzenegger: "Envejecer apesta"

A los 65 años, vuelve a protagonizar una película, “El último desafío”, que se estrena el jueves. Lejos de la política, suelta que hará secuelas de “Terminator”, “Conan” y “Gemelos”.


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Para su primer protagónico en una década desde Terminator 3, después de haber pasado ocho años como gobernador de California, Arnold Schwarzenegger eligió unir los dos géneros cinematográficos que cree son los que la gente mas le pide: acción y comedia.

El último desafio, del director surcoreano Kim Jee-woon, que en la Argentina se estrena el jueves próximo, lo encuentra como un aburrido sheriff de un pueblito fronterizo con México, a cargo de una patrulla de incapaces, forzado a desempolvar su pasado como policía de narcóticos en Los Angeles para enfrentar a un temible narcotraficante mexicano -encarnadopor el español Eduardo Noriega- que quiere escapar hacia su país justo pasando delante de sus narices.

En un hotel de Los Angeles, dispuesto a promocionar su esperado regreso, Arnold sorprende a los periodistas con pensamientos bastante más complejos que las muletillas que lo han hecho famoso. “La mente quiere seguir teniendo 30 años, pero el cuerpo no se lo permite”, dice en referencia a su edad, 65 años, que parecen pesarle más de la cuenta. “El Capitiolio se convierte en tu aula”, explica sobre su paso durante dos períodos por la gobernación de uno de los estados más poderosos de los Estados Unidos. La experiencia política, admite, lo ha vuelto “menos ignorante” y hasta le ha permitido, sostiene, crecer como actor.

“No está en mis planes jubilarme. ¿Por qué querría retirarme, qué haría con mi tiempo libre? Lo paso muy bien actuando”, reflexiona utilizando un método de diálogo que quizás haya aprendido mientras fue gobernador: responde lo que quiere decir aunque no necesariamente tenga que ver con lo que se le está preguntando.

Lo que más le gusta de la película con la que eligió regresar a la pantalla grande es la vulnerabilidad de su personaje, admite, como si quisiera reinventar su carrera siguiendo el molde de un Clint Eastwood. Su sheriff, Ray Owens, se permite bromear que ya está viejo. “Un guiño cómplice puesto a propósito en el guión, tengo los mismos problemas de edad en la realidad que en la ficción”, admite.

“Envejecer apesta”, remata con una carcajada. “¿Qué hay de bueno en eso? Es cierto que te volvés mas sabio, habiendo sido gobernador tuve muchas experiencias y eso me hace mejor persona, pero no hay muchos otros beneficios que vengan con la edad”. Igual, a él las escenas de acción en el set de filmación no lo tomaron desprevenido, está acostumbrado a entrenar, lo hace todos los días: “Cardio, pesas, bicicleta, natación y esquí en el invierno”, enumera. No tiene que prepararse especialmente porque tenga que filmar una película. A lo sumo debe ensayar con el jefe de dobles las peleas, no más que eso.

Reconoce que haber vuelto con un papel menor en la película de Sylvester Stallone Los indestructibles, lo ayudó a entrar en calor. “Regresé de estar con los muchachos en Rumania con ganas de ir a Nuevo México y empezar a filmar El último desafío. Me gustaba mucho el director coreano, y especialmente la participación de Johnny Knoxville (ver El bufón...) es muy importante que la gente se relaje cuando se apaga la luz en el cine y pueda reír. Esa me parece una fórmula invencible. Lo probé con Tom Arnold en Mentiras verdaderas ”.

Hablando de fórmulas, asegura que él ve al cine desde una perspectiva internacional. Como el dinero para hacer películas hoy en día viene desde distintas partes del mundo, cree que las producciones tienen que apelar a gustarles a casi todos, chinos, alemanes, argentinos. Para eso es importante que si va a ser de acción sea muy entretenida, con peleas y persecuciones espectaculares. Y que haya un alivio de la tensión con la comicidad. Como hizo ahora y como planea en sus próximos rodajes.

No cree que la violencia en el cine pueda estimular la violencia en la sociedad. Ni que este problema se vaya a solucionar con regulaciones estrictas en la posesión de armas. “No hay que ser simplista, son muchas lecturas, tienen que ver la educación que dan los padres a los chicos, la seguridad en las escuelas, el tratamiento de las enfermedades mentales y también las leyes que regulan la posesión de armas. Es complejo. Chicago tiene las mayores restricciones para portar armas y sin embargo tiene el mayor índice de crímenes violentos”, argumenta.

Esa forma de ver las distintas aristas de un problema, admite que le quedó de su paso por la política. “Ser gobernador fue un trabajo de 24 horas al día. Interesantísimo, aprendiendo cosas nuevas todo el tiempo, atendiendo problemas, tenés que resolver cosas en las que jamás habías pensado. Pero la política te toma todo el tiempo, no hay escapatoria. Fue la cosa más dura para mi familia. Por eso ahora quiero volver al cine”.

Arnold parece tenerlo todo calculado. Dice que escribir su biografía, Total Recall lo ayudó a analizarse como nunca antes lo había hecho (ver Total...). Y a descubrir cuáles fueron las motivaciones en su vida. “Mientras hacia las cosas nunca les había prestado atención hasta que empecé con el libro. Quería ser campeón, venir a America, ser millonario. Después de ganar todo como fisicoculturista me dije que quería ser estrella de Hollywood. Y luego supe que quería ser gobernador. Y nunca se me ocurrió pensar que no es común que la gente consiga todo eso”. ¿Qué tiene él de distinto? “Es una combinación de cosas, la genética, la competencia con mi hermano, la dureza de mi padre. No sé cómo explicarlo mejor: tuve la visión, estaba absolutamente convencido”, recuerda.

Termina diciendo Arnold Schwarzenegger que él ha recibido un don que le permite visualizar lo que quiere conseguir con mucha claridad. “Sólo tengo que trabajar duro para que mis deseos se conviertan en realidad”.

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