El lado literario del rock

El rock se inspira en la literatura de muchas maneras, desde simples títulos de canciones hasta discos enteros dedicados a obras o escritores. Ejemplo de lo primero puede ser la pieza instrumental “Moby Dick”, de Led Zeppelin, en la cual los integrantes tocan los instrumentos con la intensidad y el virtuosismo que los caracterizó. No hay allí ninguna voz que cante acerca de la ballena blanca de Melville, pero cabría pensar que la energía del sonido hace imaginar algo grande y pesado que se aproxima.

Otros casos son menos abstractos. Bob Dylan, por ejemplo, cuyo verdadero apellido es Zimmerman, usó ese nombre en homenaje, dice la leyenda, al poeta Dylan Thomas. The Doors, la banda estadounidense de fines de los años 60 y comienzos de los 70, se inspiró para su nombre en un libro de Aldous Huxley: Las puertas de la percepción, que a su vez, hace referencia a un verso del poeta inglés William Blake.

Ambos hicieron, además, varias canciones referidas a obras literarias. “End of The Night”, por ejemplo, escrita cuando Jim Morrison -el vocalista y principal compositor de los Doors- tenía 22 años y antes de ser famoso, está basada en la novela Viaje al fin de la noche de Louis-Ferdinand Céline. Esto no es extraño si se advierte que Morrison fue un lector voraz de Nietzsche y que estuvo siempre atento a las corrientes intelectuales de su época.

Más allá de su nombre artístico, las letras de Bob Dylan están repletas de menciones a personajes y escritores, de manera no muy distinta de como los cuentos y ensayos de Borges refieren a otros autores y otras obras. Por mencionar apenas un ejemplo: Dylan nombra al jorobado de Notre Dame, al fantasma de la ópera, a Ezra Pound y a T. S. Eliot en una sola de sus canciones: “Desolation Row”.

También Led Zeppelin tiene alguna referencia más directa a la literatura. Quienes hayan leído El Hobbit y El señor de los anillos reconocerán en “Ramble On” la mención al personaje Gollum y a Mordor, la región donde debe destruirse el anillo imaginado por J. R. R. Tolkien. Robert Plant, el vocalista, había leído ambas historias con entusiasmo. De ahí que la canción apareciera en el segundo LP de Led Zeppelin, publicado en octubre de 1969.
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UNA TAPA CLAVE

Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band , ese disco de los Beatles de 1967 que fue la bisagra para que el género rock pasara a ser considerado un arte y dejara de ser sólo una forma simple dirigida a los jóvenes, incluyó en su tapa imágenes de varios escritores.

Allí están Edgar Allan Poe, Herbert George Wells, Aldous Huxley, Karl Marx, Lewis Carroll, George Bernard Shaw, Oscar Wilde y Dylan Thomas. También figura Bob Dylan, que además de músico de rock e ícono cultural de la época, puede ser definido como poeta por las formidables letras de sus canciones. Todos ellos aparecen detrás del grupo junto con otras personalidades de diversos ámbitos, para simular el público de un concierto recién terminado. Si los Beatles incluyeron a estos escritores como su público imaginario, significa que sus inquietudes artísticas tenían en cuenta las creaciones de todos ellos.

Los méritos de este disco, considerado hoy una obra maestra, van en todo caso más allá de su portada. Incluso hay libros enteros sobre el tema, como Vida y milagro de Sgt. Pepper’s, de Clinton Heylin.

DOS DISCOS, UN AUTOR

Tal vez The Wall (1979) sea la obra más conocida de la banda inglesa Pink Floyd. Pero su disco inmediatamente anterior, de 1977, Animals, tomó su idea de Rebelión en la granja del escritor inglés George Orwell.

Animals dura alrededor de cuarenta y cinco minutos y tiene apenas cinco canciones. Las cinco llevan por título los nombres de tres tipos de animales: cerdos, perros y ovejas (los cerdos se repiten en el título de tres canciones pero con algunas variantes). El disco no cuenta la misma historia que la breve novela de Orwell, acerca de la rebelión de los animales en una granja inglesa y los ideales traicionados de esa rebelión por parte de algunos de ellos, en especial los cerdos. Pero Animals es un retrato de la sociedad contemporánea (no sólo la inglesa). Las ovejas, por ejemplo, representan a quienes ignoran los problemas generales mientras ellos puedan “pastar” tranquilos y disfrutar del bienestar de las praderas, para ser finalmente traicionados por los líderes (“obediente, sigues al líder / por pasillos hacia el valle de acero / qué sorpresa / ¡una mirada de shock en tus ojos! / ahora las cosas son lo que parecen de verdad / esto no es un mal sueño”). Los perros se dedican a buscar su interés a toda costa, utilizando a todo aquel que se les cruce para lograr sus fines. Los cerdos incluyen a todos quienes se creen superiores para dar cátedra moral y dirigir los destinos de los demás, cuando están lejos de ser un ejemplo.

Orwell ya había tenido presencia en un disco de rock. En 1976, David Bowie editó Diamond Dogs inspirado en la novela 1984. La magia de la voz de este artista multidisciplinario, que también es pintor y actor de teatro y cine, se combina con los sonidos tan originales que creó a lo largo de su carrera para contar a su manera 1984. Lo hizo de forma más directa que Pink Floyd, cuando en Animals abordó la literatura de Orwell.

En este caso, Bowie recreó en cierta forma la historia de la novela. Las letras reproducen por un lado sus ambientes sombríos y desoladores, así como también los sentimientos de frustración y la pérdida de libertad que sufren sus personajes. Las canciones de Diamond Dogs llevan por nombre muchos de los conceptos principales del libro. “Candidate”, “1984″, “Big Brother” y “We Are The Dead” son algunos de esos títulos. Esta última frase (“Somos los muertos”) la repiten los protagonistas varias veces, como para tener claro -tristemente – que sus posibilidades de sobrevivir y escapar al cruel régimen que los gobierna son muy escasas. “Big Brother” tiene una melodía conmovedora y suena a un himno patriótico, pero claro, la letra es una alabanza demencial hacia Gran Hermano, quien domina a todos: “Por favor salvador, salvador muéstranos / Escúchame, soy tuyo / Alguien para culparnos / Alguien a quien seguir [...] Te queremos, Gran Hermano”. El disco transmite la misma desolación que 1984, gracias al genio musical de Bowie.