Horror en Gualeguaychú: Su novia fue a visitarlo a la cárcel y él la estranguló

El crimen de la joven ocurrió delante de su beba, durante una visita íntima en un sector reservado. El asesino estaba cumpliendo una condena por haber secuestrado y prostituido a una adolescente.

Su novia fue a visitarlo a la cárcel y él la estranguló

Protesta. Ayer a la tarde, familiares de la víctima quemaron gomas frente al penal para reclamar que les entregaran el cuerpo de la joven

Eran pareja desde hacía más de un año. Ella lo conoció cuando ya estaba en prisión, condenado a 13 años. Lo iba a ver cuando podía a la cárcel de Gualeguaychú, pero nunca imaginó que el pasado fin de semana sería la última vez y que terminaría asesinada, delante de su beba de un año y medio.

Lo sorprendente del caso fue el lugar en el que se produjo el asesinato: la única unidad penal de máxima seguridad existente en la provincia de Entre Ríos. Pese a la gravedad del hecho, hasta anoche no se habían anunciado sanciones contra ningún funcionario y sólo se había abierto un sumario administrativo.

La víctima, Jessica Ocampo, tenía 23 años. El sábado llegó con su hija para ver a su novio, Marcelo Schiaffino (38). El recluso cumplía en la cárcel de Gualeguaychú una condena a 13 años de prisión por promoción a la prostitución y privación ilegítima de la libertad de una adolescente de 15 años.

La pena le había sido impuesta en 2004 por la Cámara del Crimen de Gualeguay, que lo responsabilizó por haber liderado una banda familiar dedicada a lo que hoy está tipificado como trata de personas con fines de explotación sexual. Se lo culpó de haber secuestrado, torturado y prostituido a la chica.

Su madre, María Elena Capurro, y sus tres hermanos –María Yolanda, Jesús y Sergio Schiaffino– habían sido sentenciados como partícipes secundarios del delito de promoción de la prostitución. Recibieron una pena de tres años de prisión condicional y la obligación de realizar tareas comunitarias.

Jessica llegó el sábado a la prisión con su beba (que era hijo de otro hombre). Tenía autorización judicial, en el marco de las 96 horas mensuales previstas para visitas íntimas, según confirmaron a Clarín desde la Unidad Penal.

Fuentes del caso señalaron que el crimen habría sido cometido el lunes a la noche en el sector conocido como “Unidad Familiar”, donde se reducen la vigilancia y el control porque se preserva la intimidad de los presos y sus parejas.

Pero el hecho fue descubierto recién a la mañana siguiente, cuando Schiaffino salió de aquel sector con heridas leves en el cuello y confesó el asesinato.

Los guardiacárceles dijeron que no escucharon ni vieron nada.

Cuando ellos acudieron al sector reservado para las visitas íntimas encontraron a Jessica muerta, tirada en el piso. A su lado estaba su beba, quien estaba ilesa.

La mujer tenía signos de haber sido estrangulada. Anoche se esperaban los resultados de la autopsia para confirmar si Schiaffino la mató con sus propias manos o si usó las sábanas de la cama.

El preso tenía heridas en el cuello, provocadas supuestamente por él mismo con intención de suicidarse. De inmediato recibió atención médica y quedó fuera de peligro, aunque con estricta custodia y a disposición de la Justicia.

“ En el almuerzo (del martes), él abrió la puerta, pidió la comida para los tres y dijo que la señora estaba duchándose. Como se escuchaba el agua y la nena estaba caminando en forma normal en el pasillo, no dio la posibilidad de que se pensara en este hecho”, contó el director del Servicio Penitenciario de Entre Ríos, Horacio Pascual.

Pero luego de esa comida, “el interno salió e informó a las autoridades carcelarias que había matado a su mujer ”, indicó Pascual en declaraciones a la prensa local.

El funcionario explicó que los guardias realizan los controles tres veces al día, durante el almuerzo, la merienda y la cena, pero no detalló cuándo fue la última vez que vieron a la joven con vida.

Schiaffino había cumplido los primeros años de condena en la Unidad Penal N° 7 de Gualeguay, pero luego lo derivaron a Gualeguaychú. Según Télam, “por su mala conducta” había sido trasladado “en numerosas ocasiones” a distintas cárceles de la provincia “por problemas de convivencia con los otros reclusos”.