Los yanquis tiraron el meteorito

El líder del Partido Liberal Democrático de Rusia, Vladimir Yirinovski, lo cantó apenas cayó la bola de fuego sobre la ciudad de Cheliábinsk: “No fue un meteorito, sino los estadounidenses que están probando nuevas armas”. Edgardo Litvinoff.


El líder del Partido Liberal Democrático de Rusia, Vladimir Yirinovski, lo cantó apenas cayó la bola de fuego sobre la ciudad de Cheliábinsk: “No fue un meteorito, sino los estadounidenses que están probando nuevas armas”.
Por supuesto, lo afirmó tras analizar argumentos incontrastables, como la presunción de que el secretario de Estado norteamericano, John Kerry, buscó el pasado lunes al ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, para avisarle de “la provocación” que se preparaba contra Rusia.
Es decir que EE.UU. no sólo construyó un arma de destrucción masiva igualita a un meteorito y la probó contra Rusia, sino que además avisó antes, por pura cortesía.
Cada país tiene su Yirinovski. El ultrakirchnerista Luis D’Elía apoya un acuerdo por la causa Amia con los mismos que creen que el atentado a la Amia fue perpetrado por comandos israelíes para echarle la culpa a Irán. País cuyo presidente tiene, además, todas las pruebas para asegurar que el Holocausto no existió y que los seis millones de muertos son desaparecidos que seguramente están veraneando en Europa.
La renuncia del Papa también motivó la más variada gama de teorías conspirativas alrededor de su decisión.
Más allá de las internas vaticanas, de las presiones mundanas o de los escándalos de la Iglesia, lo más probable es que Benedicto XVI haya decidido abandonar tamaño trajín un día de humedad que potenció el achaque de sus huesos y le impidió levantarse del inodoro. Al fin y al cabo, tiene 85 años, una edad interesante para jubilarse.
Si el meteorito hubiera caído en la Argentina, estaría claro que todo sería una exageración mediática de “la corpo” (que incluye a Clarín, al 46 por ciento de los que votaron “no positivo” en la última elección presidencial y a gran parte del 54 por ciento que no acuerda con el ciento por ciento de lo que hace el Gobierno).
Otro invento como la inflación, la inseguridad o la amenaza a supermercadistas para que no publiciten sus productos en diarios de empresas que no tratan de deconstruir la realidad para justificar un relato.
Si el meteorito hubiera caído en Córdoba, la Provincia hubiera culpado a los K y a todos los periodistas que valoraron “no positivo” al Carnaval Cuartetero.
Lo extraño de la psiquis humana es que, se digan las barbaridades que se digan, siempre habrá alguien que creerá que es cierto. Ya sea por obsecuencia, por indolencia, por ideología o por dinero. En especial por lo primero y lo último.