Las frutas son “buenas”, los helados son “malos”. Las verduras son “buenas”, la pizza es “mala”. Basta de etiquetas: no existen los alimentos malos, de acuerdo con una declaración reciente de la Academia Americana de Nutrición y Dietética.
Los "alimentos malos" no existen, dicen los expert

Esto no significa que puedas darle rienda suelta a los excesos y permitirle a tus hijos comerse toda golosina que roce sus manos, sino que el objetivo es tomar conciencia de que los pilares de una alimentación saludable son las proporciones y los hábitos.

El total, más que la suma de las partes

“El patrón de comidas que una persona ingiere es más importante que un solo alimento”, expresó la Academia estadounidense a principios de febrero, por medio de un comunicado publicado en la revista Journal of the Academy of Nutrition and Dietetics. En criollo, en vez de mirar el árbol, deberías concentrarte en ver el bosque.

La Academia propone un abordaje total de lo que significa alimentarse bien y rechaza todo tipo de “etiquetas”. Explica que, por ejemplo, tildar a las papas fritas de “malas” es un punto de vista simplista, que incluso puede resultar en malos hábitos alimenticios. Es lógico pensar que si vivís prohibiéndoles a tus hijos este tipo de comidas, en algún momento se rebelarán.

Por eso, más que expulsar a un alimento de la dieta, la Academia sugiere controlar las porciones, fomentar la moderación y alentar el ejercicio físico. No es lo mismo tomar gaseosa todos los días que solo los domingos. En esta visión revolucionaria de “abordaje total” de la alimentación, encaja todo tipo de alimentos, siempre y cuando los consumas en su justa medida.

En el mismo comunicado, la Academia llama a evitar las prohibiciones, a menos que existan condiciones físicas o psíquicas que las justifiquen, y a poner el foco en los hábitos.

El movimiento “No dieta”

A nivel local, la Dra. Mónica Katz, médica especialista en nutrición, encarna esta postura y defiende la filosofía de que vale comer de todo. Propone la “No dieta”, una nueva mirada sobre alimentación, que descarta los planes restrictivos.

En resumen, estás habilitada a ingerir todo tipo de alimentos, pero en porciones pequeñas. Desde el sitio web de su centro médico, Katz advierte que cuando prohibís alimentos, generás un mayor deseo: “Si no nos dejan comer helado, lo más probable es que cuando entremos a una heladería no podamos pedirnos un pequeño cucurucho: seguramente iremos por el más grande”.
Podés seguir el ejemplo de la especialista y permitirles a tus hijos degustar algo rico y chiquito todos los días, un chocolatín tal vez, que atenúe esa ansiedad que sienten de devorarse todo el kiosco cada vez que pasan.

“Hay que legalizar el placer de comer –concluye Katz–. Los cambios en el estilo de vida son la mejor forma de adquirir y sostener en el tiempo un cuerpo cómodo y saludable”.

Es importante que consultes con un profesional de la salud antes de modificar tu alimentación y la de tu familia.