Hugo Chávez y el Pensamiento Crítico

Hugo Chávez y el Pensamiento Crítico


Hugo Chávez y el Pensamiento Crítico


“… hay mucha gente que piensa y piensa y piensa y poco hace para hacer realidad lo que ha pensado; aquellos hombres (Bolívar y Martí) pensaron y se fueron a la batalla y murieron y dieron todo por la libertad y por llevar a la realidad sus ideas revolucionarias, sus ideas de justicia, de independencia y de libertad; pues vamos nosotros a estas nuevas batallas de hoy, no nos queda más alternativa que nutrirnos, prepararnos, pensar con ellos, por ellos, para ellos, para nuestros pueblos e irnos a las batallas políticas, a las batallas sociales, a las batallas económicas, a las batallas por la integración que hoy estamos retomando con mucha fuerza pero que vienen de allá, ya ellos lo habían señalado”

Hugo Chávez. Aló Presidente N° 49, 29 de Octubre de 2003.

El objetivo original de esta nota es hacer una recopilación de referencias de las palabras del Presidente venezolano Hugo Chávez, con el propósito de contribuir con el estudio de su recorrido político- intelectual a través de más de una década de expresión y de toda una vida de elaboración. Sin embargo, no podemos dejar pasar la oportunidad para realizar una breve reflexión sobre la trascendencia del pensamiento de Chávez para la manera de comprender la relación entre saber y poder en el siglo XXI, especialmente desde la perspectiva del Sur global.

Hugo Chávez es sin ninguna duda el primer gran exponente del pensamiento crítico latinoamericano en el siglo XXI. Con inusitada sagacidad, fue capaz de reunir la teoría y la reflexión con la práctica política, y fue notable su capacidad para generar acciones de gobierno sustentadas en una vocación popular, nacional, latinoamericanista y humanitaria. Esto es mucho más notable si tomamos en cuenta que los años 90 fueron especialmente difíciles para la izquierda como alternativa ideológica, lo cual condujo a “inventos” tales como la “Tercera Vía”, que fue un método “blando” para abrazar el neoliberalismo en auge, y que engendró un proceso de desnacionalización de la economía y la política en los países que participaron en el mismo. Durante esos años, fuera en Bolivia o Argentina, en España y Grecia, o en EEUU, la participación en temas políticos y económicos fue arrancada de manos de los Pueblos, para ser otorgadas a los agentes de las elites financieras. La crisis sistémica que vive la economía capitalista mundial en la actualidad es la mayor expresión actual de este proceso.

Entre tanto, en Venezuela se aprobaba una Constitución que consagra la participación popular en todos los asuntos de interés nacional y, especialmente, marca la obligación de conformarse como un Estado Democrático y Social de Derecho y de Justicia, una conceptualización del Estado que directamente reta al fudamentalismo liberal y que establece la necesidad de que el Estado mantenga su posición como garante de los derechos integrales de los ciudadanos. Además, se desplegaron sendos Proyectos de Desarrollo Económico y Social de la Nación, en los cuales se concentraba la formulación de líneas estratégicas que apuntaron al desarrollo integral del ser humano, dentro del horizonte de construcción de la soberanía política de la Nación y la creación de un sistema para la inclusión social. La emergencia del concepto de Socialismo del Siglo XXI fue el resultado de la búsqueda de proporcionar un horizonte teórico a las acciones del gobierno en el contexto de vacío ideológico impulsado por el neoliberalismo, pero también como expresión de la voluntad de generar acciones políticas firmemente atadas a otra racionalidad, más atenta a las necesidades y aspiraciones de los Pueblos que a las imposiciones del mercado. De ahí que la idea de Socialismo Bolivariano se encuentre más cerca de la noción de Buen Vivir que a cualquiera de las dogmáticas surgidas en el Siglo XX.

Y decíamos que Hugo Chávez es uno de los mayores exponentes del pensamiento crítico, porque logró ver que todos los ámbitos del quehacer humano tienen sentido político, y que el ser humano debe ser objeto central de reflexión. Esto es importante sobre todo cuando los centros académicos y comunicacionales pretenden que sigamos la senda del fundamentalismo económico neoliberal, con destrucción del concepto de ciudadanía y la muda aceptación de una “globalización” hegemónica de acuerdo con los valores e intereses de la economía occidental.

En contraste, el pensamiento de Hugo Chávez se encuentra referenciado en su propio momento y lugar, pero sobre todo, se identifica plenamente con las vicisitudes de las masas sociales de cuya concurrencia es resultado. De este modo, la voz de Chávez fue expresión de los oprimidos del planeta: emergió de lo que él mismo llamó “las catacumbas del Pueblo” y se alzó con potencia esclarecedora y con un significativo potencial contrahegemónico. Por eso también era despreciado por los centros de poder, y las empresas de comunicación que les sirven a éstos pusieron todo su empeño en calificarlo como un tirano cuando en realidad fue el gran impulsor de un proyecto emancipador.

Así, Hugo Chávez generó un pensamiento emplazado geopolíticamente y de fuerte contenido latinoamericanista y anticolonialista. Su propuesta de unidad latinomericana no hace otra cosa en rescatar la visión certera de que América Latina – como los países del Sur Global – deben formar un ente geopolítico autónomo y soberano como medio para integrarse en igualdad de condiciones en el sistema internacional. Esto contrasta con todo el pensamiento integracionista de corte liberal, el cual crea distinciones entre integración económica y cultural, y es de corte eminentemente neocolonial. Así, si el pensamiento unionista de Bolívar encuentra su antagonista en la Doctrina Monroe, y el de José Martí en la Enmienda Platt, el de Chávez se encarna en la oposición al ALCA, el más portentoso intento de crear un mercado único en la región (o lo que es decir, un desbocadero para la sobreproducción de mercancía estadounidense). En un sentido afirmativo, el interés unionista se encuentra también en la creación de un conjunto de organizaciones (ALBA, UNASUR) y, sobre todo, en el impulso de una racionalidad significativamente diferente en las relaciones internacionales, basada en la complementariedad, en la reciprocidad y en la solidaridad. En comparación con el destemplado unilateralismo estadounidense de principios de siglo, la geopolítica de Chávez representó un fuerte apoyo a la multipolaridad y a un orden global fundado en el reconocimiento y en el respeto mutuo.

Pero decíamos que Hugo Chávez es uno de los más grandes exponentes del pensamiento crítico, además, porque esta conciencia geopolítica de mira anticolonial se encuentra en la esencia de las orientaciones de Chávez en materia de conocimiento, ciencia y tecnología. De allí que se empeñara en promover políticas científico-tecnológicas orientadas a dar respuesta a las necesidades sociales. Como alguna vez dijo: “Debemos avanzar hacia una explosión masiva del conocimiento, de tecnología, de innovación, en función de las necesidades sociales y económicas del país y de la soberanía nacional”.

Algunas acciones que mostraron dicha orientación fueron el impulso de las Redes Socialistas de Innovación Productiva, la creación del Proyecto Infocentro y del Proyecto Canaima, entre muchas otras, las cuales se sustentan en la obligación de democratizar las políticas educativas y tecnológicas a través de la socialización de los recursos, de los procesos y de los productos de desarrollo. Con esto se desplegaba una visión estratégica: “Para que el Pueblo se concrete en fuerza real debe tener, primero que nada, conciencia; y para que el pueblo tenga conciencia debe tener conocimiento y cultura”.

Así mismo, Chávez fue un promotor del conocimiento y de la cultura libre, con la formulación de decretos orientados a la adopción del software libre como herramienta del Estado venezolano, la creación de diferentes organismos para el desarrollo e investigación de políticas públicas basadas en el conocimiento libre; pero sobre todo, como hemos dicho, a través de la democratización de la política científico-tecnológica. En una oportunidad afirmó:

“Esto de la propiedad intelectual no es más que una trampa, de los países, que bueno, se desarrollaron, y ahora, ¡esto es mío!, es la expresión del egoísmo capitalista. El conocimiento no puede ser privatizado. El conocimiento es universal como la luz del sol. Nadie puede decir esta luz del sol es mía, yo la guardo aquí, o como el viento, como el agua de los ríos. Entonces hay que desarrollar eso de la apropiación y la adaptación: ¿Cómo la realizamos?, ¿cómo la entregamos?, ¿cómo hacemos?, ¿cómo garantizamos el acceso al conocimiento?”

En sus disertaciones sobre el tema, Chávez recordaba constantemente al argentino Oscar Varsavsky, quien en sus libros hace una crítica al “cientificismo” como forma de organización del trabajo científico-tecnológico en la relación de América Latina con el mundo, y que propone, en contraste con los modos neocolonial y desarrollista de comprender – de practicar – la generación de conocimientos, un modo creativo, fundado en la generación de capacidades endógenas, la atención de necesidades localizadas y en la guía de un proyecto político consensuado nacionalmente. ¿Acaso puede imaginarse mejores antídotos contra el neoliberalismo académico – la mercantilización del saber y del hacer – que se encuentra en crisis en el ámbito de la creación de conocimiento científico en el mundo “desarrollado”? Con ello mostraba también una forma de resistencia a lo que Edgardo Lander ha llamado “la ciencia neoliberal”, y que no es otra cosa que la expansión de un modo “geopolíticamente neutro” (es decir, colonialista), de concebir las relaciones de saber-poder entre el Norte y el Sur. Y con conciencia del papel revolucionario del conocimiento, declaró una vez: “Nunca tendrá el pueblo poder económico hasta que no sea el dueño de los factores de la producción: tierra, maquinaria, tecnología, conocimiento, capital, trabajo”.

Un académico como Boaventura de Sousa Santos (quien por cierto recibió el Premio Internacional Simón Bolívar al Pensamiento Crítico), preocupado por la emergencia de otra forma de conocimiento y por la superación de las limitaciones de la racionalidad cientificista moderna, señala en uno de sus libros que existe una crisis de la epistemología dominante. Dicha epistemología se encuentra caracterizada por el interés en el control empírico de los fenómenos sociales y naturales; y está basada en la reducción analítica de las cualidades de los fenómenos, su traducción a magnitudes cuantificadas, y la búsqueda de un saber basado en principios universales. Una nueva clase de epistemología debería buscar la superación del positivismo a través de un conocimiento que integre diferentes dimensiones del saber, la localización del conocimiento sin renunciar a su proyección hacia el saber global, el cierre de la brecha artificial entre el sujeto que conoce y el objeto de conocimiento, y la separación entre conocimiento común y conocimiento especializado, en pos de la búsqueda de un nuevo sentido común y de una ciencia no aislada. En resumen, se trata de fundar un conocimiento que tenga conciencia de sus bases histórico-culturales y de sus límites epistemológicos, orientado a dar respuestas a necesidades del bienestar humano más allá de restringirse a la predicción y el control de los fenómenos empíricos.

Hugo Chávez promovió esta clase de epistemología y la reflejó en sus propias disertaciones. Defendió la importancia del sujeto de conocimiento a través de la observación de sus características históricas, y sirvió de apoyo al diálogo entre diferentes culturas cognitivas: “El pueblo es sabio, aquí deben venir los campesinos a discutir con ustedes, no creamos que los investigadores somos una elite, los pensadores; no, no, la sabiduría del pueblo es fundamental para alimentar estos procesos si queremos hacer una revolución de verdad. La sabiduría popular no tiene límites”. También destacó la importancia del saber para la constitución del sujeto como agente histórico: “La educación, el conocimiento, permitirá el crecimiento de ciudadanos libres, respetuosos de las leyes y de los derechos de los otros”; y en especial tocó el conocimiento como medio para la creación de conciencia: “La conciencia es eso: conocimiento, más nada”; y “la conciencia no es sino el conocimiento, y en este caso de la historia, de la verdadera historia de nuestros pueblos”.

Su pensamiento y su acción siempre se orientó a romper las ataduras de la analítica de la racionalidad científica moderna, a partir de una holística que trascendiera dicotomías como sujeto-objeto, teoría-práctica, conocimiento-crítica o ciencia-cultura. La analítica positivista, propia del pensamiento moderno, es conveniente para definir una jerarquía de conceptos que permitan un arreglo de los fenómenos sociales de acuerdo con la voluntad de un poder hegemónico. En cambio, la holística crítica se orienta a buscar relaciones entre diferentes aspectos de un fenómeno y se articula mejor con políticas de orientación contrahegemónica (la tensión entre analítica y holística es una contradicción constante de las relaciones culturales de occidente con las culturas no occidentales).

En suma, el reconocimiento del carácter complejo y multidimensional de los fenómenos sociales permitió que Chávez rechazara la lógica fragmentaria y mecanicista de las disciplinas académicas occidentales, hoy día tan criticada por los teóricos del “pensamiento complejo” y de la “sociología del riesgo”, y que tan a la mano se encuentra de las lógicas mercantilistas y coloniales. Además, Chávez contribuyó siempre a romper la disciplina que impone el conocimiento especializado en cuanto a temas, programas y definición de roles, tal como se mostró en sus intervenciones. Sin embargo, su pensamiento no fue tanto una elaboración racionalizada de una nueva clase de epistemología, como su propia expresión explosiva y su puesta en escena en el contexto de la geopolítica mundial y de la política nacional. Después de todo, fue más un estadista que un pensador abstracto.

Desde el Sur, un pensamiento orientado hacia la emancipación cognitiva de los Pueblos no puede concebirse de otros modo sino como anticolonialista. El pensamiento y la acción de Hugo Chávez abarcó esas líneas y muchas más, porque estaba en su raíz el reconocimiento del sujeto como agente cognoscente, práctico y volitivo de la transformación de su propia realidad histórica. Nos invitó a superar los paradigmas de la Sociedad de la Información y del Conocimiento, fundados en las transformaciones del capitalismo de las últimas décadas, y orientados a su profundización, para invocar la creación de una sociedad creativa y creadora; una sociedad en la cual una epistemología incluyente ayudaran a fundamentar proyectos científicos-tecnológicos que respondieran a las necesidades de un Proyecto Nacional (sobre esta materia puede verse un discurso del 2006, el cual se ha titulado La Sociedad del Talento). Y continuó siendo anticolonialista, porque ayudó a que su Pueblo tomara conciencia de la importancia de su participación en la creación de cultura y en la determinación de las relaciones de poder.

En el momento en que el ser humano comienza a decir “Yo soy…” como reacción ante una identidad impuesta, comienza a ser libre. Pero si luego comienza a decir “Nosotros somos…” comienza a serlo mucho más. Chávez logró que los venezolanos se comprendieran como integrantes de una comunidad política nacional con un sentido de futuro compartido, en tiempos de la bancarrota intelectual y moral de las clases dirigentes – clientelas de los intereses capitalistas –, y del vacío ideológico del supuesto “fin de las ideologías” y de la “postmodernidad”. Ayudó a que se concibieran como integrantes de una “Patria”, concepto olvidado ya en los países que han abrazado el universalismo occidental. Y lo hizo como dirigente y como educador, guiando a su Pueblo de batalla en batalla mientras le recordaba una y otra vez que el conocimiento y los valores sociales son las directrices de una Nación; como emulando a Bolívar quien escribió: “Moral y Luces son los polos de una República, Moral y Luces son nuestras primeras necesidades”. Sus ejemplos transcendieron fronteras y llegaron a nutrir las luchas de otros Pueblos.

Por todo lo anterior, podemos volver a repetir con mucha mayor convicción, que Hugo Chávez es el primer gran exponente latinoamericano del pensamiento crítico en el siglo XXI.

Chavez

Comentarios Destacados

@zaaloo +7
Hugo Chávez, y la corrupción crítica.
@pollloking +1
En venezuela tambien hay llorones como en Argentina??
@zaaloo -1
@pollloking No sé, pero la corrupción es tan abundante como el petróleo.

10 comentarios - Hugo Chávez y el Pensamiento Crítico

@zaaloo +7
Hugo Chávez, y la corrupción crítica.
@pollloking +1
En venezuela tambien hay llorones como en Argentina??
@zaaloo -1
@pollloking No sé, pero la corrupción es tan abundante como el petróleo.
@vladdrajul +4
critico? si, a otros pq utocritica ni ahi
@vladdrajul +4
-1? la libertad de expresion de chavez?
@duttixon
que no se había muerto?
@marianos1313 +1
Socialismo Del Siglo XXI

Consiste en una ideología cuyo motor es el odio y el resentimiento contra las clases altas, nacido de la corrupción evidente de siglos anteriores, además de fuertes nexos teóricos con el comunismo, por lo cual también se le ha nombrado comunismo tropical.
@BigBlackBastard +2
libertador del siglo? jajajajaajajajajaajaj contate otro jajajajajajaajaja
@Rockomod +1
Este post se fue a la mierda desde la primera imagen.
@siegfr +1
el autocrítico que tiraba mierda a la burguesía pero se hacía el loco con su familia y sus ministros que hoy son la nueva oligarquía, por favor, este tipo fue un corrupto bocon más del monton
@maria_soto_s
Excelente. En la publicación original están además, en un anexo, gran cantidad de fuentes bibliográficas. Estaba buscando algo así. Muchísimas gracias.