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Si yo te digo vamos a ,vos decís

Si yo te digo vamos a ,vos decís


¿Hay mundo privado en la era digital?



Todo lo que se graba o se sube a la web puede convertirse en un fenómeno masivo.
Le sucedió a Florencia Peña, a Kate Moss y también a Scarlett Johansson.


privacidad



Hubo un tiempo no muy lejano en el que la vida privada de los demás era un territorio mágico, material apto para unos pocos y vedado a la gran mayoría.

El rumor es hijo de cierto grado de inexactitud: no hay imágenes, sólo conjeturas que describen la leyenda. Los momentos transcurridos entre sombras, detrás de los humos de la historia, no eran recuerdos para compartir. Su mitología se perfeccionaba en los fogones, en las tardes de té con masas finas, entre café y cigarrillos. No más, no menos que eso.

La sociedad incluso estaba acostumbrada a que hechos artísticos de todo orden quedaran sellados en la memoria de los privilegiados de turno que habían estado en el momento y el lugar adecuados. La vida en sí misma, no era como hoy, costumizable.

Todo eso ha cambiado con internet. Los placeres o los vicios privados; las preferencias musicales que uno conversaba con la almohada, los intereses más variados que funcionaban como referencias de uno mismo para aquellos considerados amigos, hoy quedan expuestos a la mirada cruda de cualquiera que pase por el patio delantero de nuestra existencia.

La imposibilidad física de la distribución de los gustos funcionó hasta hace unos años como una barrera natural que protegía los intereses de la industria. El cassette, el VHS, la video con cassette, el Super 8, eran tanto captadores como cajas fuertes del pasado reciente. Pero la digitalización de los contenidos, una herramienta que la propia industria alentó en una suerte de suicidio comercial, cambió radicalmente el panorama. Acabó con la cultura de "lo propio".


videos

Como no hay fortaleza segura para los tesoros más exquisitos, tampoco hay un espacio confiable cuando se trata de resguardar aquello que en teoría queda bajo la protección del disco rígido. La copia múltiple y veloz de datos trajo como consecuencia la pérdida de la privacidad en un sentido más técnico. Aquello que nos incumbe es parte hoy de una complicada metáfora.

El sexo de Florencia Peña y su exmarido, Mariano Otero, constituye un objeto codiciado por prohibido, por escandaloso, por integrar el circuito del quehacer cholulo, por la curiosidad y el morbo implícitos (sobre todo tomando en cuenta el dolor de Peña expresado en diarios, revistas y programas de la tarde), más no especialmente por las artes amatorias de la actriz. Que no debe hacerse, que es ilegal, que puede destruir la psicología de sus protagonistas al quedar expuestos, es verdad; pero que puede hacerse y compartirse en forma masiva, es otra realidad insoslayable.

Lo privado, como imágenes de una orgía o un cumpleaños, los diarios personales, los videos o las películas caseras, forman parte cabal del proceso de digitalización. Son alimento para la web. De este modo, la velocidad de transmisión puede pasar de 0 a un millón en cuestión de segundos. Una de las preguntas que rodea por estos días a la figura de Peña en Google es ¿dónde se puede ver el video hot de Florencia Peña? Y las respuestas suman largas listas de ayuda.

Curiosamente, mientras Peña trata de impedir que su experiencia sea vista en el sistema, miles, millones de personas, en todo el mundo y en la Argentina, por supuesto, cuelgan sus videos calientes en sitios web que así lo permiten. En Poringa.net, por ejemplo, los videos más codiciados por la audiencia son los "Amateurs". Allí el espectador se encuentra con escenas de sexo sin maquillaje, casuales o medianamente preparadas, románticas o un poquitín zarpadas, donde lo que predomina es la improvisación, la total ausencia de profesionalismo. Es llamativo cómo las parejas se ocupan de que sus cuerpos y sus rostros queden claramente plasmados ante la cámara aun a riesgo de que cualquiera, amigos o familiares o vecinos, puedan descubrirlos en estas secuencias triple X. Entre los más jóvenes incluso prima una actitud que va a contramano de la búsqueda del anonimato y se acerca a las reglas de una competencia sexual. No pocos muchachos, en pleno sexo, se encargan de dejar gestos de triunfo frente a la cámara como si hubieran metido un gol o acabaran de recibir un premio. En un video que en los últimos dos años ganó popularidad en la web, se observa a dos jóvenes que mantienen sexo apurado en la cocina de una casa. En un momento de particular excitación, el "flaco" mira a la cámara sonríe y hace la V de la victoria olvidándose por completo de que está manteniendo sexo con su amiga. Victoria, estoy on line.

Poringa


Muchos de estos amantes amateurs buscan lo mismo que los protagonistas de las producciones pornográficas que se pueden ver sin costo en la web: popularidad. En verdad, compiten con ellas. Es que en el universo online, de un modo u otro, el tránsito retribuye económicamente (ver recuadro).

El "caso" Peña no es muy distinto de otros. Como el del congresista americano Anthony Weiner, quien le envió una fotografía pasada de rosca a una seguidora a través de su cuenta de Twitter. De un modo inocente, Weiner jamás pensó que la imagen podía terminar con su carrera política al verse reproducida hasta el cansancio. En otro momento de la historia, en lugar de una fotografía, tal vez hubiera enviado una carta escrita de propia mano con frases sugerentes y bañada en perfume. Pero una imagen vale más que mil palabras y en la era de internet incluso más.

Marilyn Monroe anduvo antes de morir detrás aquellas primeras y provocadoras fotografías suyas que la mostraban desnuda y virginal. Pero las fotos no alcanzaron su pico más alto de popularidad hasta la llegada de la web que entronizó una vez más el mito de la rubia plateada. También Kate Moss se sintió un poco incómoda ante la difusión de las tomas que hicieron de ella en una playa a sus quince años y que sirvieron para darle el primer empujón de su carrera. Scarlett Johansson es otra actriz que fue robada. Unas imágenes naturales mostraron que la protagonista de "Perdidos en Tokio" es atractiva fuera del set y recién levantada. ¿Eso era lo que queríamos confirmar?

Son fotografías que los involucrados preferían mantener en el olvido. Pero la web se empecina en mostrar lo ajeno con brutal impunidad.

La vida de los anónimos y los famosos no sólo está escrita en las estrellas sino también en los numerosos sitios webs donde voluntariamente estos dejan partes de sí mismos.

La única forma de protegerse ante la eventualidad del robo de una secuencia que "nadie debe ver" es directamente no grabarla o no hacerla. No dejarla en un rincón oscuro del dormitorio para que un aprendiz de hacker la transforme un día en bandera del éxito nerd. En una reafirmación del signo de los tiempos digitales.




scarlett


FUENTE

http://www.rionegro.com.ar/diario/hay-mundo-privado-en-la-era-digital-1098453-9523-nota.aspx

Comentarios Destacados

5 comentarios - Si yo te digo vamos a ,vos decís

@theking2
nos vamos en el poringamovil