Los intereses sociales que pusieron al General Videla en el poder siguen en pie
Dr. Gonzalo Sanz Cerbino[1]


La muerte del militar argentino Jorge Rafael Videla, que encabezó una de las más sangrientas de las dictaduras que asolaron Latinoamérica en los ’70, no debe hacernos perder de vista que los intereses sociales que lo llevaron al poder hoy siguen intactos. La clase dominante argentina ubicó a Videla, en 1976, a la cabeza del Estado para cumplir una tarea. La dictadura que comandó debía eliminar los obstáculos políticos que trababan, desde mediados de los ’50, la acumulación de capital en la Argentina. Recomponer la rentabilidad empresaria demandaba, entre otras cosas, avanzar fuertemente sobre las condiciones de vida y los salarios obreros. Tarea que fue ensayada, sin éxito, por todos los gobiernos entre 1953 y 1976. El último intento, a mediados de 1975, pasó a la historia como el “Rodrigazo”, un gigantesco plan de ajuste que buscó, mediante un shock inflacionario, bajar el piso salarial. El plan debió ser abortado por la resistencia de la clase obrera comandada por activistas sindicales y dirigentes políticos de izquierda, que forzaron a la cúpula sindical peronista a movilizarse contra el ajuste. El fracaso de la ofensiva comandada por el Ministro de Economía de Isabel Perón, Celestino Rodrigo, encendió el alerta en los núcleos empresarios, que comprendieron que no se había cerrado el proceso revolucionario abierto en 1969 y que el ajuste no podría realizarse dentro de los marcos democráticos. Era necesario barrer con lo que dieron en llamar la “guerrilla fabril”, para de esa manera disciplinar al conjunto de los trabajadores, recomponiendo la hegemonía y la acumulación de capital.

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