La voz de Los Cafres confiesa que le cuesta salir de gira y que se hizo cantante por Simon & Garfunkel. Mirá el clip de "Bastará".

Reportaje a Guillermo Bonetto (Los Cafres)

Guillermo Bonetto, hay que decirlo, no es el mejor compañero en una ronda de mate. Los amargos, que él mismo prepara, se mueren en sus manos al tiempo que abre bien los ojos y no deja de hablar: de su éxodo capitalino hacia la tranquilidad de General Pacheco, de su admiración por Chet Baker y de su amor por los perros (tiene cinco).

"En Don Torcuato no tenés vereda, es como un pueblo. Eso me enamoró mal", dice la voz de Los Cafres, quien jura que desde que se mudó al norte del conurbano –a pocas cuadras de la ruta 197– comenzó a padecer una pesadilla recurrente: vivir en la Capital Federal. "Soñaba que me cambiaba de casa y quedaba en Buenos Aires… un horror. Ahora ni en pedo me voy a vivir allá."

¿En tu casa se escuchaba música?
Sí, y muy buena música. Mi viejo es súper cinéfilo y bastante culto; mi hermana mayor también sacó el amor por el cine; mi abuelo era acordeonista y mi vieja canta muy bien. El único que no estudió música fui yo. Nunca tuve una profesora y no sé leer música. A duras penas sé los acordes, porque necesito saberlos, y hay un montón de cosas que no sé cómo las hago. De chico escuchaba Glenn Miller, Mercedes Sosa, un poco de Serrat y Simon & Garfunkel, por quienes en definitiva empecé a cantar. Fue con "Los sonidos del silencio". Esa canción sacó el cantante que hay en mí. Tenía 6 años.


¿Qué te atrajo?
Me enamoré totalmente de Simon & Garfunkel. Era lo único que ponía para escuchar. Me sentaba frente al combinado en un banquito, cantaba y me imaginaba que estaba ante público y todo. Y después, hasta que canté con seriedad, pasaron quince años. También escuchaba grupos vocales, como Pastoral, o Nito Mestre, y mucha música pop yanqui de la época de Fama; artistas súper finos, muy New York. Ya más grande me gustó Boy George y Queen, que siempre sonaba en casa. Bien variado.

En Cosquín Rock 2008 tocaron después de Carajo y el público, que había hecho pogo minutos antes, bailó con Los Cafres. ¿Te preguntaste por qué sucedió eso?
Mirá, eso es un flash, es increíble. No sé por qué sucede, pero está buenísimo y me llama mucho la atención. Yo toco desde hace veintipico de años y antes no era así… te tiraban cosas. ¡Y más en Córdoba! En el festival de La Falda, te tiraban todo lo que tenían a mano, y si no eras la banda que iban a ver, te mataban. En los festivales siempre te agarra un cagazo previo, porque los que están ahí no te fueron a ver todos a vos. Nunca sabés qué es lo que puede pasar. Y de golpe ves a todos los de adelante vestidos de negro y pintados hasta las orejas, cantando "Si el amor se caaeee…". ¿Qué pachooó? [Risas.]

¿Los festivales ayudaron a derribar la barrera de la intolerancia?
Sí, y también hay una revalorización del rock nacional que no sé a qué se debe. Me hace acordar a la época de Malvinas, cuando estaban prohibidas las canciones en inglés. Ahí descubrimos muchos grupos, un poco a la fuerza, pero nos sirvió. Ahora está pasando algo similar. Si sos de las tribus actuales y te perdés tal o cual grupo, estás afuera. El joven de hoy la tiene jodida, porque debe saber por lo menos un par de estribillos y estudiarse bien un par de letras. Yo, si hoy fuera joven, estaría en el horno .


¿Serías un flogger?
Podría ser emo, ¿no? [Se ríe.] Hablando en serio, siempre los argentinos fuimos de mirar mucho para afuera, y más a la hora de hacer música. Hoy por hoy hay una cosecha de esa búsqueda en paz. Es probable que los festivales ayudaran a disminuir un poco el bardo en los shows. Pienso que hay un concepto de espectáculo y que siempre fue así, por lo menos ese factor lo podés encontrar en tipos como Babasónicos, Kananga o la Bersuit: ellos arman un espectáculo. Nosotros no somos de mucha parafernalia, pero lo tomamos como un espectáculo. No somos del "reggae chabón", del fasito y la remera de Marley.

Sos uno de los músicos argentinos de reggae más críticos con el género. ¿Por qué?
Porque lamentablemente en el reggae se usa mucho la pelotudez. Muchos se escudan en el famoso "paz y amor" y al final no dicen nada. Estoy siendo un poco cruel y lo digo con bronca a propósito, para que genere algún tipo de impacto. Ese mensaje lavado que dice que todos tienen que decir lo mismo: "Hay que protestar". No. Hay que decir lo que sale del corazón, lo que realmente te dé bronca. El reggae es una música que sale de las villas de Jamaica. Es como la cumbia villera de Jamaica. ¿Y de qué te pensás que acá va a hablar la cumbia villera? De drogas, de policías, de transas. Sé que alguno dirá: "Es un asco, es una mierda". Bueno, pero eso es lo que ellos viven, ¿creés que te están mintiendo? Todo lo que es auténtico, sirve. Si sos un cheto y vivís en Belgrano, hablá de eso. A la mayoría de nosotros nos gusta ser ovejas. Es muy fácil y muy cómodo ser oveja, porque no tenés la obligación de pensar.

Fuente: http://www.rollingstone.com.ar/nota.asp?nota_id=1062906