Selena Gómez y la fiesta entre gemidos sexuales




Ahora mismo hay una adolescente escuchando el nuevo disco de Selena Gómez, 'Stars Dance', y cantando estribillos como: "Todas las noches son mi cumpleaños cuando salgo de fiesta así" o "Quiero ir de fiesta toda la noche entre las luces de neón". En 1976, otro adolescente hacía lo mismo con el primer disco de los Ramones, mientras berreaba en su habitación: "Ahora quiero esnifar un poco de pegamento, ahora quiero tener algo que hacer". Y aunque pudieran parecer que ambos están en galaxias diferentes, en el fondo son el mismo adolescente.

Porque seguro que ambos tendrían que aguantar "qué porquería de música es ésta; mejor estarías estudiando". Ambos querrían que les dejasen en paz y quedarse solos en su cuarto. O se sentirían incomprendidos por un mundo extraño y cambiante, y atraídos por esas cosas oscuras que hasta hace poco les daban miedo. Y tendrían la necesidad de unirse a una gran familia en la que la música de sus ídolos sea un pegamento más potente que la familia y los círculos sociales obligados de la escuela.

Y, sin embargo, a pesar de esa pulsión musical adolescente, las cosas han cambiado mucho. En primer lugar, la industria musical es ahora un animal herido de muerte que, para sobrevivir, está dispuesto a cualquier cosa a cualquier precio. Los pocos escrúpulos que quedaban en el negocio han terminado por caer y las grandes (y también pequeñas) compañías juegan sucio, buscando los puntos débiles del público más fácil, joven e influenciable, al que seducen con sexo, promesas de que sus sueños se harán realidad y un mundo de fantasía a cambio del dinero de la propina. Además, los adolescentes de hoy son todo lo contrario a los del 'baby-boom': mucho más escasos en número y criados por unos padres que no saben muy bien cómo tratar con ellos, por la distancia que impone la vida laboral.

En ese contexto surge Selena Gómez. Nacida en 1992 (celebró su 21 cumpleaños hace pocos días) y criada a los pechos de la factoría Disney, como Britney Spears y Christina Aguilera, esta joven texana de padre mexicano despuntó primero en una serie televisiva para, una vez visto el posible tirón, pasar a tener su propio proyecto musical (junto al grupo The Scene) y cinematográfico, al principio en proyectos melifluos y, recientemente, con su participación en la procaz y 'drogota' ‘Spring breakers’. Para finalizar la ecuación, su romance con la también estrella Justin Bieber terminó de ubicarla en el 'show business'.

'Stars dance' es su primer disco 'en solitario', un álbum de pop electrónico con canciones que serían intercambiables con cualquier trabajo reciente de Britney, Jennifer López o Rihanna (de hecho, 'Save the date' y 'Come & Get it' son sendos descartes de las dos últimas), salvo por la coartada 'dubstep' (a ver si nos entendemos, la EDM estadounidense teñida de 'dubstep' que hace Skrillex) de canciones como la que da título al disco. Equipos de productores y compositores ha habido siempre en la historia de la música, pero su trabajo nunca ha estado tan industrializado como ahora, tal y como demuestra el disco de Selena. The Cataracts, Rock Mafia, Dreamlab y Stargate se muestran aquí como auténticos maestros churreros de las melodías lobotomizadas, los estribillos simplificados al límite y la manipulación de la voz de Selena hasta más allá de los algoritmos del autotune, mientras la joven les habla a sus compañeros de generación de pasárselo bien y de los picores de la edad.
MÚSICA | Un disco para un miércoles
Selena Gómez y la fiesta después de Justin Bieber
Selena Gómez, en la presentación de 'Stars dance' en Nueva York el pasado viernes. | ReutersSelena Gómez, en la presentación de 'Stars dance' en Nueva York el pasado viernes. | Reuters
Selena deja atrás la niñez y su problemático ex novio en 'Stars dance'
La hispana canta entre gemidos sexuales y exaltación de la nocturnidad
Darío Prieto | Madrid
Actualizado miércoles 31/07/2013 04:23 horas
Disminuye el tamaño del texto
Aumenta el tamaño del texto
Ahora mismo hay una adolescente escuchando el nuevo disco de Selena Gómez, 'Stars Dance', y cantando estribillos como: "Todas las noches son mi cumpleaños cuando salgo de fiesta así" o "Quiero ir de fiesta toda la noche entre las luces de neón". En 1976, otro adolescente hacía lo mismo con el primer disco de los Ramones, mientras berreaba en su habitación: "Ahora quiero esnifar un poco de pegamento, ahora quiero tener algo que hacer". Y aunque pudieran parecer que ambos están en galaxias diferentes, en el fondo son el mismo adolescente.

Porque seguro que ambos tendrían que aguantar "qué porquería de música es ésta; mejor estarías estudiando". Ambos querrían que les dejasen en paz y quedarse solos en su cuarto. O se sentirían incomprendidos por un mundo extraño y cambiante, y atraídos por esas cosas oscuras que hasta hace poco les daban miedo. Y tendrían la necesidad de unirse a una gran familia en la que la música de sus ídolos sea un pegamento más potente que la familia y los círculos sociales obligados de la escuela.

Y, sin embargo, a pesar de esa pulsión musical adolescente, las cosas han cambiado mucho. En primer lugar, la industria musical es ahora un animal herido de muerte que, para sobrevivir, está dispuesto a cualquier cosa a cualquier precio. Los pocos escrúpulos que quedaban en el negocio han terminado por caer y las grandes (y también pequeñas) compañías juegan sucio, buscando los puntos débiles del público más fácil, joven e influenciable, al que seducen con sexo, promesas de que sus sueños se harán realidad y un mundo de fantasía a cambio del dinero de la propina. Además, los adolescentes de hoy son todo lo contrario a los del 'baby-boom': mucho más escasos en número y criados por unos padres que no saben muy bien cómo tratar con ellos, por la distancia que impone la vida laboral.

En ese contexto surge Selena Gómez. Nacida en 1992 (celebró su 21 cumpleaños hace pocos días) y criada a los pechos de la factoría Disney, como Britney Spears y Christina Aguilera, esta joven texana de padre mexicano despuntó primero en una serie televisiva para, una vez visto el posible tirón, pasar a tener su propio proyecto musical (junto al grupo The Scene) y cinematográfico, al principio en proyectos melifluos y, recientemente, con su participación en la procaz y 'drogota' ‘Spring breakers’. Para finalizar la ecuación, su romance con la también estrella Justin Bieber terminó de ubicarla en el 'show business'.

'Stars dance' es su primer disco 'en solitario', un álbum de pop electrónico con canciones que serían intercambiables con cualquier trabajo reciente de Britney, Jennifer López o Rihanna (de hecho, 'Save the date' y 'Come & Get it' son sendos descartes de las dos últimas), salvo por la coartada 'dubstep' (a ver si nos entendemos, la EDM estadounidense teñida de 'dubstep' que hace Skrillex) de canciones como la que da título al disco. Equipos de productores y compositores ha habido siempre en la historia de la música, pero su trabajo nunca ha estado tan industrializado como ahora, tal y como demuestra el disco de Selena. The Cataracts, Rock Mafia, Dreamlab y Stargate se muestran aquí como auténticos maestros churreros de las melodías lobotomizadas, los estribillos simplificados al límite y la manipulación de la voz de Selena hasta más allá de los algoritmos del autotune, mientras la joven les habla a sus compañeros de generación de pasárselo bien y de los picores de la edad.


'Birthday' es una canción de fiesta entre gemidos sexuales, sin más. 'Slow Down', un chicle masticado por Britney hace cuatro años, 'Like a champion' pretende aprovechar el filón 'dancehall' y jamaicano de Rihanna, aunque con mucha menor fortuna... 'Forget forever', de tan David Guetta que le sale hasta se hace tierna. En 'B.E.A.T.' canta: "Es un mundo grande y malo, pero no me avergüenzo de que me gusten las luces en mi mano y los 'beats' en mi cara" sobre una base que pretende ser dura pero se queda en 'madonniana'. 'Nobody does it like you' es un canto a la recurrente historia de amor con el macarra de turno: "Eres mi cuento de hadas de malote. Desde que irrumpí en el lado oscuro quiero ser tu chica mala. Tú sacas mi lado salvaje". Y 'Music feels better with you' podría pasar perfectamente por una oda al éxtasis recién descubierto tras escuchar el 'Music sounds better with you' de Stardust.

Más morbo hay en oír las canciones que, supuestamente, hablan de su relación con Bieber, más que nada por desentrañar si lo suyo fue real o un montaje de la maquinaria musical. O por ver qué vio la entonces inocente Selena en la hoy polémica estrella. El único tema que puede dar alguna pista clara al respecto es 'Love will remember', en la que Selena dice: "Me dijiste que me querías. Te dije que yo a ti también. ¿Qué pasó con aquello? Todas tus promesas y los planes que hicimos ¿qué fueron de ellos? Boom, se fueron. Incluso si intentamos olvidarlo, el amor lo recordará". ¿Recordará la historia de la música a Selena?