Por Leandro Bottinelli

Esta publicación integra la serie de Cuadernos de Discusión que edita la Universidad Pedagógica (UNIPE)
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Por que crece la educacion privada?
David Alfaro Siqueiros, Movimiento espacial, 1967 (fragmento, gentileza Christie’s)n los últimos años se incrementó en Argentina el porcentaje de estudiantes que asisten a escuelas privadas. La matriculación en establecimientos del sector privado representaba el 23% de todo el sistema educativo en 2003 y alcanzó el 26% en 2010. El fenómeno se observó en tres de los cinco niveles de enseñanza (inicial, primario y universitario) y en diversas provincias. ¿Cuáles son las causas que explicarían este crecimiento? ¿Se debe a cambios en la calidad educativa de las escuelas estatales? ¿A modificaciones en las valoraciones que las familias tienen de las instituciones privadas? ¿Cuánta importancia tiene el contexto de crecimiento económico? ¿Cuánto influyen las subvenciones a las escuelas privadas? ¿Cómo inciden los cambios de largo plazo en la estructura social y la expansión de los sectores medios?

La evidencia
educacion

En Argentina la gran mayoría de la población escolarizada asiste a un establecimiento del sector estatal. Considerando todos los niveles de enseñanza, 3 de cada 4 estudiantes están matriculados en un establecimiento público (74% en 2010). Por supuesto que este porcentaje es un promedio: en ciertos sectores sociales (altos y medios) y en algunos distritos (típicamente en la Ciudad de Buenos Aires) la importancia relativa de la escuela estatal es bastante menor.

La educación formal en nuestro país se organiza en diferentes niveles de enseñanza: inicial, primario, secundario, superior y universitario. La Ley Nacional de Educación del 2006 define también ocho modalidades; las más desarrolladas son la educación especial (destinada a personas con discapacidades temporales o permanentes) y la educación permanente de jóvenes y adultos (EPJA). En cada uno de estos niveles y modalidades, tanto el porcentaje de matrícula en escuelas privadas como su variación reciente, son disímiles.

En los niveles de enseñanza secundario y superior (conformado este último por los Institutos de Formación Docente y los Terciarios Técnico-Profesionales) no se registran cambios en la participación del sector privado entre los años extremos de la comparación (2003-2010): el secundario registra el 28% de sus estudiantes en escuelas privadas y el superior, 42%. En las modalidades de educación especial y de adultos tampoco se observan variaciones: 19% y 6% respectivamente. Es de destacar que la educación permanente de jóvenes y adultos es la que registra la menor incidencia histórica del sector privado. Se trata de una modalidad que ofrece educación primaria y, especialmente, secundaria, para personas mayores de 18 años que no han concluido estos niveles educativos. El esfuerzo por ofrecer educación a esta población lo ha desarrollado históricamente, y casi con exclusividad, el Estado. En la actualidad la modalidad tiene 770 mil alumnos distribuidos en 4.400 escuelas estatales y en 290 privadas.

En el nivel de enseñanza inicial (jardín de infantes) la matrícula en el sector privado pasó del 28% en 2003 al 32% en 2010. En el nivel universitario se operó el mayor crecimiento relativo de la participación de la matrícula privada: de 15% en 2003 a 21% en 2010. Si bien la cantidad de estudiantes de las Universidades Nacionales se ha incrementado, su ritmo de crecimiento ha sido menor que el observado en las universidades privadas, modificándose la composición del nivel. ¿Cómo se explica este fenómeno en un nivel de enseñanza en el que las instituciones públicas aún conservan un prestigio que sus pares de otros niveles parecen haber perdido? Es evidente que el prestigio o la valoración social no alcanzan para dar cuenta de lo observado y que otros factores de contexto económico y cultural deben incluirse en la explicación.

El primario es el nivel más voluminoso y extendido territorialmente de todo el sistema, con casi 23 mil establecimientos y 4,6 millones de alumnos. En el 2003 registraba 21% de sus alumnos en escuelas privadas y en 2010, 25%. Al ubicar esta evolución en el contexto histórico, se observa que en la primera mitad del siglo XX, la educación privada pierde importancia y que a partir de allí se revierte la tendencia hasta el presente. Podría afirmarse que el sector privado en este nivel va alcanzando en cada década –desde mediados de siglo– nuevos pisos históricos de los que ya no regresa: 7% en 1940 (el menor registro histórico); 8% en 1950; 11% en 1960; 16% en 1970; 17% en 1980; 19% en 1990; 21% en 2000, y 25% en 2010.

Para los años 2011 y 2012 (de los que aún no se cuenta con datos de fuentes específicas del sector educativo), la Encuesta Permanente de Hogares indica que el crecimiento relativo del sector privado se detiene o se ameseta en todos los niveles. En algunos, como los casos de los niveles superior y universitario, se observa incluso una reversión de la tendencia. La creación de nueva oferta de universidades públicas, entre otros factores, puede ser un elemento que contribuya a explicar lo observado aquí.

Subvenciones

Las subvenciones (fondos públicos transferidos a escuelas privadas para financiar parte o todo el gasto en sueldos docentes) alcanzan en la actualidad al 68% de las primarias privadas del país. Se ha señalado que el crecimiento reciente de la matrícula privada se debe a la extensión de una oferta de escuelas privadas con alta proporción de subvención y bajas cuotas escolares. Es difícil establecer con precisión cómo ha incidido este elemento en el crecimiento global del sector. De todos modos, al observar la evolución de la matrícula privada en primaria según el nivel económico de los hogares, se comprueba que es en los segmentos de menores ingresos (clases “baja” y “media-baja”) donde el crecimiento fue más intenso (1). También se observa por ejemplo que, en las grandes ciudades, alrededor de un 10% de los niños de familias en las que los jefes de hogar son empleadas del servicio doméstico, asisten a escuelas primarias privadas. Se trata de una tendencia relativamente novedosa que deberá ser estudiada más en detalle.

En el largo plazo, el desarrollo del sector de la educación privada depende en gran medida del apoyo del financiamiento estatal. Las variaciones en el corto plazo reciente, sin embargo, son difíciles de explicar por un mayor volumen de subvenciones. De hecho, el porcentaje del presupuesto educativo consolidado (que incluye todos los niveles de gobierno) correspondiente a transferencias a la educación privada se ha mantenido en el 13% del total desde la década del 90. Desde este punto de vista, no habría evidencia para conectar linealmente el crecimiento de la matrícula de la educación privada en el total del país (en algunas jurisdicciones la situación es diferente) con la variación en las subvenciones. Por otra parte, vale señalar que lo observado en cuanto al incremento en el porcentaje de alumnos en educación privada sin que hayan crecido proporcionalmente las transferencias a este sector, podría ser interpretado como una decisión de privilegiar el financiamiento de la educación estatal.

¿La economía influye?

Otro factor a tener en cuenta es la relación que existiría entre los ciclos económicos y la mayor o menor matriculación en privada. La hipótesis al respecto es que en períodos de mejora económica, como el de los últimos años, se opera un incremento de la matriculación en escuelas privadas debido a la mayor capacidad de gasto de los hogares. Esta explicación tiene un supuesto o variable antecedente y es que, más allá del factor económico, existe en un segmento de hogares una preferencia latente por la educación privada que sólo se puede manifestar en la medida en que mejoran sus ingresos. El factor económico sería entonces sólo una variable intermedia o interviniente entre las preferencias y la decisión.

Al respecto, vale consignar que el intenso crecimiento del sector privado en primaria de la década del sesenta se solapa, como el actual, con una fase relativamente larga de crecimiento económico; y que en la prolongada recesión 1998-2002 se observa un leve y puntual retroceso de la matriculación en educación privada que es difícil encontrar en otro momento. De modo que habría evidencia para vincular el crecimiento de la matrícula de educación privada con la mejoría económica y laboral de ciertos períodos, aunque en esa vinculación no se juegue la explicación de los motivos profundos.

¿Calidad educativa?

El crecimiento de la matrícula en la educación privada ha dado lugar a que en los últimos años algunas voces públicas desde los medios de comunicación hayan postulado que el fenómeno se explica por la menor calidad educativa que caracterizaría a las escuelas estatales. Esta menor calidad se evidencia, para estos discursos, en los resultados que ofrecen las pruebas de aprendizaje (como por ejemplo la prueba PISA (2)). El argumento, sin embargo, adolece de una falencia fundamental, ya que un punto sobre el que parece haber cierto acuerdo en el campo de la investigación educativa, es el de que las diferencias en los resultados que los estudiantes de escuelas estatales y privadas obtienen en las pruebas estandarizadas se reducen a un mínimo cuando se tienen en cuenta las diferencias socio-económicas de los alumnos que asisten a ambos tipos de establecimientos. En otras palabras: a igual clase social, los estudiantes, sean de escuelas estatales o privadas, obtienen similares calificaciones. Se trata de una conclusión pesimista sobre lo que las escuelas están pudiendo hacer para disminuir las brechas sociales de origen pero que desbarata el argumento mencionado, en la medida en que permitiría sostener que la calidad de la enseñanza que ofrecen escuelas estatales y privadas no es muy diferente. Lo dicho no quita que haya mucho por hacer para mejorar las escuelas estatales y que los niveles de aprendizaje efectivamente alcanzados por los estudiantes son un problema a resolver en todo el sistema. Pero es pertinente señalar las fallas de una explicación inconsistente, cuya enunciación puede traer consigo un intento de desconocer la importante recomposición del sistema educativo que se ha logrado en los últimos años o, directamente, señalar la ineficiencia o inconveniencia de la intervención del Estado.

Lo dicho en el párrafo anterior sobre la relación entre calidad de la oferta pública y matriculación en privada admite también otra perspectiva de análisis. Estudios con familias (3) dan cuenta de que algunos de los nuevos segmentos sociales que eligen crecientemente escuelas privadas lo hacen no a partir de una mejor consideración de su calidad educativa, sino de otros atributos que los especialistas no suelen incluir bajo esta denominación tales como: el mayor orden percibido en este tipo de escuelas, la sensación de cuidado y protección que ofrecen (señalada en especial por familias con hijos adolescentes), la mayor previsibilidad de su calendario escolar y la valoración de actividades extra-curriculares. El conocimiento proporcionado por la enseñanza de estas escuelas no suele aparecer en el primer plano de las razones que esgrimen los padres de segmentos sociales que protagonizan esta migración hacia la escuela privada. Es razonable pensar que varios de los factores enumerados pueden incidir en los niveles de aprendizaje que alcanzan los alumnos; pero es importante recordar que los resultados de las pruebas estandarizadas apuntan a relativizar la sobrevaloración pedagógica de las escuelas privadas, muy frecuente en algunos discursos.

Aspiraciones sociales

Una interpretación histórica sobre el crecimiento de la educación privada no puede desconocer que los motivos por los que las familias eligen uno u otro tipo de escuelas para la educación de sus hijos son bastante más complejos que los que surgen de las consideraciones sobre la calidad, sea como fuera que se entienda o se mida este concepto. Las familias, en particular las de los sectores medios y altos (y crecientemente las de los sectores populares), buscan en la educación la respuesta a ciertas aspiraciones sociales. También otras decisiones familiares podrían analizarse desde esta perspectiva (barrio de residencia, lugar de vacaciones, tipo de consumos culturales, elección de parejas) pero en el caso de la educación el fenómeno adquiere especificidad debido a la importancia estratégica que se le asigna en nuestra sociedad en la definición del futuro de las personas. Alguien ha comparado a la educación pública con las vacaciones en la ciudad de Mar del Plata: hacia mediados del siglo XX esta ciudad veraniega se convirtió en la meca del turismo para los sectores medios de las grandes ciudades de Argentina; cuando La Feliz comenzó a volverse demasiado popular, algunos segmentos de esos sectores medios comenzaron a preferir nuevos destinos para sus vacaciones. En la educación, como en otros aspectos de la vida social, se produce un juego de diferencias que es importante tener en cuenta cuando se analizan las elecciones de las familias. Este factor no explica por completo el fenómeno del crecimiento de la educación privada, pero permite elaborar una visión más completa y consistente.

La actual fase de crecimiento de la escuela privada es un eslabón más de una larga cadena. La mayor matriculación en este sector responde a una tendencia que se remonta hasta mediados del siglo XX cuando en nuestro país maduraban los efectos del proceso de industrialización, urbanización, expansión del consumo interno y desarrollo de las clases medias. Desde la década del sesenta la complejización de la estructura social y la diversificación de demandas educativas impulsaron el crecimiento de ofertas privadas de educación avaladas y financiadas por el Estado. Es esperable que en una sociedad que se vuelve más compleja, democrática y plural, algunos grupos sociales aspiren a perfiles de educación más específicos, que el sector privado podría estar en mejores condiciones de ofrecer. El crecimiento económico, la mejora del empleo y la distribución más progresiva de los ingresos de los últimos años permitieron hacer efectiva esa aspiración a nuevos sectores sociales. El debate no debería entonces ubicarse en el par estatal-privado sino en otro punto. Lo que se observa en nuestro sistema educativo en las últimas décadas es que, junto con el devenir de diferenciación mencionado, se generó un proceso de desigualdad educativa que ha llevado a que algunos grupos sociales acceden a una muy buena educación y otros a una muy deficiente. Esas desigualdades no se asocian linealmente con el clivaje estatal-privado sino que se producen también al interior de ambos sectores (habría escuelas privadas “malas” y públicas “buenas”). Frente a esta situación, al Estado le cabe un rol estratégico en la promoción de una oferta de escuelas estatales que pueda ser valorada por todos los sectores sociales. Respecto del sector privado, se deberían volver transparentes las subvenciones que se otorgan y garantizar que se asignen con criterios de justicia, concentrando las transferencias de recursos en escuelas que atienden poblaciones de bajos ingresos. Se trata, en definitiva, de elevar la calidad de todo el sistema y de reducir sus desigualdades internas con el objetivo de que el sistema educativo sea “uno” y que ofrezca una enseñanza de calidad para todos y todas.


1. Gustavo Gamallo, Mercantilización del bienestar. Hogares pobres y elección de escuelas privadas, Informe final de investigación, Instituto Universitario ESEADE, Buenos Aires, 2010.
2. PISA: Programa para la evaluación internacional de estudiantes.
3. Emilio Tenti Fanfani, La escuela y la cuestión social, Siglo XXI Editores, Buenos Aires, 2007, y Verónica Halperín e Ianina Tuñón, “Desigualdad social y percepción de la calidad en la oferta educativa en la Argentina urbana”, Revista Electrónica de Investigación Educativa. Vol. XII, Nº 2, Buenos Aires, 2010.

*Sociólogo e investigador de la UNIPE.

Reducción

“En Capital Federal casi no se han construido escuelas públicas medias. Casi todas las escuelas que se abren son privadas y al mismo tiempo hay una pérdida de matrícula brutal en las escuelas medias públicas. En el Mariano Acosta este año egresan cursos de dieciocho alumnos, cuando antes había cursos de treinta estudiantes como mínimo. En el 2013 existe el peligro de cierre de casi mil cursos y grados por baja matrícula, algo así como una reducción de cien escuelas.” (Laura Marrone, secretaria de Asuntos Pedagógicos de ADEMYS)


Néstor Ribet, asesor y ex funcionario

No hay diferencia de calidad

por Diego Herrera*

Néstor Ribet sabe de qué habla cuando analiza al sistema educativo privado. Se desempeñó como director bonaerense de Educación de Gestión Privada (DIPREGEP) entre 2007 y 2012 y actualmente es asesor de Nora de Lucía, titular de la Dirección General de Cultura y Educación de la Provincia de Buenos Aires. Aquí se refiere a los mitos de la calidad, a los paros y al incremento de la matrícula.

¿Por qué ha aumentado la matrícula de las escuelas privadas en los últimos años?

Ha aumentado en todo el país la matrícula de la educación en general. Buenos Aires, en particular, tuvo un crecimiento importante que se manifiesta tanto en la gestión estatal como en la privada. De todos modos, cuando se hacen las comparaciones en números relativos, evidentemente hay una tendencia a que ese crecimiento sea un tanto más acentuado en las escuelas privadas –en especial en el nivel inicial y primario–. Pero también hay que destacar que la gestión estatal ha tenido un importante repunte.

¿Por qué muchas familias hacen un esfuerzo económico para pagar la cuota de escuelas de gestión privada?

Por un lado, el sistema privado –no todas las instituciones, pero sí muchas de ellas– ofrece la posibilidad de la jornada completa, tanto en el nivel inicial como en el primario. Muchas familias necesitan esto, ya sea por razones laborales o por lo que fuere. Por otro lado, como el Estado en la Provincia de Buenos Aires sostiene a la educación privada a través de las subvenciones, la mayoría de estas escuelas tienen unos aranceles que pueden ser absorbidos por los sectores medios y medios-bajos de la sociedad –si bien hay un pequeño número de escuelas de alto costo–. Otro aspecto que hay que tener en cuenta es que, en la escuela de gestión estatal, la cobertura de cargos que se realiza anualmente provoca desplazamientos. En el caso de la escuela privada es posible que se conformen equipos directivos y docentes que permanezcan en el tiempo, con lo cual se garantiza la continuidad del proyecto.

¿Y cómo inciden los paros docentes en la elección de la escuela?

Los reclamos docentes a través del paro tienen una incidencia menor en las escuelas privadas que en las públicas. Eso también es considerado por las familias, sobre todo en estos días en que hay conflictos. No lo vas a escuchar en el desarrollo normal de un ciclo lectivo, pero cuando se da esta situación la gente ve que en algunas escuelas privadas hay clases y decide hacer el esfuerzo para garantizar que sus hijos tengan clases.

¿Hay diferencias en la calidad educativa?

Los Operativos Nacionales de Evaluación (ONE) que lleva adelante el Ministerio de Educación de la Nación, e inclusive algunas pruebas internacionales como PISA, demuestran que la diferencia no es muy sensible. Hay una diferencia de apenas unos puntos que no permite decir que la escuela privada tenga mejores logros que la de gestión pública. Porque, en definitiva, los docentes son los mismos –se calcula que un 40% de ellos se desempeña en ambas gestiones–, los diseños curriculares son los mismos, las normativas son las mismas y el ejercicio del poder de supervisión lo hace solo el Estado. Se equivocan los que dicen que las escuelas privadas preparan mejor a los alumnos.

¿Existe el riesgo de que los sectores sociales menos favorecidos queden aislados de los que pueden acceder a las escuelas privadas?

El riesgo de que se reproduzca el círculo de la pobreza y de que el que es pobre vaya a una escuela para pobres existe. Sin embargo, ese círculo vicioso está siendo destrozado por las políticas educativas de Argentina en estos últimos diez años. A las escuelas más alejadas o las que atienden a los sectores menos favorecidos se les está brindando una asistencia muy fuerte. La clave está en la formación del docente. Debemos tratar de lograr que a las escuelas en esas condiciones –tanto de gestión estatal como privada– accedan también aquellos docentes que tienen una formación cultural de base más sólida. Ese es un gran desafío para el sistema educativo argentino: cómo hacer para que los que están más calificados atiendan a quienes más lo necesitan.

¿En qué medida la subvención estatal a las instituciones privadas produce situaciones de inequidad? ¿Podría destinarse más dinero a la escuela pública?

No creo que el monto que la Provincia destina a la educación privada –el 14 o el 15% de su presupuesto educativo– sea un signo que preocupe. Esto, en todo caso, quiere decir que el Estado privilegia también la asistencia a aquellas escuelas privadas que no están en condiciones de hacer frente al pago de los mismos sueldos que reciben los docentes de escuelas de gestión estatal. Esta es la raíz del sistema de subvención en Argentina: la equiparación de los sueldos. No tiene otro objetivo. Ahora, creo que el Estado tiene que perfeccionar los sistemas de control para que los fondos se destinen a donde realmente se necesiten y para que se mantenga el criterio de justicia social en el reparto de esos fondos.

*Licenciado en Ciencias de la Comunicación (UBA) y docente; colabora con el equipo editorial de UNIPE.


Mario Almirón, gremialista

Marketing y precarización

“Tenemos el mismo nivel de afiliación que en general tienen los gremios docentes en Argentina, que se ubica en alrededor del 30% del universo posible”, explica Mario Almirón, secretario general del Sindicato Argentino de Docentes Privados (SADOP). Almirón pone en cuestión muchos de los lugares comunes que se han generado en torno a las escuelas de gestión privada y ofrece un diagnóstico sobre el estado actual de la educación.

Según el gremialista, muchas familias creen que, si hacen un esfuerzo económico, pueden dar a sus hijos una mejor educación. Si bien Almirón reconoce que esta percepción se basa en un deterioro real de la escuela pública –problemas edilicios o falta de cobertura de cargos docentes–, también jugarían un papel importante la imagen y la publicidad. “Si alguien elige una escuela privada pensando que nunca va a haber paro está comprando el marketing que realiza el dueño de la escuela”, enfatiza Almirón. Sin embargo, admite menores niveles de adhesión a las medidas de fuerza, que se deberían a una tendencia general de toda la actividad privada: “Quien trabaja en el Estado sabe que tiene absoluta estabilidad laboral, mientras que esa estabilidad no existe en el ámbito privado”. Por otra parte, explica que “aunque sea absolutamente ilegal, hay docentes de escuelas privadas que sufren sanciones o represalias por adherir a un paro”. El líder de SADOP no considera que haya demasiadas diferencias entre escuelas privadas y estatales: “Si el docente suele ser el mismo no debería haber una diferencia tan notoria”.

Un factor adicional que también explicaría la opción de las familias por las instituciones educativas privadas es, según el gremialista, la carencia de oferta escolar estatal en algunas zonas. “En muchas provincias no hay suficientes escuelas estatales, sobre todo en el nivel secundario. Entonces, la escuela privada es la única opción para no irse del pueblo”.

Almirón también advierte sobre las diferentes condiciones laborales a las que están sujetos los docentes: “Si bien la Ley Nacional de Educación reconoció la estabilidad laboral entre los derechos de los trabajadores de la educación del sector privado –y en eso los equiparó con los del Estado–, la realidad es que los que son despedidos no tienen la posibilidad de pedir la reinstalación en su lugar de trabajo. Solo pueden reclamar una indemnización por el despido”. También suele ocurrir que muchos docentes de escuelas privadas, pese a que existe una equiparación salarial con el docente estatal, perciben un salario menor: “Hay muchos que no cobran salario en la época de vacaciones porque tienen que firmar contratos de marzo a noviembre”. Aunque estos contratos son ilegales, denuncia Almirón, de todos modos se celebran.

“La Ley Nacional de Educación y en general la política de educación de los últimos años puso –subraya– un eje fuerte en la inclusión, para que cada vez sean menos los niños y jóvenes que quedan fuera del sistema escolar formal”. Pese a esto, identifica como una tragedia que todavía haya muchos jóvenes que estén fuera del nivel medio. En este sentido, para el dirigente gremial, la desigualdad no tendría lugar tanto entre quienes pueden acceder a una educación privada y quienes transitan la escuela pública, sino entre los que están dentro de la escuela y los que aún quedan fuera. “Después, que la sociedad divida entre sujetos con dinero y sujetos sin dinero es algo que sucede y a lo que la escuela no va a ser ajena”, concluye.

El secretario general de SADOP se diferencia de aquellos que quieren eliminar los subsidios del Estado a las escuelas privadas, aunque reconoce que debería implementarse un mayor control a las instituciones privadas que gestionan en la educación. “Probablemente haya escuelas privadas que hoy no tienen el aporte económico del Estado para el pago de salarios y merezcan tenerlo y, a la vez, existan escuelas que lo perciban y no lo necesiten”, advierte Almirón. Y añade: “Hay que atender a un criterio de justicia y de equidad para que el Estado ponga sus recursos en escuelas que brindan un servicio social y no en escuelas de elite”. La zona de influencia y la población a la que atiende cada establecimiento serían, de acuerdo con el gremialista, algunas de las directrices que podrían determinar en qué casos resultan imprescindibles los aportes estatales.

Si bien Almirón comparte muchas de las metas educativas fijadas a nivel nacional –escuelas primarias de doble jornada, enseñanza secundaria obligatoria, entre otras–, considera que la conquista efectiva de esos objetivos requiere de mayor inversión educativa. “No creo que deban sacarles recursos presupuestarios a las escuelas privadas para dárselos a las públicas, sino que tiene que crecer en general el aporte del Estado –nacional y provincial– al sistema educativo”, sostiene. g


D.H.


Status

“La percepción que tienen los padres que envían a sus hijos a instituciones privadas es que la escuela pública es un quilombo, que siempre hay paros, que los pibes no aprenden nada. Esto no es cierto porque, en todo caso, si la educación está en problemas, lo está tanto en el ámbito público como en el privado. Tal vez los padres piensan que la educación privada les va a dar más herramientas a sus hijos y, según qué privado sea, deben sentir que les da mayor status.” (Virginia Guimard, orientadora social en la Escuela Media Nº 7 del distrito escolar de Tigre)


Opinan tres estudiantes

Juicios y prejuicios

Antonella Fabiano y Leandro Ditz transitaron toda su escolaridad en la Escuela Modelo Devon de Villa Luzuriaga –La Matanza–. Hoy cursan sexto año y cuentan algunas de sus percepciones sobre la educación desde sus experiencias como alumnos de una escuela privada. Ernesto Albornoz, estudiante de sexto año de la Escuela Técnica Nº 6 “Fernando Fader”, hace un aporte desde su recorrido por esta institución pública del barrio porteño de Flores. Miradas muy diferentes que dan cuenta de la heterogeneidad de la experiencia escolar.

La formación de Ernesto en una escuela pública es para él una elección consciente: “Vengo de una familia en la cual puedo elegir entre un colegio privado y uno público y decido ir a uno público”. Al argumentar su decisión califica de “elitista” a la escuela privada y subraya que “tiene dueño o tiene una sociedad de dueños que lucran con la educación. Eso es una especie de definición acerca de qué significa el conocimiento y el aprendizaje, y deja a mucha gente afuera”.

Para Antonella y Leandro, la escuela privada presenta algunas ventajas por sobre la pública. “En las públicas –sostiene Antonella– hay un montón de paros mientras que en las privadas vas todos los días. Sos como Sarmiento más o menos”. Leandro, por su parte, piensa que las escuelas de gestión privada logran preservarse más de ciertos peligros presentes en la sociedad. “Pero no hay tanta diferencia entre los contenidos que se ven”, señala. Su compañera Antonella completa: “La escuela privada es un búnker. Es como si encerrara a los alumnos y no los dejara ver la realidad. La escuela pública tiene como ventaja que los alumnos salen de ahí con más calle y con más conocimiento del mundo”.

Ernesto tampoco desatiende los problemas que aquejan a las escuelas públicas. “Muchas veces –explica– la clase social trabajadora apunta a las escuelas privadas al ver que los colegios estatales están en malas condiciones edilicias o con falta de docentes”. Sin embargo, a diferencia de Antonella y Leandro, contempla la posibilidad de que el protagonismo estudiantil mejore las condiciones en que se aprende y se enseña en el sector público: “Nosotros hemos tomado colegios por el modo en que el Gobierno de Mauricio Macri ha manejado la educación pública”.

La desigualdad educativa, para Ernesto, también tiene lugar entre las propias escuelas públicas del sur y el norte de la Ciudad de Buenos Aires. “El sur –dice– se caracteriza por tener sectores más humildes, más dejados de lado por el Estado. No tener pizarrón o tener una gotera en el aula también afecta la calidad de las clases”. Además, profundiza, “es distinto si el colegio es un lugar adonde ir a estudiar o si también implica ir porque hay un comedor y es necesario tener esa contención”.

Antonella considera que la separación con respecto a los estudiantes de instituciones públicas genera prejuicios: “Desde la escuela privada se ve a los chicos de la pública como lo peligroso y eso les debe dar bronca. La falta de relación entre las distintas clases sociales es lo que genera estas percepciones equivocadas de un lado y del otro”. Si bien Leandro comparte esta idea, también se considera víctima de algunos prejuicios: “Ellos nos ven como millonarios y no es así. Mi viejo se levanta a las cinco de la mañana para ir a trabajar. A lo mejor te ven con un celular nuevo y piensan que estás lleno de plata”.

Aunque Antonella y Leandro preferirían que el Estado destinara a las escuelas públicas el dinero de los subsidios a las escuelas de gestión privada, se sienten perjudicados porque no les fueron entregadas las netbooks del Plan Conectar Igualdad. “Eso es discriminación. Es como si nos dijeran ‘vas a una privada, pagala’. Hay chicos en las privadas que tampoco pueden comprarse una netbook”, opina Leandro.

D.H.


Fabiana Stegman, docente

Fragmentación social

“En la Provincia de Buenos Aires cada vez se acentúa más eso de que ‘allá están los villeros y acá estamos nosotros’”, analiza Fabiana Stegman a partir de su experiencia como profesora de Geografía en el Instituto de Enseñanza Privada Juan Manuel de Rosas de Villa Madero, La Matanza. Stegman –que también se desempeña en dos escuelas públicas, la E.M.E.M. Nº 1 de Villa Lugano y la E.M.E.M. Nº3 del Bajo Flores– da cuenta de algunas diferencias entre el sector estatal y el privado.

El crecimiento de la matrícula en la escuela privada se debe, para esta docente, a razones claras: “La escuela privada les garantiza a los padres no tener días de paro”. Stegman llama la atención sobre el condicionamiento que existe en los establecimientos de gestión privada cuando el docente quiere ejercer el derecho a huelga: “Una de las cartas de presentación que tiene la escuela en la que trabajo es que no hace paro. El docente puede faltar cualquier día porque se siente mal, pero falta un día de paro y lo crucifican”. No obstante, la profesora opina que esta situación comienza a modificarse: “Cerca de la escuela hay otras dos instituciones confesionales y en los últimos tiempos están adhiriendo a los paros. Antes no se podía ni pensar en esta posibilidad”.

Según la docente, la posibilidad de encontrar un entorno social homogéneo también motivaría a las familias a inclinarse por este tipo de instituciones. “Al menos en La Matanza, esto tiene que ver con que la droga y la delincuencia juvenil entraron en las escuelas públicas”, sostiene Stegman. Y agrega: “La gran cantidad de horas libres que obliga a los alumnos de escuelas públicas a estar dando vueltas por la calle también decidiría a muchos padres a optar por la educación privada”.

En cambio, para la docente no hay diferencias sustanciales en la calidad educativa entre las escuelas estatales y privadas. “El nivel bajó en todas, no sólo en la pública –explica–. Aunque en los establecimientos privados los docentes tienen más herramientas para trabajar. Si se les pide un material a los chicos, lo traen; si se les pide un libro, lo compran”. Sin embargo, Stegman reconoce que en las instituciones privadas puede haber “cierto apriete” cuando en el mes de febrero son muchos los estudiantes que pueden repetir: “No nos piden que los hagamos pasar; sí que estemos atentos a la situación. Pero como desde hace unos años la escuela tiene excedente de matrícula esto cada vez pasa menos”.