¿Por qué EEUU quiere atacar Siria?






Occidente no deja de tocar tambores de guerra contra Siria. Mientras Estados Unidos se prepara para realizar una intervención militar en el país árabe sin la colaboración de su eterno aliado, el Reino Unido, como alegan las autoridades de Washington, más países manifiestan su oposición a cualquier ataque contra Siria.






Uno de los principales impedimentos de este nuevo aventurismo de EE.UU. en la región de Oriente Medio es que la Casa Blanca no ha podido justificar aún el posible ataque a Siria.






El equipo de investigación de la Organización de las naciones Unidas (ONU) todavía no ha llegado a una conclusión sobre el supuesto uso de armas químicas, aunque Washington ya ha culpado al Gobierno sirio, sin proporcionar ningún elemento objetivo que pruebe su acusación.






Ahora la pregunta es: ¿Qué intenta conseguir Washington con el ataque militar? Parece que la Administración estadounidense no tiene un objetivo claro.






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Pero, según varios analistas y expertos políticos e internacionales, Washington y sus aliados buscan satisfacer sus propios intereses en la región; intereses basados en la estrategia del régimen israelí.







Tras experimentar dos de sus peores derrotas ante el Movimiento de Resistencia Islámica de El Líbano, Hezbolá, y la resistencia Palestina, el régimen de Israel ha llegado a la conclusión de que a partir de ahora tiene que centrar en la mira al punto débil del frente de resistencia regional (compuesta por la República Islámica de Irán, Hezbolá, Siria y la Resistencia palestina) Siria.







No olvidemos que los países que afirman que el Gobierno sirio hizo uso de armamento químico, son los mismos que ayudaron al exdictador iraquí, Saddam Husein, y le facilitaron este tipo de armas durante la guerra con Irán (1980-1988), para que cometiese crímenes contra los civiles en las zonas fronterizas de la nación persa.







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Sin embargo, EE.UU. atacó a Irak en el año 2003, so pretexto de eliminar las armas de destrucción masiva del país árabe, cuando habían sido eliminadas antes por el régimen de Saddam, y nunca llegaron a encontrarse, ni su existencia quedó demostrada porque la invasión estadounidense estuvo basada en informaciones completamente falsas.








Contrario a las alegaciones norteamericanas, Washington no busca ninguna intervención limitada en Siria, sino que pretende debilitar el poder aéreo del Ejército de este país árabe, una de las principales ventajas de las fuerzas gubernamentales respecto a los grupos takfiríes, y eliminar uno de los factores destructivos que posee el Gobierno de Bashar al-Asad contra el régimen de Tel Aviv: el poder misilístico de la Armada siria, para de esta forma facilitar una victoria de los terroristas y los takfiríes en ese territorio.







Arabia Saudí y, en particular, el jefe de los servicios de inteligencia de ese país, el príncipe Bandar bin Sultan, desempeñan un importante papel en este nefasto plan; los mismos se han comprometido a enviar amas y financiar a los terroristas en Siria, en su camino para acabar con el Gobierno de Damasco.






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Recientes informes aseguran que, debido a las buenas relaciones con Washington, Bandar desarrolla un papel vital en una posible intervención militar en Siria.







El príncipe Bin Sultan, que durante dos décadas fue embajador de Arabia Saudí y uno de los negociadores más influyentes en Washington, ahora tiene una tarea decisiva en la región: derrotar al presidente sirio; uno de los principales objetivos de la política exterior del régimen saudí, y responsabilizar directamente a Damasco del ataque químico del pasado 21 de agosto.







La retórica belicista de Occidente contra Siria se intensificó la semana pasada después de que la autodenominada Coalición Nacional para las Fuerzas de la Oposición y de la Revolución Siria (CNFORS), respaldada desde el extranjero, acusara al Gobierno del presidente Bashar al-Asad de haber permitido el uso de armas químicas en los suburbios de Damasco, capital del país árabe.







Bajo la misma excusa, varios países occidentales, encabezados por EE.UU., están acelerando los preparativos para efectuar un ataque militar a Siria, a pesar de que Damasco ha rechazado categóricamente estar involucrado en cualquier ataque químico y expresar su disposición para defenderse ante cualquier agresión en su contra.







Entre tanto, Irán, junto con un número de países, ha alertado sobre las consecuencias de una posible intervención militar en Siria, advirtiendo que cualquier acción contra el país árabe podría afectar a toda la región.













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