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Spinetta de Colección: el origen de Luis

Ya podés conseguir este bookazine especial con las 100 grandes canciones del Flaco, una entrevista histórica, fotos únicas, sus guitarras, sus dibujos y manuscritos; acá, la primera parte: su infancia

Spinetta de Colección: el origen de Luis


Spinetta


origen


En 2008, cuando Rolling Stone publicó por primera vez la entrevista que aparece en estas mismas páginas (en una versión extendida, con fragmentos inéditos), me referí a Luis Alberto Spinetta como "uno de los artistas más admirados, queridos e influyentes del rock nacional".

Ahora, con la perspectiva del tiempo y los acontecimientos que sucedieron desde entonces -y lamentablemente, teniendo que utilizar el tiempo pasado-, tendríamos que decir que Spinetta fue el artista más importante, prolífico e influyente del rock nacional. Más de cuarenta años de trayectoria y aproximadamente el mismo número de álbums sirven apenas como apoyalibros para enmarcar un alma con una vocación permanente e irreductible de libertad, de búsqueda, de arte, de música y poesía, de comunicación, de elevación. Su obra, y su propia personalidad, constituyen una de las encarnaciones más representativas de lo mejor de los ideales de los años 60, que proponían transformar el mundo cambiando a su vez la propia conciencia, convirtiendo nuestro interior y cada uno de nuestros actos en un prototipo del modelo de sociedad que anhelamos.

En ese sentido, la obra y la vida de Spinetta -indivisibles siempre- , son un modelo: desde su temprana sensibilidad ante la situación de los chicos de la calle expresada en una poesía de belleza infinita como la de "Plegaria para un niño dormido" (ese que "quizás tenga flores en su ombligo&quot, hasta el compromiso generoso con las víctimas de la Tragedia de Santa Fe, reunidos en la asociación Conduciendo a Conciencia, que ocupó sus últimos años, todo expresa la coherencia de un paso ejemplar por la vida.

Intentar resumir una historia y una obra de tanta complejidad, variedad y riqueza como la de Luis en una simple publicación es, por supuesto y en el mejor de los casos, un intento parcial. Sin embargo, y siempre considerando que el aspecto principal de Spinetta es obviamente su música, los que quieran aproximarse desde cualquier perspectiva a ese monumental cuerpo de trabajo que es la obra del Flaco -desde los iniciados hasta los oyentes casuales, quienes acompañaron su historia o quienes comienzan a descubrirlo-, encontrarán en las páginas que siguen numerosas claves para transitarla.

Desde análisis de sus diversas etapas hasta comentarios de sus principales discos (con un sitio preferencial para Artaud, elegido por RS como el primero de "Los 100 Mejores Discos del Rock Nacional&quot, el rescate de algunas de las principales grabaciones piratas, el análisis de cien de sus grandes canciones, entrevistas, fotos de todas sus épocas (en algunos casos nunca antes publicadas), la palabra de su amigo y fotógrafo personal Eduardo "Dylan" Martí -curador de la exitosa muestra Spinetta, Los libros de la buena memoria, realizada en la Biblioteca Nacional-, sus dibujos, sus guitarras.

Estas son las cosas que él amó y las cosas que nosotros amamos de él. Un trabajo especial, hecho para ser leído mientras escuchamos su música, mientras imaginamos que Spinetta se convirtió en uno de sus personajes, "Preso Ventanilla" y "no sólo revivió, sino que a todos ayudó, se completó en una flor para surgir en llamaradas de su amor perdidas. vaga, vaga y vaga, infundiendo vida, juega en la distancia.".

Por Claudio Kleiman

Antes de todo: infancia
Siempre, en sus muy diversas etapas, el flaco represento lo que a los ojos de la primera generación de músicos, los de La Cueva, significa el rock: una expresión artística profunda. Búsqueda sonora, espiritualidad, potencia, mestizaje, experimentación permanente.

Compartimos el privilegio de pertenecer a la camada que escuchó a los Beatles en tiempo real, cuando cada disco era una sorpresa absoluta; a Jimi Hendrix, que usó la guitarra como un abrelatas cerebral; a Bob Dylan, que dijo todo lo que era necesario escuchar en el momento justo; a John Lennon, que aprovechó la popularidad como una herramienta en su batalla por un mundo más humano.

El Flaco era como Pablo Picasso, siempre cambiante, siempre a la vanguardia, basado en su propia exploración. Nunca a la moda, nunca pendiente del qué dirán. Para mí, conocerlo en 1967, cuando él tendría 17 años y yo 20, fue encontrar, encarnada, la idea de El Artista. El tipo que persigue su propia estrella, que inaugura su lenguaje musical y poético, y por eso es luminoso, casi transparente. Porque hay que decir que Luis Alberto Spinetta siempre fue magnético, encendido. Aún adolescente, con esa aura de efebo de Botticelli que lo rodeaba, esos gestos cómicos, ese humor payasesco tan absurdo y tan natural que tuvo siempre.

El mundo de Luis también estaba lleno de luz, no sólo su poesía. Almendra, un grupo de amigos, ensayando en la gran habitación delantera de la casona de la calle Arribeños, el barrio tranquilo con sus calles de adoquín y sus veredas silenciosas, los ravioles de la mamá Spinetta, Ana (la hermana de Luis) jugando en el patio. Un clima familiar que permitió el aterrizaje de nuestras eléctricas neuronas anfetaminizadas, quemadas por un reviente que ya empezaba a perder el rumbo. Algunos pudimos ver que en ese ámbito de familia y pájaros en los árboles del Bajo Belgrano había una enseñanza que nos hacía falta a los "náufragos del Centro".

Luis lo refugió a Tanguito en sus noches de divague, lo admiró a Pappo, aprendió a soltar las palabras con Miguel Abuelo, lloró escuchando a Moris, tembló con la poesía láser de Javier Martínez, tuvo a Litto Nebbia como su maestro de beat criollo. Pero todos supimos que él ya era un grande, desde chico. Yo recuerdo cuando lo escuché componer "Figuración" con una criolla, y quedé anonadado. Esa poesía, ese "perder la cabeza" era lo que estábamos buscando, Miguel con su "Haz tu cabeza estallar", Javier con su "Porque hoy nací", Tanguito con su "Natural", yo con "Las cosas que yo veo son cosas sin historia, sin tiempo, sin memoria.". Y lo cantaba un chico de 17, sin anfetaminas, sin locura, sin paranoia. Lo cantaba desde el despertar al universo al que después describiría como "mágico y misterioso mundo". Para mí fue como un bálsamo, como refrescarse en un manantial de agua límpida: descubrir que todo el naufragio que habíamos llevado al extremo no era el camino, que el camino estaba adentro.

Por Pipo Lernoud

5 comentarios - Spinetta de Colección: el origen de Luis

PranksMaster +1
Que Grande el Flaco, Como se lo extraña!!!!!!!!!!
Codubi +1
Grande el flaco!! Te dejo +10
rollingstone79 +1
Como hicieron para elegir las 100 mejores canciones? a mi me gustan todos los discos y todos los temas y elegir 100 es todo un desafio jajaja. Un maestro el flaco, un artista unico y un tipo espectacular.
kaliban2 +1
el ojo que mira el magma
KKKEMI +1
@espejada no nos quieren aquí, demostremos amor en otra parte
Espejada +1
AJAJAJAJA, bueno $: bue
KKKEMI +1