Dalma Maradona: "es la hija de Pelé"





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“Dalma”: La hija de Pelé


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La Maradona hace de hija del brasileño en “Familia de mujeres”, dirigida por Muscari. A mitad de año, reestrena “Hija de Dios”.



Un golpe a la mandíbula del espectador. Edson Arantes do Nascimento resulta ser el padre de Dalma Maradona. Pelé y no “D10S”. Con ese guiño fantástico hace temporada por primera vez en Carlos Paz la crecida Dalma Nerea enFamilia de mujeres: “Mi papá es tan tan celoso que cuando se enteró, la verdad, no le gustó nada”.

Ser hija del enemigo y ser botinera. Vivir para conquistar a un jugador y para heredar su cuenta bancaria. Por ese terreno de la comedia anda pisando la primera Maradona con título universitario. A los 26 años y orgullosa de su Licenciatura en Actuación gambetea los micrófonos que rondan la villa cordobesa a la búsqueda famélica de escándalos. “No me molesta sacarme 100 fotos con la gente, sino la falta de respeto. Que sea verano y que valga todo. Yo sabía que venía a un lugar caliente a exponerme, estoy tratando de pilotearla”.

¿Cómo imaginás que hubiera sido ser hija de Pelé?

No me imagino ni hija de Pelé ni de ningún otro jugador. No es accidental este personaje. No es casual ese gag. La repercusión que tiene en la gente es increíble. Yo se lo dije a Muscari (autor y director de la obra): ¡La llega a ver mi papá y te mata!

La hija del “10”, ahora hija de Pelé, parece en realidad hija de Francescoli. En Córdoba tiene más marca personal que las de su padre en el Mundial 86, pero mantiene la calma. Espera por la entrevista en la mesa de un bar céntrico, a cara lavada, con ropa de entrecasa y una paz inaudita para esta época en las sierras. “No podría creérmela nunca. No existe otra posibilidad que ser como soy. Es difícil decir que mi papá es normal, no me creería nadie, pero soy normal porque fui producto de que me criaran dos personas como mi mamá y él. A él nadie lo conoce en realidad. Creéme que siento que tengo una familia normal”.

Lana, su personaje, cuya madre es Ernestina Pais, es una aspirante feroz a botinera que forma parte de un mundo cercano a los Maradona. “Mucha gente tiene la fantasía de que conozco muy bien ese ámbito, pero no. Sé que hay un montón de estas chicas que harían cualquier cosa y no las juzgo. Me gusta el hecho de hacer algo muy opuesto a lo que soy en la vida. Justamente alguien que no tiene límites”, se planta y desiste de rumbear por temas como Verónica Ojeda o Rocío Oliva. Dalma busca algo justo: que su condición de hija, rasgo inseparable hasta su muerte, no sea el único foco de una nota.

Su primer acercamiento a un escenario fue a sus dos años. Diego mandó a cerrar una carpa de circo en Nápoles. Dalma vio a los animales, se asustó y arruinó el plan paterno. No paraba de llorar. A los 13 años se tatuó las máscaras del teatro en la espalda baja. “No me dejaban, pero…¡Mi papá estaba todo tatuado!”, se ríe. Ahora jura que el oficio traspasó la piel. “Desde Cebollitas, a los ocho años, pasaron mil años. Soy otra. Veo para atrás y estoy parada en otro lugar. Hice una carrera universitaria de Arte Dramático. El IUNA fue una revelación. Estudiar en un lugar público, yo que venía de colegio privado. Tuve pánico hasta el último día del ingreso. Hasta que encontré mi nombre en un listado. Preparé para el ingreso un texto de Teatro por la identidad. Me di cuenta de que no sabía nada. Que me iba a formar en la vida. Yo había leído Shakespeare, Lorca, Chéjov. Pero… actuar era otra cosa. Cursaba con personas que atendían un call center y vivían en una pensión. Vi el esfuerzo de otros. Había gente que me decía ‘¡Pero vos podés estudiar en Nueva York!’. Lo único que pido es tiempo. Podés juzgarme, pero pasás tiempo conmigo y te das cuenta de quién soy”.

A minutos de salir a escena junto a Luisa Kuliok, Luisa Albinoni, Haydée Padilla, Gladys Florimonte, Barbi Vélez y Lola Stagnaro, compara la instancia del teatro con el dolor de estómago de algunas noches en La Bombonera: “La verdad que tiene algo. Sólo que salir al escenario depende de mí, y en la cancha, disfruto de lo que hacen los demás”.

Cuando llegue el Mundial, Dalma no estará en Brasil, sino en una sala del Centro Cultural San Martín, en el reestreno de Hija de Dios, el unipersonal de Erika Halvorsen. “Estar en ese lugar es un sueño que me da una responsabilidad. Mucha gente dice que esa obra es mi terapia compartida, para mí es un regalo a mi papá. Decirle un montón de cosas que no le dije”.

Acostumbrada a que papá cierre un circo, o La Bombonera para festejar sus 15, no permitió que él levantara un teléfono para conseguirle trabajo. “Antes me preocupaba.

¿Qué van a decir los otros de lo que hago?

Pero me formé. Siento que capaz mi carrera es un poco más lenta, pero prefiero que sea así. No me va mal siendo así”.

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