Boca-River: por qué ganó el equipo de Ramón en lo táctic

Boca se fue masticando bronca (y con razón) porque, más allá de sentirse superior desde el juego y de los errores arbitrales, River terminó convirtiéndole dos goles por la vía que más atención había reparado el cuerpo técnico encabezado por Carlos Bianchi. El entrenador xeneize, en función de los antecedentes registrados en los partidos del verano y los choques oficiales anteriores, por el Final y el Inicial 2013, trabajó en función de bloquearle a River los "centros-gol" que suele ejecutar desde los vértices del área grande con Mercado, Carbonero y Teo Gutiérrez (desde la derecha) y vía Ariel Rojas, Ferreyra y Vangioni desde la izquierda. Aún sabiendo la salvedad de la ausencia de Vangioni y viendo que Ramiro Funes Mori tiene características distintas, más limitadas en ataque, quien podía llegar a esa posición era Lanzini.

"Bianchi había evaluado las virtudes millonarias y por eso trató de taparle las bandas, aunque no siempre lo consiguió"

Pero, más allá de las previsiones, River terminó convirtiendo el 1-0 con un "centro-gol" desde la derecha de Teo Gutiérrez para el ingreso de Lanzini, uno de los mediocampistas que más pisa las áreas rivales y más goleadores del fútbol argentino en los últimos cuatro campeonatos, con 12 anotaciones.

¿Qué sucedió? En esa acción puntual, a los 12 minutos del segundo tiempo, hubo más mérito millonario que error de Boca. ¿Por qué? Quien termina rompiendo la jugada es Alvarez Balanta, que anticipa un rechazo de Forlín en la mitad de la cancha, le gana luego a Gigliotti y a Erbes en la trabada; se apoya con Carbonero y va como un N° 9 más al punto penal. Carbonero arrastró la marca de Insúa, por lo que Forlín salió a la banda para intentar tapar a Teo. Y quedó el callejón del segundo central aprovechado por Lanzini, con pique, control y definición cruzada. ¿Por qué no se cerró Cata Díaz? Porque se quedó adentro forzado por Balanta, cuidando el pase al defensor. Erbes volvió y siguió de atrás a Lanzini, pero no lo pudo alcanzar.



Boca se fue masticando bronca (y con razón) porque, más allá de sentirse superior desde el juego y de los errores arbitrales, River terminó convirtiéndole dos goles por la vía que más atención había reparado el cuerpo técnico encabezado por Carlos Bianchi. El entrenador xeneize, en función de los antecedentes registrados en los partidos del verano y los choques oficiales anteriores, por el Final y el Inicial 2013, trabajó en función de bloquearle a River los "centros-gol" que suele ejecutar desde los vértices del área grande con Mercado, Carbonero y Teo Gutiérrez (desde la derecha) y vía Ariel Rojas, Ferreyra y Vangioni desde la izquierda. Aún sabiendo la salvedad de la ausencia de Vangioni y viendo que Ramiro Funes Mori tiene características distintas, más limitadas en ataque, quien podía llegar a esa posición era Lanzini.

Bianchi había evaluado las virtudes millonarias y por eso trató de taparle las bandas, aunque no siempre lo consiguió
Pero, más allá de las previsiones, River terminó convirtiendo el 1-0 con un "centro-gol" desde la derecha de Teo Gutiérrez para el ingreso de Lanzini, uno de los mediocampistas que más pisa las áreas rivales y más goleadores del fútbol argentino en los últimos cuatro campeonatos, con 12 anotaciones.

¿Qué sucedió? En esa acción puntual, a los 12 minutos del segundo tiempo, hubo más mérito millonario que error de Boca. ¿Por qué? Quien termina rompiendo la jugada es Alvarez Balanta, que anticipa un rechazo de Forlín en la mitad de la cancha, le gana luego a Gigliotti y a Erbes en la trabada; se apoya con Carbonero y va como un N° 9 más al punto penal. Carbonero arrastró la marca de Insúa, por lo que Forlín salió a la banda para intentar tapar a Teo. Y quedó el callejón del segundo central aprovechado por Lanzini, con pique, control y definición cruzada. ¿Por qué no se cerró Cata Díaz? Porque se quedó adentro forzado por Balanta, cuidando el pase al defensor. Erbes volvió y siguió de atrás a Lanzini, pero no lo pudo alcanzar.




Bianchi había evaluado las virtudes millonarias y por eso trató de taparle las bandas, aunque no siempre lo consiguió. Pero tenía conocimiento de eso de acuerdo a cómo hace los goles desde que está Ramón Díaz y porque así le convirtió River en el verano y en los partidos oficiales: "centro-gol" de Carlos Sánchez para el cabezazo de Lanzini (Final 2013); centro de Vangioni para el cabezazo de Mora en el palo izquierdo de Orion (Inicial 2013), más los antecedentes de la pretemporada 2014: hubo un "centro-gol" de Lanzini para Menseguez en Córdoba, también otro "centro-gol" de Carbonero a Teo Gutiérrez en Mendoza.

A River no le interesó disputar la posesión: en la salida del primer tiempo, apenas le duró cuatro segundos el balón, ya que lo dividió con un pelotazo de Ariel Rojas a Orion. Pero con ataques directos y de contraataque River sabe que puede lastimar: antes del gol de Lanzini, hubo otras chances con esa fórmula. Fueron pocas, pero la búsqueda estuvo: como en un centro de Cavenaghi (jugó más afuera que adentro del área) cruzado para Rojas; y otro envío de Mercado pasado para un cabezazo desviado de Teo. Igual, en líneas generales, ante envíos envenenados de Rojas o Lanzini, se observaron buenos cruces del Cata Díaz, Forlín e Insúa.



El segundo gol de River fue de pelota parada. Ramón y Emiliano tienen acostumbrados a los hinchas millonarios a sorprender con alguna jugada de pizarrón, preparada en la semana. Así estuvo cerca de convertirle Kranevitter a Godoy Cruz; Cavenaghi a Boca en Mendoza, pero en el mismo verano 2014 el conjunto millonario vulneró al xeneize por la vía que terminó festejando Funes Mori en la Bombonera. En Mendoza, cabezazo de Mercado para el 1-0 fue tras un tiro libre frontal de Ponzio al punto penal (y otra mala salida de Agustín Orion, que dudó en achicar hacia adelante) y con la arremetida de Maidana en Mar del Plata, en una segunda jugada de córner.



Boca, atento a esto y sabiendo que con Funes Mori su rival ganaba en altura para las pelotas paradas, se cuidó para no hacer faltas cerca de su área. Y eso lo hizo muy bien, tal fue así que los dirigidos por Ramón Díaz apenas tuvieron dos córners y un tiro libre frontal en todo el partido. En el primer tiro de esquina rechazó Gigliotti (que fue libre al balón) y el segundo finalizó en gol de Funes Mori, marcado por el mejor cabeceador de Boca, Forlín.

El fútbol ofrece antecedentes, ataques y defensas; también imponderables y un poco de fortuna. River atacó con recetas que Boca conocía y, aún así, se quedó con el clásico en el momento menos buscado..

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