Ucrania: avanzan las ofensivas contra los prorusos.


Fuerzas especiales recuperaron un aeródromo en el Este; según el Kremlin, el país está al borde de una guerra civil

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Después de que venciera el ultimátum lanzado por Kiev a los separatistas prorrusos en el este del país, fuerzas especiales ucranianas recuperaron ayer un aeródromo en la ciudad de Kramatorsk. La ofensiva provocó la alarma en Moscú, cuyo gobierno advirtió que el país está "al borde de una guerra civil".

Previamente, el presidente interino de Ucrania, Oleksander Turchinov, había anunciado una "operación antiterrorista" contra los insurgentes prorrusos que habían tomado el control de numerosos edificios del gobierno.

En una declaración ante el Parlamento en Kiev, Turchinov anunció ya entrada la noche que el aeródromo de Kramatorsk estaba bajo control ucraniano.

"Estoy convencido de que pronto no habrá ningún terrorista en Donetsk y otras regiones [del Este], y que terminarán en el banquillo de los acusados; ahí es donde les corresponde estar", dijo Turchinov.


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Según la agencia rusa Interfax, varios testigos oyeron disparos de armas automáticas en las inmediaciones del aeródromo militar de Kramatorsk. Dos helicópteros militares ucranianos aterrizaron en la pista del aeródromo para recuperar el control del pequeño aeropuerto, en manos prorrusas desde hace varios días. La agencia rusa RIA Novosti reportó que por lo menos cuatro activistas prorrusos murieron en los enfrentamientos con las tropas ucranianas. La información fue desmentida categóricamente por el gobierno de Kiev.

Junto a los helicópteros, el ejército ucraniano desplegó una veintena de vehículos blindados y varios cientos de soldados para recuperar los enclaves tomados por los insurgentes. Además de la toma del aeródromo de Kramatorsk, el avance ucraniano se centró ayer en la ciudad de Slaviansk, otro de los bastiones en el que se habían hecho fuertes los seguidores del Kremlin.

El jefe de la operación antiterrorista lanzada por Kiev, el general Vasili Krutov, calificó a las milicias prorrusas de "invasores extranjeros, bandidos y terroristas".

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El objetivo de la ofensiva ucraniana es la recuperación de esos enclaves, ubicados principalmente en la región oriental de Donetsk, declarada la semana pasada por los activistas como "República Popular de Donetsk". Kiev teme que se repita en la región lo ocurrido recientemente en la península de Crimea, anexionada a la Federación Rusa apenas unas semanas después de la caída del gobierno prorruso de Viktor Yanukovich.

Las milicias armadas prorrusas ocuparon edificios del gobierno, la policía y otros edificios administrativos en una decena de ciudades del este de Ucrania, zona de influencia rusa, y cerca de la importante ciudad industrial de Donetsk. Las milicias demandan una mayor autonomía y relaciones más cercanas con Rusia.

Pese a las advertencias de Kiev de lanzar una operación "antiterrorista", los activistas prorrusos se mantuvieron firmes en los edificios públicos ocupados y varios integrantes de las fuerzas del orden locales se pasaron a su bando.

La ofensiva de Kiev en el este del país fue vista con preocupación en Moscú. El primer ministro ruso, Dimitri Medvedev, declaró que Ucrania "está al borde de la guerra civil". "La situación [en Ucrania] da miedo", dijo escuetamente el líder ruso.

Medvedev expresó sus esperanzas de que las "autoridades de facto" de Ucrania se muestren razonables y no permitan "esta terrible confusión".

Rusia no reconoce al gobierno actual de Kiev, surgido tras la marcha al exilio de Yanukovich. El premier ruso, que presidió el país entre 2008 y 2012, criticó la propuesta ucraniana de que las Naciones Unidas envíen tropas para calmar la tensión. "Por regla general, la llegada de contingentes de fuerzas de paz no resuelve nada, desafortunadamente sólo congela el problema", dijo Medvedev. Desde Pekín, el ministro de Exteriores ruso, Sergei Lavrov, dijo que la operación de Kiev "viola las normas legales ucranianas y el derecho internacional".


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Las potencias occidentales, por su parte, aplaudieron la decisión de Kiev. "Admiramos la contención que el gobierno de Ucrania ha mostrado para tratar de calmar la situación en el este del país", dijo Jay Carney, vocero de la Casa Blanca.

"Existe un camino por parte de Rusia que podría reducir la intensidad de la situación y garantizar que no desemboque en la violencia", agregó. Al mismo tiempo, Washington anunció que prepara más sanciones contra Moscú por su "intervencionismo" en Ucrania.

En términos similares se expresó el secretario general de la OTAN, Anders Fogh Rasmussen, para quien Rusia está "profundamente involucrada en la crisis de Ucrania".

Por otra parte, un informe divulgado por la ONU señaló que existen numerosos indicios de que algunos participantes en las protestas en el este de Ucrania provienen de Rusia. Las advertencias de la ONU se producen dos días antes de que se celebre un encuentro en Ginebra entre los responsables de Exteriores de Rusia, Estados Unidos, Ucrania y la Unión Europea, en un intento por hallar una vía diplomática al conflicto. Hasta el momento, ni siquiera las conversaciones telefónicas entre Obama y Putin -la última de las cuales se concretó anteayer- han logrado frenar la crisis.



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