Jesucristo rock star


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Hollywood renueva su fe. Fortalece sus creencias. Ensaya una mirada piadosa con el propósito de dejar de lado, al menos por un tiempo, sus preocupaciones terrenales y vuelve a prestarles atención a las cuestiones espirituales, aunque con un ojo (como siempre) puesto en la taquilla. Con la lejana evocación de aquellas películas que cada año siempre vuelven a verse en televisión en estos tiempos de Semana Santa y el recuerdo más cercano de una década atrás, cuando Mel Gibson sorprendió a todos con su controvertida, sanguinolenta y tremendamente exitosa mirada sobre la pasión de Cristo, la industria del entretenimiento vuelve a peregrinar rumbo a la tierra prometida del cine bíblico y evangélico concebido a gran escala.

El camino se inició con Noé, que sigue navegando con viento a favor por las aguas del éxito, y continúa hoy con el estreno en la Argentina de Hijo de Dios, una superproducción que cuenta la vida de Jesús con impronta televisiva. No serán las únicas.

Para fines de este año (el 4 de diciembre) está previsto el estreno en la Argentina de Exodus: Gods and Kings, película en la que Ridley Scott recupera el relato del Antiguo Testamento de la huida de los judíos de Egipto y su marcha hacia la Tierra Prometida. Con Christian Bale como Moisés, Aaron Paul (Breaking Bad) como Josué y Joel Edgerton como Ramsés, la película se rodó a fines del año pasado en Almería (España) con la participación de 8000 extras locales, como si se quisiera recuperar en tiempos de efectos digitales capaces de cualquier cosa (incluso de la creación de multitudes virtuales que parecen reales en la pantalla) el espíritu de clásicos cuya realización fue pura epopeya.

Para recuperar esa idea, nada mejor que reencontrarse mañana, a las 13, con un doble programa que ofrece TCM como es costumbre en cada Semana Santa. Allí podrán verse en continuado Quo Vadis (1951) y Los diez mandamientos (1956), parte del clásico programa de cine pascual que se inicia mañana, a las 14.30, con El manto sagrado (1953); sigue el viernes a la misma hora con Espartaco (1960), y se completa el domingo, a partir de las 13, con Rey de reyes (1961) y Ben Hur (1959).

En esta ajustada retrospectiva sólo faltaría La más grande historia jamás contada (1956), cuyos desastrosos resultados cerraron durante medio siglo la posibilidad de que Hollywood se ocupara, con un espíritu de inspiración e identificación plena con los principios cristianos, de contar a su manera los grandes hechos narrados en la Biblia y, sobre todo, en los Evangelios.

Para que una nueva ola de fervor religioso ganara el corazón (y, por añadidura, también el cálculo financiero) de los altos ejecutivos de Hollywood hubo que cruzar un largo desierto y atravesar también la atípica experiencia que Mel Gibson (con espíritu de visionario y, por qué no, de loco, tal cual lo bautizan no pocos colegas suyos) llevó adelante una década atrás. Invirtiendo 30 millones de dólares de su bolsillo se animó a rodar, en arameo, su versión de la pasión de Cristo, que llevó de nuevo a los creyentes a los cines del mundo y recaudó hasta hoy 611 millones de dólares.

El mismo propósito anima la tendencia actual. Noé ya duplicó en la taquilla global sus costos de producción (llevaba recaudados hasta anteayer casi 250 millones de dólares) y en la Argentina superará durante el fin de semana con comodidad el medio millón de espectadores. Esta presencia bíblica en la cartelera local se reforzará a partir de hoy con el estreno de Hijo de Dios, suerte de desprendimiento cinematográfico de una monumental miniserie televisiva (La Biblia) que History Channel lanzará a fines de este año en la TV paga de nuestro país.

Para lograr una significativa recaudación en su lanzamiento en Estados Unidos (casi 60 millones de dólares) y lanzarse en más de 60 países, sus productores recurrieron al apoyo de iglesias y congregaciones, cuyos líderes adquirieron cerca de medio millón de entradas y reservaron complejos multipantalla enteros para proyectar la película en 40 ciudades estadounidenses. La idea está en línea con un ferviente compromiso de los estudios de Hollywood: Paramount (de la mano de un ferviente cristiano como su segunda autoridad, Rob Moore) produjo Noé, y tanto Fox (que financió Noé y hará lo propio con Exodus) como Sony cuentan con unidades propias dedicadas al cine evangélico.

¿Qué puede pasar de aquí en adelante? Por ahora, la película de Ridley Scott es la única ya realizada y con fecha cierta de lanzamiento. Pero detrás de ella aparecen varias perspectivas muy ambiciosas. Ya se sabe que Warner adquirió los derechos para filmar una película sobre Poncio Pilatos (tal vez con Brad Pitt como protagonista), que Will Smith podría dirigir un film sobre Caín y Abel y que Steven Spielberg sueña desde hace años con llevar al cine su visión sobre Moisés. Como Hollywood renueva su fe, no parecen ideas utópicas. Todo es posible