Las mujeres guapas "son más egoístas"

Según un estudio científico las mujeres atractivas tienden a cooperar menos con otras. La belleza está relacionada con la salud y es una ventaja social que modifica el comportamiento


Las mujeres guapas son "más egoístas"


¿Importa el aspecto físico a la hora de relacionarse? ¿La belleza está en el interior? ¿Qué ventajas tiene ser guapo?

Una forma de responder a estas preguntas es analizar el comportamiento de las personas en función de su atractivo físico y el de otros. Una investigación publicada en «Evolución y Comportamiento Humano», y hecha por científicos de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), ha concluido que las mujeres que más atractivas se sienten y que tienen una cara más simétrica se comportan de forma más egoísta a la hora de decidir si ayudan a otros.

«La gente que se considera y es considerada guapa es menos prosocial (altruista) en el laboratorio. Y en la vida diaria se ve que, en general, a la gente guapa se la considera con mejores capacidades que al resto y se les trata mejor», explica Enrique Turiégano, director del estudio. «Los más simétricos tienen menos necesidad de ser prosociales, pues, en cierto modo, necesitan menos a los demás para satisfacer sus necesidades materiales».

El «fitness»
Según explica, hay multitud de artículos científicos que hablan de los beneficios sociales que obtiene la gente atractiva: desde las propinas que reciben los camareros a la probabilidad de ser declarado no culpable en un juicio. Y por si eso fuera poco, el atractivo físico parece estar relacionado positivamente con la fertilidad, el éxito reproductivo y la resistencia a enfermedades, un conjunto de ventajas que incrementan el «fitness» o la capacidad de adaptación de los individuos al entorno natural.

«En el fondo, desde un punto de vista biológico, es normal que lo que nos resulta interesante para reproducirnos, características de sujetos que serían ventajosas para nuestros potenciales descendientes con esa persona, nos resulte atractivo», según Turiégano.

Sin embargo, todos estos trabajos tienen en común las dificultades que supone estudiar algo tan complejo como el comportamiento humano. En este caso, se han dejado a un lado las relaciones personales y familiares y se ha definido la «cooperación» como un «comportamiento individual cuyo objetivo es maximizar el interés colectivo antes que el propio».

El dilema del prisionero
Teniendo en cuenta todo esto, los científicos intentaron averiguar si el nivel de atractivo influye en cooperar más o menos. Para ello, invitaron a 176 universitarias a participar en el juego del «dilema del prisionero»: consiste básicamente en una situación en la que dos personas que supuestemente han cometido un crimen se pueden culpar mutuamente o guardar silencio.

Si las dos guardan silencio cumplen con dos años de condena, si las dos se culpan, con cinco, y si una acusa y la otra guarda silencio, la pena es de uno y diez años, respectivamente. En lugar de años de condena, las respuestas les dieron puntos a las estudiantes que pudieron canjear por dinero real y a los investigadores pistas para analizar la tendencia de las chicas a ser más o menos cooperadoras.

¿Dónde está la belleza?
Después de obtener estas respuestas, el equipo de Enrique Turiégano intentó traducir a números algo tan abstracto como el atractivo físico, con varios parámetros que en su mayoría ya han sido usados en muchos estudios. En este caso se trataba de la simetría facial, el grado de feminidad/masculinidad del rostro, el índice de masa corporal, el índice cintura/cadera y la percepción del propio atractivo.

Según los resultados que obtuvieron, la simetría de la cara y la percepción del atractivo propio llevan a las mujeres a ser menos cooperadoras en el juego del dilema del prisionero. Esto podría deberse a que algunas personas se sienten más seguras y que necesitan cooperar menos, al tiempo que acumulan experiencias que muestran que otras personas «toleran» un comportamiento menos altruista en las personas atractivas.

De hecho, en 2010, este equipo de investigadores de la Universidad Autónoma de Madrid ya descubrió que los hombres con los rostros más simétricos (y por ello, más atractivos) tendían a ser menos cooperadores.

Una cuestión de caderas
Pero no todos los resultados apuntaron en esta dirección. El equipo de la UAM comprobó que las caderas más «sexys» aumentan la tendencia de las mujeres a cooperar con otras, al contrario que la simetría de la cara y la percepción del propio atractivo.


Una cadera 1,4 veces más ancha que la cintura es atractiva para la mayoría de los hombres
Una posible explicación, es que las mujeres con un índice cintura/cadera mayor, es decir, con más grasa en la cintura, tienden a pensar más negativamente de las demás mujeres, probablemente debido a experiencias pasadas. Por ello, las más atractivas en términos de caderas acaban siendo más cooperadoras. Para los hombres de casi todos los lugares del mundo, unas caderas atractivas son 1,4 veces más anchas que la cintura de la mujer.

En otros estudios, ya se ha relacionado el tener una cintura más ancha en relación a las caderas con la «ansiedad social» y una autoestima social baja. Sin embargo, el índice de masa corporal no pareción influir en el comportamiento, probablemente debido a lo mucho que fluctúa este factor a lo largo del tiempo.