Colombiana y una de las actrices porno mejor pagas, es la imagen del canal Venus. Abuso sexual, fantasías y un marido orgulloso.

Esperanza Gómez: “No estoy a la venta para el público”

Estamos a punto de conocer a una de las porno star mejor pagas del mercado y a la nueva imagen del canal Venus. Sorprende de entrada: maxifalda con tajo, remera holgada y de escote cerrado, maquillaje muy suave. Casi pasa desapercibida. Cuesta adivinarle el contorno y los gestos que encienden a millones cada vez que la ven en acción. Con tono colombiano amable y meloso, dice que prefiere hacer la entrevista al aire libre en vez de en un bar que, aunque esté vacío, no le garantiza demasiada intimidad. Esperanza Gómez empezó como modelo y hace cinco años decidió apostar a su fantasía sexual: protagonizar una película porno, alentada por su marido. Le fue tan bien dándose el gusto que se convirtió en una de las más requeridas internacionalmente, tiene su propio ciclo en Venus, “Los recomendados de Esperanza”, y evalúa propuestas para migrar al entretenimiento convencional. ¿Devoradora sexual o Laura Ingalls?, debatámonos en la disyuntiva.

Noticias: ¿Qué la sedujo de ser una porno star?
Esperanza Gómez: La vez que vi por primera vez un video porno, me sentí atraída a explorar la sexualidad, se me volvió una fantasía, y luego tomé la decisión de hacerla realidad y entrar a la industria porno, apoyada por mi marido.

Noticias: Según cuenta, tuvo una adolescencia muy controlada por sus padres.
Gómez: Demasiado (risas), parecían militares o un colegio de monjas donde a uno lo tienen tan vigilado que no puede ni respirar. Nosotras las mujeres (son ocho hermanas y un hermano) no podíamos tener amigos ni entrarlos a mi casa, por ejemplo.

Noticias: Aún así, a sus 15 años vivió un abuso sexual, ¿cómo fue eso?
Gómez: Sí, pero en ese momento ya no vivía en la casa de mis papás. Una de mis hermanas había quedado embarazada y, por miedo a la reacción de ellos, decidí irme con ella a otra ciudad. Ahí trabajábamos con una persona allegada a la familia y él se aprovechó. Ese señor nos dejaba con llave hasta que logramos escapar.

Noticias: ¿Cuánto tiempo duró ese cautiverio?
Gómez: La verdad es que no tengo muy claro eso… no creo que haya durado más de tres meses. Es que él nos había dado también vivienda, éramos un par de niñas que no teníamos experiencia de la vida, estábamos atravesando un momento difícil y se aprovechó totalmente.

Noticias: ¿Cuánto cree que la marcó haber sido violada?
Gómez: Fue muy duro, porque en mi casa me habían enseñado que la virginidad lo era todo para una mujer. Entonces yo sentía que había perdido todo lo que tenía valor en mi vida. Pero hoy creo que ese tipo de situaciones te hace más fuerte, me volví más decidida.

Tras el abuso, Esperanza volvió una temporada a lo de sus padres, después fue a la casa de una hermana mayor en Cali y allí hizo un curso de modelo. Entonces decidió irse a vivir con su hermana –que ya había sido madre– y su sobrina, a quien Esperanza considera hoy como su hija. De hecho, aunque viva con su marido, pasa dos o tres días a la semana en la casa que compró, junto a esa hermana y su hija, quien hoy estudia en los Estados Unidos gracias al dinero que le destina Esperanza.

Pero volviendo a aquellos primeros años, estuvo en pareja con un amigo de su cuñado, mucho mayor que ella, una relación que recuerda como de lo más tradicional, y sexualmente chata. Su carrera como modelo la llevó a un programa de televisión regional, ganó el concurso Modelo Pettit, empezó a hacer campañas de ropa interior y en el 2005 fue Conejita Play Boy. Finalmente llegó Ernesto, su marido (en Colombia a los concubinos se los denomina así) y empezó a explorar su sexualidad como nunca: fueron una pareja abierta y empezaron a frecuentar un grupo swinger, previo a que ella cumpliera la fantasía de ser actriz porno. Tan consecuente fue con su deseo, que se puso a estudiar inglés después de que la rebotaran en el primer casting. A mediados del 2009, lo logró.

Noticias: ¿Qué le pasó cuando filmó su primera porno?
Gómez: Fue muy intimidante, a pesar de que ya venía haciendo una especie de práctica con mi marido en la cual nos filmábamos para tratar de que estuviera cómoda delante de una cámara. Sentía como si me estuvieran usurpando mi intimidad. En el swinger es distinto porque cada persona está metida en su cuento, así sea sexo grupal. Me sentí muy incómoda pero al final logré relajarme.