Golpeada y violada por su padre durante 23 años

Golpeada y violada por su padre durante 23 años

El escalofriante hecho tuvo lugar en Posadas, Misiones. La mujer, que ahora tiene 35 y está desnutrida, fue sometida a un verdadero calvario desde que era una nena. El abyecto sujeto la trataba como una esclava.


La mujer tiene 35 y su papá empezó a violarla desde los 12. La trataba como una esclava, al punto que a veces no permitía que se alimentara. El pasado lunes, ella escapó y denunció una paliza, mientras que el violento fue apresado.

Según informa el sitio misionesonline.net, en pleno barrio de Villa Cabello, en Posadas, Misiones, Mirta Noemí Boo de 35 años está desnutrida y con graves problemas psicológicos. El lunes por la noche denunció a su padre luego de que éste le diera una feroz paliza. Una de las tantas que dice haber sufrido en su vida. Pero fue más allá: contó ante las asistentes sociales que la atendían que el hombre abusó sexualmente de ella durante 23 años y prácticamente la tenía como una esclava.

El acusado, identificado como Héctor Boo, es un ex pescador y alcohólico, está preso. Primero se le inició un sumario por violencia doméstica y luego por abuso sexual. Su mujer, la madre biológica de Mirta, lo había dejado por golpeador. Abandonó el hogar cuando la hija de ambos tenía dos años.

El relato, en primera persona

La víctima nació el 6 de septiembre del año 1978. “Tengo 35 años, y me siento de 350”, asegura. Hoy la cuida una vecina, que vive un piso más arriba. Le cocina y está pendiente de su frágil estado de salud. Cuenta el abogado de la denunciante, Cristian López, que la terrible historia de la mujer “comienza al nacer, ya que el padre golpeaba y maltrataba a la madre cotidianamente. Luego de reiteradas golpizas, una más grave que la otra, con lesiones de todo tipo, la mamá de la víctima decide salvar su propia vida, de la manera más incomprendida, huyendo de la casa y abandonando a Mirta, quien con dos años queda al cuidado del violento”.

De acuerdo con el pormenorizado relato del letrado, que también es enfermero y se especializa en temáticas vinculadas con la violencia familiar, “por razones del destino este pescador del río Paraná, a quien su hija representaba un estorbo, decide llevar a la pequeña a la casa de su madre, la abuela de la chiquita, quien cría y educa a Mirta en la chacra 149 de Villa Cabello”.

“Su infancia se vio cruzada por el trágico regreso de su pasado. Su propio padre, quien era alcohólico, y adepto a la marihuana, vende su casa que le había dado la Entidad Binacional Yacyretá, y luego de gastar todo ese dinero, se va a vivir a la casa de su madre en Villa Cabello. El departamento cuenta solo con dos habitaciones, y la de Mirta pasa a ser apropiada por su padre”, relata el abogado.

A los 12 años, cambió su existencia para siempre. Mientras la abuela dormía, y la música del equipo de sonido estaba fuerte, su padre le llevo del brazo a su habitación. Ella manifiesta textualmente: “Mi padre me desnudó completamente y me hizo lo que un hombre le hace a una mujer”. Con esas palabras, narró el día en que el acusado la violó por primera vez. Asimismo recordó que en medio de una cama ensangrentada, el hombre amenazó con matarla y tirarla al río si lo delataba.

Su adolescencia pasó entre humillaciones de todo tipo, violaciones y golpizas. El abogado López contó que los vecinos solían oír sus gritos, pero lo vinculaban con alguna enfermedad, como la epilepsia. Mirta comenzó la escuela secundaria en el Polivalente N°8 de Villa Cabello. Abandonó a mediados del cuarto año. Ella comentó que un médico le dijo que tenía que abandonar sino se iba a terminar muriendo a raíz de los episodios de “ausencia” que ella presentaba cada vez con mayor frecuencia.

Pérdida irreparable

En 2009, la abuela sufrió un accidente cerebro vascular y queda postrada. El único sostén económico de la casa. Ella tenía jubilación de la cual comían y pagaban las cuentas de luz, agua y teléfono fijo. El resto iba destinado al alcohol de su padre, asegura el abogado.

Según contó la propia Mirta, era obligada por su padre a pedir plata a sus vecinos, para supuestos gastos de remedio de su abuela, cuando ya no había nada que comer en la casa. “A veces ella misma tenía hambre, y los vecinos le daban pan o yogur”, añade López.

El pescador, en tanto, vendía todo lo que había en la casa para poder mantener sus vicios.
En los primeros meses de 2014, Mirta le había contado a su abuela su calvario. Probablemente, por su delicado estado de salud, nunca comprendió la situación. La abuela falleció el 16 de junio de este año, a los 83 años. Mirta contó que desde entonces su padre se puso peor: No le permitía desayunar, ni almorzar, ni cenar.

Se alimentaba a escondidas de lo poco que podía obtener de sus vecinos. Pero en las últimas semanas los episodios de violencia se tronaron mas frecuentes. Los gritos cada vez eran más escalofriantes. Fue entonces que intervino una valiente vecina de nombre Nélida Dutra, quien tomó fuerzas y con valentía llamó al 911 para que interviniera. “Logró retirar a Mirta de su casa y la llevó a su departamento ubicado inmediatamente en el piso de arriba. Además logró que lo detuvieran por supuesto hecho de violencia familiar”.

El día martes, luego de recibir la ayuda del cuerpo médico forense, toda la verdad salió a la luz: Mirta se quebró y detalló los abusos sufridos desde hace 23 años por parte de su padre. Los golpes con puños y patadas. Sus maltratos verbales. Las amenazas de muerte,
Actualmente Mirta está siendo asistida por la Subsecretaría de Acción Social. Se la está ayudando con sus necesidades básicas mínimas, con alimentos, vestimenta, elementos de higiene y la tramitación de todas las demás ayudas previstas para este tipo de víctimas.