Manu Pineda, de nacionalidad española, es uno de los seis activistas internacionales de derechos humanos que se ha convertido en un escudo humano para proteger a los palestinos de los ataques.

Gaza: "Las familias se abrazan para morir todos juntos"

Manu Pineda lleva más de dos años en la Franja de Gaza, donde viven más de un millón y medio de palestinos sometidos a los bombardeos del ejército israelí desde que el pasado 8 de julio comenzara la llamada operación Margen Protector.

Allí Manu, de nacionalidad española, es uno de los seis activistas internacionales de derechos humanos que se ha convertido en un escudo humano para proteger a los palestinos de los ataques, que hasta el momento han dejado 865 muertos palestinos, incluyendo 208 niños, y 38 israelíes muertos, de los que 35 eran soldados.

Hace unos días el propio Pineda, cuyos dos hijos de 11 y 7 años viven en su Málaga natal (Andalucía), sobrevivió a un ataque de los soldados israelíes al hospital de Al Wafa en un barrio de Gaza, en el que había 17 pacientes en coma que tuvieron que ser trasladados, ya que el edificio quedó destruido. Desde entonces él viaja en las ambulancias para proteger a los heridos. Piensa que si él o alguno de sus compañeros extranjeros (hay una venezolana, un estadounidense, un sueco y dos australianos) van en el vehículo, los soldados no se atreverán a atacarlo. “Si nos matan, nuestros gobiernos se enfadarán con Israel así que confiamos en que no nos ataquen”, dice.

Desde un lugar de Gaza que no se atreve a especificar por razones de seguridad, Pineda dice, en entrevista telefónica con EL UNIVERSAL (México) , que la situación es dramática, de caos total. “No hay agua, ni casi electricidad, hace unos días había cadáveres tirados en el suelo, la gente vive con pánico porque los bombardeos son contra todos y a todas horas y la población ya no sabe dónde refugiarse”, asegura.

Relata que dado que el ejército israelí bombardea todo, “cuando caen las bombas la gente no corre porque no hay ningún lugar en el cual refugiarse, ni posibilidades de huir por la frontera de Egipto porque está cerrada, ni por la de Israel que también está cerrada. Gaza se ha convertido en la mayor cárcel al aire libre del mundo. Así que los ciudadanos cuando oyen las bombas confían en que no les toque”, explica.

El mismo día de la entrevista, Manu dice que acaba de escuchar un bombardeo. “La gente está desesperada. Hoy mismo han bombardeado varias casas, un hospital, un colegio, un centro geriátrico y un centro de niños discapacitados y han muerto varias mujeres quemadas, cinco niños y hay muchos heridos”. Dice que lo atacan todo sin importarles si hay civiles dentro o no.

“Lanzan bombas contra todo, así que la gente se queda en casa. Y cuando oyen los bombardeos, las familias se abrazan para morir todos juntos. Las familias no quieren que haya supervivientes, no quieren que los niños se queden huérfanos. No quieren rendirse. Y todos están preparados para morir”.

De la situación en los hospitales, explica que es lamentable. “No tienen nada. Hace 15 días el Ministerio de Salud dijo que había reservas de medicinas para dos semanas y ya no queda nada. No hay material, ni medicamentos, ni siquiera los 160 medicamentos vitales, las salas de emergencia están colapsadas y como no hay espacio están enviando a enfermos a sus casas sabiendo que van a morir porque allí no tienen ni agua ni electricidad. Tampoco en los hospitales hay electricidad. Tras la operación Plomo Fundido sólo hay una central de electricidad que funciona 8 horas al día; el resto del tiempo funcionan con generadores”.

Manu denuncia que en Gaza no hay una guerra sino “un genocidio, una masacre contra un pueblo que trata de defender su tierra, porque no son dos ejércitos luchando el uno contra el otro sino un ejército: el israelí, que es uno de los más poderosos del mundo, que está atacando a una población, los palestinos”, explica. “Argumentan que es una tierra protegida y la atacan para expulsar a los palestinos, ante la pasividad del resto del mundo”.

El joven admite que él también tiene miedo a morir. “Claro que tengo miedo. Pero mi deber estar aquí. Si nosotros no los defendemos ellos pueden morir. Nos hemos puestos delante de tanques, de jeeps, de soldados armados y ahora confiamos en que no disparen a las ambulancias porque saben que vamos dentro y nuestra sangre vale más que la de ellos, por eso estamos aquí”.

"Privilegiado". Pese al peligro al que se enfrenta Pineda dice que se siente un privilegiado de poder estar allí. “Ahora hay mucha gente que quiere venir a ayudarnos pero los gobiernos de Israel y de Egipto no les dejan entrar porque han cerrado los pasos fronterizos. Así que yo me siento un privilegiado de poder hacerlo. Hemos disfrutado de la generosidad y el cariño de los palestinos, gente que te da la poco que tiene. Así que ahora estamos con ellos, dispuestos a vivir el mismo destino que ellos”.

Sobre la actitud de la comunidad internacional y de los organismos internacionales, Pineda la califica de “vergonzosa”. “La actitud de los políticos es vergonzosa, terrible, dantesca, lamentable. Que apoyen al verdugo que es Israel antes que a las víctimas es dramático, como lo es que el argumenten el derecho de Israel a defenderse. Se llenan la boca defendiendo los derechos humanos y luego no hacen nada cuando mueren decenas de hombres, mujeres y niños cada día. Las cifras son claras. Hay más de 800 civiles palestinos muertos y 30 militares israelíes. Está claro quién es la víctima y quién el verdugo”, dice.

El activista pide a la gente que se manifieste en apoyo al pueblo palestino. “Que los ciudadanos salgan a la calle a manifestarse. Que presionen a los gobiernos que están dando su apoyo a Israel y esgrimiendo su derecho a la defensa. Que sepan que no ha habido ni un sólo civil muerto en Israel. Y que los soldados que han muerto lo han hecho cuando estaban matando niños. Que la gente lo sepa y grite en las calles para que se acabe esta masacre”, concluye.

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