Del dicho al hecho, hay mucho trecho: refrán popular nunca más acertado que en el caso de los Kirchner. Y así lo explicó en detalle el director de la Fundación Libertad:

El juego de las 10 diferencias K

Se hizo un profundo silencio. El hombre de perfil enjuto y nariz aguileña se acomodó –banda en el pecho y birome– y saludó a emisarios extranjeros, legisladores y ciudadanía toda. A su lado, un flamante Scioli, quien hoy intenta ocupar el sillón rivadaviano, sonreía. La cámara tomó rápidamente a Eduardo Duhalde, padre de la criatura. Era un domingo 25 de mayo de 2003. Néstor Kirchner arrancaba. Comenzaban los prolegómenos de un gobierno matrimonial, nacional y popular.

Creo que es un ejercicio interesante recordar las reflexiones que Néstor Kirchner expresó aquella jornada, en la que expuso “los ejes directrices de gestión” con el objeto de “que el conjunto de la sociedad argentina sepa hacia dónde vamos”.

Ya imagino la réplica adelantada de algún kirchnerista: “Una cosa es lo que uno dice que quiere hacer y otra es lo que la realidad permite” dirán. Pues dejo que el mismísimo Néstor Kirchner conteste, con las palabras de aquel 25 de mayo:

“No creemos en los catálogos de buenas intenciones, queremos expresar el sentido y la dirección de las cosas que haremos. No creo en el axioma de que cuando se gobierna se cambia convicción por pragmatismo. Eso constituye en verdad un ejercicio de hipocresía y cinismo”.

O sea, Néstor mismo planteó dos opciones: o se sigue el camino que uno traza de antemano, o uno es un hipócrita y cínico. Nada de excusarse en el pragmatismo o las necesidades de la política. Él mismo habló de que creía en valores y convicciones que no pensaba “dejar en la puerta de entrada de la Casa Rosada”. Hasta ahí estamos de acuerdo con el Nestornauta. Veremos pues lo que dijo y lo que hizo. Analicemos el kirchnerismo presupuestado y el kirchnerismo ejecutado.

Personalismo

Nadie en el propio kirchnerismo negará que se trata de un partido extremadamente personalista. Lo justificarán diciendo que Néstor vino a refundar el país, a devolver la ilusión, a proponernos un sueño, que antes de ÉL nada, y después de ÉL la inundación. En base a eso, millones de argentinos pasaron a vivir en barrios Néstor Kirchner, trasladarse por calles, rutas, túneles y puentes Néstor Kirchner; trabajar en polos industriales Néstor Kirchner; tramitar en la oficina Néstor Kirchner de ANSéS; mandar a los chicos a las escuelas Néstor Kirchner; atenderse en hospitales Néstor Kirchner; tomar el bondi en las terminales Néstor Kirchner o subirse al avión en el aeropuerto Néstor Kirchner. Y, como en este país nadie está exento de que le pase, también se puede ir a denunciar que uno fue asaltado en las múltiples comisarías Néstor Kirchner. Okey. Pero ¿que dijo –justamente– Néstor Kirchner del personalismo aquel 25 de mayo?

“Actuaremos como lo que fuimos y seguiremos siendo siempre: hombres y mujeres comunes. [..] atrás quedó el tiempo de los líderes predestinados, los fundamentalistas, los mesiánicos”.

Diálogo y pluralismo

Acaso una de las peores herencias del kirchnerismo sea la grieta cultural que deja entre distintos actores sociales. Desde que nos hayamos acostumbrado a que nuestra Presidente no hable con la prensa, hasta que no se hagan reuniones de gabinete o no se debata con la oposición, el oficialismo ha llevado la ausencia de diálogo al extremo, considerando el intercambio como un juego de suma cero que hay que evitar a toda costa, monopolizando el espacio lo más que se pueda. Esto ha producido innumerables conflictos que no vale la pena enumerar aquí. Pero recordemos que prometía Néstor Kirchner cuando asumió, respecto al diálogo.

“En los países civilizados con democracias de fuerte intensidad, los adversarios discuten y disienten cooperando. [..] Se trata de cambiar, no de destruir; se trata de sumar cambios, no de dividir. Cambiar importa aprovechar las diversidades sin anularlas. [..] Se necesitará mucho trabajo y esfuerzo plural, diverso y transversal a los alineamientos partidarios. Hay que reconciliar a la política, a las instituciones y al Gobierno con la sociedad. [...] con mis verdades relativas, en las que creo profundamente pero que sé que se deben integrar con las de ustedes para producir frutos genuinos, espero la ayuda de vuestro aporte."

Conflictividad social

Resulta casi innecesario describir que el kirchnerismo nos llevó durante doce años de conflicto en conflicto, de pelea en pelea, con la prensa, con empresas, con individuos y colectivos sociales, con sectores y potencias extranjeras, con un viejito jubilado o con un supermercadista portentoso. Innumerables y desgastantes contiendas cuyo sentido era entretener a propios y ajenos para sostener el relato. No se recuerda un gobierno tan belicoso como éste. La hipótesis de conflicto permanente, para hacer política. Sin embargo, lo que Néstor nos decía al iniciar su gestión era muy diferente:

“Debemos asegurar la existencia de un país normal, sin sobresaltos, con el sector público y el sector privado cada uno en sus respectivos roles. Hay que dotar a la República Argentina de buena administración, gobernabilidad, estabilidad [..] No es necesario hacer un detallado repaso de nuestros males para saber que nuestro pasado está pleno de fracasos, dolor, enfrentamientos, energías mal gastadas en luchas estériles, al punto de enfrentar seriamente a los dirigentes con sus representados, al punto de enfrentar seriamente a los argentinos entre sí”.

Futuro para los jóvenes

En la argentina que deja el proyecto kirchnerista, además de haber un 25% de pobres y un 32% de informalidad laboral, existen también 1.5 millón de jóvenes que no estudian ni trabajan. Clientes de planes sociales, fáciles presas de los tentáculos del narcotráfico y la delincuencia. Aún los jóvenes que trabajan están impedidos de comprar por ejemplo, su primera casa. Sin embargo, en el presupuesto político de Kirchner, las cosas pintaban así:

“Se trata, entonces, de hacer nacer una Argentina con progreso social, donde los hijos puedan aspirar a vivir mejor que su padres, sobre la base de su esfuerzo, capacidad y trabajo”.

Peso del Estado

El gobierno kirchnerista echó mano a todas las formas de financiación posibles. Se comió los stocks allí donde los encontró (y por eso la infraestructura y los servicios públicos se volvieron insostenibles); elevó la presión impositiva hasta donde pudo; emitió moneda salvajemente produciendo inflación; y también echó mano a la búsqueda de financiación externa. El gobierno ha sofocado sectores productivos hasta volverlos inviables. Hoy vemos como fábricas se caen como castillos de naipes y como firmas levantan sus cosas y se van a otros países menos voraces. Este es el kirchnerismo ejecutado. Un Estado enorme que aplastó al sector privado y ausente, que no provee bien casi ningún servicio público. Pero veamos el kirchnerismo presupuestado, en palabras de su líder:

“Por supuesto no se trata de poner en marcha, una vez más, movimientos pendulares que vayan desde un Estado omnipresente y aplastante de la actividad privada a un Estado desertor y ausente, para retornar continuamente de extremo a extremo, en lo que parece ser una auténtica manía nacional que nos impide encontrar los justos, sensatos y necesarios equilibrios. [..] Quiero que el Estado se reconcilie con la sociedad. No puede ser una carga que termine agobiando a todas las actividades”.

Calidad institucional

Este punto resulta particularmente curioso. Porque luego de ver como caímos en casi todos los indicadores internacionales respecto a la calidad institucional, la lucha contra la corrupción y la transparencia. Luego de ver que los narcos vinieron para quedarse gracias a la facilidades para el crimen que presentamos. Luego de saber que tenemos un vicepresidente doblemente procesado, y luego de presenciar una burda intentona por reformar la Constitución Nacional, o de remover a un fiscal que investiga al poder (entre infinitos etcéteras) uno no obstante, puede divertirse buscando las promesas del discurso inaugural de Néstor (que insisto, según él no eran “catálogos de buenas intenciones” sino “el sentido y la dirección de las cosas” que harían) y leer que Kirchner dijo entonces:

“Somos conscientes de que ninguna de esas reformas serán productivas y duraderas si no creamos las condiciones para generar un incremento de la calidad institucional. La calidad institucional supone el pleno apego a las normas y no una Argentina que por momentos aparece ante el mundo como un lugar donde la violación de las leyes no tiene castigo legal ni social. A la Constitución hay que leerla completa. La seguridad jurídica debe ser para todos, no solamente para los que tienen poder o dinero”.

“No habrá cambio confiable si permitimos la subsistencia de ámbitos de impunidad. Una garantía de que la lucha contra la corrupción y la impunidad será implacable. [..] Gobernabilidad no es ni puede ser sinónimo de impunidad. Gobernabilidad no es ni puede ser sinónimo de acuerdos oscuros, manipulación política de las instituciones o pactos espurios a espaldas de la sociedad”.

Economía

No contento con prometernos ser más serios que Suiza, antes de empezar a pesar la plata, don Néstor nos dio pautas de lo que sería el plan económico del kirchnerismo. Cuando uno recuerda las metas económicas y las coteja con el resultado de los doce años K, no puede menos que sorprenderse de tamaño engaño. Veamos:

“La sabia regla de no gastar más de lo que entra debe observarse. El equilibrio fiscal debe cuidarse. Eso implica más y mejor recaudación y eficiencia y cuidado en el gasto. El equilibrio de las cuentas públicas, tanto de la Nación como de las provincias, es fundamental.

El país no puede continuar cubriendo el déficit por la vía del endeudamiento permanente ni puede recurrir a la emisión de moneda sin control, haciéndose correr riesgos inflacionarios que siempre terminan afectando a los sectores de menos ingresos.

Ese equilibrio fiscal tan importante deberá asentarse sobre dos pilares: gasto controlado y eficiente e impuestos que premien la inversión y la creación de empleo y que recaigan allí donde hay real capacidad contributiva.

Con equilibrio fiscal, la ausencia de rigidez cambiaria, el mantenimiento de un sistema de flotación con política macroeconómica de largo plazo determinada en función del ciclo de crecimiento, el mantenimiento del superávit primario y la continuidad del superávit externo nos harán crecer en función directa de la recuperación del consumo, de la inversión y de las exportaciones”.

También cabe señalar, que el kirchnerismo, que ahora nos pide que gastemos, que consumamos, luego de haber complejizado las alternativas de ahorro para cercarnos dentro de los límites de una moneda que se devalúa a diario, no decía lo mismo en 2003. Tampoco la tan denostada inversión extranjera directa (que no viene) era indeseable por entonces:

“Sabemos que la capacidad de ahorro local, y, por ende, el financiamiento local, es central en todo proceso de crecimiento sostenido. El desarrollo del mercado de capitales con nuevos instrumentos, con transparencia, con seguridad, es fundamental para recuperar la capacidad de ahorro y para alejarnos definitivamente de las crisis financieras internas, que en los últimos 20 años han golpeado fuertemente y por tres veces a los ahorristas y depositantes”.

“Los fondos externos deben ser complementarios a este desarrollo de los mercados locales y su gran atractivo está ligado a que sean fondos de inversión extranjera directa –inversión productiva-, que no sólo aportan recursos sino también traen aparejado progresos en la tecnología de procesos y productos”

Política social

Vinculado a este último punto, surge el tema de la política social que tanto gustó al kirchnerismo. Crear deudores sociales, clientes de los innumerables subsidios, ha resultado políticamente provechoso para el FpV. De hecho, cuando la Presidenta necesita lavar su imagen o tapar algún problema, suele anunciar algún pobre aumento en alguna asignación, que la más de las veces ni siquiera hace cosquillas a la inflación. Sin embargo, lo que el kirchnerismo nos prometió en 2003, fue bien diferente. Sintéticamente, Néstor Kirchner expresó que pretendía:

“Reinstalar la movilidad social ascendente que caracterizó a la República Argentina requiere comprender que los problemas de la pobreza no se solucionan desde las políticas sociales sino desde las políticas económicas”.

Obras e Infraestructura

Reiteramos: el kirchnerismo se devoró los stocks. Por eso no hay para rutas, ni para trenes, ni canales. Por eso no se pueden evitar inundaciones, ni catástrofes ferroviarias. Por eso hay déficit energético y habitacional. Leamos lo que nos prometía el flamante presidente al respecto:

“No se tratará de obras faraónicas, apuntaremos más a cubrir las necesidades de vivienda y de infraestructura en sectores críticos de la economía para mejorar la calidad de vida y a perfilar un país más competitivo, distribuyendo la inversión con criterio federal y desarrollando nuestro perfil productivo.

La construcción más intensiva de viviendas, las obras de infraestructura vial y ferroviaria, la mejor y moderna infraestructura hospitalaria, educativa y de seguridad, perfilarán un país productivo en materia de industria agroalimentaria, turismo, energía, minería, nuevas tecnologías, transportes, y generarán nuevos puestos de trabajo genuinos."

Política Exterior

Y en la Argentina del default, de las relaciones con Venezuela e Irán, quizás este sea el mayor chiste de todos. Recordemos las palabras de lo que deseaba Néstor Kirchner:

“Una relación seria, amplia y madura con los Estados Unidos de América y los Estados que componen la Unión Europea, es lo que debe esperarse de nosotros, el estrechamiento de vínculos con otras naciones desarrolladas. Profundizar la estrategia de apertura de mercados, incrementar sustancialmente nuestro intercambio con el resto del mundo, diversificar exportaciones hacia bienes con mayor valor agregado, desconcentrar ventas por destino y multiplicar el número de exportadores de modo que los beneficiarios del comercio exterior se derramen sobre todas nuestras ramas productivas”.

Conclusión: las promesas de Néstor Kirchner y la realidad sobreviniente dejan expuesta la esencia del kirchnerismo. O sus propuestas fueron una serie de falsedades o la práctica política obligaron a dejarlas de lado. Esto último sería –según palabras del ex presidente– “un ejercicio de hipocresía y cinismo”. El kirchnerismo presupuestado dista mucho del kirchnerismo ejecutado, ese que tenemos que empezar a pagar ahora. Leer o ver el discurso de asunción de 2003, prestar atención al plan de gobierno, ver los protagonistas que había entonces, y reflexionar sobre lo que pasó luego, debería hacernos pensar en el 2015 y lo que queremos –y no queremos– para el futuro.