Macri: "No vamos a aplaudir otro default"

Anteanoche había tenido sus primeras comunicaciones telefónicas, minutos después del extenso discurso de la Presidenta. Y ayer, bien temprano, Mauricio Macri citó a su gabinete ampliado con un objetivo en mente: ser el primero de los presidenciales en oponerse al proyecto de ley enviado por la Casa Rosada que propone reabrir el canje a los bonistas y pagarles en el país.

"No vamos a aplaudir otro default en el Congreso, como hicieron muchos en 2002", dijo Macri, en la sede gubernamental de Bolívar 1, a minutos del mediodía y como otra forma de tomar distancia de sus rivales por la presidencia: Daniel Scioli y Sergio Massa.

"Esto no va a traer trabajo para los argentinos ni va a traer el financiamiento que necesita YPF para desarrollar Vaca Muerta. No es cuestión de eslóganes o de consignas. Lo importante es la realidad y esto agrava la recesión, el desempleo y el problema inflacionario", apuntó Macri. De inmediato, aclaró que se refería a la ley impulsada por la Presidenta, pero también a los proyectos de ley de abastecimiento y la denominada ley antiterrorista.

A las ocho de la mañana, y con cara de preocupación, Macri se juntó con su gabinete en pleno. También estuvieron Gabriela Michetti (presidenta del bloque Pro en el Senado) y los diputados Federico Pinedo y Patricia Bullrich, además de tres de los economistas en los que el líder de Pro confía: Carlos Melconian, Rogelio Frigerio y Federico Sturzenegger.

Más allá de algún matiz -algunos proponían ir más duro contra el plan de pago en el país-, hubo un consenso "inédito" sobre lo "equivocada de la herramienta" elegida para resolver el pleito con los fondos buitre. "La idea era salir antes que el resto de los opositores: fijate que Massa no dijo nada y la UCR está dividida", afirmaron desde el macrismo.

Más allá de las estrategias elegidas, Macri dejó trascender a sus íntimos que está "preocupado" por la marcha de la economía. A su vuelta de Cipolletti, donde los productores de peras y manzanas le hablaron de una caída del "20 por ciento" en la producción, ordenó seguir de cerca la recaudación porteña, que, según fuentes del gobierno porteño, "está cayendo" en los últimos meses.