Recordando a Borges en su cumpleaños con 11 de las mejores

El pasado 24 de agosto Borges habría cumplido 115 años. El gran escritor argentino dijo en algún momento que la vida misma era una cita. Vivimos en una especie de hipertexto, en una biblioteca cósmica invisible y las palabras son parte de la sustancia y del sentido de nuestra existencia. En este espíritu, proponemos aquí una lista de frases memorables que nos acercan a la filosofía agnóstica de Borges, inclinada a la exploración metafísica sobre la que construye el etéreo palacio de su literatura: una pregunta sobre la naturaleza del universo que se desdobla en una ficción (donde el lector olvida que él es el narrador original).

De Nueva refutación del tiempo, metafísica lírica y enigmática que aparece también en la película Alphaville, de Godard:

El tiempo es la sustancia de que estoy hecho. El tiempo es un río que me arrebata, pero yo soy el río; es un tigre que me destroza, pero yo soy el tigre; es un fuego que me consume, pero yo soy el fuego. El mundo, desgraciadamente, es real; yo, desgraciadamente, soy Borges.

En este mismo ensayo seminal tenemos esta ecuación de pertenencia, la sociedad secreta del lector y el autor:

¿No basta un solo término repetido para desbaratar y confundir la historia del mundo, para denunciar que no hay tal historia?.

¿Los fervorosos que se entregan a una línea de Shakespeare, no son, literalmente, Shakespeare?

En Tlön, Uqbar, Orbis Tertius, se compila un universo extraterrestre alternativo. La filosofía de esta civilización manifiesta el dogma de la unidad:

Los espejos y la cópula son abominables, porque multiplican el número de los hombres.

En el poema “Los Enigmas”, se enfrenta a la paradoja de la muerte, que eterniza a la vez que aniquila:

¿Qué errante laberinto, qué blancura
ciega de resplandor será mi suerte,
cuando me entregue el fin de esta aventura

la curiosa experiencia de la muerte?
Quiero beber su cristalino Olvido,
ser para siempre; pero no haber sido.

Una frase de las más citadas, que nos revela la esencia borgiana de asumirse como un lector, un niño encantado en un jardín cósmico que es una biblioteca (la imagen de un universo hecho de información):

Que otros se jacten de las páginas que han escrito; a mí me enorgullecen las que he leído.

El culto a libro como un artefacto en el que se materializa la mente humana:

De todos los instrumentos del hombre, el más asombroso es, sin duda, el libro. Los demás son extensiones de su cuerpo. El microscopio, el telescopio, son extensiones de su vista; el teléfono es extensión de la voz; luego tenemos el arado y la espada, extensiones del brazo. Pero el libro es otra cosa: el libro es una extensión de la memoria y la imaginación.

Otra frase, también muy popular, que nos coloca en el sueño lúcido de la literatura, que se opone a “la pesadilla de la historia”, de la cual debemos despertar. El ejercicio del escritor como un tejedor de sueños:

La literatura es un sueño dirigido y deliberado.

La antigua idea de que en cada cosa están todas las cosas tiene su expresión moderna más alta en “El Aleph”, de Borges. Aquí nos explica esta concepción:

Dijo Tennyson que si pudiéramos comprender una sola flor sabríamos quiénes somos y qué es el mundo.

En “Avatares de la tortuga” tenemos una hermosa e inquietante enunciación de la influencia de la filosofía de Schopenhauer (de extracción védica) filtrada a través del pensamiento libresco de Borges (Schopenhauer siendo el filósofo más querido para Borges):

Es aventurado pensar que una coordinación de palabras (otra cosa no son las filosofías) pueda parecerse mucho al universo. También es aventurado pensar que de esas coordinaciones ilustres, alguna- siquiera de modo infinitesimal- no se parezca un poco más que otras. He examinado las que gozan de cierto crédito; me atrevo a asegurar que sólo en la que formuló Schopenhauer he reconocido algún rasgo del universo. Según esa doctrina, el mundo es una fábrica de voluntad. Admitamos lo que todos los idealistas admiten: el carácter alucinatorio del mundo.

En ese mismo ensayo. donde discute el carácter ilusorio de la realidad, Borges nos regala una de las más inspiradas frases metafísicas, una versión de la Matrix:

El mayor hechicero (escribe memorablemente Novalis) sería el que el que se embrujara él mismo al punto de tomar sus propias fantasmagorías por apariciones autónomas. ¿No sería esta la verdad de nosotros? Yo conjeturo que así es. Nosotros (la indivisa divinidad que opera en nosotros) hemos soñado el mundo. Lo hemos soñado resistente, misterioso, visible, ubicuo en el espacio y firme en el tiempo; pero hemos consentido en su arquitectura tenues y eternos intersticios de sinrazón para saber que es falso.

Para concluir podríamos citar de “El Hacedor” la fascinación hermética por la identidad entre el hombre y el universo, entre lo que piensa y lo que ve, entre “el uno, el otro y el mismo”:

Un hombre se propone la tarea de dibujar el mundo. A lo largo de los años puebla un espacio con imágenes de provincias, de reinos, montañas, de bahías, de naves, de islas, de peces, de habitaciones, de instrumentos, de astros, de caballos y de personas. Pero antes de morir, descubre que ese paciente laberinto de líneas traza la imagen de su cara.