“Me gustaría ir a la Argentina, pero yo ya no vuelvo a volar


“Me gustaría ir a la Argentina, pero yo ya no vuelvo a volar”
Bajista de The Rolling Stones desde los inicios hasta 1991, este hombre de bajo perfil y modales sencillos está lejos de haber dejado la música. Página/12 estuvo en un show de los Rhythm Kings y luego sostuvo una charla con el Stone que prefirió alejarse.


musica


Conocido como “el Stone silencioso”, Bill Wyman es sencillo, accesible y simpático, pero de fuerte personalidad. Este hombre, que en pocos meses cumplirá 78 años, “trabajó” como bajista de los Rolling Stones desde finales de 1962 hasta 1991, cuando decidió retirarse. Tal como describe su amigo Ron Wood en su libro Memorias de un Rolling Stone: “Bill no paraba de decirnos que aquella sería su última gira y que en cuanto llegara a casa dejaría la banda. Todos sabíamos que odiaba volar, pero ninguno de nosotros creía que su odio a los aviones sería más fuerte que sus ganas de seguir siendo un Stone”. Así, Wyman dijo adiós a largas y maratónicas giras por todo el mundo, a los conciertos en estadios para 70 mil personas, y también a los millones de flashes y de dólares. No fue a medias tintas, sino una firme decisión. Su nueva etapa lo mostró activo y a gusto, lejos del ruido, pero jamás de la música. Se dio el gusto de armar algo más que su propia banda con amigos, formó una “familia musical”, Bill Wyman & The Rhythm Kings. Con ese combo, lleva más de una decena de discos grabados en estudio y en vivo, con invitados como Eric Clapton, Mark Knopfler, George Harrison y Peter Frampton, entre otros.

Para ir desde Londres hasta Skegness, Lincolnshire, hacen falta dos horas exactas. Hay que recorrer 240 kilómetros hacia el norte, en los cómodos y puntuales trenes ingleses. La ciudad es balnearia, plagada de jugueterías y comercios de golosinas donde sobresalen los copos de nieve y malvaviscos; un colorido tan singular como infantil. Pero esa noche, padres y abuelos tienen un atractivo de excelencia, ver en escena a la familia Kings. Por la avenida costanera, Grand Parade, se llega al moderno e imponente Embassy Theatre; el parking compartido con el parque de diversiones tiene un lugar reservado para acceder directamente a los camarines. El espacio es utilizado para que estacione el ómnibus que transporta a la banda, tres horas y media antes del show.

La primera en bajar por el sector derecho del bus es la única dama del grupo, Beverley Skeete, quien al enterarse de que este cronista viene de la Argentina indica el camino para llegar al septuagenario bajista. Cercano al metro setenta, con el cabello recién cortado y lentes de aumento, campera sport azul con la leyenda “Replay”, camisa de seda del mismo color y pantalones negros, Wyman estrecha su pequeña mano, sonríe y saluda de la misma manera que a un amigo de años. “¿De la Argentina?”, inquiere. “Eso sí que queda lejos... Un largo, largo vuelo, más de diez horas seguro, y llegar hasta aquí aún más.”

Aficionado a la arqueología y coleccionista de reliquias –al punto de que existe un detector de metales que lleva su nombre–, Wyman se fascina con la historia de argentum o “plata”, que más tarde derivaría en el nombre de Argentina. “Me encantan estas cosas, es maravilloso saber de dónde proviene vuestro nombre; no conocía esta parte de la historia, sí otras”, afirma, y propone conversar después del show. La salida a escena se concreta 19.30 en punto, la bienvenida y el agradecimiento al millar de personas está a cargo del ex Stone. La banda brilla desde donde se la analice, todos son músicos de gran talla. El baterista Graham Broaad integra el grupo estable de Roger Waters; Andy Fairweather-Low es guitarrista de Eric Clapton desde hace más de quince años; Terry Taylor, guitarrista de jazz y ex Tucky Buzzard en los ’60, toca en los discos solistas de Wyman desde 1974. También está Georgie Fame, tecladista que trabajó con Van Morrison, Gene Vincent y Clapton; Nick Payne y Frank Mead en vientos y flautas, quienes han colaborado con The Blues Brothers y Gary Moore; Geraint Watkins en acordeón y piano, quien ha tocado con Carl Perkins en Rockabilly Sessions, y junto a Stray Cats y Peter Green; y Skeete, que con su hermosa voz ha hecho coros para Tina Turner, Annie Lennox, Robbie Williams y Paul Young, entre otros.

Un exquisito repertorio de temas visten el show: muchos son propios de Wyman-Taylor, con estilo ’40 y ’50 aggiornados, muy pocos de Jagger-Richards, y una variedad de Chuck Berry, Elvis Presley, Ray Charles y James Brown. Todos con excelente interpretación, claro. El golpe final, para cerrar la noche, no es un slap ni groove a cargo de Wyman, sino escucharlo cantar “Honky Tonk Women” con el teatro de pie, acompañando en el estribillo. La banda y el público provocan un verdadero feedback, que tiene que ver con volver a las raíces de esta música. El regocijo se refleja en el camarín, donde William George Perks –tal es el verdadero nombre de Wyman– se presta por primera vez a dialogar con un medio argentino.

Aquel joven apasionado por el fútbol, que en 1954 formó parte del equipo del ejército junto a Lee Wyman –a quien le tomó prestado el apellido para su vida artística–, es seguidor de un pequeño equipo londinense. “Sé que ustedes son muy fanáticos del fútbol, siempre fueron muy buenos y muy conocidos. Aquí, Ozzy Ardiles fue de los mejores en los ’80. Hace un tiempo jugó Boca Juniors con el Arsenal en Londres. Pero mi equipo es el Crystal Palace. Y tiene un gran arquero argentino, Julian Speroni (emigró con tan sólo dos partidos jugados en Platense, en 1999): es realmente muy bueno y toda la gente lo ama.”

Pasaron ya veinticuatro años de aquel concierto del 25 de agosto en el mítico estadio de Wembley, que sin saberlo, se convertiría en el último show y en su despedida como miembro oficial de The Rolling Stones, pero jamás de la música. “Cuando dejé los Stones, me juntaba con amigos en un estudio y tocabamos rock, jazz, blues, rockabilly, boggie, soul, un poco de todo. Así surgió la idea de formar la banda y grabar, y luego salir de gira. Ya hace más de veinte años que estamos juntos.”

A finales de 2012 los Rolling llevaron a cabo dos shows para celebrar su 50o aniversario, en el O2 Arena de Londres. Allí estuvieron como invitados Eric Clapton y Jeff Beck, respectivamente, Mick Taylor (guitarrista entre 1969 y 1974), y el mismísimo Wyman, quien habiendo limado asperezas con el líder de la banda, acudió a los dos festejos. De la amabilidad a la mirada esquiva del bajista, hay tan sólo una referencia al pasado: “Siento mucho orgullo por los años que estuve con los Stones, tengo excelentes recuerdos, pero también estoy muy orgulloso de haber formado esta banda”. Lo que nunca hubiese imaginado es que iba a compartir el escenario para interpretar apenas “It’s Only Rock and Roll” y “Honky Tonk Woman”. Sus allegados confiaron que éste fue un nuevo motivo de insatisfacción y un argumento válido para no aceptar el tour restante por Estados Unidos.

El buen humor parece ser una constante dentro de su nueva banda, al contrario de lo que Wyman vivió con los Stones en los ’70. “Es importante el compañerismo, las ganas de seguir, y que les guste la música que hacemos, todo eso hace las cosas más fáciles. Tantos años juntos nos hacen casi una familia. Todos nos apoyamos; de lo contrario, afuera.” Cuando los Rhythm Kings están de gira, todo es una fiesta, y así lo viven. Eso también se traslada a escena, porque todos alternan como la voz principal, al menos por un tema y sin disputa de egos: “Todos en la banda cantan o al menos hacen coros. Georgie Fame, además de tecladista, es una mezcla de soul, jazz y blues. Lo conozco desde los comienzos con los Stones en el Flamingo Jazz Club. Mike Sanchez hoy no está porque viajó a España: canta el rock de los ’50 y además es muy extravertido. Beverley es nuestra voz femenina, es maravillosa y canta de todo: Billie Holliday, Ella Fitzgerald y baladas modernas, y también hace dúos increíbles con George o Mike”.

Otra particularidad de la “familia Kings” es el manejo de diversas lenguas: Sanchez, hijo de latinos, habla perfecto castellano, al igual que Terry Taylor: “Viví muchos años en Barcelona y lo hablo muy bien, fue difícil al principio, pero me gusta, también sé que es diferente al español de la Argentina, pero nos entendemos bien, ¿sí?”, pregunta entre risas. Un hombre de aspecto latino, robusto, de cabello largo y canoso va y viene atento a todos los detalles de logística. Con extrema amabilidad, convida una copa de vino para el brindis y promete paella para después; es el manager del grupo –e hijo de italianos– Anthony “Tony” Panico. Ha trabajado con los Stones durante años, colaboró con U2 y representa bandas jóvenes del Reino Unido. “Mi capisce benne, io non parlo spagnolo. ¿E vero che sono tanti italiani in Argentina?”, suelta, y la obvia respuesta marca la pausa para las fotos, brindis, risas y charlas informales con el hombre que, como aseguran los integrantes de la banda, le encuentra solución a cualquier problema a toda hora.

La charla de los músicos alrededor de la mesa parecerá no tener fin, incluso después de que su líder –siempre con bajo perfil– se haya retirado. El manager cumple con su promesa de traer paella, Fairweather recuerda la Buenos Aires de su paso con Clapton, Taylor vuelve a la práctica del español con un dejo de catalán, Skeete ofrece café, Payne y Mead piden fotos y hacen bromas como en el show... El clima está lejos del protocolo británico, cualquier cosa que incluya camaradería es posible.

Pero si hay algo inmodificable en la vida de los Rhythm Kings es lograr que Wyman vuelva a subir a un avión. La pregunta acerca de una gira sudamericana resiste todas las presiones. Panico apunta hacia el líder de la banda con el dedo índice y entre risas dice: “¡A él debés preguntarle!”. Y entonces el legendario bajista responde: “Me encantaría conocer la Argentina y tocar allí, nunca estuve, pero la única forma de llegar es si construyen un enorme puente que comunique Londres con Buenos Aires, ¡porque yo no vuelvo a volar!”.

Rolling stone