El secreto de los creadores del mejor videojuego del mundo.
King, la empresa reina de los videojuegos sociales en Facebook y plataformas móviles con producciones archiconocidas como las sagas de Candy Crush o Farm Heroes, tiene sede en Barcelona. Abrió sus puertas en verano de 2012, y tras crecer al ritmo de 10 empleados por mes en sus seis primeros meses de vida, hoy Manel Sort, su director, ya habla de madurez. Del estudio barcelonés de King han salido juegos como Bubble Witch Saga 2, Papa Pear Saga y, recientemente, Diamond Digger Saga. Tras sus personajes simpáticos y coloridos se perfila una filosofía de trabajo tan sencilla como meticulosa.

Crear videojuegos no es una tarea sencilla. «King genera ideas continuamente. Todas internas y que traten de cubrir todos los aspectos, desde el diseño al servicio», explica Oriol Canudas, product manager de Diamond Digger Sagas. Como dice Sort, «el proceso se basa en la mejora continua», y para ello es imprescindible experimentar en busca de potencial. La prueba final es presentar el producto al usuario final a través de internet y monitorizarlo para captar sus reacciones y ver si una idea es buena o no. «Si quieres acertar con un diseño tienes que incluir en él al destinatario final», asegura Sort. Exactamente igual opina Canudas, para quien, a la hora de crear una experiencia, «tienes que pensar en como la percibe el público» y es preciso adaptarse a un amplio abanico de edades y culturas.

Gran parte del éxito de King se explica porque sus juegos son sociales y gratuitos. «Con un modelo gratuito llegas a más usuarios. Y cuantos más usuarios el marketing es mucho más sencillo», cuenta Sort. Además, los juegos de King se diseñan específicamente para gustar en dispositivos móviles. Aquí «hay que tener muchas cosas en mente», según Sort. Desde las limitaciones de la pantalla hasta el lugar donde se juegan. Pero lo más importante es que sean sociales. En los juegos de King, los amigos «te ayudan, te desbloquean, te envían vidas y regalos», en palabras de Canudas. Casi una extrapolación al juego de la filosofía de trabajo de esta empresa tan singular.

Nada más entrar en el estudio de King en Barcelona, uno se encuentra con varios de sus empleados jugando al futbolín. La filosofía de la empresa, cuenta Manel Sort, es que para hacer entretenimiento de calidad no hace falta tanto calificación técnica como unos creadores divertidos, «porque si no están pasando un buen rato no pueden rendir», explica. King ofrece a sus trabajadores un salario base competitivo, formación constante, un entorno de trabajo de calidad en cuanto al espacio y las herramientas, e incluso benefits sociales. «Hemos de conseguir que la persona sienta que la compañía le aporta algo», dice Sort. Cursos de mindfulness, charlas optimistas del motivador Emilio Duró, programas de salud que animan a los empleados practicar deporte y comer sano; todo cuenta.

Cuando el estudio de Barcelona nació en 2012, Sort enfocó sus esfuerzos en crear un grupo de trabajo unido. Ésa es la clave del éxito, asegura: «Cuando analizas otros equipos y estudios, la parte técnica la cubren la mayoría, algunos también la parte de negocio, muy pocos la parte de entretenimiento, y menos aún la parte de grupo o comunidad». Un equipo con un buen modelo de negocio y visión para acercarse al usuario puede crear un buen juego, pero sólo uno que haya forjado vínculos de comunidad tendrá longevidad.

Algo muy importante para King es la selección del personal. Sort explica que, antes que habilidades técnicas o experiencia, buscan personas que valoren el conocimiento. «A la gente que aprecia el conocimiento le gusta aprender. Estará abierta a la formación y podrá progresar en su carrera», resume. Un 30% de los empleados del estudio de King en Barcelona no había desarrollado un juego antes de que los contratasen, «y ahora han hecho dos de los más importantes del mundo», añade Sort. Además, en palabras de Canudas, «King apuesta por abrir el perfil de sus trabajadores para adquirir nuevas habilidades y formas de trabajar». Él mismo, formado como ingeniero de caminos pero aficionado desde siempre a los videojuegos, es un ejemplo de esta visión.