La imagen que presenta la prensa atlantista sobre los acontecimientos en Lugansk y Donetsk no tiene en cuenta los reclamos de la población local. El problema fundamental es que lo que allí sucede no es un simple levantamiento contra el poder de Kiev sino la expresión y consolidación de un ideal bien definido. Conocedor de esa región por haberla recorrido desde hace 40 años, Alain Benajam explica aquí los símbolos del nuevo Estado que se define a sí mismo como «Novorossia».

¿Qué es la «Novorossia»?
La bandera de la Unión de Repúblicas Populares de Nueva Rusia (Novorossia)


La «Novorossia», cuya denominación exacta sería «Unión de Repúblicas Populares de Novorossia» o más bien «Unión de Repúblicas Populares de Nueva Rusia», acaba de hacer su entrada entre los Estados constituidos democráticamente y, aunque no ha recibido el reconocimiento de la comunidad internacional, existe y funciona. Y la existencia misma de esta «Unión de Repúblicas Populares de Nueva Rusia» ya constituye de por sí una pequeña revolución. Veamos por qué.

Cada uno de los términos y símbolos con los que se identifica esta Nueva Rusia han sido cuidadosamente seleccionados y revisten un profundo significado.

La nueva Rusia, o Novorossia, se define como rusa por su cultura e idioma. Pero no reclama integrarse a la Federación Rusa. La Federación Rusa es un Estado federal multiétnico que se extiende desde el Mar Báltico hasta el Océano Pacífico y al que pertenecen un gran número de repúblicas autónomas y pueblos que no son de cultura rusa.

¿Cómo se define la pertenencia nacional?


Las fronteras de los Estados son fruto de la Historia y de sus conflictos y no siempre tienen en cuenta las fronteras culturales y lingüísticas. Los Estados modernos se definen por elementos que no son necesariamente la etnia y la cultura. Si bien la etnia es imprecisa y solamente puede describir pueblos aislados como grupos tribales, la cultura define esencialmente una comunidad por su lengua y sus referencias históricas. Por su parte, el Estado moderno se define por un territorio limitado por fronteras reconocidas mutua e internacionalmente. El primer tratado de reconocimiento mutuo de fronteras fue la célebre Paz de Westfalia, firmada en 1648 como resultado de la terrible guerra de 30 años que devastó Europa. Cada Estado internacionalmente reconocidos aplica en su territorio una serie de leyes y un derecho específico. La definición del Estado moderno está vinculada a la definición de nación. Hoy hablamos de Estado-Nación, lo cual indica que la pertenencia a una nación se define únicamente a través de la legalidad.

La pertenencia a un espacio cultural y lingüístico y la pertenencia a un Estado Nación están hoy perfectamente delimitadas. Numerosos Estados integran poblaciones con diferentes lenguas y culturas. En Europa, se hallan en ese caso países como Suiza, Bélgica, España, el Reino Unido y Finlandia. En África y en el Oriente, los colonizadores modelaron Estados sin tener en cuenta las diferencias históricas y culturales entre las poblaciones pero estas aceptaron las fronteras legalizadas, y todos se atienen a ellas, creando así nuevas naciones calcadas sobre nuevos Estados.

Poblaciones que se caracterizan por una misma cultura y una misma lengua también pueden conformar Estados diferentes, como la República Francesa y la provincia de Quebec, perteneciente esta última al Estado federal canadiense. Los pueblos anglófonos de origen europeo emparentados con el antiguo imperio británico hoy forman varios Estados diferentes, como Estados Unidos, Australia y Nueva Zelanda. Lo mismo sucede en el mundo hispánico con Latinoamérica. Y Alemania estuvo dividida durante años en dos Estados diferentes.

Pero la existencia de Estados mutuamente reconocidos por la comunidad internacional no significa que los pueblos lleguen a reconocerse nacionalmente en Estados que los ignoran en el plano cultural y lingüístico. Por ejemplo, numerosos pueblos colonizados por otros Estados han luchado duramente para tener la posibilidad de formar un Estado autónomo, como Argelia, que luchó por separarse de Francia. Durante la postguerra, la Carta de la ONU definió el derecho a la autodeterminación de los pueblos que quieren convertirse en Estados independientes, generalmente a través de un referéndum. Ese derecho de los pueblos a disponer de sí mismos, proclamado y defendido por Charles De Gaulle, es un importante aspecto del derecho internacional. Ello implica que ningún Estado-Nación reconocido por la comunidad internacional tiene una composición definitiva sino que está constantemente sometido a la voluntad de quienes forman parte de él.

Volviendo a la Nueva Rusia, estamos efectivamente ante un nuevo Estado ruso. A pesar de ser culturalmente ruso, se define legalmente como un Estado que no es la Federación Rusa. Por ejemplo, si la provincia canadiense de Quebec lograse la independencia formando un nuevo Estado francés, hablaríamos entonces de «Nueva Francia».

¿Qué significa «República Popular»?


La Nueva Rusia, o Novorossia, es un Estado federal conformado por Repúblicas Populares. Por el momento, y temporalmente, no cuenta más que dos Repúblicas: la República Popular de Donetsk y la República Popular de Lugansk, cuyos límites siguen siendo los de los antiguos oblast ucranianos así denominados. La Nueva Rusia tendrá por vocación reunir en el marco de una autodeterminación los demás oblast de la ex Ucrania que decidan democráticamente –mediante referéndum– constituirse en Repúblicas Populares e incorporarse a la Unión de Repúblicas de la Nueva Rusia.

Recordemos que la ex Ucrania fue desde siempre una provincia rusa. Es incluso el lugar donde se fundó Rusia –la Rus. Esa ex Ucrania fue arbitrariamente delimitada por la URSS, sin que mediase nunca algún tipo de consulta con toda la diversidad de poblaciones que vivían en esa región. Hoy en día, ya que estamos en tiempos de democracia, el hecho de organizar algún tipo de consulta para que los diferentes pueblos que componen ese Estado artificial y reciente expresen su deseo resulta perfectamente adecuado y conforme al derecho internacional.

Los fundadores de las Repúblicas Populares de Donetsk y Lugansk insisten en el término «popular». Esa definición corresponde a la utilizada históricamente por Estados que formaron parte de la esfera soviética después de la Segunda Guerra Mundial, Estados que se definían como constructores del socialismo. El socialismo, según su definición marxista-leninista, se rige por la propiedad social de los medios de producción y de intercambio. También según la misma definición marxista-leninista, el socialismo y el comunismo son sistemas completamente diferentes ya que en el comunismo, descrito en el Manifiesto Comunista de Marx y Engels en 1848, ya no existe la propiedad y, por lo tanto, no existe la propiedad social, no existe el Estado, no existen masas asalariadas. El uso del término «comunista» para describir aquellos Estados proviene de la propaganda estadounidense. De hecho, hasta el día de hoy ningún Estado se ha proclamado comunista.

En la conferencia de prensa que ofreció vía Skype el sábado 6 de septiembre, Pavel Gubarev –uno de los iniciadores de la República Popular de Donetsk y ex gobernador «popular», dejó en claro que ha terminado el reino de los oligarcas en Novorossia y que esta cumpliría así uno de los principales reclamos de Maidan.

¿Quiénes son los llamados oligarcas que se ceban en Ucrania, Rusia y en otros de los países que abandonaron la vía del socialismo? Son en su mayoría ex «apparatchiks» surgidos de la nomenklatura de los Estados anteriores, pero también hay entre ellos criminales mafiosos que adquirieron las industrias estatales por la fuerza e ilegalmente haciéndose así inmensamente ricos. Rusia ha frenado un poco ese fenómeno y los oligarcas que habían puesto en peligro el Estado ruso en tiempos de Boris Yeltsin han sido puestos bajo control por Vladimir Putin, encarcelando a algunos y sometiendo a otros. En Ucrania, el fenómeno de los llamados oligarcas resultó particularmente devastador. Unos pocos individuos acumularon fortunas inmensas mientras que el pueblo se empobrecía. Ucrania se convirtió el país de Europa que tenía los salarios más bajos (incluso más bajos que en China).

El término «popular» no significa un regreso a los tiempos de la URSS, donde toda la actividad económica se hallaba en manos del Estado. Lo que significa es que las grandes industrias, como el sector de la energía, la industria pesada y la importante industria del armamento, estarán bajo control del pueblo en los nuevos Estados federales. La Unión de Repúblicas Populares de Nueva Rusia no tiene intenciones de convertirse en una nueva URSS, considerada antidemocrática bajo el control de un partido único, pero sí reconoce ciertos aspectos positivos de la URSS, país donde todos y cada uno de los ciudadanos tenía derecho a la salud, a la vivienda y al empleo.

La divisa y la bandera de Novorossia


Por cierto, la divisa de la Unión de Repúblicas Populares de la Nueva Rusia es «Libertad y Trabajo», lo cual evidencia la voluntad de garantizar la libertad de cada ciudadano y de favorecer a los trabajadores y no a los oligarcas.

Estos valores de Libertad y Trabajo están representados en su bandera, donde se combinan la bandera roja de los trabajadores, la de la Comuna de París, el mausoleo donde reposa Lenin y la cruz de San Andrés. Este santo es el patrón de Rusia por ser el fundador de la Iglesia de Constantinopla, que dio origen a la evangelización de esa nación, y está representado por una bandera blanca que porta una cruz azul –la llamada cruz de San Andrés, recuerda el suplicio del santo.

Aunque no es obligatorio, esa bandera también puede llevar el escudo de armas de la Novorossia. En él aparece el águila bicéfala que simboliza las antiguas monarquías eslavas, pero coronada por un elemento de albañilería de aspecto industrial, lo cual indica el carácter eslavo y ruso de la Nueva Rusia. En el centro del escudo figura un cosaco, para recordar que esta región es también el país de los cosacos. Bajo la garra izquierda del águila puede verse un martillo, que representa a los trabajadores de la metalurgia. Bajo la garra derecha puede verse un ancla ya que la Nueva Rusia incluye el puerto marítimo de Mariupol, en el Mar de Azov, con acceso al Mar Negro a través del estrecho de Kerch. En su garra derecha, el águila bicéfala encierra una espiga de trigo, símbolo de la paz, y en la garra izquierda un haz de flechas, símbolo de la guerra, simbolizando así que la Nueva Rusia aspira a vivir en paz pero que sabrá defenderse, como ya lo ha demostrado. Encima de la corona figura una banderola en la que puede leerse la palabra «Novorossia» en caracteres cirílicos. Bajo el águila aparece, en ruso, la divisa «Trabajo y Libertad».

El sincretismo de los valores de Novorossia


La bandera de la Unión de Repúblicas Populares de Nueva Rusia contiene así un sincretismo en el que se expresan ciertos valores.

· El valor del trabajo, de los trabajadores y de sus organizaciones políticas pasadas y presentes que se plantean como objetivo liberar el mundo del sistema capitalista, valor simbolizado por la bandera roja.

· Los valores tradicionales e históricos, representados por la cruz de San Andrés, defendidos por el pueblo ruso, que no puede vivir sin ellos.

· El valor de la historia, marcada por el cristianismo ortodoxo pero también por el recuerdo de los encarnizados combates de la Gran Guerra Patria contra el nazismo y sus colaboradores ucranianos encabezados por Stepan Bandera. Esas luchas contra el fascismo ucraniano y el nazismo alemán están representadas por la cinta de San Jorge, símbolo del inmenso sacrificio realizado por el pueblo ruso para salvar la madre patria. Hoy portan la cinta de San Jorge los soldados de la Novorossia que luchan contra la junta de Kiev, que llegó al poder aupada por Estados Unidos como resultado de un golpe de Estado particularmente sangriento. Ese golpe de Estado utilizó grupos y partidos neonazis como Pravy Sektor y Svoboda, el ex Partido Nacionalsocialista ucraniano. Esos partidos utilizan ostensiblemente símbolos nazis, expresan abiertamente su antisemitismo y, calificando a los rusos como untermenshen (subhumanos), han monopolizado el Estado, a pesar de sus pobres resultados electorales. Sus matones conforman el grueso de los batallones que luchan contra las fuerzas armadas de Novorossia, como el batallón Azov, que se identifica con el mismo emblema que la división SS Das Reich, tristemente célebre en Francia.

estados unidos
Miembros del batallón Azov, creado por el régimen de Kiev, portan una bandera con el símbolo conocido en alemán como Wolfsangel (“gancho para lobos”), utilizado durante la Segunda Guerra Mundial como emblema de la división Das Reich perteneciente a las Waffen SS. Ese mismo símbolo identifica también a la organización ucraniana de extrema derecha Pravy Sektor.


Esos grupos se identifican como nacionalistas cuando en realidad actúan a favor de los intereses de Estados Unidos, una potencia extranjera que no busca ciertamente lo mejor para Ucrania sino que trata de imponer su propio poder económico y político en la región. En vez del calificativo de «nacionalistas», con el que tanto les gusta identificarse, les convendría mejor el de «colaboradores con el enemigo», que en realidad fue el papel que desempeñó su ídolo Stepan Bandera [durante la Segunda Guerra Mundial]. Estos neonazis, violentos, asesinos y racistas, gozan del respaldo público de la élite mediática y política de los países vasallos de la OTAN, los mismos que hace poco condenaban al humorista francés Dieudonné por un gesto que interpretaban ridículamente como un saludo nazi invertido.

La resistancia ante el imperialismo


Lo que caracteriza al pueblo de la Nueva Rusia es precisamente su voluntad de no integrarse al sistema euroatlántico. Sometido a las órdenes de Estados Unidos a través de la OTAN y de la Unión Europea, ese sistema ha demostrado repetidamente su ineficacia así como su nocividad. Las naciones que a él se someten hoy se hunden en la decadencia moral y económica.

En el plano histórico, es la primera vez que un pueblo europeo toma las armas para oponerse a las fuerzas que tratan de integrarlo al sistema que Estados Unidos impone a otros pueblos y en rechazo tanto al sistema económico estadounidense como a sus valores morales.

Ese rechazo categórico es similar al que proclaman un número creciente de franceses y de miembros de diversos pueblos europeos que, ante el desastre económico y social, aspiran a recuperar el control de su propio porvenir.

En esa lucha de los pueblos por recuperar su independencia pierden su significación las nociones de derecha e izquierda. Encontramos así fuerzas políticas que se identifican como de derecha o de izquierda pero que respaldan exactamente de la misma manera el sistema de dependencia de Estados Unidos impone a través de la Unión Europea y de la OTAN. Otras fuerzas, etiquetadas por los medios de prensa como «extremistas» de izquierda o de derecha, militan por el regreso a la independencia. Lo mismo sucede con la sumisión al sistema capitalista, que ha perdido su carácter industrial de antaño y ahora es únicamente de carácter financiero y globalista. Diversas fuerzas políticas, tanto de izquierda como de derecha, se oponen a ese sistema y son, por supuesto, demonizadas por los medios de prensa oficialistas y por toda una prensa ampliamente subvencionada por el Estado.

Si esos medios no ven con buenos ojos la Unión de Repúblicas de Nueva Rusia es porque esta logra precisamente concretar la conexión entre la necesaria revolución anticapitalista, que tiene un evidente carácter de revolución antiglobalización, y la voluntad de los pueblos que quieren recuperar sus especificidades y sus tradiciones yendo así contra la corriente del sistema cultural globalista que no tiene otra cosa que ofrecer a cada ciudadano que algo de hedonismo individual en lugar de los valores provenientes del trabajo, del esfuerzo y del sacrificio.

¿No será entonces esta Unión de Repúblicas Populares de Nueva Rusia un ejemplo para los demás y el inicio de algo nuevo que puede cambiar el mundo?