Y lo que viene será peor: Más estanflación en 2015
La economía argentina vive una intensa estanflación. ¿A quién se le ocurre una inflación anual del 50% y una caída del PBI, en forma simultánea? Lo increíble de todo esto es que la sociedad argentina haya decidido mirar hacia otro lado, confiando en que la situación se revertirá rápidamente. 


Más estanflación en 2015


La economía argentina está actualmente inmersa en una fuerte, generalizada y creciente estanflación. Según el Congreso de la Nación, la inflación asciende a +40.9% interanual en
sept’14. Paralelamente, según el índice PBG E&R el nivel de actividad cerraría el año con una caída promedio del 3.2%; dejando un arrastre estadístico negativo de 2 puntos porcentuales para el próximo año.

Al mismo tiempo, la demanda de dólares aumenta y la caída de reservas se acelera. Si se compara septiembre (US$379 millones) con junio (US$161 millones), la venta de dólares ahorro aumentó un 135% y la cantidad de operaciones creció un 226%. Como contrapartida, se perdieron US$2.100 millones de reservas en los últimos 56 días hábiles.

En síntesis, mes a mes la inflación se acelera, el deterioro del nivel de actividad aumenta, los problemas cambiarios recrudecen y la pérdida de reservas se incrementa.

Sin embargo, la inflación, la contracción del PBI y la caída de reservas son sólo las consecuencias y no el origen de los desequilibrios macro. Es decir, la gente demanda más dólares y las reservas caen porque hay cada vez más desequilibrios. La causalidad no es reversible. Lo mismo sucede con la inflación y la caída del PBI, que se potencian “por culpa” de los crecientes desequilibrios.

En términos médicos, la inflación, el PBI, las reservas y el mercado cambiario son los síntomas de la enfermedad macroeconómica, no sus bacterias.

La mejor toma de decisiones (producción, inversión, ahorro, consumo, exportación, importación) exige saber si la actual dinámica se va a corregir, suavizar o agravar en el futuro.

En este sentido, el futuro de la economía dependerá de las medidas de política económica que aplique el gobierno y de la formación de expectativas de los agentes económicos, que justamente estarán condicionadas por el accionar del Gobierno.

Actualmente, las expectativas del público son la variable más influyente sobre la dinámica de las variables macro. Si el público piensa que va a haber más inflación, terminará habiendo más inflación.

Lo mismo, si la gente considera que el peso se devaluará, el tipo de cambio seguramente terminará devaluándose.

En ambos escenarios habrá más recesión con elevada inflación; o sea estanflación más fuerte.

Justamente, el actual proceso estanflacionario es consecuencia de elementos que se retroalimentan en forma negativa.

Primero y fundamental, la inconsistencia entre la política fiscal, monetaria y cambiaria es el origen de los problemas.

Segundo, durante los últimos años el público hizo un proceso de aprendizaje en materia de expectativas que potencia el resultado estanflacionario de las políticas oficiales.

Tercero y no menor, el gobierno no atiende el importante rol que juegan las expectativas y pareciera no comprender cuál es su mecanismo de formación.

Dado que el gobierno siempre aplicó una política basada en la expansión monetaria y en la estimulación de la demanda agregada, cabe preguntarse: ¿Por qué las políticas expansivas de emisión monetaria generadoras de inflación antes tenían efectos reales (actividad y empleo) y ahora en cambio son recesivas?

En línea con lo que la teoría monetarista, en los primeros años se creció por encima del pleno empleo y se redujo el desempleo porque hubo “sorpresa inflacionaria”. Es decir, se lograron efectos reales (actividad y empleo) a cambio de aceleración inflacionaria (“el famoso un poco de inflación aceita la economía”) porque los agentes económicos formaban incorrectamente sus expectativas de inflación.

En este sentido, se podría argumentar que 10 años de Convertibilidad habían eliminado la memoria inflacionaria.

A partir de los errores en la formación de expectativas de inflación, entre 2003 y 2008 la política monetaria expansiva de fuerte emisión del BCRA logró que la tasa de crecimiento promedio del PBI ascendiera a 8% anual con una aceleración inflacionaria que pasó de 3,7% (2003) a 9,6% (2006) y 22,4% (2008).

No obstante hay que aclarar que en estos modelos en los cuales se fomenta el nivel de actividad a partir de la emisión y la sorpresa inflacionaria, cada vez se necesita más emisión y e inflación para crecer, aunque cada vez esa expansión económica sea menor.

La emisión y la inflación se empinan (aceleran), mientras que la tendencia alcista del nivel de actividad pierde sucesivamente dinamismo. Sin embargo, tal como decía Abraham Lincoln “se puede engañar a poca gente durante mucho tiempo, a muchos durante poco tiempo, pero no a mucha gente durante mucho tiempo”, y así el público fue modificando (learning by doing) y mejorando su mecanismo de formación de expectativas de inflación.

En este sentido, hay un punto de inflexión en 2011/2012 cuando el público cambia su mecanismo de formación de expectativas de inflación, pasando de un modelo de expectativas adaptativas (mirando la inflación pasada) a un modelo de expectativas racionales (mirando los fundamentos económicos).

A diferencia de 2005 / 2008 cuando el BCRA emitía para comprar dólares y acumular reservas, en 2011 / 2012 el BCRA comienza a emitir pesos para financiar al Tesoro (no para comprar dólares) y empieza a perder reservas. Así, el balance del BCRA comienza a deteriorarse, anticipando mayor inflación y devaluación futura; lo cual termina siendo reforzado con la nueva Carta Orgánica del Central (2011) y la institucionalización de la política oficial de
desendeudamiento.

El cambio de paradigma de emisión monetaria del 2011 / 2012 más la creación del cepo conducen al público hacia un proceso de aprendizaje que lo lleva a formar sus expectativas de inflación en forma racional. Es decir, a la hora de prever la inflación (devaluación) futura, los agentes económicos empiezan a tener en cuenta el déficit fiscal, la emisión monetaria, la cantidad de pesos, las reservas del BCRA y los flujos de oferta y demanda de dólares.

El comportamiento racional le permite al público formar sus expectativas de inflación con mayor precisión y en línea con la inflación observada. La “sorpresa inflacionaria” desaparece y la política de emisión monetaria del BCRA, cada vez más fuerte, deja de tener efectos reales positivos sobre la actividad y el empleo y sólo logra acelerar sostenidamente la inflación.

[Los números avalan esta realidad. La tasa de expansión del PBI promedio se ubicaría en torno a 0% en 2012 / 2014 con una contracción en torno al 3% este año.

Paralelamente, la inflación Congreso en términos interanuales pasó de 25.4% (dic’12) a 28.3% (dic’13) a 40.9% (sept’14).

Estamos en estanflación. /size]