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Made In Conurbano: Stand up Villero, llegó para quedarse

Made In Conurbano: Stand up Villero, llegó para quedarse


El stand up villero, la nueva manera de hacer reír que llega desde el Conurbano


humo


Lejos de los monólogos sobre las diferencias entre hombres y mujeres, los dramas de vivir en la Ciudad, la crisis de ser soltero o de sentirse frustrado, a kilómetros de las marquesinas de la avenida Corrientes, un grupo de standaperos arranca carcajadas en bares y fondas del Conurbano. De viernes a domingo, sus relatos van desde los remises truchos, las bailantas, los pibes chorros, la homosexualidad en el barrio hasta los prejuicios sociales. La marginalidad y la violencia son el alimento con el que nutren la mayor parte de sus rutinas. Y el humor negro, su receta para digerirlas.

Damián Quilici, de 33 años, fue el primero en correrse del repertorio tradicional recitado a micrófono abierto. Nacido y criado en Las Tunas -la versión pobre, pobrísima, de Tigre, situada al otro lado del muro de Nordelta- plantó, dos años atrás, el ladrillo inaugural de un stand up barrial, caído del mapa, en carne viva y sin anestesia. El stand up villero.

"Si hay algo que nos distingue a nosotros es la humildad, la humildad y el olor a frigorífico (en Las Tunas hay dos)", dice, parado sobre el escenario, en un bar del centro de la localidad de Pacheco. El público festeja. Un cuerpo rollizo y corto, recubierto por la combinación remera-jean-zapatillas, le alcanza para improvisar un asalto, un diálogo en una esquina o una representación "palermitana" del Conurbano o la villa. "Yo vengo de un barrio tan pobre que a los Wachiturros les decimos chetos", se presenta y agrega: "Mi mamá tiene 11 años más que yo, o sea que cuando cumplió 15 años, yo bailé con ella. ¡Cómo tomé ese día!". Esa -aclara- es su manera de retratar el embarazo adolescente en su barrio.

Yo vengo de un barrio tan pobre que a los Wachiturros les decimos chetos", se presenta Damián Quilici (33), uno de los precursores de este fenómeno.


Una noche de 2012 fue clave para acercarlo a ese estilo de comedia, que nació en Estados Unidos en la década del '20 y se transformó en un fenómeno de consumo hacia finales de los '70 y principios de los '80, gracias a las rutinas de Jerry Seinfeld, Steve Martin, Robin Williams, entre otros. Damián caminaba por la avenida Corrientes. Paseaba, miraba, no tenía demasiado para hacer. Estaba de licencia en su trabajo y, aburrido, entró a ver un show de stand up.

Después de dos horas de espectáculo, salió con una decisión. Llegó a su casa a la madrugada, prendió la computadora y, excitado, devoró decenas de videos de monologuistas y se inscribió en el primer curso que encontró en Internet. "En la primera clase nos dijeron que empezáramos a armar una rutina sobre nosotros. Yo escuchaba, quería participar pero al mismo tiempo veía que mis compañeros eran muy diferentes. Había actores, secretarias, administradores de empresas, estudiantes de publicidad... '¿Qué hago acá?', pensaba". Lo que Damián tenía para contar era ajeno a la cotidianidad del resto. A pesar de las diferencias, sus experiencias "exóticas" gustaron en el grupo. Le pidieron más material. Antes de terminar el taller, se estaba subiendo a un escenario y, al hacerlo, dejó en forma definitiva su trabajo de envasador de papas fritas en una multinacional, en zona Norte. Hoy vive del stand up, con al menos cuatro shows por semana, distribuidos en distintos puntos del Gran Buenos Aires, en el barrio porteño de Congreso y en el complejo teatral Paseo la Plaza. También participa de un documental que está filmando Jorge Croce sobre el tema.

No es el único en Las Tunas entusiasmado con la experiencia de plantarse cara a cara frente al público. En febrero Jony Pérez se convirtió en otro de los referentes del humor marginal bonaerense. Antes de animarse a encabezar un monólogo, era un fanático del stand up de Fernando Sanjiao, Peto Menahem y Sebastián Wainraich. Estudiar -cuenta- le dio la seguridad que le faltaba. En la actualidad, trabaja de 9 a 18 en un call center y a la noche estudia cine en la Academia Leonardo Favio. La producción de los textos está concentrada a sus momentos libres. Un banco de una plaza o un asiento en el colectivo son, en los últimos meses, sus espacios dedicados a la escritura.

Jony tiene 23 años, poco tiempo y muchas responsabilidades. Vive en una casa humilde junto a su mamá y un hermano más chico, en un terreno también compartido con otros familiares. Las escenas de su infancia en las que su madre, Claudia, volvía de trabajar indignada por una actitud "de la patrona", son una usina para sus crónicas del desencanto. "Mi vieja es empleada doméstica. Los ricos son buena gente, jamás le hicieron faltar el trabajo, hasta los domingos la hacen ir. Los ricos son solidarios. A mi mamá le dicen: 'Clau, está carne está hace mucho tiempo, no se la des al perro, mejor llevátela vos'", ironiza en sus líneas. Dice que reír es su forma de liberar la bronca que algunas veces le despierta el lugar que le toca, aunque de inmediato desdramatiza: "Soy negro, pobre y gay. Dios me está castigando".

Mi vieja es empleada doméstica. Los ricos son buena gente, jamás le hicieron faltar el trabajo, hasta los domingos la hacen ir", ironiza en sus shows Jony Pérez (23).


La llegada de jóvenes como Jony al stand up también se está produciendo a través de talleres autogestivos de escritura, en los que chicos de zonas marginales asisten a centros culturales y educativos a aprender la técnica. Ese es el caso de Adán Miranda, Oscar Barboza y Sabrina Yañez. Tres adolescentes de entre 17 y 18 años de La Cava, en San Isidro, que desde hace un año trabajan junto al actor Tomás Cutler, quien les enseña a la estructura básica del humor, el modo de presentarse ante el público y qué contenidos son ricos para emplear en un monólogo.

"Mi nombre es Oscar y soy de La Cava. Ya sé que están pensando que somos todos chorros. Pero no es así, no son todos chorros. Hay pungas, mecheros, transas, secuestradores, piratas del asfalto, motochorros y roballantas. Hay muchos mitos acerca de mi barrio. Por ejemplo, piensan que porque estoy colgado de la luz no la quiero pagar. Pero no es así. Acá nadie se anima a pasar a cobrarla. Otro mito dice que acá somos todos ignorantes pero vas caminando por el barrio y todos te saludan, nadie te ignora. En mi barrio no se roba, sólo encuentran tus cosas antes que las pierdas", termina Oscar y sonríe, tímido. El resto también sonríe tímido, en una mezcla de culpa y placer por reírse de una situación incorrecta.


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6 comentarios - Made In Conurbano: Stand up Villero, llegó para quedarse

@ALTAlR Ayer -3
típico de villa aires puros negritos cabezas de termo
@OrionBatman Ayer +4
vivis en un country?
@Paulo_Vilouta Ayer +7
@OrionBatman debe ser un negrito mexicano.
@Alan_El_Bello Ayer +1
jajajja.. andá a comer gatos, resentido!
@megak_0 Ayer
"Mi mamá tiene 11 años más que yo, o sea que cuando cumplió 15 años, yo bailé con ella. ¡Cómo tomé ese día!". Esa -aclara- es su manera de retratar el embarazo adolescente en su barrio.

esta buena esa
@SaGgaSsa Ayer +1
bueno, otra forma de robar, hacer stand up
@beboberaza Ayer +2
el stand up latino no puede ser mas malo....es youtube hay stand up como la gente y por lo general yanky italiano etc