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Chano: "El amor tiene límites y condiciones"

"El amor tiene límites y condiciones"


Chano Moreno Charpentier
El líder de Tan Biónica habla a flor de piel de sus obsesiones y del amor. Entre el éxito y el dolor, por la muerte de su padre y de su abuelo, junto con su separación de Celeste Cid, compuso Hola Mundo, el introspectivo disco que viene y que adelantarán mañana en el Hipódromo de Palermo.


Chano: "El amor tiene límites y condiciones"


Intensidad o nada. Obsesiones que lo consumen y una batalla eterna contra una personalidad adicta a todo, devorando corazones propios y ajenos. Las canciones nacidas del desamor y las ausencias. La búsqueda del romance definitivo. Una voz que habla de la muerte. Mundos nuevos que se abren. El amor incondicional marcado con sangre. De todo esto, sin filtro, hablan las palabras urgentes de Chano Moreno Charpentier, que custodia con las canciones de Hola mundo, su futuro trabajo, el ex estudio de Gustavo Cerati en Vicente López. Por ahí también está su alter ego, Bambi, el hermano menor, ingeniero musical de Tan Biónica. Su racionalidad, su raíz y su sustento. La persona que más ama en el mundo. Junto con sus compañeros, Diego Lichtenstein y Sebastián Seoane, preparan la fiesta de mañana en el Hipódromo de Palermo para el cierre del Tour Destinológico, que los llevó viajar con su música hasta México.

“Se trata de conectarse con la humildad y salir a ganarse a la gente de vuelta con el partido 2 a 1 abajo. Ponerse ese chip, contar nuestra historia y conectar otra vez con el pasado. No como acá, que es mucho más desbordante todo y que aunque salgas y se esuche mal vas a tener una ovación y va a estar todo bien. Vaya a saber uno qué querrá decirnos la vida, o Dios, con estas cosas. Lo hacemos", arranca Chano.

¿Cómo repercutió el éxito en tu cabeza? ¿Te motiva, te da miedo?

Lo disfruto, alguna vez me pasó de bajar de un show para 100 mil personas y decir "esto ya es mucho para una sola persona". Mucho stress, mucha locura, es casi antinatural subir a un lugar y que todo el mundo esté gritando, cantando las canciones. Es espectacular, es una sensación incomparable, pero no puedo decir que sea del todo sana. Sí puedo decir que es increíble. La cabeza te queda rarísima después de eso. Bajás y te vas solo para tu barrio caminando de noche. A veces me pasa que quedo rebotando en una habitación de hotel solo y me pregunto qué hacer conmigo mismo después de recibir tanto. Ahí es donde uno empieza a lidiar con la vida, con ese cliché de que hay que saber bajarse del personaje, del show. Yo digo que no sé lo que es bajarse del personaje porque yo no hago un personaje: mi vida es así. Cuando ves algo excéntrico o delirante, es porque yo soy así. Llevo al escenario lo mismo que llevo a la vida. Lo que yo tenga bueno y malo en la vida va a aparecer ahí. Si uno es artísticamente honesto terminan dejándose ver los defectos de carácter como también las cosas copadas que uno tiene.


Hace años que venís luchando contra las adicciones, ¿cómo juega toda esa presión?

Es una condición que, lamentablemente, nace con uno. Yo tengo dificultades para relacionarme con cualquier cosa que consuma. No sólo con las drogas. Tengo dificultades con la comida, con la bebida, con el ejercicio físico, o con lo que haya que hacer. Es una condición que nació conmigo y que me provoca tener dificultades para relacionarme con situaciones, cosas, lugares y personas. Muchas veces, las personas entienden que hay una sustancia que provoca la adicción o que uno es el adicto y se relaciona de una manera adictiva con todas las cosas. Yo me he encontrado muchas veces, sin drogarme, viviendo de la misma manera. Cuando uno no se da cuenta, no se revisa, no se trata o analiza, termina poniendo en el lugar de la droga a una persona, y termina consumiéndola, sacándole todo el jugo, no dándole nada y deshaciéndose como si fuese una cosa. O teniendo una dependencia hacia una persona o una cosa. Son todas rutinas obsesivas. En una parte mental tiene que ver con la obsesión, es un patrón que yo identifico siempre. Yo me obsesiono con las cosas, y la obsesión es una bola que crece y crece hasta que no te deja ver, ocupa todo tu campo de visión, y no podés ver nada más allá de tu obsesión. Con el tiempo aprendés a reconocer cuando estás quedando atrapado en circuitos obsesivos. Y después está la parte compulsiva. Yo sé que hay cosas que no puedo hacer, porque no sé cuándo paro. Mi cerebro está preparado, tiene una anatomía diferente al de otras personas.





¿Sacás algo bueno de todo esto?

Para mí las drogas le hicieron muy bien al mundo en los '60, cuando las chicas tenían la pollera por los tobillos, y no votaban, y los tipos andaban con el pelo engominado. Sirvió para descontracturar, para que llegue la minifalda, los colores, las pepas, los ácidos, Woodstock, oponerse a las guerras, pensar diferente... Pero como todo, en exceso, es malo. Le puede venir bien a una persona salir y tener una noche gloriosa, pero si lo empezás a hacer mucho empezás a fisurar. Yo creo que el mundo está fisurando las drogas en este momento. Así vemos a nuestros ídolos de los '60, que participaron de esa transformación, están quemados todos. O muertos.

Es un asunto a temer, los placeres, porque si son cosa cotidiana, un día ya no tienen gusto a nada.

Totalmente. Pienso igual. Yo no puedo estar en constante aceptación de mi deseo. Es más, tengo que regularlo. Generalmente mi deseo es contrario a lo que a mí me conviene. Si te digo qué deseo ahora, te diría que quiero desnudarme y emborracharme acá... Uno no puede hacer todo lo que desea, tal vez puede sentirse poco libre, pero es al contrario. Si yo obedezco a mi impulso no voy a estar siendo libre, sino preso de ese deseo. Y mi deseo también es estar acá charlando, haciendo entrevistas. Tal vez es más aburrido que lo que tenés ganas de hacer, pero para mí la libertad es eso, encontrar los límites. Como en el amor. El amor no es incondicional, eso es una pavada. ¿Si yo me tiro de un avión, vos te tenés que tirar atrás mío pase lo que pase para estar juntos? No, el amor tiene límites y condiciones.





¿Cuál sería tu consejo?

Yo sólo puedo recomendar. Creo que todo el mundo tiene que hacer su experiencia, pero nunca voy a decirle a un pibe que escucha Tan Biónica que a mí eso siempre me hizo bien porque me hizo muy mal. Y creo que zafé de estar muerto. Le pegué en el palo varias veces. No hace falta perder un brazo para darte cuenta de que no podés boludear con la mano. La ciencia no tiene una respuesta para decirte si te vas a hacer adicto o no. Me lo dijo Bambi cuando me interné la primera vez: "Si vos te ponés bien ganamos el Mundial". Y, después, hicimos la canción. Siempre lo cuento, porque muchas veces tengo ganas de volver y tirar todo a la mierda. Pero yo elijo esto, lo sostengo, ya no tengo excusas. Cuando dejé las drogas pensé que estaba buenísimo, porque no drogarse un día son cien mil problemas menos, pero temía que el sexo nunca iba a estar tan bueno como esas noches de lujuria total. Y después estuvo tan bueno y mejor. O que hacer un show y componer nunca iba a ser lo mismo, y después fueron mejores las canciones porque hay menos ruido entre vos y la conexión con tus emociones. Lo único que puedo decir, para no convertirme en un pastor, es que cada uno tiene que hacer su experiencia. Hay dos personas que me salvaron la vida: son Walter Caviglia y Celeste Jerez, que saben hacer parar a un adicto. Celeste es como mi guía espiritual, ella me decía: "Chano, si a vos te digo te voy a dar la mejor droga del mundo, la que mejor pega, pero te la tomás hoy y te pega la semana que viene. Me vas a decir dame la que sea que me pegue ahora". Así piensa el adicto. Como pensaba Luca Prodan: "No sé lo que quiero, pero lo quiero ya".





¿Al final la mejor droga sigue siendo el amor?

Yo creo que sí. El amor es lo contrario a la muerte. Los pocos momentos en que me olvido que la muerte está todo el tiempo acechándome y diciéndome "te vas a morir", son esos. Se puede morir cualquiera...





¿Te pasa eso?

Me pasa mucho.





¿Tendrá que ver con la muerte de tu viejo?

Con lo de mi viejo puede ser, con lo de mi abuelo también. Mi viejo nunca estuvo muy presente. Mi abuelo fue el que estuvo siempre. Y los dos se murieron muy de golpe.





¿Te pasaba desde antes?

No, antes no tenía miedo de la muerte, ahora sí. También me pasa con el lugar que ocupo. Es raro hablar de idolatría, pero existe y es un lugar que hoy en día yo tengo. Y ves cómo se mueren los ídolos, que generalmente se mueren rápido. Hay gente que dice que resucitan en sus obras...¡A mí qué me importa resucitar en mis obras, yo quiero ir a tomar un café a la esquina! No quiero resucitar y que me recuerden y se canten mis canciones. Quiero estar vivo tomando café. Invitando alguna chica a salir.




¿Cómo se manifestaba ese miedo?

Me persigue muchísimo ese miedo. Una voz que dice: "Se van a morir las personas que amás". Se pueden morir en cualquier momento, eso me mata. Lo único en la vida que no me hace pensar en eso es el amor, que también es parecido a las drogas. Oski Righi (Bersuit), nuestro productor del disco anterior, tiene una canción que dice "no hay que tomar decisiones enamorado". Y claro, es muy parecido a estar bajo el efecto narcótico. Uno ve la vida de una forma diferente, todo cobra otro sentido. Esa silla inmunda puede ser linda. Pero, a su vez, es un efecto efímero. Dolina tiene un cuento que habla de una isla que es atravesada por dos ríos. Sobre una de las orillas crece el fruto del dolor, y si uno lo come padece una pena perpetua. En la otra orilla está el fruto de la alegría, que si uno lo come se pone muy feliz, pero es efímero. El cuento termina con un navegante inglés, que llega y dice que esa propiedad no está en los frutos, sino en los hombres. Es así, cuando tenemos una pena creemos que va a durar para siempre. Y cuando se trata de un momento de felicidad estamos pensando en cuándo se va acabar. O cuando estás enamorado, o en el proceso de enamoramiento con una chica, y te querés hacer el boludo pero sabés que en cuatro meses se termina. O cuando uno se vuelve a enamorar, que siempre tiene la esperanza de que ese efecto se prolongue para siempre. Porque el amor tiene ese upgrade, que hace que creamos que la próxima va a ser la definitiva.






¿Estás buscando amores largos?

Sí, tengo ganas de encontrar el último amor.






¿Cuántas veces te pasó?

Varias veces. Tres o cuatro veces en la vida me pasó eso de no pensar en la muerte, de querer compartirlo todo. El amor hace que uno pierda algunos vicios horribles, como el egoísmo o patrones de conducta que uno identifica y se rompen mágicamente. Los tímidos se comportan como extrovertidos, los egoístas más generosos. El amor tiene algo maravilloso, y por eso creemos que dura lo que dura. Poco, o es efímero.






Hay amor para siempre. Te pasa cuando ves una pareja de abuelos que llevan años juntos y todavía lo tienen.

Antes de que muriera mi abuelo fuimos a tocar al programa de Lanata. Yo lo había ido a ver el día anterior y ya no lo vi más. Le conté que iba a ir al programa, y justo vino el médico. Estaba para morirse en cualquier momento, y le dijo al doctor: "Sólo le pido una cosa, que me haga durar un día más que Marta", que es mi abuela, para no hacerla sufrir. Fue una de las cosas más románticas que escuché en mi vida.





¿Por qué hicieron un tema para tu papá en el disco que viene?

Es una canción que se llama Yo no me atreví a sugerirte que te mueras. Mi viejo tenía un cáncer terminal, avanzado, tuvimos poca relación. El me llamó en un momento, en plena explosión de Tan Biónica, y empezó a acercarse a nosotros por algún motivo. Vivía en España. Siempre tuvimos distancia con él, nunca vivimos con él. Se separó de mi vieja cuando yo tenía ocho años, y no recuerdo o recuerdo un contacto pero no muy fluído. Cuando se confirmó su enfermedad el oncólogo me dijo que tenía seis meses de vida. Mi viejo no quería saber qué era lo que tenía, y el paciente tiene derecho a saber tanto como a no saber. Lo acompañé en ese proceso, casi de locura porque el cáncer era en la cabeza, y pude recomponer algo. Tuvimos una relación de un año para putearnos, querernos, abrazarnos.





¿Te encontraste en él?

Un montón. Aprendí muchos trucos de mi viejo, era una persona que tenía cierta megalomanía. Yo muchas veces le pregunto al psicólogo por qué para ser feliz tengo que subirme como un payaso arriba de un escenario a que me aplaudan. Y mi viejo era una persona muy emprendedora, tenía sueños muy grandes. Me costó entender el final de su vida, ya estaba medio loco. Al final decía que era un Transformer. Yo lo recuerdo con mucho amor. En la biblioteca de mi casa todavía no pude poner fotos de él, pero tengo un par de Transformers.


Comentarios Destacados

5 comentarios - Chano: "El amor tiene límites y condiciones"

@Tsukasa +7
¿El Rey del heavy metal necesita tener una pareja? Imagino que debe ser Lilith.