Científicos descubren el infierno


1989. Mourmansk, Península de Kola. Un grupo de científicos perforan el subsuelo siberiano en un estudio de las placas responsables de los terremotos.
Se utiliza un sensor de vibraciones conectado a un registro de superficie y la columna de perforacíón, al llegar a 15 km de profundidad comienza a girar libremente al dar, suponen, con una caverna. Un micrófono desciende por la placa litosférica y comienza a emitir gritos de voces humanas aullando de dolor, agudas y penetrantes, y otras incontables en un segundo plano. Se revisa inútilmente un posible fallo técnico y la mitad del equipo se da de baja aterrorizado. Dimitri Azzakov declaró al diario finlandés Ammenusastia (1990) y más tarde en MM Digest (Dallas, EEUU) que como comunista no creía en Dios ni en la Biblia pero como científico creía en el Averno. Sobre la foto del grupo apareció el siguiente titular: "Researchers record the screams of the damned" (graban los gritos de los condenados). Reconoció que el descubrimiento fue un terrile impacto: "Estamos absolutamente seguros de que llegamos hasta la bóveda del Averno". El equipo fue despedido por unas autoridades soviéticas, ciertamente asustadas y el Ministerio de Asuntos Religiosos les ofreció una buena suma a cambio de su silencio. El sismólogo noruego, Bjarne Nummedal, entregó el precio del soborno a obras de caridad nada más llegar a su país.


Escuche las voces en youtube:

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