¿Alfonsín era masón?

El fallecido ex presidente Raúl Alfonsín pasó a integrar, desde el martes 31 de marzo a las 20:30, una larga lista de ex jefes de Estado de la Argentina cuya pertenencia a la Masonería está teñida de misterio, dudas y versiones contradictorias.

La muerte del principal arquitecto de la democracia recuperada tras la dictadura militar generó una serie de adhesiones y de mensajes de condolencias que poblaron los medios de comunicación y las páginas de internet oficiales de diferentes instituciones.

La Gran Logia de la Argentina de Libres y Aceptados Masones y el Supremo Consejo de Grado 33 fue una de las que se sumaron desde el primer minuto, pero sin aclarar si Raúl Alfonsín formaba parte de una de las entidades más antiguas y más herméticas no sólo de la Argentina, sino quizá, del mundo.

En el diario La Nación, las instituciones emitieron su mensaje de solidaridad y dolor por la muerte del gran demócrata, con palabras que eludieron las definiciones sobre la existencia de un vínculo. Con las palabras del Gran Maestre Ángel Jorge Clavero, el misterio no se despejó. De hecho, en el sitio oficial de la organización las palabras son las siguientes:

"La Gran Logia de la Argentina de Libres y Aceptados Masones y el Supremo Consejo de Grado 33 para la República Argentina desean hacer transmitir su dolor ante el fallecimiento del Dr. Raúl Ricardo Alfonsín."

"El Dr. Alfonsín fue, sin lugar a dudas, el padre de la democracia moderna en la Argentina. Le tocó gobernar en medio de circunstancias difíciles para el país, con la responsabilidad de reconstruir la República, arrasada moral y materialmente luego de una feroz dictadura militar".

"Su fe y su convicción republicana siempre se manifestaron a favor de la defensa de la Constitución Nacional, los derechos humanos y el respeto por las instituciones".

"Desde sus palabras y acciones apeló en forma infatigable a la unión nacional, a la fraternidad y la solidaridad entre los argentinos".

"La Masonería Argentina está de luto y se une en el sentimiento que hoy inunda a todos los ciudadanos de nuestro país."

La situación de Raúl Alfonsín no es muy distinta a la que ocurre con el resto de los presidentes de la Argentina, que en vida y durante sus funerales se mantiene en secreto la eventual pertenencia, aunque con guiños más o menos sutiles, y recién años o décadas después se admite oficialmente que eran miembros, en su mayoría de Grado 33, el mayor de esa organización.

La historia más o menos oficial admite que al menos 16 presidentes fueron miembros de esas organizaciones, más allá de la pertenencia de hombres que no llegaron a la primera magistratura pero marcaron a fuego la historia argentina, como el libertador José de San Martín o Manuel Belgrano y casi todos los integrantes de la Primera Junta de Gobierno.

Bernardino Rivadavia, Vicente López y Planes, Justo José de Urquiza, Santiago Derqui, Bartolomé Mitre, Domingo Faustino Sarmiento, Miguel Juárez Celman, Carlos Pellegrini, Manuel Quintana, José Figueroa Alcorta, Roque Sáenz Peña, Victorino de la Plaza, Hipólito Yrigoyen, Agustín Pedro Justo, muchos de los militares que accedieron al poder de facto y, según reconoció en las últimas semanas Licio Gelli, hasta Juan Domingo Perón se sumaron a la logia tipo masónica P2.

Si bien el ingreso a ese tipo de organizaciones no califica positiva o negativamente a un presidente, la permanencia del misterio genera, en algunos casos, sombras tal vez innecesarias o injustificadas.

De acuerdo con el propio sitio oficial de la Gran Logia de la Argentina de Libres y Aceptados Masones, esa organización es una "Sociedad filantrópica, filosófica y progresista. Sus objetivos: la exaltación y el perfeccionamiento de las más elevadas virtudes humanas"

"La Orden asienta sus principios en los ideales de Libertad, Igualdad y Fraternidad; y considera que el hombre puede alcanzar su realización a través de la Ciencia, la Justicia y el Trabajo (trilogía que constituye su lema). Estos ideales, que en el seno de nuestra Institución no sólo se expresan sino que se hacen realidad, fueron los que inspiraron a hombres de todos los tiempos a la hora de enfrentar y combatir regímenes opresores, despóticos o que negaban la dignidad de la condición humana", asegura la Gran Logia.

"Valiéndose de una tradición iniciática compuesta por símbolos y alegorías, el lenguaje masónico trata de operar en lo profundo de la conciencia para sacar a la luz aquellos arquetipos que distinguen a los hombres cabales. De esta forma la Masonería se erige en defensa del progreso de la humanidad, y se manifiesta acérrima enemiga de la ignorancia, el fanatismo y la codicia", concluye.

De todos modos, la Masonería fue varias veces cuestionada y acusada de integrar agrupaciones de hombres cuyo objetivo era únicamente controlar el poder y generar un gobierno universal para usufructo exclusivo de sus miembros y perjuicios de los potenciales sometidos.

Las logias, sobre todo en los últimos años, salieron de ese nivel sombrío y comenzaron a difundir sus actividades y sus opiniones, abandonando el hermetismo extremo. Las entrevistas en medios masivos de comunicación del Gran Maestre Clavero, que en un primer momento parecieron una extravagancia, se convirtieron lentamente en normales. Una tendencia que pareció cambiar con la muerte de Alfonsín, uno de los hombres más reconocidos, apreciados y valorados de la Argentina en los últimos 35 años.

Parece que Alfonsín era masón

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