Aumenta el trabajo en negro: Informe

Seis de cada diez prendas se fabrican de manera ilegal


Aumenta el trabajo en negro: Informe


Es más que en 2004, cuando la relación era 4 de cada 10. Muchas se venden en La Salada.

La polémica feria de La Salada nació en 1991 gracias a un puñado de 100 puestos que vendían productos fabricados por ellos mismos en un reducido predio de Lomas de Zamora. Hoy, en cambio, sus dimensiones explotaron. Abarca tres islas propias: Ocean, Urkupiña y Punta Mogotes que, a su vez, engloban más de 10.000 puestos de venta. Y su operatoria involucraría la complicidad del ámbito político, punteros provinciales y la policía bonaerense y Federal, según los empresarios consultados.

En los tablones, equivalentes a los mostradores de los negocios que operan en blanco, hay de todo un poco: productos electrónicos, ropa para grandes y chicos, DVDs, CDs, calzados, juguetes y cosméticos. No hay un solo probador, ni tickets, ni escaleras mecánicas como en los shoppings. Ahí se compra a ojo y es el reino exclusivo del regateo y del pago en efectivo.

"La Salada es una de las ferias ilegales más grandes de toda América Latina, allí se vende ropa falsificada, se usurpa la propiedad intelectual, se evaden impuestos y se infringen todas las leyes", le dijo a Clarín Oscar Pérez Larumbe, presidente de la CIAI, la cámara que agrupa alos fabricantes de indumentaria de marca.

Para los empresarios que operan en blanco, 6 de cada 10 prendas que se producen en la Argentina se fabrican de manera clandestina; es decir provienen del contrabando, la fabricación en negro o la falsificación de marca. Si bien es dificultoso tener estadísticas sobre un mundo que produce y comercializa clandestinamente, ese cálculo de la CIAI se realizó en base a estadísticas sobre contrataciones en negro, que efectuó el Ministerio de Trabajo. Hace cinco años, en pleno boom del consumo, los cálculos privados estimaban que la relación era de 4 a 10 prendas.

Pero desde la perspectiva de los bolsillos apretados de quienes la visitan, esa feria significa la posibilidad de vestir a una familia con precios más accesibles que los que ofrecen los locales comerciales.

Por ejemplo: una misma zapatilla de lona que en La Salada se vende a 60 pesos; en Avenida Santa Fe no baja de 199 pesos. Un pantalón clásico de jean (de marca trucha) sale 70 pesos en la feria donde se compra a ojo pero al menos 150 pesos en un local con probador. Una remera de algodón para niños se puede conseguir desde 5 pesos mientras que en una casa de marca infantil ese mismo producto cuesta 35 pesos más. Son algunos ejemplos que aportó Alejandro Salvador, apoderado legal de varias marcas de ropa y que constató este diario. La diferencia, según explicó radica en que quien fabrica en negro no paga ningún impuesto ni carga previsional.

Un informe realizado por la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) para Clarín calificó a esa feria como "el principal aportante a un circuito mayorista de comercialización ilegal".

La entidad, que preside Osvaldo Cornide, consideró que en el 2001 el fenómeno "derivó en la creación de 'Saladitas' en todo el país" y advirtió que "si se sigue dejando avanzar, la Argentina se convertirá en el abastecedor de productos truchos al mundo".

El titular de la Cámara de Comercio, Carlos de la Vega, contó que al ir de vacaciones a Misiones descubrió que existían tours de compra a la Salada para la reventa. "Atrás de ese fenónemo hay organizaciones ilegales y clandestinas, se venden mercaderías robadas y de contrabando", sintetizó.

Aunque La Salada sólo funciona los jueves y domingos pone en juego un complejo engranaje económico, social y político. Se calcula que la visitan por mes 400.000 compradores de todo el país, entre minoristas y mayoristas, pero también desocupados que encontraron en la venta puerta a puerta una forma de ganarse la vida.

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Imágenes de los talleres clandestinos, una forma de esclavitud moderna


trabajo en negro


Hay más de 3.000 sólo en la Capital. Allí trabajan hacinados y sin descanso.

Mario tiene 16 años, más que suficientes para saber que no es natural dormir en ese colchón sin sábanas, o que su sueldo, de 700 pesos al mes por 14 horas de trabajo, no justifica ni su agotamiento ni el tener que compartir un baño con los otros 50 bolivianos del taller. Mario se coloca una cámara oculta en la remera y muestra parte de su infierno: un gigantesco galpón con máquinas de coser y cortadoras, el ascensor industrial que lo lleva al sótano para buscar telares y refugiarse en su cama y la oscuridad de una rutina que sólo le da respiro los domingos (ver Clandestinidad...).

Las imágenes, borrosas pero contundentes, fueron tomadas la semana pasada en el interior de un taller de la calle Chivilcoy, en Floresta. Mario registró el lugar con una cámara diminuta que le prestó la Fundación Alameda, una organización que desde hace cuatro años persigue a los talleres clandestinos.

Esta semana la fundación hará la denuncia penal, con la esperanza remota de que los inspectores de la Ciudad no intenten culpar únicamente al capataz del taller, un coreano de poco más de 50 años que, según el relato de Mario, es apenas un empleado más de la cadena de producción.

Sabe Mario, además, que al taller lo suele visitar la Policía, pero jamás baja al sótano donde él vive desde hace un año, cuando llegó de La Paz, Bolivia, por la insistencia de un familiar. "En Buenos Aires hay trabajo", le dijeron. Y aquí llegó.

Se calcula que en todo el país hay entre 150 mil y 200 mil trabajadores textiles informales. Que en la provincia de Buenos Aires hay no menos de 12 mil talleres clandestinos. Y que en la Capital existen entre 3.000 y 3.500, según la estimación de la Defensoría del Pueblo, aunque el Gobierno porteño la relativiza un poco. "Yo calculo que habrá 2.000", dice el subsecretario del Trabajo, Jorge Ginzo.

En lo que todos coinciden es que en muchos casos se trata de trabajo esclavo, hijo de una tradición de la industria textil. El 78 por ciento de los trabajadores textiles está en negro, según reconocen las autoridades del sector. Y la cadena de valor es desproporcionada: al tallerista se le paga un peso por cada prenda que luego puede llegar a venderse a 200 en un shopping.

El drama de los talleres generó alarma social recién el 30 de marzo de 2006, cuando un incendio destruyó el taller de Luis Viale 1269, en Caballito, matando a dos mayores y a cuatro chicos. Pero las cosas no han cambiado demasiado. La Defensoría del Pueblo y la Fundación Alameda reciben tres o cuatro denuncias por semana. La Justicia federal porteña -a cargo del fiscal Carlos Cearras- investiga a cientos de talleres y a 80 primeras marcas, acusadas de ser corresponsables de la "esclavitud".

¿Dónde están los talleres? En Capital se burlan de los controles en los barrios de Floresta, Pompeya, el Once, o en galpones o casas de familia que albergan a 10, 15 o hasta 70 trabajadores en negro, a veces controlados por cámaras de seguridad, otras por la simple mirada del patrón. También en las villas, a donde pocos inspectores se animan a entrar. "En la 1-11-14 hay entre 300 y 500 talleres", advierte Gustavo Vera, de la Alameda.

"Necesitamos que la Justicia federal y el Estado en general intervengan. Hay que ayudar a las víctimas, darles protección a los testigos y apuntarle a las grandes marcas, que son las que hacen la explotación", dice Rodolfo Yanzón, de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre y denunciante permanente de los talleres clandestinos.

Yanzón apunta a las marcas, ya que la "Ley de Trabajo a Domicilio" establece la responsabilidad solidaria de las empresas que tercerizan sus servicios. Las marcas, hasta ahora, han venido esquivando culpas con el argumento de que sólo contratan un servicio.

La firma Kosiuko, una de las denunciadas, aseguró a Clarín que está comprometida "en el saneamiento de la cadena de valor" de la industria (Ver La fábrica...). En marzo pasado, la Defensoría denunció a Kosiuko por un nuevo taller clandestino -esta vez en Pompeya- y puso punto final a una Mesa de trabajo donde empresarios y la Fundación Alameda buscaban soluciones al problema.

Mario Ganola es el especialista de la Defensoría del Pueblo. Según dice, el problema es enorme ya que toda la industria textil se maneja con talleres clandestinos. "Es un sistema de producción ya organizado así, donde una obrera hace 50 camisas por día a un peso cada una, y luego esa misma camisa se vende a 200 pesos".

Para Ganola, no tiene sentido regularizar a los talleres, sino asistir a las víctimas y protegerlas para que puedan denunciar su situación sin temor a quedar en la calle. La mayoría de los talleristas, recuerda, son bolivianos indocumentados, muchos llegados al país por engaño.

Una postura distinta tiene el gobierno porteño. Según Ginzo, el subsecretario de Trabajo, "es importante diferenciar los talleres clandestinos de los informales" y sostiene que en la mayoría de los casos se trata de microemprendimientos de subsistencia. El Gobierno porteño impulsó una ley para regularizar los talleres. Se sancionó hace tres semanas, aunque aún no fue reglamentada. Según el gobierno, hay 100 inspectores listos para hacer el trabajo.

¿Qué hacen la AFIP, la Policía, la Dirección de Aduanas? Poco y nada, según reconocen todos los actores. Tampoco el gremio textil, aunque ahora empezó a colaborar con el Gobierno porteño. Esa falta de presencia del Estado se percibe en cada uno de los talleres. En la calle Chivilcoy, de Floresta, en este momento viven 50 personas. Tres de ellos son menores de edad. Uno se llama Mario y su cámara oculta ya está apagada.

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9 comentarios - Aumenta el trabajo en negro: Informe

@Attack
SilentBob08 dijo:Comentar no cuesta nada!!!

y que se puede decir?? lo venden a bajos precios, no podes pedir mucho, y la policia?? que metan presos a los responsables y dejen a esta gente sin trabajo?
@MrComics
ES ASI FLACO

Despues de la gran REDUCCION DE PERSONAL de fines del 2008 CUANDO TODOS CREIAN QUE EL MUNDO SE HACIA MIERDA(las bolsas del mundo morian como moscas vs raid) las empresas sostenian el aumento del consumo como podian(PORQUE ESO DE QUE LAS BOLSAS SE CAIAN NADA TENIA QUE VER CON LA OFERTA Y LA DEMANDA SOLO ERA UN MONTON DE PELOTUDOS ASUSTADOS) y bueno ahora ya no pueden sostenerse mas y tienen que contratar gente OBVIAMENTE EN NEGRO porque todos siguen especulando boludeces.
@epicglory
MrComics dijo:ES ASI FLACO

Despues de la gran REDUCCION DE PERSONAL de fines del 2008 CUANDO TODOS CREIAN QUE EL MUNDO SE HACIA MIERDA(las bolsas del mundo morian como moscas vs raid) las empresas sostenian el aumento del consumo como podian(PORQUE ESO DE QUE LAS BOLSAS SE CAIAN NADA TENIA QUE VER CON LA OFERTA Y LA DEMANDA SOLO ERA UN MONTON DE PELOTUDOS ASUSTADOS) y bueno ahora ya no pueden sostenerse mas y tienen que contratar gente OBVIAMENTE EN NEGRO porque todos siguen especulando boludeces.

Idem!!!
@Gndlph
Bala en la cabeza a los que contratan gente en negro y listo. Y le mandan a la familia el costo de la bala utilizada.
@atsicroxele
Seis de cada diez prendas se fabrican de manera ilegal


me parece que el porcentaje es mayor, 8 de cada 10 casi seguro

+10 para q se difunda
@josedani
a que se refieren de manera ilegal. Esta nota toma como referencia la feria de la salada les quiero informar que grandes marcas como NIKE construyen sus fabricas en paises del cuarto mundodonde fabrican prendas de modo legal. Cada empleado cobra legalmente apenas para sobrevivir en el dia. es decir 1 dolar al dia o quizas un poco mas. Eso es produccion legal?