Entrevista con Andrés Rivera
Evocación de un sueño perdido
En su nueva novela, Guardia Blanca, Andrés Rivera hace una lectura de la lucha armada en los años setenta. Agudo y apasionado, quiere ponerle el cuerpo a la que considera una derrota.

Por: Alejandra R. Ballester



Su voz de repente trepa, enérgica. Sus respuestas llegan como latigazos o se encienden con ímpetu oratorio. Solo, en el piso 12 de su departamento de Belgrano, pasados los 80 años, Andrés Rivera se parece y mucho a sus personajes. Habla como testigo y protagonista de la historia que le tocó vivir, la de la Argentina de los años 60 y 70 que proyecta su sombra sobre el presente y es tema de su último libro, Guardia blanca. Militantes y asesinos a sueldo, nazis y seres comprometidos con el ideal de una sociedad sin clases, se cruzan y contrastan en sus relatos, en tramas que se remontan en genealogías contradictorias o se reflejan en episodios clave de la historia. Agudo, apasionado, en esta charla con Ñ el escritor fue inflexible en sus juicios sobre el kirchnerismo, irónico sobre Obama, crítico sobre los personajes que condujeron la lucha armada en los años 70. Sin embargo, Andrés Rivera sigue creyendo que la revolución es un sueño eterno.

- En muchos de sus libros usted toma un personaje histórico que en su vejez cavila y reflexiona sobre su tiempo. En su nueva novela, a través del personaje de Pablo Fontán, parece que es usted mismo el que desmenuza nuestra historia reciente.

- En esta novela hay tres personajes, por un lado Pablo Fontán, por otro Rauch y por otro lado Galimba. Fontán viene de otras novelas, es un anciano, con un tono escéptico respecto del mundo que le toca vivir. Y sí, es una regla de la ficción que quien la escribe incluya datos personales, datos físicos y otros propios de su mirada.

- En un personaje como el de Rosas en "El farmer", que no creo que le resulte simpático, ¿también hay cosas suyas?

- Sí, por cierto. Toda la zona oscura, perversa de Rosas, es mía.

- ¿Justo lo peor?

- Sí, claro, qué iba a poner, ¿mis virtudes? Mis virtudes son las de un ciudadano corriente.

- El Galimba de "Guardia Blanca" ¿es Galimberti?

- Sí, no voy a estar ocultándolo.

- Pero esos asesinatos por encargo no son reales...

- No, dejemos espacio a la ficción. Allí él es una suerte de llanero solitario. Los que mataban lo hacían en los grupos de tareas y este canalla lo hacía solo, debía sentir un cierto orgasmo cuando mataba. Creo que la novela abre un interrogante: ¿cuántos Galimbas andan sueltos? ¿Cuántas de las últimas muertes políticas no provienen de la mano de los Galimbas?

- La trayectoria de Galimberti fue de un extremo cinismo: tuvo una empresa de seguridad con Jorge Born.

- La historia que nos dieron a conocer es la de él como uno de los jefes de montoneros. Fue uno de los secuestradores de los hermanos Born, se fue a España, regresó luego de la dictadura y termina siendo uno de los gerentes de las empresas de los Born. Hoy es común y corriente que ex montoneros manejen empresas de seguridad. Relaciones con el hampa, con el universo policial, y con grupos de tareas en actividad.

- En la novela usted habla de un país indiferente a los 30 mil desaparecidos. ¿Le parece que la política del kirchnerismo sobre el tema no ha sido suficiente?

- No, para nada. Por su propia estructura, el kirchnerismo es una de las variantes del peronismo, maquillada, que admite las atrocidades que se cometieron a partir del gobierno de Rosas. La Mazorca es el primer grupo de tareas que hubo en este país. Al servicio de los privilegiados, por supuesto. Estos caballeros que hoy dicen representar al campo, son descendientes de aquellos hacendados.

- Cuando fue el conflicto del campo, usted se pronunció...

- Pero, ¡yo no firmé esa declaración a favor del gobierno!

- Firmó otra.

- Firmé otra en la que no nos poníamos a favor del gobierno. Señalábamos qué clase de dueños de haciendas salían a manifestar en nombre de la pobreza. ¿De qué hombre de campo pobre hablaban? ¿De sus peones? Habría que ver cuánto les pagaban.

- ¿Cuál fue su diferencia con el gobierno, entonces?

- En un gobierno de estructura y propósitos capitalistas, ¿no hay ningún impuesto a estos señores que realmente les duela? Para edificar hospitales, para crear trabajo, para alimentar a la gente.

- ¿Cree que los intelectuales no intervienen lo suficiente en los debates públicos?

- Lo que pasa es que los intelectuales no tienen peso alguno. No hemos hecho nada para tener peso. No hay grupos como los de Boedo y Florida. En los partidos políticos no hay intelectuales.

- El nazismo es una presencia ominosa en "Guardia Blanca". ¿Cuál es el peso que hoy tiene en la Argentina?

- El nazismo está vivo, no necesita tener un apellido alemán. Tiene peso en las Fuerzas Armadas y eso ya es muy peligroso. Se enseña estrategia sobre la base de militares destacados que tuvo el nazismo, y todos tenían una frase preparada: yo obedecí órdenes. Y mediante esas órdenes mataban a miles de personas. ¿Eran robots? ¿Dónde estaba su conciencia?

- En su libro menciona la caída de las bolsas en el mundo y se pregunta si es el fin del capitalismo. ¿Usted cree que lo es?

- No, para nada. Asistimos a una de las crisis más devastadoras del sistema capitalista. Pero puede sobrevivir mientras no haya un contrincante que se haga cargo de su destrucción. Cuando sintió que se estremecían las bases de su imperio, el capitalismo sacó a relucir a Obama. ¿No es simpático que un negro llegue a la primera magistratura de los EE.UU.? Pero, ¿quién se anima a decir que esto se va a repetir duplicado? Hay que poner fin a este sistema. Obama es un recurso seductor. ¿Cuánto durará esa seducción?

- Usted vivió en una época en la que se pensaba que la revolución era una realidad, que estaba a la vuelta de la esquina...

- Eso era lo que se pensaba en los 70, y fue una ilusión.

- Y ahora, ¿la revolución puede seguir siendo un sueño? ¿Puede ser deseable?

- La revolución es necesaria, no es deseable. La Revolución de Mayo fue una revolución inconclusa. La única revolución completa en sí misma fue la Revolución Francesa, que abatió el sistema feudal e instauró el régimen burgués. Y al sistema burgués le quedó la memoria de lo que había hecho y se ha encargado de que una nueva fuerza no lo desaloje del poder.

- En el relato "Despeñaderos", el personaje de Natalia Duval parece ser un homenaje a su mujer.

- No exactamente. Comparto la vida con Susana Fiorito desde hace cuarenta años, ¿cómo no iba a utilizar lo que sé de ella, por vía de la ficción, cambiando sus gestos, sus actitudes, pero manteniendo la esencia de su trayectoria?

- Ese personaje tiene en común con Emilio Jáuregui el hecho de provenir de la burguesía y contradecir el destino de su clase.

- ¿Los que llamamos revolucionarios, de qué clase provienen? Fidel Castro viene de una pequeña burguesía acomodada. ¿De qué hogar provenía Lenin, Trotsky, Robespierre? Engels era propietario de dos fábricas textiles, y mantenía a su amigo Marx. Sus orígenes eran pequeño burgueses, la única manera de que adquiriesen cultura y pudiesen juzgar el mundo.

- También hay intelectuales de origen obrero.

- A ver, déme un nombre.

- Usted mismo.

- Está bien, pero formo parte de la excepción. Mi padre fue obrero pero fue un militante y en su casa se leía con la misma intensidad que en un hogar pequeñoburgués. Yo aproveché esas lecturas, fui obrero, conocí Buenos Aires. Hice una travesía por el mundo del trabajo y después fui periodista, responsable de la página sindical del diario comunista La Hora, eso exigió de mí una lectura constante, de los episodios obreros de este país y de lo que ocurría en el mundo.

- El periodismo fue un camino hacia la escritura.

- Claro. Ernest Hemingway decía que había que ser poco tiempo periodista pero que abría la puerta al conocimiento.

- ¿Cuál será el futuro político de Cuba cuando muera Fidel?

- La revolución cubana triunfó en 1956, ¿cuándo apareció esto que se llama el chavismo? ¿Cuándo Ecuador tuvo un presidente joven, inteligente como el actual? Después del asesinato de Allende está esta dama que rige los destinos de Chile. Aun Tabaré Vazquez, reformista, es un producto del Frente Amplio. Brasil, con Lula, tiene un peso mayor que antes de que fuese elegido presidente.

- Es optimista con respecto al futuro de América.

- Es el único continente donde se pueden advertir signos de cambio, que están en riesgo, claro.

- En "No matarás" de Oscar del Barco, el autor condenaba la violencia de la izquierda en los 70. ¿Qué opina de esa posición?

- Digo sólo esto: ¿a quién le servía lo que dijo Del Barco? ¿Quién sigue matando en este país? ¿Qué se supone que deben ser los militantes? ¿Gandhis? ¿La población argentina va a tener un nivel tan alto de conciencia que la gran burguesía, las fuerzas armadas, van a abdicar de su poder y van a permitir que en las escuelas se enseñe que este sistema ha terminado su ciclo? La prédica de Oscar del Barco servía a la clase dominante.

- ¿Fue derrota o fracaso la lucha armada de los 70?

- Fue una derrota y yo no quiero ponerme a salvo. Consideré que la lucha armada de los 70 fue una provocación. Más allá de quienes murieron pensando que iban a cambiar el mundo. En los 70 no estaban agotadas las posibilidades del sistema para decidirse a la lucha armada. No había un Fulgencio Batista en la Argentina, no había un zar, un Luis XVI. Sí era un aparato estatal con represores, con políticos corruptos. ¿Qué tenemos ahora que estamos tan regocijados con el kirchnerismo? Un poco menos. ¿Con qué se pagó eso de la revolución está a la vuelta de la esquina? ¿Con 30.000 desaparecidos? La mayoría eran jóvenes, entre ellos podía haber un Milstein, un Borges, un Favaloro...

- ¿Usted fue crítico de las organizaciones armadas?

- Sí, si no, ¿por qué cree que no empuñé un arma? Me quedé y logré eludir la furia de la represión, y los que se fueron hicieron bien.

- Usted termina el libro con el personaje de Jáuregui. ¿Cuál fue su relación con él?

- Fue mi amigo, yo frecuentaba el sindicato de prensa, él era secretario de Fatpren, era hijo de una familia aristocrática y estaba a punto de irse a Cuba, a ser un soldado de la revolución. Y lo bajaron.

- Usted concluye con la frase de Jáuregui: "no me olvide". ¿Cómo le gustaría ser recordado?

Como un escritor político que encontró un tono que se distingue de la escritura y los tonos de otros escritores. Es un tono que se adecua a lo que yo quiero decir.