Simple análisis político social de las proximas elecciones en Argentina

El venidero domingo 28, a los argentinos nos toca ir, una vez más, a las urnas para elegir representantes políticos.
Votar, un acto de civismo que no se debe subestimar y que se lo debe considerar de suma importancia si se tiene presente la historia electoral (álgida, revoltosa y muchas veces ausente) de nuestro país.
A horas de que empiece la veda electoral en todo el territorio argentino, quisiera expresar a modo de resumen y si se lo quiere tomar también como una crítica de todo el proceso de campañas proselitistas que se han desarrollado desde el anuncio del adelantamiento de las elecciones, así como también realizar comentarios con respecto a lo posterior de la elección, tanto por parte de los actores políticos como del pueblo argentino.
No es menester aquí ponerse a hablar de las propuestas de cada partido ni de hacer una semblanza de cada uno de los candidatos, porque eso fue responsabilidad de los propios interesados durante este periodo de campaña.
Pero, ¿cuántos saben las propuestas realizadas?; ¿cuántos saben los nombres y antecedentes políticos de los candidatos? Me arriesgaría a decir que muy pocas personas tienen pleno conocimiento de estas cuestiones, incluso personas ligadas a la militancia de algún partido político.
Que suceda esto, no se da, en la mayoría de los casos, por ignorancia o falta de interés del los electores sino porque, al igual que elecciones anteriores se concentra el periodo de campañas para aprovechar que los medios de comunicación están al pendiente de todo lo que sucede para hablar en contra y de forma muy agresiva hacia los otros partidos y los otros políticos.
Y esto sucede con todos los partidos, en mayor o menor medida, no se puede realizar ninguna excepción. Noten ustedes que las declaraciones que hacen los candidatos o los partidarios están dirigidas en la agresión hacia su contrincante, en tratar de hacerlo quedar mal ante la opinión de la gente, en vez de estar dirigidas en hacer conocer su proyecto político, sus ideologías, su manera de actuar y obrar…
Es para mí un misterio porque se toma esa estrategia de la agresión hacia el rival.
Si tratan de “convencer” a la gente de esa manera, estimo muy equivocado el plan; el común del pueblo no quiere escuchar esas peleas inter-partidarias porque no se trata de conocer quien es el dirigente más guapo (que tampoco estimo útil saberlo) se trata de conocer ideas, propuestas para, en este caso, llevarlas al Parlamento con el objetivo de lograr una efectiva y adecuada representación de las Provincias a las cuales los candidatos representan.
Cuando se comienza una etapa de campaña electoral se supone que debe ser aprovechada por los partidos políticos para dar a conocer su ideología política y sus proyectos políticos para que los electores, el día del sufragio, puedan elegir según las ideas que le sean más acordes a su forma de pensamiento.
Lamentablemente esto no sucede, y la política en su forma más pura de ciencia social se desvanece en discursos sin contenido ideológico o político para convertirse en lo más cercano a un “chisme de barrio”, digamos que todo intento por hacer política cae en saco roto…
Este es un mal al que tanto gente ligada a la política, medios de comunicación y la gente en general se acostumbró a convivir y ya se denomina como acto de campaña que tal candidato diga que otro de los candidatos “es un sinvergüenza”; “que es un ladrón” y tantos otros improperios dignos de una tribuna de fútbol.
Pese a todos estos malos hábitos el domingo por la noche se sabrán los resultados de la elección y gane quien gane, está bien porque se está expresando la voluntad del pueblo, algo opacada por lo anteriormente mencionado.
En cada ocasión que se realiza alguna elección se habla de ganadores y perdedores aunque considero esos dos términos sumamente erróneos.
Paso a explicar porque. Quienes obtienen más votos, obtienen la mayoría eso es claro; pero se les presenta la presión de cumplir con todo lo prometido generando un esfuerzo por parte de los representantes por hacer que el sistema democrático que les toca comandar funcione a la perfección, o logre acercarse a ella.
Si no logran cumplir con lo establecido, de ser vencedores pasan a ser vencidos, principalmente por el poder que tiene el pueblo en decidir que esta bien y que mal (sobre este tema me ocupo con más detalle párrafos más abajo) y por la presión que pueda llegar a ejercer fuerzas externas y fuerzas opositoras a la manera de obrar por el grupo que comanda las acciones políticas.
Y quienes dicen “perder” las elecciones, en verdad están ganando más de lo que se piensa. No obtener la mayoría de votos, hace que estas fuerzas políticas se aliñen dentro del grupo denominado opositor.
Pero ser de la oposición no significa ser la contra que ponga piedras en el camino constantemente al plan político de quien ostenta el poder y tampoco significa criticar solo con ánimos de defenestrar y no con la intención de hacer una crítica constructiva.
Ser de la fuerza de oposición es una tarea que demanda tanta responsabilidad y trabajo como ser la fuerza “líder”. Es imprescindible para la continuidad del sistema democrático (o de pseudo democracia en relación a como se la vive hoy) debido a que se requiere de la pluralidad de ideas para una construcción objetiva de un proyecto de país. Sirve como elemento moderador y corrector de acciones que tome el poder central, debido a que es conocido que el poder genera una ceguera que sus protagonistas no advierten.
Todo esto se logra con acciones concretas, con discursos claros, con un pensamiento dirigido hacia la población y no hacía los intereses partidarios; con un trabajo político que requiere mucho profesionalismo y mucho poder para otorgar y recibir críticas, siempre pensando estas como constructivas.
En fin, quienes “pierdan” las elecciones tendrán una responsabilidad muy grande entre sus manos, que viendo el panorama actual, lo ocurrido en el pasado y tomando las acciones mencionadas al principio de este artículo; creo en considerar casi una utopía que lo explicado se torne en una realidad concreta.
Por último, tanto el “poder central” como la “oposición” deben trabajar y están a merced de la población a la cual representan. El pueblo (entendido como el grupo de personas que vive en una determinada comunidad) tiene el poder intrínseco de ser la fuerza de mayor acompañamiento o la fuerza opositora más grande que tengan los representantes políticos. Es el conjunto de la población quien determina constantemente los rumbos positivos o negativos de la comunidad a la que pertenecen, aunque suelen atribuirse estos hechos a los políticos.
La voluntad popular, es el arma más poderosa que tiene la democracia, los partidos y los dirigentes políticos, y se conoce por experiencia más que conocida que el movimiento y las acciones populares tienen más repercusión en el acontecer de un país que cualquier discurso o acción política.



Por ello, es que este domingo, a través del acto del voto se esta empleando este poder y se contribuye al crecimiento de un sistema democrático que intenta consolidarse día a día con mucho esfuerzo; y que depende el éxito de este sistema de todos: políticos (ya sean justicialistas, radicales, socialistas, etc, etc); medios de comunicación; y de toda la población del territorio argentino.
Al Gran Pueblo Argentino, Salud!
Ignacio Torres.

Proyecto de Medios de Comunicación “La Rotativa Parlante”
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