El desastre del mar de Aral

El desastre del mar de Aral

El satélite Envisat ha mandado unas dramáticas imágenes del mar de Aral, situado en Asia Central, entre Kazajistán y Uzbekistán. Si hace tres años ya se notaba una gran disminución en su tamaño, el que fuera uno de los cuatro mares más grandes de la Tierra, ha pasado a ser poco más que varios lagos dispersos.

¿La causa? Las aguas de los ríos que desembocaban en él se han usado de forma masiva para cultivos de regadío. Y el problema no acaba ahí. Según se ha ido evaporando ha dejado 40.000 kilómetros cuadrados de tierra salada a la que han llamado el desierto de Aral Karakum. Cuando en él se genera una tormenta de arena, ésta transporta los sedimentos salados a varios cientos de kilómetros, provocando problemas de salud en la población de las zonas afectadas.

A finales de los 80 ya se había dividido en dos: el mar de Aral Pequeño al norte, en Kazajistán, y el mar de Aral Grande al sur, con forma de herradura y compartido por Kazajistán y Uzbekistán.

Hacia el 2000, el Grande se volvió a dividir en dos, y de éstas, la parte del este es la que ha perdido un 80 por ciento de agua. Los pronósticos no son nada favorables y se espera que desaparezca completamente hacia 2020. Mientras, los esfuerzos se están dirigiendo a salvar la parte norte. Para evitar que el agua desapareciera hacia el sur se construyó el dique de Kok-Aral gracias al Banco Mundial y al gobierno de Kazajistán. Desde que se terminó en 2005, el nivel de agua ha alcanzado un nivel de 4 metros en la parte norte.

El gobierno de Kazajistán pidió en 2007 otro préstamo al Banco Mundial para construir un segundo dique e intentar revertir este desastre.

Por otra parte, debido al papel regulador de la temperatura que tienen los mares, también está cambiando el clima: se ha constatado que los inviernos en la región son más fríos y los veranos más calurosos.

Para compensar estos efectos se está intentando repoblar el antiguo lecho marino con plantas capaces de crecer en ese tipo de condiciones tan adversas.

Fuente: http://www.elmundo.es/elmundo/2009/07/10/ciencia/1247241021.html