En la tarde-noche de aquel 13 de febrero de 1938, desapareció frente de su casa una menor de ocho años llamada Olga Camacho Martínez. En esa época la ciudad de Tijuana solamente tenía 19,000 habitantes, por lo cual todos los vecinos se conocían. Al día siguiente, la pequeña ciudad era un verdadero caos, todos los vecinos buscaban desesperados a la niña y hacia las diez de la mañana, unos niños encontraron el cuerpecito degollado y ultrajado de la menor. Olga Camacho Martínez

Era tan pequeña la ciudad que fue fácil para la policía detener sospechosos, en el esclarecimiento del crimen contribuyó la ciudad de San Diego (California) enviando a su agente ed. Dieckmann, jefe de dactilografía del condado de San Diego. En cuanto Mr. Dieckmann vio la escena del crimen se dio cuenta que era un crimen fácil de resolver ya que el homicida había dejado huellas por doquier. Incluso había huellas del calzado del asesino que tenían una especial particularidad, la huella marcaba un diamante en el centro de la suela del zapato.

Entre los sospechosos estaba el soldado Juan Castillo Morales, conocido posteriormente como Juan Soldado, un soldado raso quien al ser encarado se desplomó, lloró y pidió perdón, confesó que había cometido el crimen bajo la influencia del alcohol y la marihuana. La mujer de Juan Castillo Morales relató al investigador que una semana antes había sorprendido a su amasio Castillo Morales en el intento de violar a una sobrina suya.
La noche en que desapareció la niña Olga Camacho, Juan Castillo Morales (a) Juan Soldado apareció en la casa de su amasia manchado de sangre, se quitó la ropa y le pidió que la lavara. Al revisar la ropa la policía encontró fibras de tela que correspondían con las encontradas en las uñitas de la niña asesinada.
De alguna manera toda esa información se filtró y los vecinos exigieron que se les entregara el soldado para lincharlo. Durante la revuelta fue incendiada la jefatura de policía y la oficina de gobierno de la ciudad. Se habla de que hubo más de cien detenidos que participaron en la turbamulta.
La policía local se deslindó de los hechos, bajo el argumento de que el asesino era un militar y el crimen estaba fuera de su jurisdicción, la justicia cambió de rango. Fue en el Comandante de la plaza militar, el general Contreras, en quien recayó el hacer justicia. Con las pruebas exhibidas por la policía local, por el jefe de la policía de San Diego (California) y por el personal del naciente FBI a cargo del agente William Menke, la justicia militar optó por hacer un juicio militar sumario al asesino Juan Castillo Morales (a) Juan Soldado, a la vista del grave crimen que cometió y la confesión que hizo sin ningún tipo de presión, fue encontrado culpable y sentenciado a muerte por el tribunal militar.
La Ley Fuga fue un tipo de ejecución muy utilizado en México durante el periodo de la Revolución Mexicana. Dicha ejecución consiste en juzgar y sentenciar a muerte en forma expedita al reo, llevarlo al lugar de su ejecución, liberarlo de las ataduras y vendas, y darle la oportunidad de huir, si las balas del pelotón de fusilamiento no lo alcanzan durante la huida es hombre libre. Las posibilidades de salir con vida son casi nulas.
En cumplimiento de dicha Ley, el reo fue trasladado la mañana del 17 de febrero de 1938 al panteón municipal conocido como Puerta Blanca (panteón municipal N.º 1) y le aplicaron la Ley Fuga. Eso ocurrió a la vista de los vecinos de la ciudad, que se congregaron en las partes altas del panteón para atestiguar la muerte de Juan Soldado.
Con el paso del tiempo, a algunos vecinos que presenciaron la ejecución les vino un sentimiento de culpa, y bastó que alguien afirmase que Juan Soldado era inocente y el verdadero culpable era un capitán del ejército para que el sentimiento de muchas personas cambiara.
El doctor Alejandro F. Lugo Perales, ex presidente de la Sociedad de Historia de Tijuana dice que "hay un antiguo rito moro en el que los agresores lanzan piedras a la tumba de la víctima pidiéndole perdón, eso fue lo que pasó con Juan Soldado, la gente comenzó a lanzar piedras a la tumba y no faltó quien dijera que éstas hacían milagros". Otra versión dice que algunos mirones recogieron las piedras ensangrentadas del lugar donde cayó y las colocaron alrededor de su tumba en un acto de arrepentimiento.
Actualmente en el viejo panteón de Puerta Blanca existen dos pequeñas capillas dedicadas a Juan Soldado, en la primera capilla es en la que se dice que está sepultado; en ambas le rinden culto personas que tienen problemas para ingresar en Estados Unidos o se dedican al tráfico de personas en la frontera. Ambas capillitas están repletas de exvotos y cartas de agradecimiento por supuestos favores y milagros recibidos.










Es necesarior resaltar que la imagen que se venera en el panteón no corresponde con la fotografía que se conoce de él. En la imagen venerada aparece un militar a un lado de una mesa que sostiene un cristo crucificado, el mensaje subliminal es "lo mataron por ser creyente", nada más lejos de la realidad, la fotografía que se conoce de Juan Castillo Morales (se muestra arriba) nos muestra el rostro de un individuo distinto.
En una entrevista que concedió en julio de 1991 José María Camacho, tío de la niña Olga Camacho a la periodista Aída Silva Hernández para un artículo que fue publicado en el semanario Zeta de Tijuana, declaró:
De rodillas van hasta su tumba ¿Cómo puede ser eso?. (...) La niña salió de su casa en la calle segunda y pasó por la guarnición (militar) de la plaza, no regresaba y no regresaba, así que comenzamos a buscarla por todos lados y nada.
Seguimos buscando, hasta que por fin la encontraron en el garaje de la guarnición. Estaba casi descuartizada. Violada, y la niña con cabellos de soldado en la mano; lógicamente había tratado de defenderse. Dimos aviso a la policía y todo, por entonces estaba el general Contreras de jefe de guarnición. Le achacaban el crimen a un capitán. Mentiras. Fue él, fue Juan Soldado, inclusive llegó a su casa todo sangrado y su esposa lo vio.
Se levantó el pueblo indignado por el asesinato. Todos se sublevó. Se quemó el Palacio de Gobierno y la Comandancia de Policía en protesta porque el general andaba indeciso. A Juan Soldado ya lo habían agarrado, pero no sabían si él tenía la culpa.
(...) Por cierto que en una ocasión me encontré al que trabajaba en la Comandancia de Policía - era cabo - y dijo: "Fíjate Chema, que este hombre (Juan Soldado) yo lo tuve en la comandancia y me confesó que él había sido. Que estimaba mucho a la niñita, sabiendo que vivía a media cuadra de la plaza. Me confesó todo. Que él la había matado y que por el efecto de la marihuana había hecho eso". Así que estaba drogado cuando mató a la niña. Después le achacaron el crimen a un Capitán, pero puras mentiras.
En tanto la tumba de Juan Castillo Morales recibe a diario la visita de muchas personas creyentes en sus milagros y que van a orar y rogar por favores, la tumba de la niña Olga Camacho Martínez permanece en el olvido. Por ser el único panteón municipal disponible en esos días tanto la niña como su victimario fueron sepultados en el panteón municipal "número uno" conocido también como panteón de "puerta blanca", posteriormente la familia de la niña Olga cambió su restos al panteón municipal "número dos" en donde aún yacen y su tumba se conoce entre quienes conocen la historia de su muerte como la "tumba olvidada".


tomada de la fuente wikipedia

hay muchas historia que como estas son impresionantes