La colonia de inmigrantes chilenos se hace un lugar en las Malvinas



Chilenos en Malvinas

Hay chistes sobre la pertenencia de las Malvinas que aquí siguen siendo tabú. Pero hay quienes se salen de la regla y bromean con que las islas serán un día chilenas. Y se basan en un dato muy concreto: nuestros vecinos trasandinos constituyen la colectividad que más ha crecido, según el último censo.

Si en 1986 eran 36, en 2006, 131; es decir tres veces más en dos décadas sin contar los que arribaron en los tres últimos años, y que los hace resaltar como "los latinos" de Malvinas, cuya población no supera los 2.500 habitantes. ¿Y argentinos? 28, en 2006, sólo seis más que al terminar la guerra.

Celia Short es una de las "pioneras". Llegó en 1977 como la mayoría de los chilenos aquí: desde su natal Punta Arenas. Y claro, atravesó la guerra, un punto sobre el que no querrán hablar ni ella ni sus compatriotas. Y no es para menos, porque según pudo constatar este diario, chilenos e isleños "se aman". Algunos factores: el resentimiento que aún queda entre los chilenos patagónicos por el conflicto del Beagle; el agradecimiento eterno de los isleños por la ayuda que a las tropas británicas prestó en 1982 la dictadura de Pinochet. Y porque los vuelos de LAN han generado que la mayoría de los frutas y verduras, conservas, vinos y muchos otros productos que se consumen en la isla se los provee Chile.

Los chilenos siguen siendo aquí segunda minoría después de los ciudadanos de Santa Helena, una ex colonia inglesa hoy "territorio de ultramar británico" como las islas. Su afluencia comenzó a detenerse aquí cuando Gran Bretaña les otorgó la ciudadanía por lo que empezaron a rumbear hacia Europa.

Entonces, los chilenos comenzaron a ocupar sus tareas, como limpieza, servicios, turismo y otros. Y decenas de ellos viene al menos tres meses al año para la temporada de esquila.
Celia está más que integrada. Es funcionaria de la Policía donde, entre otras funciones, se encargada de gestionar las licencias de conducir.

Pero nadie más llamativo que Alex Olmedo, 39 años, llegado en 1990, y quien en su discurso se referirá siempre a los isleños como "nosotros".

Ya ciudadano británico, estatus adquirido en tiempos de mayor flexibilidad, Alex es casi el modelo del "self made man" de las islas. Cocinó durante años para el mítico Upland Goose Hotel, ¿hoy cerrado¿, pasó al Malvina House y después a su propio emprendimiento. Abrió el primer restaurante de las islas por fuera de un hotel. El Brasserie, atendido por Vanesa, Paula y Eliana, "chilenisímas". Alex se metió en otro proyecto, el Waterfront, un hotel boutique con claras huellas de inspiración en Palermo Soho. Porque Alex no lo niega: "me encanta Buenos Aires". Conclusión: para este chileno las islas son "un lugar de "prosperidad" "seguridad" y "estabilidad".

No tanto para Katherine Reyes, quien apechuga día a día su pasar aquí donde vive con su marido Stuart Cruickshank, un escoses "con mente abierta si lo comparas con el machismo de los chilenos", dirá la chica. Kathy llegó hace cuatro años, cuando el control de la migración aquí comenzó a ponerse más estricto. Los sueldos básicos no superan las mil libras y un alquiler barato los 600 al mes. Es recepcionista y cuando se le termine el contrato, si no se lo renuevan tendrá un mes para encontrar otro trabajo. Pero dice estar tranquila, y que de aquí "no" se va "más". Aunque totalmente flexibilizadas, las islas son por ahora un lugar de casi "pleno empleo".


Fuente: http://www.clarin.com/diario/2009/10/02/um/m-02010893.htm