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Falleció el poeta leónidas lamborghini

Sábado, 14 de noviembre de 2009

A LOS 82 AñOS MURIO LEONIDAS LAMBORGHINI, UN HOMBRE QUE PARTIO AGUAS EN LAS LETRAS
Despedida para el big bang de la poesía argentina

Desde la publicación de El solicitante descolocado, Lamborghini fijó una expresión poética que fascinó a unos y descolocó a otros. Su imborrable carcajada impone un adiós desprovisto de solemnidades.


Por Silvina Friera

¿Quién va a meter las patas en las fuentes de la poesía ahora que te fuiste, adorable bufón, “periférico” y “marginal”, de risa canalla? “El tono es todo, vos le cambiás el tono a un texto y chau”, dijiste a quien esto escribe, como puede, intentando que el acento no se precipite por el abismo de la tristeza alambicada. A Leónidas Lamborghini, que murió ayer a los 82 años, al poeta que revolucionó la poesía argentina con El solicitante descolocado y escandalizó a los vates elegíacos que lo acusaron de mancillar la poesía, no le gustaría una inflexión fúnebre, solemne, de efecto emotivo y lacrimógeno. Contra esa modulación, que asfixiaba a la poesía argentina de fines de la década del cincuenta, plantó sus banderas revulsivas sin concesiones. O mejor dicho, desafiante y también a la defensiva, porque intuía los rechazos que provocaría su estética socarronamente gauchesca, barajó y dio de nuevo al lanzar un experimento hasta entonces inconcebible, aunar lo nacional y popular con una propuesta vanguardista, burlona y lúdica, en una época de escasa fertilidad para comprender el “compromiso” que el poeta estaba asumiendo. Su voz será eternamente joven; el mote de octogenario le sentaba como una patada al hígado de sus versos, siempre nuevos y agitados por una respiración entrecortada, como si balbuceara.

Quizá para escribir sobre Leónidas haya que entregarse a una suerte de “vagabundeo mental”, que es lo que el poeta practicaba, encerrado en su austero departamento de la calle Laprida, tratando como Prometeo de arrebatarle palabras al silencio en compañía de su perro Dodó. Un hombre joven, que había nacido el 10 de enero de 1927 en Buenos Aires, para colmo de males peronista y poeta, andaba desorientado por las calles de una Buenos Aires convulsionada por la represión de la “Revolución Libertadora” del ’55. Hijo de un próspero ingeniero industrial que no toleró la idea de que sus hijos (Leónidas y Osvaldo) se dedicaran a la literatura, Lamborghini se la rebuscaba como cobrador o encargado de fábrica, lo que pintara, mientras garabateaba sus primeros versos, que se publicaron en la plaqueta El saboteador arrepentido. Le agarró un metejón, el de la poesía, que nunca lo abandonó, a pesar de que no cuajaba con la estética de la generación del ’40 ni pertenecía a la generación del ’50. Pero el hecho de ser un huérfano no lo amedrentó. Sabía que andaba solito, pero estaba convencido de que lo que estaba escribiendo valía la pena.

Comenzó a probar con el contrapunto de voces de su emblemático poemario, El solicitante descolocado, reeditado el año pasado, a cincuenta años de su publicación, por la editorial Paradiso. Una es la del solicitante descolocado, en el infierno de la degradación de toda una sociedad y de su existencia porque la aventura peronista quedó clausurada. La otra es la del saboteador arrepentido que espera la redención de sus culpas. De modelo, le sirvió la gauchesca del Martín Fierro, las voces de Cruz y de Fierro, pero también su libro de cabecera, Alicia en el País de las Maravillas, de Lewis Carroll. El ciclo de El solicitante descolocado incluiría los poemarios Al público, Las patas en las fuentes, La estatua de la libertad y Las diez escenas del paciente.

En aquella entrevista con Página/12, el poeta recordaba a ese solicitante descolocado, esa voz con la que a los 81 años continuaba dialogando. “El solicitante lanza consignas, ha leído a Marx, a Perón, a Dante, Baudelaire, Discépolo, los poetas gauchescos y todo eso es una mezcla explosiva para él. Su cabeza no da para hacer una síntesis. Habla como puede, a balbuceos, a tartamudeos. Ahí empieza la utilización de un recurso, el anacoluto, que es dejar la frase por la mitad, pensando que al podar ahí toma más fuerza que si le ponés la información. Siempre he dicho que se ve más la rama en el tronche que en la rama entera. En el poema clásico se pasa sin transición a que la musa ayude al poeta, tanto en Homero, como en Dante y en Hernández, pero acá se establece una tensión porque se le niega virtud, en el sentido de poder. El solicitante no tiene virtud para hacer un poema, trata de decir como le venga, y nunca tiene tiempo. ¡Lo neurótico que es ese personaje... como para tenerle fe! Es una especie de Erdosain, si hablamos del modelo, pero el autor siempre se equivoca.”

Quienes han tenido el privilegio y el placer de pasar unas horas o una tarde con Lamborghini saben del manantial de anécdotas que podía desenterrar de su memoria, a veces un tanto esquiva, este viejo encantador. Cuando aún era un poeta inédito, leído por unos pocos que “le dieron pelota”, Rodolfo Alonso y Paco Urondo le prometieron organizar una lectura en el Teatro del Pueblo. Hacia allí rumbeó el poeta con su cuadernito. La gente comenzaba a irse. Emma de Cartosio, según lo narraba Lamborghini hasta imitando el tono exasperado, se levantó y gritó: “¡Para esto pagué, para esto vine!”. En otras lecturas, también sintió la reprobación de sus pares. “Esto es confuso”, “eso no es poesía”, o “¡Qué hace esa risa sarcástica, payasesca en un poema, por favor!”. “Todo lo que oliera a peronismo era la alpargata, más un poema que se llamaba Las patas en las fuentes. Hasta los muchachos del aparato me corregían y me decían: ‘No compañero, las patas en las fuentes no, los pies en las fuentes...”, repasaba Leónidas.

El poeta sabía que tenía que asimilar la distorsión y devolverla multiplicada: “Vos me decís aluvión zoológico y yo te digo las patas en las fuentes”. La eclosión, el bullicio social, el ascenso de una clase no lo asumía la poesía de fines de los años ’40 y principios de los ’50. “Los poetas del PC hablaban de un obrero idealizado y con un lenguaje poético y no con el lenguaje de la calle, no miraban que eso podía ser una poética también. Eso era inédito. El que lo aceptó fue Marechal, pero estábamos en la misma onda. Marechal me dijo que yo había abierto un nuevo camino para la poesía. Pero eso fue a posteriori, en los ’60, cuando nos conocimos”, comentaba el poeta. La risa no tenía el beneplácito de los elegíacos, que creían lo que él hacía era un chiste o una o broma, la más genial y formidable broma de Leónidas que por una ceguera y sordera combinadas no podían apreciar. Los precursores pagan el precio del rechazo, aunque después el tiempo y los lectores se encarguen de reparar las viejas heridas.

Lo corrió el terror de la dictadura por su militancia peronista –fue guionista del programa radial El Toto te la canta justa, de la campaña de Héctor Cámpora–, y se exilió en México desde 1977 hasta 1990. “Tuve suerte de encontrar laburo, pero no toqué para nada la poesía. Me sentía extraño. Fue como pasar de un exilio a otro”, se lamentaba por ese período de sequía. Pero regresó y siguió escribiendo en sus cuadernos (la computadora para él era “fantasmal”) y publicando, entre otros, Circus, 11 reescrituras de Discépolo, Perón en Caracas, Mirad hacia Damsaar, La risa canalla (o la moral del bufón), Encontrados en la basura, Carroña última forma; las novelas Un amor como pocos, La experiencia de la vida y Trento; además de la obra de teatro Perón en Caracas.

“Hay que captar y ver lo que está volando para ponerlo en un poema”, sugería el poeta. “No hay originalidad, todo pasa por apropiarse de lo que cada uno crea que le sirve. Por eso hay que tener mucho cuidado con la palabra creación, como si fuera ex nihilo, es decir de la nada”, advertía Leónidas. “Hace rato que nos venimos influyendo, copiando y reciclando desde Homero, o antes que él. Hay un reciclaje continuo de temas, de expresiones, de versos, que se van presentando de otra forma. Yo adhiero a lo que dice el Eclesiastés, ese libro maravilloso: ‘No hay nada nuevo bajo el sol’. Cuando alguien habla de originalidad, o es un estúpido o es un impostor.” Leónidas confesaba que no se sentía cómodo con el actual reconocimiento y que añoraba la época en que se lo criticaba. “El sistema primero te rechaza y después te adopta, entonces uno tiene que tener mucho cuidado y desconfiar. No hay un libro mío que se parezca al otro; no para desacomodar al lector sino para desacomodarme a mí mismo y no acostumbrarme a estar en un mismo lugar, porque a mí entre otras cosas se me acusó de no tener estilo. Si hay una unidad en mi obra, está en el cruce entre lo ‘alto’ y lo ‘bajo’.”

Cuando Ricardo Piglia presentó el poemario Odiseo Confinado en 1992 (reeditado por Adriana Hidalgo), escribió un recordado texto en el que confesaba que “todos admiramos a Leónidas Lamborghini y todos lo hemos copiado”. Se lo va a extrañar, pero con una limpia y sonora carcajada, de ser posible, al evocar sus poemas, sus reescrituras, su empecinamiento poético y vital. Leónidas fue el big bang de la poesía argentina. Tal vez ahora más que nunca sea pertinente citar una de sus frases de cabecera de su amadísimo Discépolo: “Tanto dolor que hace reír”.

* Sus restos serán velados en la Biblioteca Nacional (Agüero 2502) hoy hasta las 16.
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/2-16001-2009-11-14.html


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Sábado, 14 de noviembre de 2009



Por Américo Cristófalo *

Género escandaloso despedir. Hago uso. Gran tristeza. Poco que decir. La predisposición de Leónidas a escuchar, los grandes conversadores parten de ahí, de una disposición del oído. Hacía pausas y cuando entraba siempre iba a una sutileza, rebobinada, una sutileza que llegaba de atrás con precisiones y recortes mínimos, exactos. Parecidos al modo de caminar de Leónidas. En un bar de la calle Laprida, con Dupont y Bértola y Savino, lo escuchamos hace unos meses sorprendiéndose en la potencia ríspida de los juicios de San Pablo. Leíamos la Epístola a los Romanos, como se lee en los bares, para pasar tiempo, que está hecho para pasar. La risa suave de Leónidas cuando Pablo dice: “Atestados de toda suerte de iniquidad, de malicia, de fornicación, de avaricia, de perversidad; llenos de envidia, homicidas, pendencieros, fraudulentos, malignos, chismosos”, se detuvo en chismosos. “Fijate que chismosos está a la altura de malignos y homicidas”. Comparaciones con León Bloy.

En algún momento de esos encuentros entramos en el cuento disparatado: hacer una revista. Hubo chistes: evocamos nombres posibles, íbamos al humor, se me ocurrió uno grotesco que no recuerdo ahora, y Leónidas remató: “Revista Mensual de Culturra”. Culturra. Tuvimos la suerte de hacer El solicitante a 50 años de su primera edición. No creo exagerar si digo que ese libro está ahí, vivo, ahora, para que lo escuchen ahora, un libro que deshizo la vocación poética de la poesía, y seguirá deshaciéndola. En esos meses sólo leía Lewis Carroll y los Evangelios. Con Hugo Savino, en su casa, vimos El circo, de Chaplin. Leónidas admiraba a Chaplin, sonreía. Calzaba justo en su risa. Hace poco, con una explícita vocación de complicidades, nos entretuvimos pensando que el Exodo es un libro que puede leerse en clave cómica: Moisés tartamudo, la repetición de las plagas, detalles. La aventura de Lamborghini. Un día me encontró en la calle, circunstancias insólitas ahora dejadas al olvido: vos sos del palo, dijo. Quizás un rumor italiano, no sé. Lo que cuenta Mansilla de los primeros en pararse en las esquinas.

Algo argentino termina con Leónidas, la sobriedad, la elegancia de un estilo de ciudad que ya no es la nuestra.

Final de Trento: “Expansión de lo cómico. Hacia el final, en el final, lo final de la Risa, es decir finalmente se ve, se transforma, es decir, el final de lo Cómico ocupa al final todo el Espacio, es decir, de la Nada, es decir, es decir.” Es decir es decir nos queda el arte de Leónidas.

* Escritor y editor.
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/subnotas/16001-4550-2009-11-14.html

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Falleció el escritor leónidas lamborghini
La literatura argentina perdió a un grande
Autor fundamental que renovó la poesía del último medio siglo. Participó de la resistencia peronista, sufrió el exilio y consiguió la consagración definitiva a su regreso, en los 90. Libros como Odiseo confinado o El solicitante descolocado son ya clásicos.


14.11.2009

Una obra premiada. Leónidas Lamborghini recibió los premios Leopoldo Marechal y Boris Vian, ambos en los años noventa.
Tenía 82 años, una extensa obra literaria y el reconocimiento unánime de críticos, colegas y fervorosos lectores. Se murió Leónidas Lamborghini, el renovador del lenguaje de la poesía argentina, el que inventó la expresión “las patas en la fuente”, el escritor peronista, el que soportó el exilio, el hermano de Osvaldo, ese otro escritor que era en sí mismo toda una vanguardia.

Admirado por autores como Rodolfo Walsh, Leopoldo Marechal, Juan L. Ortiz, Oliverio Girondo, Juan Gelman, Ricardo Piglia y César Aira, Leónidas fue un escritor de la generación del 50, aunque no contó en un principio con el apoyo de la crítica, que se sentía incómoda ante su sentido del humor, de la cita y la parodia, recursos infrecuentes en los poetas de la época.

Había nacido el 10 de enero de 1927 en Villa del Parque. Fue empleado textil hasta que comenzó a trabajar como periodista en el diario Crítica. En 1955 publicó su primer libro, El saboteador arrepentido, que él mismo definió como “gauchesca urbana”, una cruza entre Martín Fierro y el humor disparatado de Carlitos Chaplín, vistos con los ojos de un nuevo Roberto Arlt.

Su segundo libro marcaría profundamente su obra y la literatura argentina, aunque su efecto fue lento: hubo que llegar a los años 80 para que Leónidas Lamborghini consiguiera el reconocimiento masivo de la crítica. Al Público (1957) apareció en Poesía Buenos Aires, la revista y editorial que reunió a la generación poética de los 50.

Su compromiso con la resistencia peronista de los años 60 lo llevó a reunir parte de su obra en el libro Las patas en las fuentes que en 1972, a su vez, pasó a ser un apartado de su libro esencial: El solicitante descolocado. Leer la poesía de Lamborghini es descubrir un autor atemporal, un clásico que reúne a la tradición y que mira al futuro con irreverencia. Molesta, causa gracia, apasiona. Nunca deja indiferente al lector.

Por su militancia peronista, Lamborghini se tuvo que exiliar durante la dictadura militar. Fue un exilio que duró mucho más que la dictadura. Regresó a Buenos Aires en 1990, cuando ya era un autor reconocido.

En la década menemista, Lamborghini agregó a su calidad poética un nuevo género: la narrativa. Publicó las novelas Un amor como pocos (1993) y La experiencia de la vida (1996). Su obra de ficción se completa con Trento (2003).

También en esos años recibió el Premio Leopoldo Marechal por el conjunto de su obra (1991) y el Premio Boris Vian –de reconocido valor literario– por Odiseo confinado (1992).

Como le contó a Crítica de la Argentina hace poco más de un año, a Leónidas Lamborghini siempre le gustó el fútbol. Aunque en los últimos tiempos sólo miraba los partidos en los que jugaba Messi. “Uh, es un artista, como Maradona, son tipos que llevan la cancha adentro –contó a este diario–. Yo con una de esas entradas que hace Messi ya estoy completo: es como esos escritores a los que admirás porque el tipo puede decir bien clarita esa cosa que vos querés decir pero no podés. Ahí justificás toda una vida de aburrimiento, de desazones, de alegrías y de llantos: todo eso te lo resume el escritor en una línea”.

Los restos de Leónidas Lamborghini serán velados hasta hoy a las 16 en la Sala Augusto Raúl Cortazar de la Biblioteca Nacional. Más tarde será enterrado en la Chacarita. Sus libros seguirán pareciendo escritos por un joven rebelde y talentoso.

“La palabra tiene una fuerza tremenda cuando la maneja el poeta”
Por Fernanda Nicolini

En agosto de 2008, Crítica de la Argentina entrevistó a Osvaldo Lamborghini. Recordamos fragmentos de ese diálogo.

–¿Por qué cree que la crítica rechazaba sus poemas?

–Las formas de rechazo tenían que ver con la poética de las escuelas del 40 y del 50, donde la risa no entraba en la poesía y donde se habían olvidado de la épica; porque era una poesía lírica del yo, pero yo decía: “Están pasando tantas cosas alrededor que no puedo incluir mi yo en este contexto de proscripción, de persecución”.

–Ahora que lo admiran y los jóvenes poetas lo citan como referente, ¿le gusta?

–No mucho. Creo que es la comprensión de un tipo que ha vivido al margen y ahora el sistema parece aceptarlo. El sistema es como una esponja: pasan años de rechazo y llega un momento que te absorbe y vos empezás a desconfiar. No te sentís bien, al contrario, te mirás y decís: ¿de qué se trató todo esto? Pasó con la vanguardia, con los cubistas.

–¿Por qué se define como jugador y no como poeta?

–Me viene mejor porque en el jugador está aquel que apuesta y termina apostándose a sí mismo en un poema que en su momento no era considerado poesía, era confuso, se criticaba, y ahora resulta aceptado.

–Ese jugador que apostó y ahora lo respetan, ¿ganó?

–No, yo creo que, leyéndolo bien, perdimos todos.

–¿Está escribiendo?

–No, estoy cansado. Terminé de escribir algo pero estoy medio cansado ya. Mirá, las cosas que hago siempre han tenido la dificultad de no saber qué son: si son poesía, si es prosa poética. Todavía me sigue pasando.

–Usted dice que sus libros no se parecen entre sí, ¿se propuso que fuera así?

–No, hay una línea de exploración que siempre está presente, de no repetirse. Porque si tenés la compulsión a repetirte quiere decir que encontraste una fórmula y la aplicás en cada libro, y eso es muy aburrido.

–Después de haber escrito más de 20 libros de poemas y otras tantas novelas, ¿las palabras todavía le resultan indomables?

–La palabra tiene una fuerza tremenda cuando la maneja el poeta. Pongamos un ejemplo límite: cuando Cristo le dice a Lázaro, “levántate y anda”. Con la palabra ya está hecho todo.

–¿Cómo concibe un poema?

–Es una voz que logra filtrarse a través de los barrotes del poema y llegarte. Digo “los barrotes del poema” porque en la poesía está eso de la metáfora, las comparaciones, el lujo expresivo, qué sé yo. A mí lo que me interesa es que llegue esa voz. Construirla o hacer las cosas de manera que eso sea lo que se escuche, y no los otros brillos o adornos. Porque si pasan a un primer plano, tenemos un poema, y uno ya no quiere un poema, quiere esas líneas que de repente sean sobrepasadas por la voz y que lleguen al que lee.

–¿Lee poesía actual?

–Sí, leo a algunos, pero no quiero hacer nombres porque se ofenden, pero hay toda una camada que me gusta porque hay una búsqueda y logros. No tengo una lectura ordenada, yo soy un lector a picotones, no sistemático, siempre fui así.

http://www.criticadigital.com/index.php?secc=nota&nid=32878
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Adiós a Leónidas Lamborghini, una de las grandes voces de la poesía argentina
Considerado una de las voces principales de la poesía nacional, Lamborghini falleció a sus 82 años. Sus restos serán velados en la Biblioteca Nacional, a partir de las 21.30. Admirado por Fogwill y Ricardo Piglia, entre muchos otros, es dueño de una obra prolífica y rupturista. Aquí, una de sus últimas entrevistas.
Por: Carlos Maslatan

LAMBORGHINI. "En la nueva poesía, los escritores recuperan la parodia, hoy está de moda", decía el autor de Las patas en la fuente.
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Leónidas Lamborghini está considerado como una de las voces centrales de la poesía nacional, aunque al comienzo de su carrera fue acusado de mancillar a la poesía por su inclinación a la parodia. Su obra es prolífica y admirada por colegas exigentes como Ricardo Piglia y Rodolfo Fogwill.

–¿Cuál es su visión sobre la poesía argentina actual?
–Debo decir que la palabra "actual"me asusta un poco. Estoy bastante apartado de la actualidad, porque si un poema me agrada o me entusiasma, no importa que sea actual o no. No importa la línea, no importa la escuela, no importa la historia del arte, y menos aun si se trata de un poeta mayor o menor. Lo que percibo en los poetas jóvenes es una ironía y un cinismo bien atemperados y bien alejados del lirismo que imperó, por ejemplo, en los años 40 y 50. Si tengo que dar nombres, me gusta la poesía de Bértola, Monteagudo, Casas, Rubio, Durand, Emiliano Bustos, Fernando Molle, Sergio Raimondi, la gente de las revistas Vox y El niño Stanton. Entre las poetas, suelo releer con gran placer a Irene Gruss, cuyos libros me parecen excelentes. También, hay varias poetas muy jóvenes cuyos trabajos me gustan mucho.

–¿Qué diferencia a la nueva generación de las anteriores?
–El panorama está movido porque hay rupturas. Estos jóvenes rompen con el verosímil de poesía –que pasaba exclusivamente por la lírica– y con la concepción del poema ya no como cosa sagrada sino como un espacio para la experimentación, sin más límite que la voluntad o la capacidad del poeta. En la nueva poesía, los escritores recuperan la parodia, hoy está de moda.

–Colocándolo casi en un rol de visionario, ¿qué caminos cree que tomará la poesía nacional en las próximas décadas?
–Es imprevisible: la ruptura parece marcar un determinado camino, pero la ruptura sutura y lo que fue cambio ya no lo parece y entonces es necesario volver hacia atrás para encontrar lo nuevo. Hay veces que para descubrir lo nuevo hay que volver a lo viejo, como decía León Trotsky. "Se trata de dar vuelta las viejas formas, como un guante", era su frase, citada por un poeta católico y conservador como T. S. Eliot, quien también dijo que Trotsky fue el único que entendió cómo venía la mano. En los textos de los poetas jóvenes percibo la ausencia de una épica. Con épica, me refiero a un poema que siendo poema –no propaganda– sea político, que recoja los conflictos actuales de la sociedad y los articule con el conflicto personal. Creo que esa carencia es un rasgo de la nueva generación, aunque no descarto que esté equivocado y sea yo quien no pueda percibir la presencia de ese elemento. Uno lee en estado de gracia o bien de desgracia. Cuando leés en estado de gracia, parás un momento y pensás: "Qué pavada estoy diciendo, si esto que creo que no está aparece en el poema de tal autor". No hay duda de que en los más jóvenes hay un lirismo, pero es despojado, muy distinto al de mi época. Despojado de todo colgajo lírico o, como dice el crítico y poeta Sandro Barrella, de "un lirismo narcotizado".
Hoy, los poetas exhiben un lirismo seco. Para expresarlo más gráficamente, los jóvenes bajan la poesía del cielo a la tierra.

–¿A qué poetas argentinos regresa como lector?
–Desde ya, me parecen importantes y releo las obras de Fogwill, Oscar Steimberg, Néstor Perlongher, Francisco Urondo y Osvaldo Lamborghini. Entre los ya no tan jóvenes, me interesan Daniel Samoilovich, Daniel Freidemberg, Pancho Muñoz y Daniel G. Helder. Entre los líricos, al que sigo con mayor placer es a Arturo Carrera. Yendo a los muy nombrados y los no tan nombrados, pienso que siguen teniendo vigencia Juan L. Ortiz, Oliverio Girondo, Leopoldo Marechal, Joaquín Giannuzzi, Ricardo Zelarayán y Hugo Savino. Pero hablando de rupturas y novedades, me interesan los gauchescos: ese Bartolomé Hidalgo que sale de hacer endecasílabos e inventa el tono y el metro de los gauchescos, e incorpora esa risa nuestra tan particular, que está ahí no como mera burla sino para hacerle una grieta al muro detrás del cual se esconde la impostura. Y ellos (Bartolomé Hidalgo, Hilario Ascasubi, Estanislao Del Campo y José Hernández) fueron poetas políticos y de una gran originalidad, y esto no lo digo yo sino que lo detectó con gran lucidez Ezequiel Martínez Estrada. Insisto: me parece actual cualquier poeta que me produzca placer. De lo contrario, todo se vuelve muy aburrido: es la historia del arte, son los catedráticos, la gente que tiene todo muy ordenadito por influencias, líneas y escuelas y a mí eso nunca me interesó un carajo. Para mí, puede ser grande una línea como "mi corazón una mentira pide", que voy a recordar toda la vida aunque no sepa quién fue el tanguero que la escribió (N. de R.: fue Alfredo Lepera). Por último, si se puede hablar de miserias y grandezas de la poesía argentina actual, creo que estamos atravesando un momento en el que, paradójicamente, se escribe cada vez más y mejor poesía y, sin embargo, el género no tiene visibilidad ni en los suplementos literarios de los diarios ni en las librerías.

*Publicado en Ñ el 11 de agosto de 2007
http://www.revistaenie.clarin.com/notas/2009/11/13/_-02040295.htm

6 comentarios - Falleció el poeta leónidas lamborghini

Jahier
... noooooo un grande este tipo, se inmortaliza x fin.

En seguida alguien pone una foto de LEonidas de 300
TAS_IGUAL
Jahier dijo:... noooooo un grande este tipo, se inmortaliza x fin.

En seguida alguien pone una foto de LEonidas de 300

Falleció el poeta leónidas lamborghini