Los últimos avatares de la política argentina son reveladores: las cuatro caras del bipartidismo -PJ y UCR, más la Coalición Cívica y el PRO- coinciden en proyectos claves de carácter neoliberal: optaron juntos por la reapertura del canje de deuda y negocian una reforma política que afianza el esquema bipartidista frente a una tercera fuerza.

Demuestran lo que Proyecto Sur sostiene desde su origen: el gobierno y la oposición disienten apenas en aspectos parciales, secundarios o formales, pero coinciden en lo central: pretenden congratularse con las grandes empresas extranjeras aún al costo de enfrentar a su propio pueblo, alientan el circulo vicioso de la deuda externa, comparten la matriz agro-minera exportadora, permiten el saqueo de nuestros recursos naturales, promueven la dependencia a través del monocultivo de soja y continúan las privatizaciones de los 90.

Detrás de esa enorme plataforma de coincidencias, montan un juego de simulaciones cuya función es que el pueblo argentino crea -según cuestiones de forma- que son opciones diferentes. Que el lugar de oposición sea ocupado por opciones en el fondo coincidentes con el oficialismo, aunque se muestren como distintos, cumple una función clave: dificulta el surgimiento de una oposición real, que proponga un modelo alternativo.

Porque la política la entienden como show, y porque no disienten en los esencial, es que no hay un político de la partidocracia argentina que plantee los grandes temas estratégicos del país: ¿alguien escuchó a Elisa Carrió, Daniel Scioli, Aníbal Fernández o a Mauricio Macri referirse al problema de la deuda externa, criticar la privatización del petróleo, llamar a la reconstrucción del ferrocarril o instalar en la agenda nacional la defensa de los recursos existentes en el Atlántico Sur? La ausencia de esos temas en sus discursos es la prueba de la inmensa irresponsabilidad de esta clase dirigente.

En la última campaña electoral, Fernando "Pino" Solanas aseguró que Proyecto Sur en el Parlamento, apoyaría los buenos proyecto y rechazaría los malos, sin importar si vienen del oficialismo o de la oposición. Por eso votó a favor de la Ley de Medios pero rechazó el Presupuesto 2010 propuesto por el oficialismo. Mantener esa independencia costó caro: los medios de comunicación que se muestran como ultra opositores y la falsa oposición que comparte el modelo, han creado algo que denominan “centroizquierda” y adjetivan como “aliados K", mientras el kirchnerismo nos tilda como “funcionales a la derecha”.

Por si quedan distraídos: Proyecto Sur es y será intransigente en su crítica a las políticas de entrega del patrimonio nacional que le cuesta al país el hambre de sus chicos. No somos "aliados K" ni "Oposicionismo": somos argentinos comprometidos con nuestro país y con la defensa de nuestros recursos, que buscamos construir una tercera fuerza, nacional, federal y popular que acabe con el reinado del bipartidismo que hundió al país.