“La Doce”, el libro más peligroso del año


(ARGENTINA) - Esta investigación del periodista Gustavo Grabia, que acaba de publicarse en Argentina, revela los vínculos de la barra brava de Boca con la ley, la policía y el poder político. “La idea era mostrar, de la manera más detallada, el accionar de esta barra, para que todos puedan entender cómo se maneja y cuánto poder tiene”, dice al autor. Al final de la nota, el autor del libro le responde a América Late.
“La Doce”, el libro más peligroso del año
“La Doce. La verdadera historia de la barra de Boca” es el cuarto libro publicado por el periodista argentino Gustavo Grabia (1967).


En octubre de 1958, el diario La Razón de Argentina usó la expresión “barra fuerte” para referirse a los hinchas que asesinaron al joven Mario Linker en un partido entre los equipos Vélez Sársfield y River Plate. Sin embargo, poco tiempo después, a comienzos de la década del ‘60, ya estaba afianzada la expresión “barra brava” para identificar a los grupos organizados de hinchas que se caracterizan por llevar adelante los cánticos y por desplegar la pirotecnia para alentar a su equipo, así como por producir hechos violentos y mafiosos.
doceEl nuevo libro del periodista argentino Gustavo Grabia, La Doce. La verdadera historia de la barra de Boca, cuenta la historia profunda de la barra brava argentina más emblemática, conocida por su accionar delictivo y violento (varios de sus líderes están presos) y por sus contactos con el poder económico y político del país.

En la gacetilla de prensa que hizo circular Editorial Sudamericana, se anuncia que se trata de “el libro más peligroso del año”. La contratapa desarrolla un poco esa advertencia: “Bienvenidos al paravalanchas VIP de La Bombonera, reino exclusivo de la Doce, brazo armado de la hinchada de Boca Juniors. Aquí encontrarán, como en una trepidante película de aventuras o una buena saga mafiosa, tiros, líos, corridas, muertos, heridos, botines fabulosos, traiciones, arreglos espurios con la ley y el poder político, amén de otros condimentos de ésos que hacen a un buen relato. (…) Aquí están, éstos son, entonces, sus crímenes, sus negociados, sus luchas internas, sus más famosas batallas y sus constantes burlas a la Justicia”.

A modo de presentación de su nueva obra, Grabia contó: “Sin sumar todo el trabajo que publiqué durante muchos años en Olé (el periodista trabaja desde 1996 en el diario deportivo de mayor circulación del país, donde ocupa el puesto de editor), la investigación para este libro me llevó dos años y medio. La idea era tratar de mostrar, de la manera más detallada, el accionar de esta barra, sus conexiones con la política y la policía, toda su historia… La intención era que, a partir de eso, todos pudieran entender cómo se manejan y cuánto poder tienen”.

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José Barrita (conocido como “El Abuelo”, muerto en 2001) y Rafael Di Zeo, dos de los líderes más emblemáticos de la barra brava de Boca. (Fotos: Infobae)


“La voz de todos los hinchas”

Las barras bravas se caracterizan por ubicarse en las tribunas populares, donde ven el partido de pie o colgados de los paravalanchas y alambrados. Según Wikipedia, se caracterizan por la “exaltación de la fuerza, el nacionalismo, el sentido del honor asociado con la capacidad de pelear y la necesidad de reafirmación”. En la Argentina, funcionan como organizaciones muy estructuradas y sólidas, encabezadas por un líder. Aseguran ser “la voz de todos los hinchas” y utilizan su poder para realizar un gran número de negocios (relacionados o no con el fútbol). Mantienen una constante disputa interna y externa por el poder, y se vinculan con jugadores, empresarios y políticos para intercambiar favores y mantener un sistema en donde puedan manejarse con impunidad.

A pesar de tener una tradición más larga en la Argentina, grupos de barras bravas empezaron a surgir a partir de fines de la década del ‘80 en muchos países latinoamericanos con pasión por el fútbol, como Brasil (donde se denominan “torcidas”), Chile, Ecuador, Perú, México, Uruguay y parte de América Central. Se podría encontrar cierto parentesco entre las barras bravas latinoamericanas y los hooligans en Inglaterra o los ultras en Italia y España.

Grabia (1967) es egresado de la carrera de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Buenos Aires y de la Escuela del Círculo de Periodistas Deportivos. La Doce. La verdadera historia de la barra de Boca es su cuarto libro, después de Disquisiciones sobre la habilidad (y otros relatos), El club del fin del mundo (y otros cuentos futboleros) y Cien años de Ferro. Como periodista deportivo, se especializó en el fenómeno de las barras bravas, para lo que generó fuertes vínculos con miembros de esas agrupaciones, así como con la policía y figuras del poder. Sus investigaciones le valieron el reconocimiento de sus pares, hicieron que recibiera muchas amenazas y provocaron que lo despidieran del mayor canal de deportes del país, ya que molestaba a la dirigencia de la AFA (Asociación del Fútbol Argentino).

“Los barras son fanáticos del negocio y se manejan con total impunidad, es insólito”, afirmó Grabia recientemente en una entrevista. También sostuvo que “no hay voluntad para acabar con la violencia, porque los barras son utilizados por el poder como fuerza de choque, se conocen y no les conviene hablar, por que pierden todos”. En este sentido, el periodista sostiene que “no existen fórmulas mágicas para concluir con el vandalismo” y asegura que la única solución sería un “cambio de sistema, que sólo puede darse con decisión política”.

MAS INFO.:
Grabbia responde a América Late

−En la gacetilla de prensa que circula en todos lados se dice que tu libro es el “más peligroso del año”. ¿Significa que vos estás en peligro? ¿O se trata de que el libro puede ser peligroso para intereses de otros? ¿Tuviste presiones para que el material no se publicara?
−Supongo que, como se cuenta con muchos detalles la vida de una barra brava, en este caso la de la más famosa de la Argentina, la editorial cree que el libro es peligroso para mi persona. En realidad, tuve amenazas post publicación y una editorial, hace dos años, había comprado los derechos y después de ver la calidad de las denuncias con su respectiva documentación comprobatoria, que incluía a importantes personajes de la política local, decidió no editarlo. Supongo que la suma de ambas cosas confluyen en esa leyenda de ser el libro más peligroso del año.

−¿Cómo construiste el vínculo personal con miembros de la barra brava? ¿Creés que muchos de ellos van a ver esta publicación como una traición?
−Yo trabajo el tema de la violencia en el fútbol en la Argentina hace trece años. Y tengo muy buena información no sólo de barras bravas, sino de fuentes policiales, políticas y judiciales. Por lo tanto, a ellos también les interesa mantener una relación conmigo, porque saben que muchas veces soy poseedor de información privilegiada de cuestiones que los involucran. Y hay algo que ellos respetan sobremanera: yo los expongo con todo detalle cada vez que cometen un ilícito, pero también si los acusan de algo que investigo y no es como dice la Policía (ocurre a menudo, básicamente cuando quieren cobrarles un diezmo más caro para liberarles zonas o dejarlos en paz), yo cuento la verdad. Esto me ha valido amenazas también de estamentos del Estado, pero por otro lado, eso me da credibilidad no sólo entre mis lectores, sino entre los propios protagonistas de las historias. Y no hay traición posible sobre un vínculo que sólo está construido desde lo profesional. Yo no pago por información ni recibo dinero por publicar algo, una práctica que a veces ellos están acostumbrados a ejercer. Y eso también te da otra posición ante ellos. A mí me quisieron comprar dos veces con primicias de primera mano y que yo me haya negado a sumas importantes, hizo subir mi consideración entre estos barrabravas.

−¿Cuál es tu motivación interna para meterte con temas tan pesados y qué fin perseguís?
−Es mi trabajo. No tengo una motivación especial. Yo no hacía periodismo deportivo, sino que pasé por otras secciones (información general y espectáculos). Cuando entré a Olé, lo hice para hacer todo lo que rodea al espectáculo del fútbol, incluyendo eso el tema de la violencia, que creció exponencialmente en la última década. Y ese trabajo de investigar la subtrama política de la violencia me atrapó y me pareció mucho más interesante que comentar partidos de fútbol. Y creo que no persigo ningún fin. En algún momento pensé que mi trabajo podía colaborar para erradicar a los barras. Pero vista la situación actual y la connivencia que hay entre éstos y quienes deben combatirlos, me di cuenta de que eso es una utopía.