Argentina subió al Grupo Mundial en 2001 y ya nunca volvió a pensar en la posibilidad del descenso. Había una generación en tren de consolidación que dio sus frutos a lo largo de estos años, por más que al final nunca se haya levantado la ansiada Ensaladera. Pasaron 23 series y 8 primeras rondas, de las cuales 6 fueron de local. ¿Los rivales? Australia, Alemania, Marruecos, República Checa, Suecia, Austria, Gran Bretaña y Holanda.

Sí, para dos de las más accesibles, la tercera y la sexta, el equipo nacional debió viajar y no pasó mayores sobresaltos. El resto, mayoría de 5-0 cómodos en casa. El capitán de aquel barco que dio el salto, ante Bielorrusia (septiembre de 2001), era Franco Davín, el mismo que conduce actualmente al tenista que más ilusiones genera y al que hoy, desde Modesto Vázquez para abajo, todos extrañarán horrores.

Con este panorama, Suecia toma dimensiones de gigante. Ya no es solamente Robin Soderling y la carpeta ultrarrápida de Estocolmo. O los saques de Joachim Johansson, en menor medida. A partir de ahora, y hasta el 5 de marzo, habrá que pelear contra las propias limitaciones. El líder será un David Nalbandian que llegará con apenas dos torneos encima en mucho tiempo, y ambos sobre polvo de ladrillo… Por lo demás, ni Juan Mónaco, ni Leonardo Mayer ni Horacio Zeballos dan el perfil de un segundo singlista sólido.

Al menos los dos últimos pueden ser una esperanza para el dobles, que podría empezar a configurarse –en el mejor de los casos- como "el punto de la serie" (Eduardo Schwank también podría ser el compañero de "Cebolla", con quien ganó el oro en los Panamericanos de 2007). Por lo demás, un eventual choque Nalbandian-Soderling sería un cierre ideal para el domingo, nuevamente si el optimismo acompaña.

Perder en el debut significaría jugarse la permanencia en la máxima categoría de la Davis en una serie contra alguno de los ganadores de las zonas del Ascenso u otros perdedores de la primera ronda del Grupo Mundial. Allí Argentina, actualmente quinta en el ránking de la competición, sería cabeza de serie y evitaría a un rival de peso, aunque podría ser visitante. Como sea, un repechaje es un repechaje, y ahí entran en juego factores que pertenecen únicamente a las verdaderas finales.