Gota a gota, el agua se agota..

20.06.2010

En esta región del globo, por costumbre, se dispone del agua a antojo. Se bebe tanta como se quiere y se disfruta de baños prolongados. Hábitos que en realidad son privilegios, habida cuenta de que sólo el 2,5% del agua del planeta es potable, que algunos países (incluso los emergentes) sufren “estrés hídrico” y que uno de cada cuatro habitantes del mundo carece del recurso.

Gota a gota, el agua se agota..


El desperdicio del agua es una constante en casi todos aquellos lugares que disponen de ella en abundancia. Recién cuando escasea los individuos notan que el acceso a este recurso no es algo natural ni perpetuo. Al igual que lo que se ha hecho con otros recursos naturales como el petróleo y el gas, la humanidad ha tratado al agua como si fuese inagotable. La diferencia es que el cénit de los dos primeros se hizo evidente antes que el del agua.
No obstante, y como ocurre frecuentemente, la responsabilidad del derroche no es igual para todos. Una estimación aceptada es la dada por Peter Gleick, presidente del Pacific Institute for Studies in Development, Environment and Security, quien considera que 50 litros diarios por persona es lo básico para cubrir las principales necesidades (bebida, saneamiento, cocina e higiene). Sin embargo, las desigualdades son muy notorias: mientras un habitante estadounidense utiliza en promedio 250 litros por día, un nativo de Somalia apenas alcanza los 9 litros en igual período de tiempo, lo cual evidencia la imposibilidad de éste último de satisfacer las necesidades antes planteadas.
Por otra parte, así como en Sudamérica existe un excedente de agua por habitante bastante considerable que hace frecuente su despilfarro, en Asia la situación es la inversa, con el agravante de tener poblaciones en marcado aumento.
Esto es algo que necesitan considerar los países emergentes de dicho continente. ¿Podrán convertirse en verdaderas potencias si la provisión de agua no está garantizada?

Explosión demográfica y recurso escaso

India es uno de esos Estados en vías de desarrollo donde la situación hídrica es delicada. La escasez crónica es un problema en 19 ciudades importantes. Se estima que sólo en quince años, en el 2025, la nación entrará en la categoría de “país con tensión hídrica”. Eso sin contar que ya están contaminados catorce de sus principales ríos.
Teniendo en cuenta estos datos, la utilización apropiada del agua en el sector agrícola resulta impostergable, considerando que el 90% del agua dulce que emplea la ex “perla británica” se destina a dicha actividad económica, en contraste con el escaso 7% que se usa en la industria y el ínfimo 3% reservado para necesidades humanas.
Una particularidad: cuanto más desarrollado es un país, mayor cantidad de agua dulce destina a la industria y al uso doméstico, en detrimento de la agricultura. Excepciones a esta regla se encuentran en Japón, donde el principal desvío se produce por el riego de los arrozales; y España y Portugal, donde la mayor parte del agua disponible se destina a la agricultura de regadío.
La situación de China dista de ser mucho mejor. El país cuenta actualmente con el 22% de la población mundial pero sólo con el 7% del agua dulce del planeta. Según las estimaciones, con tales índices está en condiciones de abastecer a la mitad de su gente: 650 de los 1.200 millones de habitantes chinos. El país está, según los hidrólogos, en lo que se denomina “juego de suma cero en la gestión del agua”, lo que significa que las autoridades deben quitarla de una provincia para dársela a otra; situación que se refleja claramente en las cercanías al río Amarillo. La escasez de agua dulce es de carácter crónico en el norte del país; y crítico en muchas grandes ciudades, incluida Beijing, cuya población es de 17 millones. Sólo en esta ciudad, la tercera parte de los pozos se han secado.
No reviste menor preocupación que el lago Baijangdian, el mayor de agua dulce del norte de China y que abastece a ciudades como Beijing y Tianjin, frecuentemente amenace con secarse por completo debido a las sequías que suelen azotar a la región. Desde 2002 el lago se encuentra dentro de las “zonas de protección medioambiental” del país, una medida que busca evitar la catástrofe económica, política y social que implicaría su agotamiento.
De lo expuesto se desprende que el desarrollo sostenible del recurso es vital para un país cuyo desarrollo ha sido tan extensivo como veloz, y donde la creciente población se traduce en aumento de las demandas.
Justamente por ello, en 2004 se instrumentó la concesión de recursos hídricos en siete cuencas hidrográficas de China, incluyendo la implementación de una nueva Ley de Agua para la nación. De manera inclusiva, el gobierno y la Asociación China para el Agua decidieron que las partes interesadas trabajasen en la planificación del uso del recurso. Pese a tratarse de un país comunista en lo político, los planes incluyeron consultas democráticas con el objetivo de evitar desacuerdos. En este marco, aún vigente en la actualidad, es la gente la que discute las cuestiones hídricas y comparte sus experiencias. En la medición de 2005 se detectaron importantes progresos en lo relativo a las evaluaciones sobre la cantidad, la calidad y las formas de utilización del agua disponible.
Asimismo, el gobierno pretende construir un enorme acueducto capaz de transportar agua del embalse de Danjiangkou (provincia de Henan) a Beijing. La región abarca 1.300 km2 de tierras dedicadas a la explotación agrícola para la producción de alimentos.
Ocurre que China no puede desviar demasiada agua de la actividad agrícola. La producción de granos se vería afectada y el país debería importarlos en mayor medida de lo que lo hace actualmente. Según el Worldwatch Institute, la escasez del recurso se traduciría así en escasez mundial de granos, con su consecuente efecto en los precios. Tal alteración en el mercado internacional de dicho commodity traería como consecuencia que los países en vías de desarrollo tengan serias dificultades para adquirirlos.
Estos casos evidencian que la cuestión del agua debe incluirse en los planes de desarrollo nacionales, a fin de que su adecuada gestión se traduzca en desarrollo social y económico. No se registrarán avances de largo plazo en tales ámbitos sin la garantía del recurso.
En Sudamérica, particularmente, esto no parecería a priori un problema, habida cuenta de la disponibilidad de agua. No obstante, la actividad agrícola, de gran peso económico en la región, es la que mayor cantidad de agua dulce demanda. En este sentido, resulta crucial incrementar la eficacia en la producción de este sector, fundamentalmente en lo que se refiere al riego, ya que por lo común éste no sólo utiliza mucha agua sino que además la desperdicia en demasía (se calcula que sólo entre el 15 % y el 50 % del agua de riego llega finalmente a los cultivos). De allí la importancia de mejorar los sistemas agrícolas de utilización del recurso azul. Para esto, algunos países están trabajando con sistemas de riego por goteo, aunque por lo pronto su valor es elevado para los agricultores sudamericanos.
En este contexto internacional, es necesario repensar el uso del recurso. Será clave a futuro cambiar el paradigma con que el mundo está manejándose en la actualidad. Dejar de concentrarse en cuánta agua se necesita y cómo conseguirla, para recapacitar sobre cuánta agua hay y cuál es el mejor modo de maximizar su aprovechamiento. El cambio de enfoque resulta crucial.

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