Ninguno me hable de penas…
Condiciones laborales en los tambos argentinos


Sebastián Cominiello
Grupo de Estudios Rurales – CEICS


Condiciones laborales en los tambos argentinos



Con el objetivo de caracterizar los procesos de trabajo y las condiciones laborales de los obreros de la producción primaria de leche, visitamos los tambos de la provincia de Santa Fe y de Córdoba. En el campo, a estos obreros se los llama “tamberos”. Sin embargo, curiosa situación, cuando uno quiere entrevistar a los tamberos siempre le presentan a algún “productor tambero”. El “productor” no es otro que el dueño del tambo, el propietario. En realidad el dueño, como ya nuestro lector advierte, de productor tiene poco y nada. El que produce es el trabajador. No obstante, como la mayoría de los trabajadores rurales, los obreros tamberos son invisibles a los ojos de muchos. Muchos sectores del progresismo, y algunos de izquierda, plantean la necesidad de que la clase obrera se alíe con el pequeño capital agrario. El lector podrá juzgar, por lo que sigue, lo acertado de tal propuesta.

De accidente en accidente

Los trabajos en los tambos contemplan muchas tareas que remiten al ordeño, la alimentación y la sanidad del rodeo. En un artículo anterior(1) describimos las tareas del proceso de trabajo en una explotación tambera. Existen muchos riesgos de enfermedades y lesiones durante una jornada de trabajo en el tambo. En principio, el riesgo que tiene el trabajador depende fundamentalmente de la cantidad y el tipo de tareas que realice. En tambos grandes(2) la mano de obra se divide en grupos. Lo mismo sucede con el rodeo, que se distribuye en lotes por rendimiento de leche. De esta manera, si contamos con 3 lotes de 160 animales, se pueden dividir grupos de trabajo de 4 personas por cada lote. Esta organización permite dividir las tareas a realizar. Por el contrario, en explotaciones pequeñas o medianas el tambero y generalmente la esposa, o algún trabajador, efectúan todas las tareas. Por lo tanto, se encuentran en relación directa con maquinas agrícolas, antibióticos, alimentos concentrados, enfermedades, efluentes, etc. Esta diversidad de tareas que efectúa una o dos personas aumenta el riesgo de los accidentes y las enfermedades.

En tambos chicos, con un rodeo de 100 o 120 vacas en ordeño(3), es frecuente encontrar salas de ordeño con brete a la par (uno al lado del otro) de 6 u 8 bajadas,(4) lo que genera un problema serio para el tambero por la posición de trabajo necesario. En este caso, el tambero debe agacharse para poner las pezoneras y sacarlas. Con 100 animales en ordeño, 2 veces por día, dicha operación se debe hacer 400 veces por día. El trabajador a largo plazo tiene problemas de cintura y espalda. Muchos trabajadores se ven en la necesidad de comprar las fajas para la cintura que uno ve en los repositores de supermercado. En explotaciones tamberas con mayor tamaño del rodeo se encuentran salas de ordeño “espina de pescado”. Esta instalación dispone a los animales en forma oblicua a lo largo de una fosa central. Las ubres y las pezoneras en este caso están a la altura de los hombros para evitar tener que inclinarse. Las salas de ordeño de tambos pequeños, a diferencia de los grandes, son perjudiciales para los trabajadores.

En la alimentación de los animales la situación también puede resultar peligrosa. Por ejemplo, el alimento balanceado puede producir reacciones alérgicas en la piel. Otros productos que se utilizan en la explotación son cáusticos y pueden provocar quemaduras, sobre todo cuando están concentrados. Lo mismo sucede con respecto a la sanidad. Los trabajadores que ejecutan dicha tarea, sea el tambero o cualquier trabajador, están en contacto con medicinas, antibióticos, enfermedades, que no sólo pueden influir en el contagio a otros animales, sino al operario mismo que, la mayoría de las veces, por falta de capacitación, no es conciente de los peligros que representa. Ello se debe a que los costos que implica tener un grado de higiene y asepsia razonable son un precio elevado para la estructura de una explotación chica o mediana. Es decir, es más económico un accidente de trabajo.

En relación a la maquinaria también existe una alta frecuencia de accidentes laborales. Varios factores posibilitan que los trabajadores sufran lesiones. En primer lugar, el modelo de la maquinaria. Numerosos tractores que se encuentran en tambos chicos, son modelos pertenecientes a la década de 1960 o 1970. La escala de producción de estos tambos generalmente impide una inversión para la compra de un tractor más moderno. En el caso de que se renueve la maquinara podrán adquirir a lo sumo modelos de los años '90. Los tractores más antiguos tienen un acceso posterior a la conducción y una toma de fuerza generalmente desprotegida. Esta situación favorece los accidentes cardánicos, ya que el cardan(5) se ubica en el lugar de acceso al vehículo. Otros factores remiten a las condiciones sonoras y de vibración de los caños de escape. En tractores de décadas anteriores el caño de escape se encuentra en vertical cercano al puesto de conducción. Si el tractor no tiene cabina, el obrero convive con el ruido y el humo debido a que no tiene una división que lo aísle. En cambio, si tiene cabina, en aquellos modelos generalmente es deficiente, por los materiales con que fue realizada, transformándose en una caja de resonancia del ruido del motor. De más está decir que, en este caso, la ausencia más comprobada es la provisión de protección auditiva. Asimismo, este tipo de tractores no posee suspensión, tramsmitiendo en su totalidad todos los golpes que produce el tráfico por el campo a la columna del trabajador. De esta forma, vemos que las explotaciones con menor producción de leche son las que exponen a los trabajadores a un mayor riesgo. Por su parte, los propietarios casi en su totalidad contratan un seguro contra riesgos de trabajo para quedar a resguardo en caso de que surja algún accidente.

Con estas condiciones de trabajo, no debe llamar la atención que el sector de Agricultura, caza, silvicultura y pesca sea la segunda actividad económica, después de la construcción, con mayor Índice de pérdida(6) por Accidentes de Trabajo, con 3.156 jornadas de trabajo en promedio, de 2006 a 2008(7).

Los trabajadores sin derechos laborales

En lo tambos, las formas de contratación de mano de obra son dos. Una llamada tambero-mediero o a porcentaje, y la otra en relación de dependencia. Esta última prevalece en explotaciones que cuentan con varios trabajadores. La primera forma de contratación predomina en los tambos chicos y en medianos. En términos formales asume la forma de trabajador autónomo (monotributista). El tambero-mediero recibe como remuneración un porcentaje de la leche producida. Dicho porcentaje se ubica entre el 10% y el 20% de la producción (actualmente puede rondar entre los 5 y los 10 mil pesos). La remuneración habitualmente contempla el trabajo del tambero y de otra persona más. A su vez, los que trabajan en tambos no tienen fines de semana, lo que implica 104 días más de trabajo. Por lo tanto, no puede ser considerada como una remuneración privilegiada ni mucho menos. Esta relación entre el tambero y el propietario es peculiar ya que el contrato que se establece entre los dos es asociativo. Es decir, el tambero no es un “trabajador” en términos legales sino un “socio” del dueño. De este modo, se deja a los tamberos sin derechos laborales. Por ende, sin indemnización, sin aguinaldo, sin nada. En el caso de que algún familiar trabaje con el tambero en su mayoría no se encuentra registrado. Si el tambero contrata un peón, la relación laboral se establece con él, no con el propietario del tambo, teniendo responsabilidades legales a su cargo. De este modo, el tambero asume las responsabilidades legales que le corresponden al propietario-empleador por el contrato de la mano de obra. Legalmente se justificaría debido a que es un “socio” del propietario. En realidad, no es más que el fusible de escape en el caso de que el tambo cierre.

Esta franja de trabajadores empleados por los obreros tamberos, generalmente jóvenes, tiene una estabilidad muy débil. En principio, la remuneración es el mismo porcentaje, pero de lo que recibe el tambero. A su vez, si aprende el trabajo, busca ser él tambero y poder llegar a tener un sueldo algo razonable. En cambio, si su trabajo no llegar a cumplir las expectativas, difícilmente continúe y será reemplazado por otro. De esta forma, se asemeja a la franja laboral de jóvenes urbanos que bucean en los trabajos precarios, pero en peores condiciones.

Como si fuera poco, la mayoría de los propietarios de tambos con baja productividad, que acabamos de describir, reciben subsidios por parte del Estado. En 2008, los propietarios que producían hasta 3 mil litros por día, recibieron una compensación de 10 centavos por litro producido, lo que pudo llegar a representar un ingreso de hasta 9 mil pesos para cada uno. En 2009, las compensaciones se elevaron hasta los que producían 12 mil litros por día. El subsidio fue de 20 centavos por litro y benefició a 8.576 pequeños propietarios de tambos.(8) Imaginará nuestro lector/a los beneficios de estas compensaciones que obtuvo el tambero “socio”… Adivinó: ninguno.

Cuanto más chico peor

Las peores condiciones laborales se encuentran en las explotaciones menos productivas. El pequeño capital, más allá de lo que toda la cultura nac&pop (incluido el Gobierno o la FAA) reivindique.(9) Y estas condiciones se dan con subsidios estatales, lo que es más ofensivo a la situación del trabajador. Todo intento de alianza política con este sector “productivo”, como promueven algunos partidos que se dicen de izquierda, no puede ignorar esta realidad. Buscar la alianza con estos sectores conlleva necesariamente el sacrificio del trabajador rural. Tal vez por eso, después de finalizado el viaje por el interior, me acordaba de las palabras del Martín Fierro: “Ninguno me hable de penas, porque yo penando vivo”. Los obreros tamberos saben bastante de eso.


(1) Ver Cominiello Sebastián: “Mala leche”, en El Aromo, nº 51.
(2) Tomamos como principal determinante para la clasificación de los tambos la cantidad de vacas totales, sabiendo que conllevan una relación con la cantidad de hectáreas de la explotación. Consideramos un tambo chico a una explotación con menos de 100 vacas totales. Un tambo mediano con 100 a 400 vacas totales y tambo grande con más de 400 animales.
(3) El rodeo se divide en vacas en ordeñe (que se encuentran produciendo leche), vacas secas (en parto) y vacas totales (la suma total).
(4) Bajada se denomina a la cantidad de vacas que se pueden ordeñar simultáneamente en la sala de ordeño
(5) En los vehículos de motor se suele utilizar como parte del árbol de transmisión que lleva la fuerza desde el motor situado en la parte delantera del vehículo hacia las ruedas traseras.
(6) El índice de pérdida refleja la cantidad de jornadas de trabajo que se pierden en el año, por cada mil trabajadores.
(7) Ver Informe Estadístico de Accidentabilidad 2008 en www.srt.gov.ar.
(8) Ver “Compensaciones: 89 millones de pesos para productores tamberos”, en www.caprolec.com.ar y www.oncca.gov.ar.
(9) Ver Mussi Emiliano. “El reino de los pitufos”, en El Aromo, nº 49.


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