África: La gente vive esperando la muerte en muchos pueblos de Níger


África: La gente vive esperando la muerte en varios pueblos


Níger es el epicentro de la actual crisis alimentaria en África occidental. Caroline Gluck, enviada de Oxfam, nos informa desde las comunidades más rurales a las afueras de Niamey.

El municipio de Simiri, dentro del distrito de Ouallam está a aproximadamente a una hora y media por carretera de Niamey, la capital de Níger. Simiri está lejos de ser una de las zonas peor afectadas por la crisis alimentaria más aguda que en estos días azota el país. Se comenta que hay áreas más al norte del distrito donde la situación es mucho muy seria.

No obstante, incluso en Simiri las circunstancias son extremas. Cuando pregunto a un grupo de hombres cobijados a las sombra cómo han ido las cosas, me responden: “La situación es catastrófica”.

Más del 80% de los nigerinos viven en zonas rurales como Simiri, y subsisten gracias a la agricultura y la ganadería. Se dice que para la mayoría de estas personas el ganado es su cuenta bancaria. Si las cosas van bien, compran más animales, porque lo consideran una inversión para el futuro. Pero los tiempos que corren son terribles.

La escasez de existencias presagia una hambruna catastrófica

En el municipio de Simiri, la mayoría de los hombres que antes tenían ganado se han visto obligados a venderlo para comprar alimentos para su familia.

Dos hombres me dijeron que sus vacas habían fallecido en los últimos nueve días. No hay ni comida, ni pasto, ni agua para alimentarlas, así que simplemente colapsaron y se murieron de inanición. Oxfam había repartido forraje en el municipio, pero los hombres me dijeron que se había terminado todo.

Djibri Daouda, un padre con cuatro hijos, me muestra una vaca: “El año pasado tuve que vender dos vacas para poder alimentar a mi familia”, me explica. “Esta era la última”, añade mientras con un gesto me señala la res muerta y seca sobre el terreno arenoso y lleno de moscas. “Se murió hace nueve días”, se lamenta el granjero.

Después, Djibri me enseña el granero de la familia vacío, pues la pequeña cosecha de mijo se acabó hace muchos meses. “Ya solo vienen los ratones”, comenta con sarcasmo.

Aparte de las vacas, este granjero antes tenía cabras, ovejas y varias gallinas, pero la única gallina que le queda está enferma y ya no pone huevos. La familia sobrevive principalmente con una dieta de hojas silvestres mezcladas con harina de mandioca.

“Lo único que le pido a Dios es que superemos estos tiempos tan difíciles. Si lo logramos, quizá recobremos la esperanza”, concluye Djibri.

Se trata de tiempos muy preocupantes, que marcan solo el principio de la conocida como época de mayor hambruna en Níger, ya que faltan varios meses antes de la próxima recogida de las cosechas en septiembre. La gente ya ha agotado la mayoría de sus mecanismos de supervivencia vendiendo el ganado y los bienes familiares.

Sobrevivir comiendo hojas silvestres

Antes Moussa Kolikoye tenía más de treinta cabras, trece ovejas, nueve vacas, un burro y dos caballos, pero con los años ha ido teniendo que venderlos todos, hasta que la última oveja se le murió a finales del año pasado.

“Este año ya no me queda nada”, se lamenta este padre con ocho hijos. “A veces puedo ganar algo de dinero, pero ya no me quedan muchas fuerzas porque estoy débil de no comer. Aquí la gente vive esperando la muerte, y no hay otra cosa. Pueden pasar tres o cuatro días sin que comamos decentemente, solamente sobrevivimos con hojas silvestres”.

Después de conducir un rato, me detengo en el poblado de Zontondi. Me encuentro con unos hombres que están vendiendo leña recogida del lado de la carretera, una de las pocas actividades con las que pueden ganar algo de dinero. Incluso así, salen de su casa de madrugada, tienen que andar nueve kilómetros o más para encontrar la leña y después vuelven cuando ha oscurecido.

“Son los peores tiempos que he conocido”, se queja Younoussa Mahmoudou, un padre de 50 años con doce hijos. “Estamos peor que en 2005″. Fue en dicho año cuando Níger se enfrentó a una crisis alimentaria seria, pero en 2010 la gente dice que la hambruna está más extendida. Lo único que pueden hacer es rezar para que llegue la ayuda y puedan así superar los próximos meses.

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