La prensa de derecha quiere golpear
Aca les dejo cuatro articulos que bien pueden integrar el manual del pequeño golpista ilustrado.Algunos sentiran rabia, y a otros les dará gracia. Espero que la derecha taringuera postee sin insultar.
Van Der Kooy “El Otro” profeta de Clarín
CLARIN 21 de octubre de 2010

Un desenlace esperable en un país donde siempre se juega con fuego
21/10/10
Por Eduardo Van Der Kooy
Se impone, antes que nada, una precisión: no existía hasta anoche, al menos, ninguna prueba de que el Gobierno haya tenido algún vínculo – directo o indirecto– con la reyerta sindical entre facciones antagónicas del gremio ferroviario que concluyó con un militante muerto y una mujer herida de gravedad. Las imputaciones lanzadas por manifestantes del Partido Obrero (PO) contra el secretario de Transporte, Juan Pablo Schiavi, no superaron la categoría de conjetura .
Tampoco podría achacarse culpas al todopoderoso líder de la CGT, Hugo Moyano. La Unión Ferroviaria está conducida por José Pedraza. Ese dirigente, que creció en los 90 a la sombra del menemismo, no está ahora alineado con el jefe de los camioneros. Merodea, en cambio, los ámbitos de los viejos gordos cegetistas opuestos a la actual directiva y a la espera de los acomodamientos electorales que puedan ocurrir en el peronismo.
Sin embargo, ni Néstor ni Cristina Kirchner, ni el propio Moyano podrían desentenderse de un perceptible clima de encierro y violencia latente que caracteriza a la Argentina, en especial, desde que el kirchnerismo cayó derrotado en las elecciones legislativas del 2009.
Ese clima tiene manifestaciones cotidianas que, por repetidas, han dejado de sorprender a la clase dirigente y a la sociedad . Pero que van dejando residuales de pólvora que cualquier fricción transformaría en explosión y fuego.
Las dificultades, por ejemplo, que muchos precandidatos de la oposición encuentran cuando salen de campaña. En especial en el peronismo disidente. Felipe Solá y Francisco De Narváez podrían dar testimonio sobre los aprietes sufridos. Las extorsiones que padecen los intendentes del conurbano que empiezan a disentir con los planes del matrimonio. El castigo económico a los gobernadores díscolos. Las presiones descomedidas contra la Corte Suprema y la Justicia. La persecución a los medios de comunicación que construyen, según la academia kirchnerista, un relato distinto al del matrimonio presidencial. Los Kirchner transmiten de manera permanente que el poder que ostentan no se conforma con ningún límite.
La Presidenta y el ex presidente, tal vez, no tengan cabal conciencia de la infinidad de potenciales reacciones, concientes o inconcientes, que desatan cada uno de sus actos y sus palabras. Aunque a esta altura de los acontecimientos, en verdad, sería difícil aceptar esa ignorancia en la pareja.
Más bien, podría pensarse que cada uno de aquellos actos o palabras buscarían, en efecto, provocar lo que provocan.
Su alianza final con Moyano para recorrer el camino electoral multiplican, por otra parte, aquellas posibilidades. El líder de los camioneros hizo de la prepotencia, también, un estilo en el mundo sindical. Pero su protagonismo, embalado por Kirchner, creció además en geografías que no le eran antes familiares: el secretario general de la CGT entró a codazos en la política cuando agarró el timón del PJ de Buenos Aires.
Ayer mismo desgranó frases temerarias.
Advirtió que si en el 2011 gana Julio Cobos o algún peronista disidente iría a la Plaza de Mayo con “Pablo (uno de sus hijos) y los pibes” para protestar. Dijo incluso que, en ambos casos, se pondría en peligro la gobernabilidad de la Argentina.
Sonó como una admonición matona, inadecuada. Como una maniobra, también, para sembrar el miedo ante la chance de una alternativa diferente en el poder el año próximo.
Antes, se había ocupado de las expectativas presidenciales de Daniel Scioli. Lo descalificó como sucesor hipotético de Kirchner. Y hasta insinuó que podría entorpecerle su recorrido en la búsqueda de un segundo turno como gobernador.
Las bataholas sindicales son una constante en la historia de nuestro país. Y, mal que le pese a Cristina, tuvieron expresiones durante la era kirchnerista.
Además con sino trágico.
En octubre del 2006, durante el traslado de los restos de Juan Domingo Perón a San Vicente, hubo una balacera entre grupos antagónicos. El mayor responsable fue Emilio Quiroz, un ex chofer de Pablo Moyano.
En diciembre del 2008 hubo otro muerto en un enfrentamiento sindical. Ocurrió en Rosario, lejos para las preocupaciones políticas de los Kirchner. Entonces fue asesinado un dirigente de la Asociación de Trabajadores de la Lechería de la República Argentina (ATILRA). De un sector del gremio divorciado de la conducción de Moyano en la CGT.
El Gobierno mostró ayer reflejos políticos perezosos para reaccionar frente a la pelea sindical y la muerte de un militante del PO. Más de cuatro horas pasaron desde la tragedia antes de oír la voz de Aníbal Fernández, el jefe de Gabinete. Después se pudo escuchar a Cristina. Los dos dijeron obviedades: que se investigaría hasta las últimas consecuencias. A los autores materiales e intelectuales.
Sobre la autoría material, aún no existirían pistas . Las imágenes difundidas y el relato de los militantes de ATE –trabajadores tercerizados y despedidos del ferrocarril Roca– coincidieron en una cosa: el choque comenzó del lado de provincia de Buenos Aires, donde la Policía evitó la confrontación. Aunque tuvo el epílogo fatal en las orillas de Capital, donde la actitud policial habría resultado pasiva.
Sobre la autoría intelectual –repetida por el jefe de Gabinete y la Presidenta– las usinas kirchneristas echaron a rodar una noticia vieja. Un encuentro ocurrido hace meses entre Eduardo Duhalde y Pedraza. Un encuentro que no diría, para el caso, absolutamente nada.
Pero que confirmaría la ausencia de límites y escrúpulos del Gobierno.
CLARIN 12 de septiembre de 2010
Kirchner atropella sin medir los riesgos
12/09/10 Toda la estrategia política del matrimonio presidencial gira alrededor de los medios de comunicación. El desenfoque oficial sobre la inseguridad tuvo que ver con eso. Empieza a haber fatiga en ministros y legisladores. También, descontento subterráneo en Buenos Aires.
Por Eduardo Van Der Kooy
Hugo Moyano sigue coaccionando a empresas, en especial a la poderosa siderúrgica Techint. Después de mucho tiempo, el piquetero Luis D’Elía abandonó su madriguera con una marcha callejera que apuntó contra las corporaciones , la música que siempre encanta a Cristina y Néstor Kirchner. Milagro Sala, la piquetera jujeña, es menos ampulosa que Moyano y D’Elía: pero a base de subsidios oficiales e irrenunciable militancia se incrustó como una cuña en La Matanza, la comarca más popular del conurbano bonaerense.
Los Kirchner han tomado una decisión. Las luchas políticas de este tiempo, cruciales en sus convicciones para llegar con posibilidades al 2011, deberán estar apuntaladas en la calle.
Buscando transmitir un acecho y un atemorizamiento que consigan alejar al ciudadano común. Ese aprendizaje lo consolidó el matrimonio durante décadas, en la lejanía de Santa Cruz.
Los recursos utilizados, aunque podrían indicar lo contrario, resultan inversamente proporcionales a su actual fortaleza política. La apelación al sindicalismo de Moyano y a las organizaciones piqueteras fueron, con más y con menos, constantes en la vida kirchnerista.
Pero está amarillento su Gobierno, ausente el peronismo que le es todavía fiel, diezmada la capacidad de maniobra en el Congreso y disperso el lote de gobernadores del PJ y de intendentes bonaerenses.
Aquellas apariencias de una vigencia intacta no llamarían a engaño.
El objetivo de los Kirchner continúa siendo ahora los medios de comunicación.
Aseguran que el ex presidente diseñó con el titular del COMFER, Gabriel Mariotto, la nueva grilla para los canales de televisión donde los favorecidos fueron aquellos del Estado (del Gobierno) o de los empresarios socios del kirchnerismo. El matrimonio posee un conocimiento rústico y trivial sobre la comunicación. Supone que aquel ordenamiento podría resultar determinante para convertir los mensajes kirchneristas en un credo de toda la sociedad. La realidad es más compleja y responde, sobre todo, a los patrones con que los ciudadanos eligen la manera de informarse.
Esos patrones tienen un vínculo férreo con criterios de libertad.
Esos mismos criterios que los Kirchner acostumbran a poner en duda.
Los Kirchner creen muchísimo más en la capacidad de manipulación . Están convencidos –lo demuestran cada día– que si se evita hablar de inflación o de inseguridad esos problemas desaparecerían de las preocupaciones sociales. Si así fuera, el matrimonio debería estar hoy en la cima de una nación feliz. El kirchnerismo ha tejido una red de más de 150 medios de comunicación que se ocupan de difundir aquel mensaje. Casi ninguno de ellos ocupa un sitio preponderante en la audiencia. Un medio de comunicación debe transmitir, sobre todo, confianza. Si además responde al Gobierno, requeriría raudales de esa confianza.
Es lo que los Kirchner vienen dilapidando desde el 2008, cuando estalló el conflicto con el campo.
Los Kirchner avanzaron la semana pasada con nuevas normas sobre la ley de medios –los plazos de desinversión– que están trabadas por medidas cautelares, una de las cuales debe resolver la Corte Suprema. Los jueces tienen una decisión tomada pero demoran su anuncio público, vacilantes por adivinar cuál podría ser la reacción del poder.
La obsesión de los Kirchner con los medios condicionan su política hasta un punto de extravío.
Que lo digan, si no, sus diputados: debieron someterse a un riguroso castigo opositor por la renuencia a debatir sobre las salideras bancarias. Un punto en boga en el abanico gigantesco de la inseguridad. Por dos semanas consecutivas se negaron a dar quórum llevados de las narices por órdenes emanadas desde Olivos.
¿Que órdenes? Habilitar el debate sobre la inseguridad hubiera allanado el tránsito de la oposición para otra cosa: votar que el proyecto para declarar de interés público el papel para diarios sea instruido primero por la Comisión de Asuntos Constitucionales, que conduce la peronista disidente Graciela Camaño, y no por la de Comercio, en manos del kirchnerista Gerónimo Vargas Aignasse.
La oposición salió con la suya con el problema de las salideras pero, como le sucede muchas veces, se metió en una encrucijada. Aquel cambio de comisiones no pudo cristalizarse porque, voluntariamente o no, el diputado Pino Solanas le terminó arrojando un salvavidas al kirchnerismo.
La cuestión de la inseguridad y el monotematismo de los Kirchner van provocando grietas. Aníbal Fernández, el jefe de Gabinete, descalificó con su irrenunciable estilo ladrador la aprobación sobre salideras bancarias. Tal vez, no se había enterado que el bloque kirchnerista había terminado acompañando esa sanción para atenuar el papelón. Agustín Rossi, el jefe de los diputados oficialistas, se lo hizo saber a su modo, brutal. Florencio Randazzo también tomó distancia.
Entre el jefe de Gabinete y el ministro del Interior existe un encono creciente.
Daniel Scioli también rezonga por la actitud esquiva de los Kirchner. Al gobernador de Buenos Aires le cae a diario sobre su cabeza, mucho más que a otros, la cuestión de la inseguridad. Es prácticamente de lo único que se ve forzado a hablar. Por esa razón, suele improvisar frases en situaciones comprometidas. Fue lo que hizo ante los familiares de Carolina Píparo, la mujer embarazada víctima de una salidera que perdió a su hijo recién nacido. Su alusión a “las manos atadas” se le volvió en contra como un tornado.
Kirchner lo felpeó delante de políticos, sindicalistas e intendentes del PJ. Esos hombres se fueron del acto del jueves en La Boca con l a imagen de un gobernador depreciado.
Con ese cuadro, sus proyectos políticos –la reelección– tendrían escasas chances de prosperar. ¿Qué hacer entonces? Su jefe de Gabinete, Alberto Pérez, es el numen de la fidelidad con los Kirchner. Hay quienes le advierten, en cambio, que podría estar ante la última oportunidad para dar un salto. ¿Lo hará? Difícil. Scioli parece atrapado por el síndrome de la mujer golpeada.
Se queja del matrimonio, aunque vuelve bajo su ala una y otra vez.
La recurrente ira del ex presidente no daña sólo al gobernador. Hay una corriente subterránea de intendentes bonaerenses desencantandos, que se torna cada vez más intensa.
“Si le hace eso a Scioli, ¿qué nos espera a nosotros?” , preguntó uno de ellos. Comenzó a aflorar en esa geografía un llamado “Grupo de los 8” que aglutina a jefes de distrito. A esos hombres les preocupa el rumbo de los Kirchner. También. la influencia de Moyano en Buenos Aires.
Un lote de legisladores kirchneristas y de aliados exhiben signos de saturación por la frecuencia con que los Kirchner los empujan a batallas inútiles e inciertas. La mayoría se embarcó en la embestida contra Papel Prensa.
“Ni siquiera han podido presentar la denuncia sobre supuestos delitos de lesa humanidad. Un desastre” , razonó un diputado. Otro bramó por la reticencia kirchnerista sobre la inseguridad.
A los Kirchner no parece interesarles demasiado el ánimo de la tropa. La política, para ellos, son los medios de comunicación, los empresarios y la Justicia. También, los opositores. Otra vez los labios traicionaron la cabeza de Cristina. Su respaldo a la ocupación de escuelas y facultades desnudó dos falencias graves: su falta de cabal conciencia sobre l o que significa el ejercicio de la primera magistratura y su pensamiento de corto plazo, avaro, orientado apenas a perjudicar al adversario.
Cuando soltó la imprudencia que soltó, la Presidenta pensó en Mauricio Macri. Pero no se ocupó de otear, siquiera, la línea del horizonte: ese aval presidencial a las protestas estudiantiles –de origen legítimo– podría ayudar a expandir un conflicto que, de circunscripto al ámbito porteño, correría riesgo de abarcar el plano nacional.
Macri está complicado. El rebrote de las protestas estudiantiles lo encontró de viaje por Europa. Su ministro de Educación, Esteban Bullrich, batalla lo que puede. Pero no le alcanza. La gestión del macrismo trasunta ciertos grados de impotencia .
El presente del jefe porteño está amenazado por aquella rebeldía estudiantil, por la causa de las escuchas ilegales que no le da tregua y los infortunados derrumbes en la ciudad . El futuro es un enigma grande. Ese futuro tiene que ver con su proyecto presidencial. Pero el proyecto tampoco está disociado de los avatares del peronismo disidente. Los disidentes no tienen los problemas de gestión que enfrenta Macri, pero navegan entre intrigas y vanidades personales. Una foto (la de Eduardo Duhalde, Felipe Solá, Alberto Rodríguez Saá y Mario Das Neves) no alcanza para enmendar todo.
Elisa Carrió lanzó una nueva cruzada personal. Los radicales y los socialistas progresan: Hermes Binner preferiría de candidato a Raúl Alfonsín. Pero estará en la fórmula si el elegido fuera Julio Cobos .
Todos tienen aún un largo camino por recorrer. Pero un tiempo estrecho. Hay una sociedad que indaga acerca de qué vida podría haber en la Argentina después del kirchnerismo.
CLARIN 05 de septiembre de 2010
Tras la derrota, otra vez la obstinación
05/09/10 Los Kirchner parecen atrapados por el síndrome del conflicto con el campo. Así encaran su ofensiva contra los medios de comunicación. Pierden y vuelven a insistir. Desataron una gran presión sobre el Poder Judicial. Los empresarios temen por el clima. La oposición advierte.
Por Eduardo Van Der Kooy
“Están con piloto automático. Pero el riesgo es que no tienen radares” . Un dirigente kirchnerista ilustraba de ese modo el comportamiento de Néstor y Cristina Kirchner después de la durísima derrota que sufrieron en su embate contra los medios de comunicación. El matrimonio actúa como si nada hubiera pasado . Pero cosas ocurrieron. Y fueron graves.
Aquellas cosas tuvieron consecuencias inmediatas. Tendrán, con seguridad, algún reflejo electoral el año que viene. Los Kirchner ya probaron que nada bueno resulta de la mezcla permanente entre tensión y antagonismo que se le ofrece como marco de vida cotidiana a la sociedad. Pero siguen avanzando sin arriar las velas, sin detectar los frentes de tormenta que van aflorando.
Resulta inevitable trazar una analogía entre este conflicto con los medios y aquel del 2008 con el campo, que terminó por desangrarlos. Pese a la derrota con la resolución 125 y a las buenas condiciones del agro en este tiempo, los Kirchner jamás ensayaron una reconciliación con el sector. Tuvieron un plan de ingreso a la pelea pero nunca de salida. Daría la impresión de que estarían ejecutando ahora una lógica similar en la batalla por el control de la información. La pregunta sería, en el caso del campo, cómo se proponen recuperar el millón largo de votos que perdieron de ese ámbito en el 2009 y que requerirán para poder soñar con el 40% que los aleje de un balotage.
Los Kirchner poseen, pese a todo, una ventaja en este nuevo pleito. La batalla contra los medios de comunicación impacta en la opinión pública, pero se desarrolla en un escenario abstracto.
La confrontación con el campo, en cambio, desembocó en una pulseada callejera. Los cortes de ruta, los contrapiquetes y las grandes movilizaciones.
En esos terrenos el kirchnerismo fue doblegado . El matrimonio no firmó ningún acta de rendición pero, aún con disimulos, trató de establecer una tregua.
Quizá la ausencia de alboroto callejero inyecta ínfulas a los Kirchner contra los medios de comunicación. Después de frustrarse la maniobra por asociar la compra de Papel Prensa, en 1976, con un delito de lesa humanidad, el matrimonio improvisó un proyecto de ley para regular la fabricación y distribución del papel para diarios. De paso, buscaron embretar a una oposición que en el Congreso avanza con cuestiones (INDEC, reforma de la Magistratura, jubilaciones) que incomodan al Gobierno.
Vale de nuevo revisar alguna página de aquella inservible pelea con el campo. Luego del naufragio de la 125, por el voto negativo de Julio Cobos, la Presidenta lanzó en marzo del 2009 –a tres meses de los comicios– el decreto de coparticipación de los fondos de la soja. Pretendió quebrar el frente de los gobernadores aliados con el agro.
Esa soja sería ahora el papel para diarios.
La repetición casi mecánica de decisiones podría obedecer a tres motivos. Una concepción predecible que los Kirchner tienen de la política y del ejercicio del poder. Un agotamiento natural luego de ocho años de Gobierno. A lo mejor, también, la soledad con que administran sus asuntos y sus decisiones.
Los funcionarios callan cuando no están de acuerdo y obedecen siempre como soldados. Aníbal Fernández, el jefe de Gabinete, ni chistó cuando debió anunciar en rueda de prensa un amparo del Estado contra la construcción de una represa en Corrientes, para un emprendimiento arrocero en el que participa un alto ejecutivo de Clarín.
Esa fue la única razón de aquel anuncio.
Con una gacetilla de prensa, razonablemente, se hubiera arreglado todo.
El rostro de Amado Boudou, el ministro de Economía, asemejó a una caricatura pobre al denunciar una supuesta confabulación de Clarín y La Nación por fallos judiciales que intentan ordenar en Papel Prensa los desbarajustes que provocó Guillermo Moreno.
Los funcionarios que hablan o se muestran en actos públicos, además, lo hacen pensando en el veredicto posterior de los Kirchner y no en la consideración general. Héctor Timerman, el canciller, se quedaría en ese aspecto con los galardones. Pero los límites parecieron haberse corrido para todos, incluso aquellos que han tratado de hacer de la moderación un estilo. Costó creer, por ejemplo, que el senador Daniel Filmus o el ministro de Trabajo, Carlos Tomada, acompañaran una charla de Osvaldo Papaleo, donde el ex secretario de Prensa de Isabel Perón vituperó a cantidad de personas decentes y se negó a criticar a José López Rega. Ni Filmus ni Tomada habían caminado antes por esa vereda.
La presencia de Papaleo en la carpa kirchnerista estaría desnudando muchas cosas, amén de su condición de fabulador clave en la historia del Gobierno sobre Papel Prensa. Marcaría también el punto de degradación política al que se avecina una corriente que pregonó en su amanecer la renovación y navegó, sin destino, en cauces de la transversalidad y la concertación.
Denunciaría, además, la ausencia de escrúpulos de los Kirchner y su incapacidad ideológica y política para soltar amarras con la infausta década de los 70 .
Eso puede observarse en varios planos. La intención de regular la fabricación y distribución del papel para diarios constituye un verdadero anacronismo en el 2010. En especial, porque el insumo dejó de ser vital en un mundo que diversifica con vértigo los modos y las capacidades de comunicación. ¿Qué acaba de suceder con el tradicional Jornal do Brasil ? Reemplazó su diario por la edición en Internet.
El anacronismo no sería lo peor. Esconde, en realidad, la intención del control informativo que persiguen los Kirchner en este raíd fuera de sí contra los medios de comunicación. De nuevo el peso de los 70 y la sombra espesa de Papaleo. El ex secretario de medios practicó entonces una implacable censura . La redacción de Clarín –es bueno recordarlo– fue virtualmente intervenida por un delegado de José Ber Gelbard, ministro de Economía.
Aquella década asoló también a la región con dictaduras y muertes. Lula lideró en Brasil luchas sindicales que ayudaron a agotar el régimen militar. José Mujica sufrió 15 años de prisión en Uruguay por integrar la guerrilla tupamara. La última presidenta de la Concertación chilena, Michelle Bachelet soportó clandestinidad y exilio por enfrentar al general Augusto Pinochet.
Ninguno de esos países están atrapados, como la Argentina de los Kirchner, por la trama de la historia de esos años.
Se discute aquí y ahora, incluso, sobre libertad de expresión y derecho a la propiedad privada.
Hay otras cuestiones también que se vulneran. El Gobierno reglamentó la ley de medios mientras subsisten cuatro medidas cautelares irresueltas.
O existe desconocimiento del derecho básico, o abuso de poder . Un sobrevuelo de aquella reglamentación permitiría corroborar lo que se supone hace rato: los Kirchner pretenden complementar el control de los medios audiovisuales con la prensa escrita. La letra es de un intervencionismo tal que hasta la “oposición progresista” se alarmó.
Veamos. El artículo 50 plantea la posibilidad de la confiscación de los medios privados. Los artículos 62,63 y 65 describen la capacidad de fiscalización del Gobierno sobre los contenidos en canales del interior. En los horarios de mayor audiencia se regularán esos contenidos. El artículo 45 obliga a los operadores de TV por cable a incluir señales de noticias oficiales. Para las redes oficiales no figura ningún tipo de limitación. Hay hechos que suceden y que no se vuelcan sobre ningún papel: el COMFER habilitó un blanqueo de radios clandestinas.
Bajo ese camuflaje se habrían inscripto propietarios que ni disponen de una emisora, pero están vinculados al kirchnerismo.
La oposición asegura que con un proyecto abortará en el Congreso esa reglamentación. La voluntad no puede resolverlo todo. El maltrato del Gobierno a la Justicia es público y es privado. Los reclamos de Boudou representaron un apriete descarado.
Cinco de los siete integrantes de la Corte Suprema recibieron advertencias desde Olivos.
La Corte debe resolver una medida cautelar que tiene trabada a la ley de medios. Uno de los jueces prefirió irse de viaje para prolongar la indefinición. Le temen al escarmiento de los Kirchner si ese fallo contradijera sus expectativas.
Los empresarios, incluso la UIA, han empezado a atemorizarse por el sesgo político e institucional del país . La economía les inquieta ahora menos. Pero existe un lazo indisoluble entre una cosa y la otra. Cristina celebró el Día de la Industria lejos de los empresarios. Se refugió en la Confederación Argentina de la Mediana Empresa. Casi un sello. Osvaldo Cornide, su jefe, fue uno de los pocos dirigentes del sector que estuvo cuando la Presidenta expuso sobre Papel Prensa.
Oposición, medios de comunicación, Justicia, empresarios. Los Kirchner parecieran dispuestos a librar todas las batallas juntas.
“La lucha por el poder es ahora mismo”, proclama con su vehemencia acostumbrada Elisa Carrió. Esa percepción la distancia de radicales y socialistas y la arrima a algunos políticos del PJ disidente.
Si esa lucha fuera, en efecto, ahora mismo, ¿cómo transcurriría el año que resta hasta la elección presidencial? Ese enigma no tiene aún respuesta en la Argentina. Ese enigma, desvela.
Fuente
La realidad y los anteojos
En la edición del viernes 22 del diario La Nación, aparece publicado un artículo realmente llamativo. Se titula “Instrucciones para armar un polvorín”. Bajo la firma de Jorge Fernández Díaz (viejo periodista que supo dirigir la revista Noticias y ahora es Secretario de Redacción de La Nación) se desgranan siete recomendaciones que, de cumplirse, aseguran –como reza el título- que el país se convierta en un polvorín.
Le recordamos al público que esta nota está en la página 10 de La Nación (en la sección política) del día 22 de Octubre de 2010. ¿Se entendió?. No está ni en un suplemento cómico, ni en la página de los chistes. Está en lo que es tal vez la sección medular del diario.
Aquí va la nota en cuestión:
Instrucciones para armar un polvorín
Jorge Fernández Díaz
LA NACION
1) Pronuncie discursos violentos contra distintos actores sociales. Muestre que la retórica del enfrentamiento constante es necesaria y patriótica. Convierta, todo el tiempo, a los simples adversarios en imperdonables enemigos.
2) Aliente la toma de colegios y puentes, salude las presiones sindicales, celebre las ocurrencias piqueteras. Haga la vista gorda o directamente festeje irregularidades callejeras, como el copamiento de una comisaría, boicots y bloqueos contra empresas o cortes permanentes de rutas.
3) Ocúpese de exaltar a los jóvenes revolucionarios de los 70. Borre los salvajismos humanos, políticos y militares que perpetraron y conviértalos en héroes. Proteja a terroristas extranjeros acusados de asesinar, en democracia, a políticos de su país. Asóciese con un sector de las Madres de Plaza de Mayo que reivindica expresamente la lucha armada, el atentado del 11 de Septiembre y a ETA.
4) Monte un dispositivo mediático que burle, desacredite e injurie a las personas que se atrevan a criticar a su gobierno. Caliente la pava. Y use la AFIP y la SIDE para perseguir disidentes.
5) Convierta al ortodoxo líder de la CGT en un Frankenstein todopoderoso que cultive la cultura de la prepotencia y el apriete. Deje que amenace, en nombre de la patria sindical, con hacerle la vida imposible a cualquier eventual alternancia política de la democracia.
6) Promueva, como lo sugieren los teóricos populistas, una política transversal de la división y fogonee el odio de unos contra otros.
7) Practique la alta inflación, que trae miseria, produce nervios y aviva la puja gremial hasta niveles supremos.
Si usted cumple con estos siete puntos despreocúpese: su país será un polvorín. Lo único que debe hacer ahora es echarles la culpa a otros y gobernar sobre las cenizas. -
Ahora bien, Fernández Díaz, traza estas instrucciones (que, en verdad, están a centímetros de entrar en la irresponsabilidad) según sus particulares anteojos con los que observa la realidad. Si esos anteojos se cambian, la realidad puede ser completamente distinta. Veamos entonces cómo serían esas instrucciones con otros anteojos:
• Anuncie el Apocalipsis cada día que se levanta, como si fuese una gimnasia matinal. Incluso, póngale fecha de vencimiento a la actual administración, a la espera del tan ansiado “cambio”.
• Reprima, reprima y reprima. Esa es la solución más efectiva frente al amenazante avance de la masa obrera y de ese sector parduzco de desocupados. Total, eso de los efectos colaterales es una grandísima mentira.
• Olvídese de los 70. Eso es el pasado y no sirve en absoluto revisarlo. El pasado, pisado. Eso sí, excepto la década del 90. Esos años si que valen la pena ser recordados.
• Viva y déjese llevar por los “pulpos mediáticos”. Sin ningún interés lucrativo, su responsabilidad es informar libremente, por lo que son totalmente inofensivos.
• Cada vez que tenga un problema (personal, laboral, afectivo, etc, etc) pronuncie la palabra salvadora: SIDE o EX SIDE. Al menos el revuelo lo tiene asegurado.
• Frente a las demandas sindicales, populares y demás, levante el único estandarte que sirve: ortodoxia económica y derechización de la República.
• Controle la inflación a su gusto. Eso es facilísimo.
• Desee fuertemente la debacle, y finalmente se producirá sin riesgos para usted, ya que el desastre arrastrará sólo a los hombre malos.
Cumpla con estas consignas y el polvorín lo tendrá al alcance de la mano. Será el incendio asegurado con bombero salvador incluido.
Como nos cuesta escarmentar.
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15 comentarios
Te réferis a esto no ¿?
link: http://www.youtube.com/watch?v=QTgv0Q7qlC4
xD
no te entiendo, que es lo raro?
jejeje
Quien da Asco? la prensa, la oposicion, el gobierno o los que intentamos ser democraticos?
link: http://www.youtube.com/watch?v=O-t2PNK2CaE
link: http://www.youtube.com/watch?v=OwBK2pJ0ZFg
nada mas.
Estas hablando del gobierno de la ciudad de buenos aires?
Me revuelve el estomago esa foto, toda la lacra derechoza Argentina...