El Presidente que cambió el paradigma



El ex presidente Néstor Kirchner murió ayer, en El Calafate que tanto amaba y tanto lo sedaba, en pleno protagonismo, cuando tenía apenas sesenta años. Es difícil encontrar un parangón histórico con la desaparición de un líder de su porte, en tales circunstancias. Raúl Alfonsín falleció hace poco; el impacto y la emoción fueron grandes, tanto como el reconocimiento. Pero al líder radical todo le llegó cuando estaba en el ocaso de su carrera, cuando ya no era un protagonista de primer nivel. Tal vez el parangón más cercano sea la desaparición de Juan Domingo Perón durante su tercer mandato: una figura central, en torno del cual constelaba la política, que ordenaba (por así decir) amores, odios y alineamientos. Pero hay una diferencia sideral con esos días, que alude al legado que deja Kirchner. Sin Perón, era evidente que la Argentina se encaminaba, irremisiblemente, a una situación peor y su fuerza a una crisis fenomenal. Kirchner deja el centro de la escena en un país gobernado y gobernable. Con una economía y una situación social sustentables, con previsibilidad política. En el ’74 la política era colonizada por la violencia; en 2010 se cumplen varios años de paz social muy grande (para los parámetros argentinos) y con un rumbo mejorable (como todo) pero racional. Kirchner llegó a la Casa Rosada en un país devastado, se fue en otro, aún cargado de deudas sociales y contradicciones pero indeciblemente mejor.

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Gobernante ante todo: Fue un político hasta su última hora. La noche del martes se pasó mirando números, encuestas, datos económicos, fatigando su celular. Antes que nada, fue un hombre de gobierno: recorrió todo el escalafón de cargos ejecutivos, su lugar en el mundo. Intendente de Río Gallegos, ganando su primera vez por un pelito. Después, gobernador de Santa Cruz. Siempre fue reelecto, dato digno de mención. Llegó a la presidencia cuatro años antes de lo que indicaban su ambición y su férrea voluntad, por uno de esos raros azares felices de nuestra historia. Accedió con votos prestados, con mínima legitimidad, en una nación devastada y acomplejada que apenas empezaba a levantar cabeza. Figura dominante de este siglo, captó como nadie el significado de la catástrofe de 2001, su génesis, el arduo y escarpado modo de irla repechando. El “que se vayan todos” expresaba el descrédito de la política pero no le ofrecía salida. Sin gobierno, sin Estado, sin conducción, sin dinero en caja, con casi tantas monedas como provincias, sin poder político, nada sería posible. Una población abatida, con millones de desempleados, hogares destrozados por la falta de trabajo, falta de fe individual y colectiva lo recibían. Casi nadie lo conocía, lo que incluía a muchos que lo habían votado, por descarte.

“Que se vayan todos” era un síntoma de la imperiosidad del cambio, un rechazo al pasado cercano pero no un programa de salida. Kirchner captó ese doble mensaje: supo (o mejor, decidió) que era acuciante reparar los daños causados por la dictadura, por el entreguismo desaprensivo de los ’90, la anomia del gobierno aliancista, la sumisión a los organismos internacionales de crédito. Reconstruyó el Estado, compensó los poderes fácticos acrecentando el del gobierno popular, designó a los culpables de la caída. Los fustigó con su palabra, atropellada pero clara al designar adversarios y enemigos. Polarizó y politizó, son virtudes, quedando para la polémica las dosis o las proporciones.

Pero, además, edificó un paradigma distinto. A su modo, con vectores claros y simples, eventualmente esquemáticos. Como un maestro mayor de obras, que erige una casa sencilla, eventualmente con paredes algo chingadas, pero habitable.

Había que reparar, había que compensar a las víctimas del terrorismo de Estado y de la desolación económica. No era ése el menú de moda en la Argentina, fue el que eligió, al que apostó con pocas barajas en la mano y no tantas fichas. Lo marcó asimismo la sangre derramada en los finales de los gobiernos del radical Fernando de la Rúa y Eduardo Duhalde también: debía cesar la violencia represiva, que minimizó a niveles únicos en la historia y mantuvo permitiendo un grado de movilización altísimo, que a menudo le jugó en contra.

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Giro: Se le reprocha haber cambiado su postura respecto del terrorismo de Estado, de las políticas económicas precedentes. La supuesta incoherencia fue uno de sus mayores méritos, pues (como Alfonsín en sus primeros tramos) recorrió la parábola inversa a lo que predicaba la cartilla de los gobernantes, la que observaron el menemismo, la Alianza, el propio Frepaso. La que indujo a Carlos Reutemann a aterrarse ante la perspectiva de ganar lo que, parecía, equivaldría a reprimir, bajar salarios, endeudar al fisco. Kirchner viró a izquierda, hacia un creciente protagonismo estatal, porque comprendió que se atravesaba una nueva etapa.

Combinó lo concreto con lo simbólico, seguro que con trazos gruesos. La remoción de la Corte Suprema menemista por una de mayor calidad, la derogación de las leyes de la impunidad, la bajada del cuadro de Videla, la reapertura de la ESMA, la relación más estrecha que jamás tuvo gobierno alguno con los organismos de derechos humanos vienen en combo.

También, en otro carril, el desendeudamiento (acordado en simultáneo con el presidente brasileño Lula da Silva), la virtual ruptura con el Fondo Monetario Internacional (FMI), la decisión de poner el acelerador a fondo en la economía, la creación de puestos de trabajo, la ampliación de la masa de jubilados. Todas esas acciones enfrentaron críticas lapidarias, anuncios de catástrofes, aplazos desde academias del saber o desde grupos de interés.

Los grandes humillados del cuarto de siglo que precedió su desembarco en la Rosada fueron su centro de atención: los trabajadores, las víctimas del terrorismo de Estado, los argentinos en su conjunto privados de autoestima y de conchabo.

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Economía política: Su concepción económica, que signó la etapa, es acendradamente política y uno de sus más claros lazos de parentesco con el primer peronismo. El crecimiento a todo trapo, el acelerador siempre a fondo, la promoción del consumo y del empleo conllevan un objetivo político y democrático. Estaba compelido a conseguir consenso, en parte para su proyecto político pero, especialmente, para recuperar gobernabilidad y estabilidad. La satisfacción de necesidades primarias, la posibilidad de acceder a bienes necesarios o algo suntuarios y al trabajo fueron su camino hacia la popularidad. Seguro que faltó equilibrio con otras variables, sobre todo en los últimos años, pero mete miedo pensar qué hubiera pasado sin un gobierno valorado, sin un Estado sólido, sin reservas financieras. Se cortó la continuidad decadente que destruyó la trama social entre (por lo menos) 1987 y 2002.

Pasar del desempleo al trabajo, tener unos pesos en el bolsillo y menos miedo sobre el porvenir acrecienta la autoestima, desbaratada en décadas de desvaríos.

Contaba que siendo joven, cuando salía de noche, su padre le preguntaba si tenía dinero y le daba unos pesos más, no para gastarlos sino para estar seguro. Cifraba así su propia economía política. En pocos años la Argentina disminuyó su deuda externa a niveles manejables (que aliviará a gobiernos futuros), solidificó a la AFIP y la Anses.

La puja distributiva volvió a estar en agenda, con avances institucionales que desde otras banderías se subestiman, se niegan o se detestan. Las convenciones colectivas anuales, siempre en alza, las reformas laborales progresivas sí que insuficientes, la consolidación del sistema jubilatorio forman un haz de aportes innegables. Ahora, en el purgatorio, se debate en detalle cómo cualificar esos logros, cómo redistribuir mejor, cómo elevar el piso. Cuando se estaba en el sótano, unos cuantos discutían el rumbo.

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Las cifras, el consenso, la derecha: Las cifras que enunciaba a granel (PBI, reservas, índices de crecimiento y de empleo en especial) fueron su obsesión y su fuerza. Gobernante de una crisis a la que apodó, sin mayor exageración, “el infierno” centró en ellas su atención, su gestión y una fracción relevante de su deseo. Timonel vigoroso, derivó hacia “el Purgatorio”, en un tránsito que no fue pacífico. Una derecha sin referencias políticas lo acechó siempre. Se olvida a menudo, pero la emergencia de Juan Carlos Blumberg sucedió pocos días después del inolvidable 24 de marzo de 2004. El crecimiento general, el renacimiento de las economías regionales, los costados virtuosos del “modelo” con paridad cambiaria competitiva, creación de puestos de trabajo, obra pública y acumulación de reservas le fueron ganando, si no apoyos militantes, consensos muy extendidos. En la emergencia, casi todos se aferraron al capitán de tormentas, incluyendo a las patronales, que mayormente se la llevaron con pala. Rabiaban por el ascenso de los trabajadores, por tener que pulsear en las paritarias pero acompañaban.

De un presidente ignoto, sin caudal propio, pasó, en dos elecciones seguidas, a una mayoría holgada, propia. En ese devenir, descuidó el armado político y desnudó limitaciones para ciertas destrezas políticas: contener a los propios, acariciar a los dudosos, formar nuevos cuadros, movilizar. Así, llegó en auto a las victorias de 2005 y 2007, tras redondear la mejor presidencia habida desde la primera de Perón.

En pos de la gobernabilidad se fue arrimando al peronismo y al movimiento obrero, dejando de lado su proyecto de transversalidad, que incluía una etapa superadora del bipartidismo. En parte fue porque el ensayo encontró límites fuertes, algunos derivados de impericia, otros de falta de peso de los nuevos aliados. En cualquier caso, afrontó un dilema complejo, con soluciones imperfectas en ambos casos. Hombre de gobierno, se inclinó por la que remachaba la continuidad y la estabilidad. Siempre será polémico el saldo, nunca será redondo. En la galaxia peronista, su aliado más fiel y rendidor fue la CGT conducida por Hugo Moyano, en una relación que mejoró a ambos socios, dejando heridos y asignaturas injustamente pendientes, como el reconocimiento de la Central de Trabajadores Argentinos (CTA).

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De la desconfianza a Unasur: Patagónico, desconfiado, formateado en una provincia donde todo se hace con esfuerzo propio, la política internacional le resultaba distante y hasta la sospechaba de distractiva. Supo cambiar de parecer al internalizar la necesidad de una política regional, que diera carnadura a su relato antiimperialista, irrealizable desde un solo país. También, acierto fundante, se percató de que Brasil y Lula (el mejor colega que podía tener allí) eran aliados estratégicos de la Argentina. En la Cumbre de las Américas de Mar del Plata le tomó el gustito al juego político. La vulgata dominante narra que Argentina se “aisló del mundo”, un disparate de aquellos. Jamás comerció con tantos países, jamás se ligó a tantos mercados. Y, además, jamás jugó un rol de equilibrio y pacificación en América del Sur. Argentina y Brasil primaron con activismo y compromiso para que Evo Morales fuera presidente, para que la rosca de derecha no lo derrocara, para evitar la guerra entre Colombia y Ecuador, para intentar frenar el golpismo en Honduras y para frenarlo en Ecuador.

La mejor relación que haya existido jamás con Brasil, con Chile, con Bolivia, con Venezuela, con Paraguay. El conflicto con Uruguay fue un retroceso en ese avance global, felizmente remendado bajo la gestión de Cristina Kirchner y el presidente uruguayo José Mujica.

También hubo trato privilegiado con España y una relación sensata, sí que gratamente autónoma, con Estados Unidos.

La presidencia de Unasur es otro vacío difícil de llenar. Lograda con unanimidad expresa una verdad negada por la conjura de los necios: la valoración de Kirchner trasciende las fronteras. Para Lula, para Hugo Chávez, para Michelle Bachelet, para Evo Morales, para Correa, fue un aliado de fierro y un compañero. Los demás presidentes, de otras pertenencias, reconocieron a una figura de primer nivel, a despecho de las diferencias.

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Cambio de roles: Desde el vamos, desde cuando su revalidación parecía una quimera, predicó que no iría por la reelección. Recelaba del desgaste, de la fatiga ciudadana, hablaba de una necesidad de mayor institucionalidad y menos combate. Cristina Fernández, de cualquier forma, llegó en tono de reelección que los escasos cambios de su gabinete convalidaron. El color peronista del apoyo electoral signó esa decisión.

El mandato de la Presidenta fue mucho más tormentoso que el de su predecesor. Es en parte lógico: superada la malaria y recobradas las fuerzas, muchos actores incrementaron sus demandas. En parte hubo descuidos del Gobierno. En parte, muy sustancial, la agenda institucional fue mucho más ambiciosa y fundante que la de Kirchner.

Cristina y Néstor Kirchner siempre actuaron en tándem desde 2003. Pensaban muy parecido, acordaban en casi todo. Pero el cambio de roles le costó al ex presidente, que perdió muñeca política y capacidad de negociación. Fue más intransigente y menos dúctil frente “al campo” que contra Blumberg o que negociando con los vecinalistas entrerrianos o que en las tratativas con el FMI.

Las retenciones móviles y la derrota electoral de 2009 dieron la impresión de final de ciclo. Los vaivenes del electorado son siempre dignos de atención, máxime para una fuerza populista. La reacción de la Presidenta combinó un temple enorme con la sagacidad de ampliar la agenda propia. Siempre politizando y polarizando pero buscando apoyos externos, consagró cambios institucionales notables, ajenos a su imaginario años atrás. La Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual hasta la demasiado demorada Asignación Universal por Hijo, pasando por la reestatización del sistema previsional fueron jugadas tremendas, arriesgadas, progresistas que importan (en los hechos más que en el discurso) autocríticas y correcciones de gran nivel.

En su sube y baja, el kirchnerismo quedó con menos apoyos difusos y más consistencia ideológica. También congregó militantes, en especial jóvenes, promovió organización y se consagró más a disputar el debate mediático.

En trance de mayor debilidad, jugó doble contra sencillo. En eso está ahora, siendo por lejos la primera minoría política, la que saldría puntera en la primera vuelta electoral, la que tiene mayor capacidad de movilización y de “calle”, la que imanta más adhesiones de artistas, trabajadores de la cultura y bloggers.

Con ese patrimonio, importante y aún no suficiente para lograr la proeza de tres mandatos consecutivos, llega la muerte de Néstor Kirchner.

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Desafíos: El inventario se hace interminable, acaso por impericia del cronista pero también porque hablar de Kirchner es sumirse en todas las controversias de ayer, de los próximos meses o años. Sin agotar la enumeración, cabe consignar entre los aciertos el aumento del presupuesto educativo y el matrimonio igualitario. Y entre los errores, la erosión del Indec, tan contradictoria con la tendencia general de defensa del Estado y lo público.

Un líder como Kirchner es irreemplazable y, al unísono, no tiene reposo. No sólo porque el hombre era poco afecto a parar sino porque los grandes referentes siguen batallando después de muertos.

Su lugar vacante potencia la ambición de sus adversarios, la barbarie gorila que ya empezó aflorar, el odio de una derecha recalcitrante que esta nota prefiere apenas mentar. En ese aspecto el adiós de Kirchner parece, por ahora, más semejante al de Evita, por el odio de “los otros”, que al de Perón.

La Presidenta, en un momento cruel de su vida, afronta el enorme desafío de proseguir sin su compañero de vida y de luchas. También pierde a un político fundamental, a quien todos respetaban o temían o valoraban. A un alquimista que sabía contener, motivar y conducir a dirigentes, militantes y personas de a pie.

El tándem funcionó con dificultades pero era un bastión, que en los últimos tiempos había logrado el ascenso muy parejo de ambos (con leve supremacía de la Presidenta) en imagen positiva e intención de voto.

Sobreponerse al dolor personal y a la pérdida política, mantener la gobernabilidad, contener a la fuerza propia y sumar parecen retos gigantescos. En más de tres años la Presidenta ha combinado, más vale, aciertos y falencias, aunque siempre demostró aptitud para remontar las cuestas más adversas.

Cuando Kirchner advino al poder, lo informó Horacio Verbitsky en este diario, José Claudio Escribano le dio un ultimátum y un programa, que el entonces presidente rechazó de volea. Ayer, en La Nación comenzaron a pasarle letra a la presidenta Cristina para que desista de su proyecto. La primera vez creían lo que hacían, ahora es pura parada. Todos saben que ella sostendrá sus principios y su norte.

Cuando las corporaciones, sus adversarios políticos y algunas personas vulgares festejan, el cronista recuerda a uno de ellos, el ex presidente Eduardo Duhalde. En 2003, dos periodistas de Página/12 le preguntamos si Kirchner sería su Chirolita. Duhalde respondió “los que dicen eso no lo conocen. Y menos la conocen a Cristina”. Ahora, hay menos motivos para dudar de su templanza y su vocación de militante y dirigente.

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Dolor: Es una sandez hablar de un potencial veredicto de “la historia”. La historia es política: en la Argentina no se han saldado debates sobre Rosas o Perón, menos se llegará a la unanimidad sobre Kirchner.

Confrontativo, por vocación, por estilo y porque gobernar es definir conflictos y aún atizarlos, Kirchner fue llorado ayer y seguirá siendo llorado por muchos pero no por todos. Ayer una muchedumbre colmó la Plaza de Mayo, espontánea y sufriente, en esa Capital de la que desconfiaba y que jamás lo apoyó.

Entre los que lo lloran la mayoría son humildes, muchos son jóvenes que recuperaron la sed por militar. Lo lloran las Madres de Plaza de Mayo, las Abuelas, los integrantes de la comunidad gay, cantidad de artistas y trovadores populares.

Su nombre será bandera y todos ellos tratarán de llevarla a la victoria, a la continuidad, a la coherencia.

Se lo llora y ya se lo añora en la redacción de este diario, que clamó desde su primer día por banderas que en su gobierno se plasmaron en conquistas, leyes, procesos y condenas a genocidas.

Ya lo extraña este cronista, que lo conoció en su labor profesional, lo respetó y quiso más de lo que marca la regla de la ortodoxia del “periodismo independiente”. Lo que nunca impidió discusiones, críticas o señalamientos que forman parte de la lógica del trabajo y de la política.

A la Presidenta, a su familia, a sus compañeros y a los que lo lloran van el abrazo y el saludo en un cierre tan heterodoxo como sentido.


Un ataque al corazón que golpeó al país


Militante político hasta las últimas, Néstor Kirchner no se permitió el reposo que evidentemente su cuerpo necesitaba. El ex presidente falleció ayer, a los 60 años, en El Calafate, como consecuencia de un “paro cardiorrespiratorio no traumático”, de acuerdo con el parte oficial. En una ceremonia íntima, la presidenta Cristina Fernández y su familia lo velaban anoche en su residencia en el sur y a partir de hoy a las 10 comenzará la ceremonia pública en el Salón de los Patriotas de la Casa de Gobierno. Kirchner será enterrado el sábado en el cementerio municipal de Río Gallegos y fueron decretados tres días de duelo nacional. La noticia recorrió el mundo como un relámpago y en pocas horas, desde Barack Obama hasta el secretario general de las Naciones Unidas hacían llegar sus condolencias a la Presidenta. Los mandatarios de la región llegarán durante esta mañana para participar de las exequias. Incluso se esperaba a Lula, en plena campaña electoral. Por la noche, una multitud copó la Plaza de Mayo para rendirle un emocionado homenaje al ex presidente.

Aunque la conmoción aquí y en el exterior fue inmensa, no se puede decir que el físico no le haya dado señales. Sólo este año, Kirchner había sido sometido a dos intervenciones quirúrgicas. El 7 de febrero debió ser operado de urgencia por una obstrucción en la carótida, mientras que el 11 de septiembre pasado le realizaron una angioplastía con la colocación de un “stent” en una arteria coronaria, luego de sufrir fuertes dolores en el pecho. Pese a eso, Kirchner no se dio respiro y un par de días después ya participaba de un acto de la JP en el Luna Park, tal como se había comprometido. Además, continuó abocado a las varias funciones que había acumulado en los últimos tiempos como secretario ejecutivo de la Unasur, presidente del Partido Justicialista y diputado nacional.

Fiel a un estilo hiperactivo y que gustaba de no descuidar ningún frente, por estos días se había mostrado siguiendo de cerca la causa por el esclarecimiento del asesinato del militante del Partido Obrero Mariano Ferreyra. En su última aparición, el viernes pasado en Chivilcoy, se refirió a este caso y prometió “importantes novedades”. El ministro del Interior, Florencio Randazzo, contaba que el martes había hablado varias veces por teléfono con él, que Kirchner le había anticipado sus planes de volver ayer a la noche a Buenos Aires para encabezar un acto previsto para esta tarde en Lomas de Zamora en el que se celebraría el primer aniversario de la Asignación Universal por Hijo, una de las medidas del Gobierno de la que más orgulloso se sentía.

Aunque todavía no había resolución al respecto, Kirchner era el principal candidato del oficialismo para las elecciones presidenciales de 2011. Todas las encuestas publicadas el domingo pasado por Página/12 lo ubicaban invariablemente en primer lugar en intención de voto, condición que sólo podía empardar la Presidenta. Ayer, en medio del estupor, la coincidencia general era que su fallecimiento marcaba un antes y un después en la política argentina.

El desenlace

Semejante trajín le pasó factura en la mañana de ayer. Los Kirchner habían llegado el viernes por la tarde a Río Gallegos, donde se los vio pasear, distendidos, durante el fin de semana por las calles del centro, sacándose fotos con quienes se le acercaban. Incluso, el ex presidente estuvo tomando café en su mesa favorita del bar del Hotel Santa Cruz junto al secretario de Legal y Técnica, Carlos Zannini, y saludando a algunos viejos amigos que se sorprendían de verlo allí. Luego fueron a El Calafate y se quedaron en la residencia “Los Sauces”: la Presidenta debía guardar reposo para reponerse de un cuadro gripal. Allí acordaron que esperarían a que pase el censista, estaban preocupados porque el operativo resultara un éxito luego de las maniobras de algunos medios de comunicación por infundir miedo ante las visitas hogareñas.

Pero el ex presidente sufrió en la mañana de ayer un infarto masivo. Cristina Fernández llamó a una ambulancia y a la autoridad policial del lugar, el subcomisario Antonio Luján. La ambulancia, escoltada, llevó de inmediato al ex presidente hasta el hospital municipal José Formenti donde se le practicaron las maniobras de resucitación, a las que no respondió. Cristina, contaron los testigos, no se apartó de su marido en ningún momento.

El parte oficial firmado por el vocero Alfredo Scoccimarro y los médicos presidenciales Luis Buonomo y Benito Alen González ubicaron la hora del deceso a las 9.15, que fue cuando dieron por cerrada toda posibilidad de sobrevida. En realidad, Kirchner habría muerto alrededor de una hora antes.

De a poco, la Presidenta fue congregando a sus familiares y a su núcleo más cercano en “Los Sauces”, el sitio que el matrimonio había elegido como su lugar para vivir desde 2007. Su hijo mayor, Máximo, partió de inmediato desde Río Gallegos vía terrestre y llegó a la casa a las 11.30. Florencia, la otra hija, aterrizó anoche en una avioneta Pipper procedente de Nueva York, donde estudia cine. En otro avión alquilado llegaron poco después del mediodía la madre de la Presidenta, Ofelia Wilheim; la hermana del ex presidente y ministra de Desarrollo Social, Alicia Kirchner; el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, y funcionarios amigos del matrimonio desde los tiempos de Santa Cruz, como el ministro de Planificación, Julio De Vido, y el jefe de la SIDE, Héctor Icazuriaga. También estuvieron Zannini, el gobernador de Santa Cruz, Daniel Peralta, y el de Entre Ríos, Sergio Urribarri, quien viajó por las suyas junto a sus hijos.

Otros funcionarios y legisladores se apresuraron a acercarse al Aeroparque Metropolitano para trasladarse hasta El Calafate pero hubo cambios sobre la marcha. La Presidenta informó que lo del sur sería una ceremonia íntima, por lo que se suspendieron los viajes y los funcionarios anticiparon que se quedarían para ir a la noche a la Plaza de Mayo.

Alrededor de la residencia en El Calafate, en Alem y Zupic, la policía formó un cerco de tres cuadras que sólo podían franquear quienes tuvieran autorización. Uno de quienes pasó a saludar a la Presidenta fue el cura párroco del pueblo, Carlos “Lito” Alvarez, quien aseguró haberla visto “muy fuerte y con mucho temple”. “Me dijo que iba a seguir luchando por todos los argentinos”, agregó. Por la noche, el sacerdote ofreció una misa en la parroquia Santa Teresita del Niño Jesús a la que asistieron el gobernador Peralta y la gente del pueblo. “Néstor descansa en paz, la historia sigue, estemos todos nosotros para continuar el camino que él comenzó. Que Dios le dé descanso eterno, que mantenga fuerte a su familia y nos mantenga unidos como país”, pidió el padre Lito desde el púlpito.


Voces de gobernadores


Daniel Scioli (Buenos Aires): “Siento un profundo dolor por la muerte de mi amigo y compañero de lucha Néstor Kirchner. Ahora más que nunca, en lo personal e institucional, acompañemos en este difícil momento a Cristina, la Presidenta de todos los argentinos”.

- Juan Manuel Urtubey (Salta): “Expreso mi consternación y dolor por el fallecimiento de Néstor Kirchner y manifiesto mis condolencias y apoyo a la presidenta Cristina Kirchner”.

- Gerardo Zamora (Santiago del Estero): “Estoy consternado y dolido por el fallecimiento de Kirchner, un luchador y un hombre de la democracia”.

- Jorge Capitanich (Chaco): “Estoy destrozado y profundamente shockeado por ser amigo y compañero de trabajo muy cercano de Kirchner”.

- José Luis Gioja (San Juan): “Se fue un gran presidente que tuvo el valor de tomar el país en un momento muy difícil y producir una transformación tan grande que hasta dejó su vida en esa lucha que nos dio un país distinto”.

- Daniel Peralta (Santa Cruz): “Venimos a despedir a un gran compañero, un amigo y un hermano, ésa es la imagen que dejó Néstor Kirchner en los santacruceños. Esto es una tragedia. Esperamos que esté en los brazos de Dios y que descanse en paz. Ahora vamos a acompañar a la familia. Cristina está entera”.

-José Alperovich (Tucumán): “Murió un gran amigo. Los tucumanos le debemos todas las transformaciones que se produjeron en la provincia en los últimos siete años. Más allá de la tristeza, los gobernadores tenemos que estar unidos y apoyar a la Presidenta”.

- Gildo Insfrán (Formosa): “Destaco la estatura de estadista ejercida por Néstor Kirchner, quien restableció en el país la justicia social, fortaleció con el cumplimiento de los compromisos externos la independencia económica, apuntalando así la soberanía de la Nación”.

- Walter Barrionuevo (Jujuy): “Es el acontecimiento más duro desde las muertes de Juan y Eva Perón. Por todo lo que fue capaz de hacer y su perspectiva de país, han dejado una huella imborrable en la militancia, los derechos humanos y el compromiso nacional”.

- Miguel Saiz (Río Negro): “Hoy ha partido un verdadero amigo, un hombre que supo traspasar los límites del justicialismo y construir ese proyecto abarcativo que todo el país reclamaba”.

- Juan Schiaretti (Córdoba): “Estoy shockeado. Expreso mi más sincera condolencia y solidaridad con la Presidenta, quien pierde al padre de sus hijos y al compañero de toda la vida”.

- Sergio Urribarri (Entre Ríos): “Kirchner entregó su vida a la patria y así será recordado: como un verdadero patriota. Fue el sinónimo de la lucha por un país mejor. El signo de la valentía frente a los poderes ocultos de la Argentina. Representa el verdadero ejemplo permanente de que la política puede salvar un país y rescatar a un pueblo, como él lo hizo en el 2003”.


El cuarto ex presidente


Néstor Kirchner será el cuarto ex presidente que es velado en la Casa Rosada. El general Bartolomé Mitre, Carlos Pellegrini y Manuel Quintana fueron los únicos ex mandatarios que tuvieron su velatorio en la Casa de Gobierno, ya que tradicionalmente la ceremonia se realiza en el Congreso de la Nación, como sucedió el 31 de marzo de este año con el radical Raúl Alfonsín, y en julio de 1974 con Juan Domingo Perón. El antecedente inmediato de un funeral en la sede de gobierno es el del corredor de autos de Fórmula 1 y multicampeón Juan Manuel Fangio en 1995. Pero también se veló en ese sitio a dos ministros durante la presidencia de Carlos Menem. Allí fueron despedidos los restos del ministro de Economía Miguel Roig y del ministro de Bienestar Social, Julio Corzo, fallecido en un accidente de avión.


El último escenario


En una rara excepción, el ex presidente Néstor Kirchner será velado hoy en la Casa Rosada. La decisión fue tomada por la presidenta Cristina Fernández desde El Calafate, luego de que trascendieran distintas versiones sobre la ceremonia. El titular de la Cámara baja, Eduardo Fellner, sostuvo que a pesar de las tareas de reparación que se llevan adelante en los dos salones más importantes del edificio, el Salón Azul y el de Pasos Perdidos, el Congreso de la Nación estaba en condiciones de despedir los restos del ex mandatario. Sin embargo, fuentes parlamentarias sostuvieron que su familia consideró más apropiado realizar el velatorio en el Salón de los Patriotas Latinoamericanos de la Casa de Gobierno, donde el secretario general de la Unasur será acompañado por las fotos de Ernesto “Che” Guevara y Salvador Allende, entre varios otros.

Desde temprano, Fellner se mantuvo en contacto con la residencia de la Presidenta en el sur, a la espera de una decisión oficial. En principio había trascendido que se trasladaría el cuerpo a Buenos Aires después de las 15 –luego de una pequeña ceremonia para familiares y amigos en Santa Cruz– para iniciar el adiós a Kirchner alrededor de las 20. El Salón Azul, donde habitualmente se vela a los ex presidentes y en la última ocasión se usó para despedir a Raúl Alfonsín, se encuentra en reparación por la caída de vitraux y el Salón de Pasos Perdidos, que podía usarse en su reemplazo, también se encuentra en remodelación. “El Congreso tenía todas las posibilidades: se afectaba el Salón Parodi, un parte de Pasos Perdidos y de la Presidencia de la Cámara”, aseguraron desde la presidencia de Diputados.

“Por las tareas de reparación, en vez de velarlo en el Congreso, como a los ex presidentes, Cristina decidió velarlo en la Casa Rosada como su esposo”, explicaron fuentes del Senado, que conduce Julio Cobos. De esta manera desestimaron una intencionalidad política en los cambios de planes surgidos durante la tarde de ayer, que hablaban de no permitirle al vicepresidente tener un rol protagónico en las exequias.


En el Salón de los Patriotas


El ex presidente Néstor Kirchner será velado a partir de esta mañana en la Casa Rosada. Por allí pasarán miles de argentinos que comenzaron a concentrarse espontáneamente a partir del mediodía de ayer en la Plaza de Mayo, adonde llevaron a cabo una vigilia durante toda la noche. También comprometieron su presencia figuras de los tres poderes del Estado, recorriendo todo el arco político, desde los más cercanos a la presidenta Cristina Fernández hasta férreos opositores, y hoy a primera hora comenzarán a llegar al Aeroparque Metropolitano mandatarios de la región para sumarse a la ceremonia, que se extenderá hasta el viernes. El sábado trasladarán sus restos hasta su ciudad natal, Río Gallegos, donde serán inhumados.

El Tango 03 que trasladaba a la presidenta Cristina Fernández junto a los restos de Néstor Kirchner dejó El Calafate anoche, poco después de las 23. Estaba previsto también que viajaran sus hijos Florencia y Máximo, su hermana Alicia, ministra de Desarrollo Social, y un puñado de allegados a la familia, entre los que se cuentan el ministro de Planificación Federal, Julio De Vido; el secretario legal y técnico de la Presidencia, Carlos Zannini; el titular de la Secretaría de Inteligencia, Héctor Icazuriaga, el gobernador Daniel Peralta y el médico presidencial Luis Buonomo. A esta reducida comitiva se sumó, sorpresivamente, por la noche, el ex director técnico de la selección Diego Armando Maradona.

El velatorio, que se extenderá por 48 horas, se llevará a cabo, por disposición de Cristina Fernández, en el flamante Salón de los Patriotas Latinoamericanos del Bicentenario, en la Casa de Gobierno. Las puertas abrirán a las diez de la mañana: el público podrá ingresar por la puerta de Balcarce 50 (no se permitirá el ingreso de cámaras, banderas ni pancartas), mientras que los funcionarios lo harán por la explanada principal, la misma que utilizarán los presidentes extranjeros que lleguen a Buenos Aires para tomar parte de las exequias.

En reconocimiento a su trayectoria y a la labor de Kirchner como titular de la Unasur, confirmaron su presencia todos los mandatarios del bloque regional: el primero en llegar, hoy antes del mediodía, será el venezolano Hugo Chávez; el último, el brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, lo hará mañana. También se espera que lleguen el paraguayo Fernando Lugo, el uruguayo José “Pepe” Mujica, el chileno Sebastián Piñera, el boliviano Evo Morales, el colombiano Juan Manuel Santos y el ecuatoriano Rafael Correa. Serán de la partida, además, todos los gobernadores, los siete jueces de la Corte Suprema de Justicia y una nutrida representación parlamentaria. Incluso comprometieron su presencia el vicepresidente opositor Julio Cobos y el jefe de Gobierno porteño, Mauricio Macri. La Presidenta, a través del decreto 1560, declaró un duelo nacional de tres días, medida que fue replicada por todas las provincias y por los gobiernos de Brasil, Venezuela, Uruguay y Ecuador. En Colombia, en cambio, las autoridades ordenaron un minuto de silencio.

Entre las figuras que recordaron a Néstor Kirchner el día de ayer, se destacaron las de ministros y funcionarios de su gobierno y del actual. El ministro del Interior, Florencio Randazzo, lo evocó como “un compañero de sueños y de proyectos y un gran transformador de la realidad del país”, mientras que el de Trabajo, Carlos Tomada, puso de relieve que “recuperó la autoestima de un país que no encontraba el rumbo” y añadió que “marcó un camino de lucha por la inclusión y la justicia social”. El de Educación, Alberto Sileoni, destacó que “era un apasionado, se jugaba por sus ideas, por un país mejor, y ése fue su legado”. Por su parte, Lino Barañao, titular de la cartera de Ciencia y Tecnología, resaltó que Kirchner “asumió la presidencia de un país en llamas y generó un proyecto nacional que reactivó la economía con proyección internacional y respeto por los derechos humanos”.

El sábado por la mañana, los restos del ex presidente serán trasladados a Río Gallegos, donde nació y donde será sepultado en el mausoleo de su familia, en el Cementerio Municipal de la capital santacruceña. Las autoridades provinciales han hecho una convocatoria para que esa última ceremonia sea acompañada por una manifestación popular tan importante como la que se empezó a vivir ayer en la ciudad de Buenos Aires.



Las 3 cositas que no se pueden hacer hasta el sabado


1-No escuchar musica fuerte si hacer kilombo

2-No ver television

3-No Habra futbol de primera


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