Palabras cruzadas

Es un choque político y generacional pero en el medio está el futuro del juego en Argentina. Palabras cruzadas
Cuando en 2007 Los Pumas consiguieron el tercer puesto en el Mundial de Francia, la polémica profesionalismo versus amateurismo pareció quedar definitivamente sepultada. Pero apenas tres años después, la cuestión sigue dividiendo las aguas en el rugby argentino. En la superficie, hay un consenso entre todos los sectores: una estructura profesional para Los Pumas y el resto de los seleccionados y un rugby amateur en los clubes. Debajo de ese acuerdo hay una dura lucha para decidir quiénes dirigen y dirigirán el rugby argentino en los próximos tiempos.

La interna salió a la luz pública en los últimos días cuando 22 clubes de la Unión de Rugby de Buenos Aires (URBA) firmaron una carta titulada “Principios que nos unen” en la que, entre otros puntos, plantearon que todo su accionar “debe estar enfocado a defender y desarrollar el rugby formativo amateur”, que apoyan “el rugby profesional de Alta Competencia Internacional, pero bajo un modelo separado del rugby formativo de los clubes”, que rechazan “un modelo EXITISTA basado en lo económico y lo mediático” y afirman que no quieren “que los jugadores dejen sus clubes para migrar a otros ‘con mejor vidriera’ contradiciendo los valores y principios que un club transmite”.

La carta provocó una reacción inmediata de los jugadores de Los Pumas, que se manifestó sobre todo a través de la red social Twitter. “A los hipócritas de la carta, ¿cómo hacen para tener la conciencia tranquila después de haber gritado y sentirse orgullosos de ‘sus Pumas’?”, escribió el apertura Juan Martín Hernández. “Me emocioné, me emociono y me emocionaré cada segundo que me toca jugar con la camiseta de Los Pumas. ¡Y juego al rugby profesional! ¿Es sano el rugby cuando no dejamos elección entre un club o un seleccionado? ¿Eso es formativo?”, se quejó Rodrigo Roncero. Y Gonzalo Tiesi llegó a calificar de “retrógrados e ignorantes” a los firmantes de la carta.

Ocurre que los integrantes de Los Pumas creen que los dirigentes firmantes los atacaron al afirmar indirectamente que el profesionalismo implica la pérdida de valores y que, en realidad, usaron el documento para posicionarse políticamente frente a las elecciones de diciembre en la URBA.

Esa sospecha es compartida, también, por varios de los dirigentes que no adhirieron a la carta. Es que ya la URBA había resuelto en 2009 -con el voto casi unánime de sus clubes-, y ratificado este año, que a partir de 2011 los jugadores del PladAR (Plan de Alto Rendimiento) que cobran una retribución para poder dedicarse exclusivamente al rugby, no podrán participar del Torneo de Buenos Aires. Entonces se preguntan los escépticos: ¿por qué presentar ahora una carta de “principios” que insiste sobre lo ya decidido? Aunque pocos quieren hablar en público, por lo bajo vuelan las acusaciones cruzadas. El acuerdo de transición de la URBA les permitía a los pladares jugar el torneo local siempre y cuando no cobraran la beca. Pero algunos clubes no aceptaron el pacto -CUBA, por ejemplo, excluyó a Benjamín Urdapilleta por integrar el PladAR-. Siempre off the record, algunos dirigentes aseguran que otros hicieron la vista gorda y les permitieron a sus pladares seguir cobrando; otros denuncian que algunos de los clubes que proclaman el amateurismo como bandera les pagan bajo cuerda a sus jugadores .

Lo único claro es que en el rugby argentino, en lo único en que todos parecen estar realmente de acuerdo es en que, al menos por ahora, es imposible pensar en una liga profesional de clubes. Por lo demás hay una interna abierta entre los “tradicionalistas”, que quieren reducir al mínimo el avance del profesionalismo, y los “modernos”, que buscan acelerar los pasos.

Se trata de un choque a la vez político y generacional en el que está en juego el rumbo del rugby argentino de alta competencia de la próxima década.



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